Un nido para Checo | Chestappen

Sinopsis

Max y Checo son amigos que viven juntos. Max esta enamorado de su amigo omega y no sabe cómo confesarlo. Él hace un nido para Checo.

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
☼ L
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

UNO




Max se estaba comportando extraño últimamente, saliendo muchas veces de la casa y regresando con unas cuantas cosas que no le dejaba ver a Checo y el omega comenzaba a sentirse intrigado por lo que el alfa podría estar comprando los últimos días.

—¿Sucede algo Maxie? —se atrevió a preguntar el pecoso, viendo cómo el alfa entraba a la casa con otra bolsa.

Max tragó en seco y negó, nervioso tratando de llegar a su habitación y evadir la mirada del pecoso, pero no lo logró, pudo notar como Checo lo miraba, con el entrecejo fruncido y analizándolo.

—Todo está bien pecas —susurró rezando por que el pecoso no hiciera más preguntas.

—¿Qué compraste? —preguntó tratando de alcanzar a su amigo y mirar dentro de las bolsas.

El alfa negó de inmediato y alejó su bolsa de Checo.

—No es nada —agregó de inmediato el rubio.

El omega entrecerró los ojos y miró a su amigo, sospechoso, algo estaba escondiendo Max.

—Vamos amigo. ¿No vas a decirme que has estado comprando? —dijo el omega suplicante.

Max apretó la bolsa en su mano, no podía resistirse a ese tono dulce del omega, no podía resistirse al omega en general y eso comenzaba a causarle molestias y pronto iba a causarle problemas con Checo.

—Sábanas —respondió sin poder resistirse.

El omega volvió a fruncir el ceño.

—¿Sábanas? ¿Por qué? ¿Hay algo malo con las sábanas de tu habitación? —cuestionó confundido.

Max negó despacio.

—No, yo...

—¿Llevas tres días comprando sábanas? —preguntó Checo, sonriendo.

—Si —respondió el alfa.

—¿Para qué quieres tantas sábanas?

—Yo... solo quiero tenerlas de reserva —mintió el rubio nervioso, esperando que su amigo se creyera eso y dejará de cuestionarlo.

—Mientes Maxie —susurró Checo divertido riendo—. ¿Qué vas a hacer con tantas sábanas? —volvió a preguntar.

“Quiero hacerte un nido.” respondió el alfa de Max.

—Nada pecas, ya te dije —insistió el rubio en su misma postura.

El pecoso rio y rodó los ojos, divertido, negándose a seguir discutiendo con su amigo, era obvio que Max no iba a responder sus preguntas.

—Como sea Maxie —bufó alejándose del chico y continuar con las tareas que tenía.

Max suspiró aliviado y caminó rápido a su habitación.

La verdad era que Max había aceptado que estaba comenzando a sentir más que una amistad por su amigo.

Y por más que se regañara a sí mismo por los sentimientos que estaba desarrollando, no podía evitarlo, era como si el omega lo hubiera hechizado, no es como si sus sentimientos hubieran aparecido de un día a otro, sino que sólo se había dado por vencido a seguir negándose a lo que sentía por Checo y lo había aceptado, no sabía exactamente qué iba hacer, no es como sí pudiera aparecer frente a su amigo y decirle que estaba enamorado de él y que cada vez que lo veía su alfa quería lanzarse encima de él y reclamarlo como suyo, no, eso espantaría al omega.

Ha pasado varios días pensando en que hacer respecto a sus sentimientos hacia Checo y por alguna extraña razón su alfa quería hacer un nido, era como algo que le ordenaba, su cuerpo se sentía ansioso y desesperado por llevar a cabo la orden de su alfa, así que Max se había pasado los últimos días comprando sábanas, cobijas, cojines y almohadas para hacer el nido que su lobo le exigía hacer.

Él aún no entendía el por qué su alfa quería hacer eso. ¿Un nido en que iba ayudarle con su problema y su amor secreto? No lo sabía, pero iba a hacerlo de todas formas.

Max tenía el instinto de alfa por supuesto, pero él sabía que el hacer un nido significa que su alfa estaba buscando algo en particular.

