𝙉𝙤 𝙦𝙪𝙞𝙚𝙧𝙤 𝙩𝙪 𝙢𝙖𝙧𝙘𝙖 [𝙅𝙪𝙣𝙝𝙖𝙤]

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Jun, un alfa egocéntrico, conoce a Minghao, su pareja destinada, pero Minghao, que prefiere la calma, se resiste a estar con él. A pesar de la atracción, Minghao lucha contra su destino.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
bibimbap
Estado:
Completado
Capítulos:
14
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Es un día extrañamente más helado que de costumbre, se supone que a finales de la primavera la brisa debe traer consigo el calor del Sol junto con una agradable esencia de flores. Este día por lo visto no cambiaría, no sabe la razón pero su piel está más consiente del cambio de clima, se está congelando poco a poco hasta sentir por completo aquella helada brisa que lo golpea directamente en su pecho. Con pasos rápidos busca un lugar donde pueda protegerse de aquella fría mañana, esperando de manera impaciente que los rayos de Sol estuvieran en su máximo apogeo. 

Entra en lo que a simple vista es una pequeña cafetería, el olor lo golpea suavemente y no puede evitar dar una profunda respiración para disfrutar más de aquel exquisito aroma a café caliente. Pocas personas como Minghao han salido temprano de sus casas, muchos prefieren disfrutar de un par de horas acostados y siendo arropados por Hipnos inclusive él mismo piensa que no debió de darle la razón a su instinto y solo ignorarlo como lo había hecho toda su vida hasta ahora. Se sienta en una de las mesas de al fondo, su mirada perdida en el gran ventanal que decora y da luz natural al local, sus pensamientos son rápidos y dan vueltas en su cabeza hasta que siente que, debido a una tierna voz, regresa al presente, dejando su añorado pasado en sus memorias. Gira su cabeza con sus labios levemente separados.

— ¿Disculpa?

Pregunta con un leve tono de vergüenza, siente como lentamente el poco calor que posee se acumula en sus mejillas y un color parecido al rojo carmesí se hace presente brindando un tono a su blanca piel.

La camarera suelta una pequeña risa en respuesta y muy pronto una leve esencia a vainilla se apodera de su nariz. Baja la lentamente la mirada tratando de respirar despacio y de una forma corta para no respirar aquel olor.

— Estaba preguntando por tu orden. — Nuevamente trata de soltar una risa pequeña y coqueta, acomoda su cabello levemente y muestra una sonrisa perfecta. — ¿Qué es lo que tomarás?

Hao no puede evitar hacer una mueca, cada vez el olor era más fuerte y él no era tan admirador de la vainilla, en cambio prefería la esencia de frutilla o aquella loción para bebés. Con un torpe movimiento coge el menú y dirige su mirada a la parte de bebidas, necesita algo para calentar su cuerpo y un café le parece una muy buena opción.

— Tráeme un café solamente.

La camarera levante un poco una de sus cejas sin poder evitar morderse su labio inferior, Hao piensa que es una pérdida de tiempo y arruga su nariz en respuesta.

— ¿No quieres algo para comer?

Niega con la cabeza, desde hace medio minuto está tratando de contener su respiración para no terminar mareado con aquella esencia que suelta la mujer. Ella, en cambio, duda un poco antes de darse una media vuelta y avisar que su café estará listo en un par de minutos. Minghao no puede resistir más y suelta todo el aire acumulado en sus pulmones para respirar nuevamente pero esta vez sin que el ambiente esté tan saturado, se siente cansado y un poco molesto consigo mismo por no poder ser más fuerte con las personas que intentan cortejarlo. Tal y como dijo aquella chica el café está sobre su mesa en un par de minutos y no es hasta que ella se retira que Hao puede volver a respirar tranquilo, alborota un poco sus oscuros cabellos y le da un sorbo a la caliente bebida.

Sus manos se se moldean alrededor de la taza y su mente yace perdida en en el asiento que está frente a él. Sus pensamientos están esparcidos por todos lados y duda mucho de que pueda ordenarlos allí y menos tendiendo la mirada de aquella chica, un escalofrío recorre su espalda y no duda en ningún momento en irse de aquel lugar, bebe lo que le resta de café y se dirige a la caja registradora para poder pagar e irse cuanto antes de ese lugar. La misma chica lo atiende y con un falso tono le pregunta si no quiere nada más o por lo contrario, llevarse algo para el camino, aunque la oferta es tentadora Hao la rechaza de manera cortés y sigue su camino.

Cuando sale de aquella cafetería, sus labios se cierran formando una línea recta y trata de esconder su nariz en la bufanda marrón que trae consigo, y nuevamente el aire congela sus pulmones, al parecer el café no había servido de mucho y muy pronto se encontraría nuevamente en las mismas condiciones que con las que entró a esa cafetería. Con grandes zancadas llega hasta la plaza de la ciudad y trata de ubicar algún banco disponible para él, poco a poco el Sol se hace presente y saca las manos de sus bolsillos para poder adquirir ese pequeño calor que le llega en las piernas. Al final no puede encontrar alguna banca vacía para él mismo y comparte asiento con un hombre viejo y singularmente alto. Deja caer sus manos sobre sus piernas y mueve sus dedos en un acto nervioso.

