El inicio del vacío
No esperen la típica historia cliché de un niño gordo al que le hacían bullying, que de la nada se hizo musculoso, lindo y amado por todos hasta volverse popular. Eso no pasó.
Me llamo Álvaro y tuve una infancia muy linda y sana, nada de qué quejarme, si no fuera por el hecho de que, desde siempre, he estado al borde de la muerte. Accidentes, enfermedades, momentos en los que realmente pensé que todo terminaba ahí. Pero el antes y el después de mis trastornos lo marcó el cáncer.
A los ocho años me diagnosticaron Linfoma de Hodgkin. Pasé por quimioterapia, sufrí dolor, aunque me la bancaba bastante bien para mi edad. Ese fue mi primer golpe de realidad. Tuve que madurar antes de tiempo. Básicamente, no tenía opción. Me estaba muriendo.
Es una historia larga, pero no es lo que más importa ahora. Después de que me dieron el alta, mis papás se separaron. Segundo golpe de realidad. De los años siguientes no recuerdo mucho, o tal vez mi mente los bloqueó porque, sinceramente, sería una mierda recordarlos.
No sé en qué momento pasó, pero a los diez años me puse gordo. Hasta entonces, siempre había sido delgado. De hecho, con la quimioterapia había bajado más de peso todavía. Pero en el verano antes de empezar cuarto de primaria, mi cuerpo cambió. Engordé.
La verdad, al principio ni lo noté. No me importaba. Pero los demás sí y no tardaron mucho en hacerme dar cuenta.
Primero fueron comentarios con supuesta inocencia de mis compañeros: "¿Qué te pasó?". Al principio no les di mucha bola. Pero cuando los comentarios pasivo-agresivos empezaron a salir de mi propia familia, entendí que había engordado demasiado. Y que eso, estaba mal. Tercer golpe de realidad.
Ese fue el verdadero punto de quiebre. A partir de ahí, todo se convirtió en una mierda. Y yo no dejé de cagarla. Ni idea de cómo llegué hasta acá sin pegarme un corchazo