Quería a Checo seguro.

No como amigo, quería al omega protegido, que nadie lo lastimara, que nadie lo tocara.

Pero más allá de eso, un nido se construía cuando el omega estaba embarazado, para que estuviera seguro, al igual que el cachorro.

Y es por eso que no entendía por qué su alfa le exigía hacerle un nido a Checo, si el omega no estaba embarazado.

Era extraño, pero no quería tomarse el tiempo para buscarle una explicación tan solo quería hacer el nido y tal vez así su alfa lo dejaba en paz y él podría pensar algo mejor que hacer respecto a sus sentimientos por Checo.




· · · ⸙ · · ·




—Papá, ¿qué debe tener un nido para ser perfecto? —cuestionó Max por teléfono una semana después, una vez que estaba seguro de haber comprado todo para hacer el nido.

—[¿Un nido? ¿Por qué preguntas eso?] —dijo Jos confundido por la pregunta de su hijo.

—Curiosidad —susurró Max inseguro.

Jos soltó un chasquido de duda, no muy convencido con la respuesta de su hijo.

—[¿Embarazaste a Checo?] —se atrevió a preguntar el hombre.

—¡Papá! —exclamó el alfa sonrojándose por la pregunta de su padre—. No, no, no —negó de inmediato—. ¿Cuántas veces te tengo que decir que Checo es sólo mi amigo? —cuestionó con las mejillas rojas.

—[Falacias] —bufó el hombre—. [Como sí no notará la manera en que lo miras. Por favor dime que el nido es para él] —agregó con una sonrisa en su rostro.

—No haré ningún nido, solo quiero saber —gruño Max mintiendo

—[Sí no me dices que es para Checo, no te diré nada] —dijo Jos firme.

—Bien. Es para Checo —respondió resignado, rodando los ojos.

—[¡Si, lo sabía!] —festejó el hombre.

—Papá, por favor, ¿podrías guardar el secreto? —suplicó el rubio.

—[Claro] —aseguró su padre—. [Bien. Ahora sobre tu pregunta. Un nido debe tener tu aroma impregnado, debe ser lo más suave posible, con sábanas alrededor para asegurar que el omega no se lastime o el cachorro, debe ser cálido y sobre todo debe ser del tamaño ideal para el omega y el cachorro] —explicó sin dejar de sonreír.

—De acuerdo —susurró Max tratando de almacenar la mayor cantidad de detalles en su mente.

—[Lo harás bien hijo, escucha a tu alfa. Sé cómo se siente hacer tu primer nido, pero confía en ti. A él le va a encantar] —ánimo, Jos al notar los nervios de su hijo.

—Papá... Checo no está embarazado, pero aun así mi alfa quiere que le haga un nido, ¿por qué? —preguntó sintiéndose un poco más seguro con su padre.

Jos se quedó callado por unos segundos, colocando nervioso a su hijo.

—[¿El celo de Checo está cerca?] —preguntó el hombre.

—Si, ¿eso tiene que ver? —cuestionó el rubio.

El alfa mayor mordió la punta de su lengua antes de responder, pensando muy bien las palabras que iba a utilizar.

—[Creo saber por qué tu alfa quiere eso] —susurró Jos.

—¿Por qué? —insistió Max.

—[Tu alfa quiere anudar a Checo en su celo, básicamente... tu alfa está pidiendo a gritos reclamar a Checo. Hacer el nido es como una forma de pedirle al omega que lo deje anudarlo] —respondió su padre algo inseguro, confundido igual que él.

Max negó de inmediato con su cabeza.

—Checo nunca me dejaría hacer eso —murmuró Max desanimado.

—¿Qué no te dejaría hacer? —la voz de Checo se hizo presente en la habitación e hizo que el corazón de Max se acelerará, entrando en pánico.

¿En qué momento llegó Checo? ¿Habrá escuchado toda su conversación con su padre?

Él realmente esperaba que no.

—Hablamos luego papá —dijo rápido el rubio colgando la llamada, sin esperar una respuesta de su padre—. Me diste un gran susto —habló de nuevo dirigiéndose a Checo esta vez.