— Deberías de poner tus manos en tus bolsillos.

La voz del hombre suena apagada y sucia. Hao no puede evitar llevar su mirada a los pies del hombre, subiendo lentamente desde los oscuros zapatos que llevaba hasta aquel ridículo sombrero que tenía puesto en su cabeza.

— Los rayos de sol están saliendo, pronto ya no tendré frío.— Hao dice confiado pero poco a poco esa confianza que tuvo abandona su cuerpo al sentir la mirada de aquel hombre sobre sus hombros. Lo hace titubear por unos segundos antes de dar una respuesta clara. — De todas formas, no está tan frío.

El hombre hace una mueca y se mueve sobre su puesto, sus manos afirman sus rodillas y hace un sonido que no parece humano. Da una profunda respiración y no puede evitar estornudar.

— En mis tiempos, nosotros teníamos que tener más respeto con nuestros mayores, todo ha cambiado tanto. ¿Acaso no te enseñaron modales en tu manada, pequeño omega?

Siente su sangre drenarse de su cuerpo y poco a poco sus músculos se tensan, quiere escapar de allí pero no quiere parecer sospechoso, traga duro y asiente lentamente con la cabeza sin dejar de mirar al contrario.

—Lo hicieron. — Junta sus manos y las aprieta firmemente dándose de forma mental una bofetada. — Señor.

El hombre se mueve un poco y hace una mueca, Hao tiene miedo de que aquel hombre le hiciera algo, en muy pocas ocasiones sale de su dormitorio y generalmente su mejor amigo habla con las demás personas.

—Diablos, no deberías de mirarme a la cara, tú no eres igual a mí.

Minghao vuelve a tragar pero de manera más lenta, relamiendo sus labios y bajando la mirada lentamente.

— Disculpe, no fue mi intención molestarlo.

— ¿Dónde está tu alfa? — El hombre alza la mirada en busca de su inexistente pareja, debido a su avanzada edad y a que Hao trae puesta una bufanda no puede ver su blanco cuello y la ausencia de una marca en este. Vuelve a mirarlo, Hao se siente cada vez más pequeño y lo único que quiere es poder salir de ahí. — Vaya, en cuanto lo vea le diré que necesitas algún castigo por tu rebeldía.

— Yo lo diré. — Suelta tan rápido como puede, su respiración es rápida y no quiere ofender más al alfa. — Señor. — Hace como si viera la hora en su reloj inexistente puesto en su muñeca izquierda y hace una mueca. — Lo siento pero es tiempo de que me retire, mi alfa me está esperando. — Rápidamente se reincorpora sin levantar la mirada del suelo y sacude un poco sus pantalones haciendo una leve reverencia. — Que tenga un buen día.

Minghao camina con pasos rápidos tratando de alejarse lo más que puede de aquel hombre, una vez que la distancia entre ellos es la suficiente como para que aquel alfa gruñón no lo escuchara, soltó todos los pensamientos que tenía y que lamentablemente no podía soltar. Sus manos estaban heladas por lo que, mientras avanzaba, las metió en los bolsillos de su abrigo, era una chaqueta ya malgastada por los años, le llegaba hasta los muslos y tenía el perfume de su madre. Una vez que sus pensamientos ya no están siendo determinados por la ira suspira de forma pausada y saca su teléfono del bolsillo para poder ver la hora, se supone que sus clases empiezan pasadas las dos de la tarde. Sobre una fotografía que había tomado hace un par de años atrás divisa que no son más de las doce y media, por lo tanto, si toma un bus tendrá tiempo de sobra para poder ordenar sus cosas y poder llegar antes que todos sus compañeros de clase. En cambio, si se va caminando llegará a la hora pero tendrá que soportar todas las miradas que caerán sobre él. Pese a todo, escoge la segunda opción.

🎀

Su vista está perdida entre los múltiplos granos de arena que en estos momentos está pisando y que lamentablemente esta dejando atrás, ahora está pisando el cemento que está puesto en las grandes puertas de su Campus, las zuelas de sus zapatos están levemente gastadas y ya no brillan como solían hacerlo. Sin poder evitarlo su rostro se ve acorralado por un pedazo de tela y su cuerpo ahora es prisionero de otro, no puede mover sus brazos y le cuesta un poco respirar. Escucha con atención el latido ajeno y sus nervios se calman por completo al reconocerlo, con su nariz aspira levemente la fragancia del otro y cierra sus ojos preparando su mano para un golpe, la cierra en forma de puño y ataca en la boca del estómago. Escucha un quejido pero su cuerpo ya está listo.

— Estúpido. — Hao se cruza de brazos con el ceño fruncido, no puede evitar arrugar su nariz y posar su peso en uno de sus pies. — ¿Por qué no dijiste nada?

Gyu no podía respirar bien, tenía los ojos cerrados y se protegía el estómago de otro ataque que podría recibir. Una vez que su respiración se hace regular alza las manos en son de paz y vuelve a tener una sonrisa en el rostro. No puede evitarlo, siempre es así cuando se trata de su mejor amigo.