El omega rio.

—No has respondido mi pregunta —dijo Checo sonriente, sentándose junto a Max en el sofá.

—No es nada —negó el rubio de inmediato.

—¿No? Realmente estás muy misterioso estos últimos días —murmuró el pecoso.

—Tonterías —bufó Max lo más tranquilo posible, obligándose a relajarse e inconscientemente inhalo el aroma del omega para que su cuerpo dejará de estar tenso al lado del pecoso.

—Parece que va a ser tu celo en lugar del mío —bromeó Checo.

El alfa se removió en su lugar.

—¿Desde cuándo llegaste? No te escuché llegar —habló Max tratando de cambiar un poco el tema.

—Recién llego y escuché que hablabas con Jos de mí. No pude evitar preguntar —explicó el pecoso.

Y Max realmente agradece que Checo haya hablado, por qué de no haberlo hecho, tal vez él hubiera dicho algo indebido y Checo hubiera descubierto lo que estaba pensando hacer.

—¿No me dirás qué es eso, que no te dejaría hacer? —insistió.

—No es nada. Ideas locas de mis padres —respondió Max—. Tengo algo pendiente que hacer, iré a mi habitación —agregó levantándose del sofá de la sala.

Checo frunció ligeramente el ceño y asintió sin preguntar nada, sabía que su amigo no iba a responder con la verdad después de todo.

Max no estaba mintiendo con aquello, no del todo, si tenía algo que hacer.

Un nido.




· · · ⸙ · · ·




Checo se encontraba ansioso, en dos días era su celo y se encontraba especialmente ansioso por el hecho de querer el contacto de un alfa, pero no de cualquier alfa.

Quería a Max.

Su omega quería que Max estuviera lo más cerca posible, lo cual era casi imposible, porque en esos momentos el rubio se la pasaba encerrado en su habitación, casi negándose a salir, como si estuviera trabajando en algo realmente importante.

Checo se moría por saber qué era eso en lo que tanto estaba trabajando Max, pero no iba a entrar en la habitación de su amigo, se negaba a invadir la privacidad del alfa.

Pero la curiosidad lo estaba matando junto con la necesidad de tocarlo y que lo tocará.

El pecoso decidió llamar a su mamá para tratar de despejar su mente, pero por algún motivo que ni él mismo recuerda, Max salió a tema de conversación con su madre.

—Él ha estado muy raro últimamente —comentó el omega al teléfono, con una mueca en sus labios.

—[¿Por qué raro?] —cuestionó Marilú.

—Él estuvo comprando sábanas por tres días, cojines y todas esas cosas, no entiendo para qué —respondió el chico inquieto por eso.

Marilú silbó con una idea en su mente.

—¿Qué? —preguntó Checo, frunciendo el ceño por aquel acto de su madre.

—[Él está haciendo un nido] —afirmó la mujer segura de ello.

—¿Un nido? —Checo se encontraba más confundido que antes.

—[Si, un alfa lo hace cuando su omega está embarazado] —explicó la mujer—. [No sabía que Max tuviera omega] —agregó en un susurro.

—Ni yo —murmuró el pecoso sintiendo una presión fuerte en su pecho.

—[¿Tú no eres el omega que embarazo?] —cuestionó Marilú.

Checo se sintió sonrojado por la pregunta de su mamá.

—¡Mamá! —chilló indignado—. No, no, no —negó.

Marilú rio.

—[Diablos. Me había emocionado con la idea de los nietos] —dijo la mujer sin dejar de reír.

—Max es mi amigo —dijo el pecoso tratando que esas palabras no le dolieran de la manera que lo hicieron.

—[Sí, claro] —bufó su mamá divertida—. [Bien, dime, ¿cómo es que tú no estás embarazado y Max está haciendo un nido?] —preguntó tranquila.

Checo rodó los ojos, su mamá era alguien difícil de hacer cambiar de opinión.

—Porque no soy su omega. Y número dos, por qué ni siquiera estoy seguro de que él esté haciendo un nido —respondió lo más tranquilo posible.

—[¿Para qué más va a querer un alfa unas sábanas?] —atacó la mujer.

—No lo sé mamá, él no me lo ha dicho.

—[Tu alfa no puede ocultarte cosas.]

—No es... ¿Sabes qué? Olvídalo —gruñó el pecoso cansado de las burlas de su mamá.

—[Bien, saludas a mi yerno de mi parte] —dijo la mujer despidiéndose con una risa.

Checo rodó los ojos y colgó el teléfono.

El omega suspiró y no pudo evitar pensar en lo que había dicho su madre, con un dolor en su pecho. ¿Qué iba a pasar si Max tenía omega y estaba embarazado? ¿Se iba ir? No quería que Max se fuera, pero tal vez eso era algo que ya era inevitable.

Sin darse cuenta Checo se encontraba llorando por la idea de ser alejado de Max. Trato de contener su llanto y limpiar sus lágrimas.

Era patético llorar por su mejor amigo en el sofá de su sala.

Checo no entendió cómo o por qué Max apareció en la sala, con el rostro preocupado.

—¿Qué sucede Checo? —preguntó el rubio acercándose al pecoso.

El omega se puso de pie y camino hacia su amigo, con la vista borrosa por sus lágrimas.

—¿Vas a irte? —cuestionó lo más firme que le fue posible.

—¿Qué? ¿El día de tu celo? —preguntó Max confuso.

Checo negó despacio.

—¿Tienes omega? —preguntó.

“Si. Tú.” respondió su alfa de inmediato.

—No pecas —susurró Max regañando a su alfa interior por aquella respuesta.

Las facciones tristes del omega se relajaron y sin pensarlo abrazo a Max, escondiendo su rostro en el pecho del rubio, como si fuera al lugar al que pertenece.

—Te quiero mucho Maxie, no quiero que te vayas —susurro Checo apegándose más al cuerpo de su amigo.

—No me iré —susurró Max enredando sus brazos en la cintura del omega.




· · · ⸙ · · ·




Era de madrugada, faltaban unas horas para que el celo de Checo empezará y se supone que Max tuvo que haberse ido ayer por la tarde como en todos los celos del omega para evitar alguna catástrofe, pero el alfa se negó a irse de ahí sin terminar su nido.

Y lo logró.

Ya era muy de noche y sus ojos se sentían cansados, queriéndose cerrar a cada segundo, pero había terminado por fin, estaba satisfecho con su trabajo.

El alfa había estado armando y desarmando el nido, hasta que quedó como él quería.

Era hermoso ante sus ojos y no pudo evitar imaginar cómo luciría Checo ahí, hermoso, sonriendo, protegido, con el aroma de Max en cada rincón del nido y de su cuerpo, con su cachorro en su vientre.

Era una hermosa imagen que soñar.

Ahora venía la parte más difícil de todo.

Llevar su nido a la habitación del omega sin que Checo lo note.

Max tenía la ventaja de que Checo era de un sueño un poco pesado, pero tal vez con su celo sea más perceptible a los sonidos, estaba nervioso por eso, pero su alfa no iba a descansar en paz hasta que su nido no estuviera en donde pertenece, en la habitación del omega.

Y con algo de dificultad el rubio logró llevar su nido al cuarto del omega, siendo muy cuidadoso, procurando no hacer ruido para no despertar al omega.

Para su suerte lo logró, sonriendo satisfecho con su trabajo, mirando con orgullo el nido en una de las esquinas de la habitación del pecoso y sin ser consciente de sus actos se acercó al cuerpo del omega y dejó un beso en la frente del chico, pasando su mano lentamente por la curva que se formaba en la cintura de Checo.

Suspiró por el cuerpo de Sergio Pérez.

Max se obligó a separarse del cuerpo del omega antes de hacer algo tonto o arriesgado, tenía que irse antes de que el celo de Checo comenzará o no iba poder controlarse.

Y se fue, dejando al omega dormido, esperando que al regresar Checo no quisiera matarlo por lo que había dejado en su habitación.

Los días suelen pasar muy rápido cuando realmente deseas que duren más o que simplemente nunca terminen.