— Tranquilo, creo que deberías pedir disculpas.

Hao no puede evitar azar una ceja y niega con la cabeza no sin antes soltar un gesto de desprecio.

— Claro, acepto tus disculpas.

Esta vez es Mingyu quien alza una ceja, su cuerpo se estremece y su pecho lentamente comienza a vibrar, está riendo y no puede parar, agarra su estómago con ambas manos y cierra sus ojos.

— Vamos, solo te abracé ya que ahora no podremos saludarnos de beso.

Hao se siente indignado pero de todas formas le responde.

— En primer lugar ¿Cuándo acepté tus besos? Me los robabas cada vez que tenías oportunidad maldito heterosexual curioso. Y segundo, ¿por qué? ¿Conseguiste a otro que sí quiera tus besos babosos?

— ¿Sigues pensando que soy heterosexual? — Al no tener una respuesta suelta un bufido y prosigue. — Te lo dije mil veces, soy bisexual pero me van más las chicas.

Minghao rueda los ojos en respuesta y sus manos vuelven a sus bolsillos, una pequeña voz en su cabeza le dice que no puede perder el tiempo y se despide lo más rápido que puede antes de volver a emprender su caminata. Por otra parte Gyu no está feliz de la respuesta y le hace prometer que se encontrarán en aquel lugar en el que siempre se juntan luego de un día agotador.

La verdad es que aquel lugar no es más que una pequeña fuente de sodas en donde Mingyu siempre va para poder hablar con alguna chica o, en los mejores casos, poder tener un buen polvo con alguna de ellas. Pero como a él no le gusta ir solo, siempre se lleva a Hao el cual solo quiere poder llevar a su casa y poder dormir hasta el siguiente día. Aunque también existen los buenos días en lo que no consigue a nadie y “lamentablemente” se quedan conversando por una media hora mientras que Hao disfruta de un pequeño pastel el cual por obvias razones su mejor amigo pagará y que también lo acompañará hasta su casa.

Mientras que su mente avanza a pequeños pasos, su cuerpo ya está llegando a su pupitre y no puede evitar sentirse levemente avergonzado por la mirada de sus compañeros puestas en él, hace que sus orejas se tornen rojas y que no pueda levantar la mirada del suelo. Una vez que llega a su asiento, acomoda sus cosas y espera hasta que el profesor llegue y empiece la clase.

🎀

Soonyoung acomoda las cosas en su portafolios antes de salir de casa, está tan concentrado en los papeles que necesita el día de hoy que sus sentidos han sido vulnerados por su pequeño pero hábil esposo. Siente como sus pequeñas y delicadas manos se posan en sus hombros y comienzan a bajar hasta llegar cintura en donde toca un punto en el que él es muy sensible ¿Lo estará tratando de sobornar para que no vaya a clases?. Porque si es así solo debió decirlo. Arruga su nariz y no puede evitar suspirar. Antes de darse una media vuelta siente un pequeño apretón en una de sus orejas y no puede evitar chillar debido a eso.

— ¡Soonyoung! Esa camisa es nueva y ya la manchaste. — Jihoon parece molesto, suelta su agarre y se cruza de brazos. — Idiota ¿Me estás engañando? Déjame ver.

Soon inmediatamente lo rodea con sus brazos y niega varias veces aquella acusación, sus ojos se cierran y soporta todos los golpes que su pequeño esposo le da antes de poder contestar apropiadamente.

— Jihoon, sabes que nunca te engañaría, eres lo más bonito que me ha pasado y-

Pronto se ve interrumpido por una pequeña mano que se envuelve en sus labios y en un rápido movimiento los apreta y jala, el mayor, como puede saca su lengua y toca con ella los pequeños dedos antes de recibir un último golpe en el pecho.

— Eres asqueroso.

— Jihoon, bebé, la única vez que me puse esta camisa para el día de tu primer ultrasonido y — Hace una pausa antes de respirar profundo y observar las facciones de su adorable compañero. — Ese día la señora Kang me pidió ayuda para mover unos palos y yo acepté. Pero como pesaban demasiado decidí cargarlos en mi espalda, al parecer la marca no salió. Lo siento si no te dije antes.

Jihoon no puede evitar reír pero rápidamente cambia esa expresión y vuelve a darle un pequeño golpe en su cabeza, aquella sensación de terror e inseguridad que tenía en su pecho se había esfumado por la explicación de su esposo y no dudo en darle un pequeño beso en su mejilla luego del golpe en compensación.

— Tonto, ahora dame esa sucia y ponte otra o llegarás tarde al trabajo.

Soonyoung hace lo que le pide su pequeño amor, se cambia de camisa ocupando una de un tono celeste y una corbata azul marino pero como no puede hacer bien el nudo le pide ayuda a su esposo el cual sin duda lo hace pero no puede evitar darle un pequeño regaño por no saber hacer nudos de corbata, lleva ocupando estas por más de dos años y sigue sin aprender el fácil procedimiento, el mayor escucha atentamente un tanto avergonzado y una vez listo se despide de su esposo con un tierno beso en los labios y un pequeño beso en su pancita para la pequeña princesa que pronto tendrán.