Los tres días de celo del omega pasaron en un abrir y cerrar de ojos para Max, aunque claro para Checo no habían pasado tan rápido, el pobre omega se la había pasado retorciéndose en su cama, llamando a su alfa, pero este nunca llegó a su llamado, haciendo que el omega sintiera como su piel quemaba por el toque de su alfa, nada de lo que él hiciera haría que el fuego se apagará en su interior.

El pecoso se sentía avergonzado una vez que su celo se terminó, sintiéndose sonrojar al recordar cómo durante su celo no había parado de pensar en Max.

Pensando en cómo se sentiría que, en lugar de estar solo, Max hubiera estado con él, llenándolo, haciéndolo sentir satisfecho, con su nudo, con su toque...

Era bastante vergonzoso pasar solo el celo, sumándole que estaba tan solo que el único alfa en el que pudo pensar fue en su mejor amigo.

Patético.

Una vez que el calor abandonó su cuerpo se dispuso a levantarse de su cama, para darse una ducha antes de que Max llegará a la casa, no podía dejar que su amigo lo viera en el estado en el que estaba, lleno de sudor, sonrojado, ojos brillantes y cabello despeinado.

El omega se dirigió al baño sin notar que había algo diferente en su habitación.

Y cuando Checo salió del baño, vistiendo un suéter dos tallas más grandes, cubriendo hasta la mitad de los muslos y sus calcetines, caminando despacio, con una canción en su mente, fue cuándo lo notó.

El omega frunció el ceño y se quedó sin habla cuando confirmó lo que era.

Un nido.

Checo se sentía mareado, con un millón de preguntas cruzando por su mente sin saber qué decir o que hacer, su aliento se atoró en su garganta cuando sintió el aroma de Max en el nido.

Max le había hecho un nido.

Su omega interior se sentía feliz y satisfecho con eso, algo que realmente no entendía Checo, era demasiado para poder pensar con claridad.

¿Por qué Max le había hecho un nido?

Los nidos eran para los omegas embarazados, no tenía sentido que Max hiciera uno y menos para él.

—¡Pecas, llegue! —gritó el rubio entrando a la casa.

El omega tragó en seco y se alejó del nido abriendo la puerta de su habitación para enfrentar al rubio.

Max tenía la intención de irse directamente a su habitación, pero el ver a Checo en el umbral de su cuarto se lo impidió.

—Hmm... Hola —dijo el alfa nervioso, rascando su nuca, por la mirada acusadora de Checo sabía que el omega ya se había percatado del nido.

—Entra Maxie —susurró el omega entrando a su habitación esperando a que el rubio entrará para cerrar la puerta.

El alfa obedeció al omega, tragando en seco cuando se encontró dentro de la habitación, escuchando la puerta cerrarse, con su cuerpo estremeciéndose al notar el fuerte aroma del pecoso en toda la habitación, con un ligero toque a su aroma por el nido.

—Me puedes explicar, ¿qué es esto? —cuestionó el pecoso, caminando por la habitación para quedar frente al alfa, cruzándose de brazos, frunciendo el ceño.

Max se puso más nervioso que antes. ¿Checo lo odiaba? Esperaba que no, él tan solo quería tenerlo protegido, con su cachorro en su vientre, ¿eso era tan malo? Tal vez sí y un poco extraño si lo piensa bien.

—Un nido —susurró en respuesta sin mirar a su amigo.

Checo rodó los ojos, suavizando sus facciones, pensando que Max bajo presión era muy tierno.

—Sé que es un nido, tonto. Lo que quiero saber es, ¿por qué me hiciste un nido? —preguntó con la voz más suave.

—Yo... no sé, mi alfa me lo pidió —murmuró el rubio nervioso.

Checo rio bajo y se acercó al alfa.

—Creo que yo sé por qué tu alfa te pidió eso —susurró el pecoso colocando sus manos en el pecho del alfa.

El omega pudo notar como el alfa tragó en seco por su toque.

—Tu alfa quiere que tenga a tu cachorro —murmuró despacio, acariciando el pecho del alfa—. Me quiere como su omega, ¿no? —preguntó con su tono suave que hacía temblar a Max.

El rubio asintió sin dudarlo.

Checo sonrió satisfecho.

—Sé que suena raro, pero mi alfa... quiere... que tengas a su cachorro —dijo nervioso—. A nuestro cachorro —aclaró después.

El omega mordió su labio inferior, tratando de ocultar su sonrisa por aquel comentario.

—¿Quieres que tenga al cachorro de tu alfa? —preguntó atrevido—. ¿Te gustaría que usará tu nido pronto? ¿Quieres poner a tu cachorro en mí? —cuestionó mirando directamente a su amigo a los ojos.

Max retuvo el gruñido que quería salir de su garganta.

—Responde alfa —murmuró Checo suave—. ¿No quieres tomarme? —preguntó con un puchero en sus labios.

—Si, si quiero —respondió el rubio de inmediato—. Pero... es que... nuestra amistad —murmuró inseguro, con el corazón latiendo fuerte.

—Hay dos opciones, Max —interrumpió el omega—. Puedes irte, olvidar esto y “salvar” nuestra amistad —explicó mirando la reacción de Max en todo momento—. O puedes tomarme en este momento y poner a tu cachorro en mí, para que pueda usar ese lindo nido que hiciste para mí —agregó con una sonrisa al final.

Max parpadeó un par de veces, abriendo ligeramente la boca para hablar, pero las palabras no salieron de su boca, tan solo se quedó mirando al omega sonreír orgulloso, con sus ojos brillantes.

—¿Vas a tomar una decisión alfa? —cuestionó el omega alzando una de sus cejas.

El rubio no lo resistió más y se acercó al omega, tomando su delicado rostro entre sus manos para besarlo.

Checo sonrió contra los labios del alfa, colocando sus manos en los brazos de Max para sostenerse y poder seguir el beso del chico.

La espalda del omega chocó contra el colchón de su cama, mientras el alfa se acomodaba sobre él, entre sus piernas.

—No tienes idea por cuánto tiempo he soñado esto —susurró ronco Max bajando sus manos a la altura de su pantalón para comenzar a desabrocharlo.

Checo mordió su labio, mirando como el alfa comenzaba a quitarse la гора.

—Luces tan lindo con este suéter, es de mis favoritos —agregó Max.

El omega suspiró tierno y se quitó el suéter, al igual que se quitó con delicadeza sus calcetines, abriendo sus piernas en espera de que Max regresará al lugar entre sus piernas.

—Dime pequitas, ¿qué hiciste en tu celo? —cuestionó el rubio con la voz rasposa, haciendo al omega jadear.

—Estuve pensando en ti —confesó el omega con las mejillas sonrojadas.

Max gruñó volviendo a colocarse entre las piernas del omega, acariciando los muslos suaves del chico.

—Yo también pensé mucho en ti —murmuró el rubio dejando besos en el cuello del omega.

—Alfa... te necesito —rogó el omega.

—¿Crees recibir a mi cachorro en tu vientre sin estar en celo? —cuestionó el alfa con la voz baja.

Max quitó la ropa interior del omega despacio, deleitándose con la suavidad de su piel.

—Sí alfa. Lo haré —jadeo—. Seré un buen omega para ti —agregó sintiéndose sensible al sentir los dedos del alfa cerca de su entrada.

—Ya quiero estar dentro de ti —gruñó el alfa sintiendo como el omega comenzaba a lubricar.

Checo jadeo cuando los dedos del alfa entraron en él.

Max se dedicó a preparar al chico para él, mientras dejaba marcas por la piel delicada del cuello del omega.

—Oh Max —gimió el omega comenzando a mover sus caderas contra los dedos del alfa—. Ya. Por favor, te quiero... —suplicó.

El alfa sacó sus dedos del omega, para alinearse a la entrada del chico, tomo las manos del omega, entrelazando sus dedos, subiéndolas a la altura de su cabeza y comenzó a entrar en el chico.

Max gruño ante la estrechez del omega

—Checo~ —jadeo el alfa una vez que estuvo por completo en el omega—. Te sientes tan bien —agregó con su voz grave.

El omega cerró los ojos y jadeó, sintiéndose lleno por completo, enredando sus piernas en las caderas del alfa, pidiendo tener más cerca a Max.

—Maxie~ —jadeo el omega con la voz quebrada por la sensación de estar lleno.

—Eres mi omega —susurró Max cerca del rostro del pecoso, esperando que Checo estuviera listo para poder comenzar a moverse.

Checo asintió ante el comentario del rubio.

—Si, lo soy. Siempre lo he sido —dijo con la voz suplicante abriendo sus ojos para mirar al rubio—. Tú eres mi alfa —agregó.

Max gruño por lo último, no pudo controlarse más y comenzó a moverse, embistiendo al omega, deleitándose con la forma en que la boca del pecoso se abría para soltar leves jadeos y gemidos por los movimientos del alfa, con su flequillo moviéndose a la par de sus embestidas y sus ojos marrones con motas verdes fijos en él.

—Más. Más —pido el omega apretando al alfa en su interior.

El rubio complació al pecoso y aumentó la fuerza de sus movimientos, comenzando a follar a un ritmo constante al chico que estaba debajo de él.

Max quería marcarlo tanto, podía sentirse cerca, con sus colmillos a punto de salir y su vista fija en el rostro y cuello del pecoso.

—Quiero marcarte —soltó el rubio sin pensarlo.

Checo jadeo en respuesta.

—Si. Si —respondió el omega moviendo su rostro a un lado, para darle más acceso al alfa a su cuello—. Quiero esto Max. Tu marca. Tu nudo. Todo —dijo con la voz débil en un jadeo.

Max escondió su rostro en el cuello del omega, pasando su lengua en donde iría su marca, todo el mundo la vería en aquel lugar y eso es justo lo que deseaba, quería que todo el mundo supiera que Checo era su omega, que su alfa lo había reclamado como suyo y de nadie más.

—Vas a usar mi nido —murmuró ronco al oído del pecoso, emocionado con esa idea.

—Vamos a usar el nido —corrigió el omega—. Tu cachorro y yo —agregó en un jadeo.

Aquello hizo que el alfa no soportará más y enterró sus dientes en el cuello del omega, sintiendo como el pecoso llegaba a su orgasmo, apretando más en su interior, provocando que el alfa le diera un par de embestidas más para que el nudo creciera en su interior y quedarán atrapados.

Checo jadeo el nombre del alfa, sintiéndose agotado, quitando sus piernas de las caderas del alfa, con el nudo de Max llenándolo hasta el tope.

El alfa se dedicaba a curar su marca dejando libres las manos del omega, para dedicarse a acariciar la piel del pecoso llegando al estómago de Checo, sintiéndose satisfecho con su trabajo y con su nudo llenando al omega.

—Creo que pronto estaré usando el nido —murmuró Checo satisfecho igual.

Max sonrió contra la marca.

—Vas a lucir precioso en mi nido —murmuró el rubio antes de besarlo.

Checo sonrió en los labios del alfa.

—Eres un alfa loco. ¿Cómo se te ocurrió hacerme un nido sin cortejarme antes? —cuestionó el omega divertido.

—Mi alfa quería reclamarte desde hace mucho —confesó el rubio—. Me volvía loco cada vez que te veía con alguien más, pero ahora eres mío.

—¿Crees que yo no me volví loco cuando te veía con alguien más? —preguntó el omega con diversión.

—Ahora nos pertenecemos omega —susurró Max con una sonrisa en su rostro.

El nudo del alfa bajó por completo, haciéndolos jadear a ambos.

—De saber que hacerte un nido, haría que me dejaras marcarte, lo hubiera hecho desde hace mucho —dijo Max sonriendo, saliendo del omega.

Checo rio y se pegó al alfa, acurrucándose en el cuerpo del rubio.

—Ya quiero usar mi nido —murmuró el omega con una sonrisa en su rostro.

Max abrazó al omega, pegándolo a su cuerpo, sonriendo, definitivamente no se arrepentía en absoluto de haber hecho un nido para Checo.




_

Siguiente Capítulo