Tales of Moons brakers

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Sinopsis

Lea es una joven cuya rutina se limita a observar desde su ventana los avances tecnológicos que dan vida a la ciudad cyberpunk que la rodea. Sin embargo, su monótona existencia da un giro inesperado cuando, sin querer, se ve arrastrada a una peligrosa persecución. En su camino, conoce a un enigmático joven que busca recuperar una serie de androides defectuosos, robados por una organización criminal. Estos androides no solo esconden secretos prohibidos, sino que también representan una amenaza letal para la seguridad de la ciudad si caen en manos de la mafia. Entre conspiraciones y misterios, Lea descubrirá que su vida está a punto de cambiar para siempre.

Genero:
Scifi
Autor/a:
Yukari
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

El vacío tiempo

Zenicx City, una ciudad que se levantó de las cenizas como el ave fénix. Tras la intensa guerra de 2027, el caos y la desesperanza dominaron el mundo, pero Zen, un visionario multimillonario empresario, apareció como un faro de esperanza. Con su ingenio y tecnología, reconstruyó lo que parecía perdido, creando un imperio que se convirtió en refugio para miles. Zenicx no solo era una ciudad; era un símbolo de renacimiento, un lugar donde la ciencia y el progreso dieron forma a un futuro lleno de luces neón, edificios monumentales y calles vibrantes que parecían respirar vida. Una ciudad avanzada, donde los sueños se tejían junto a la tecnología, y las noches se iluminaban como un perpetuo amanecer artificial.


Hoy es 20 de enero de 2092. Más de seis décadas han pasado desde que Zenicx surgió del polvo, y yo he sido testigo de cada uno de sus cambios. Día tras día, me encuentro frente a la misma ventana, desde lo alto de un edificio que domina esta metrópolis resplandeciente. Veo las luces de neón parpadear y reflejarse en los rascacielos cromados, los autos voladores cruzar el horizonte y las multitudes desplazarse como hormigas bajo la bruma de neón. Pero todo ese espectáculo, por más grandioso que sea, no logra llenar el vacío en mi interior, el vacío y la tristeza no se llenan y me destrozan el alma cada día más.


Mi apariencia sigue siendo la de una joven de 24 años, en mi documento de identidad pone que tengo 27, pero mi alma carga con muchas más décadas de recuerdos y soledad. No soy como los demás; mi vida se extiende más allá del límite humano, y aunque he visto esta ciudad levantarse, crecer y florecer, ese mismo tiempo que he ganado me ha aislado. He presenciado las maravillas y las tragedias, los sueños alcanzados y los sacrificios olvidados, y sin embargo, algo dentro de mí se marchita. Zenicx, con toda su grandeza, se siente como una jaula de luces brillantes que no puede apagar la sombra que se cierne sobre mi corazón.


-Hola pequeñín hoy tampoco es nuestro día no?- digo acariciando a mi gato gris Nixy


Nixy y yo solo nos teníamos el uno al otro. Lo encontré un día de lluvia cerca de los edificios Zen. Era tan pequeño, estaba completamente empapado, y sus ojos brillaban con el reflejo de las luces neón de los enormes edificios. Alguien lo había dejado atrás, abandonado a su suerte, como si no importara. En cierto modo, me vi reflejada en él: solo y olvidado en un mundo donde todo es reemplazado por robots avanzados, despojando a la vida de lo que alguna vez fue humano.


-Tienes hambre verdad?, bajaré a la tienda un momento-dije mirando a nixy.


Me levanto, tomo mi bolso y, mientras me pongo un kimono negro abierto, bajo las escaleras apresuradamente. Camino unos metros hacia la izquierda, por calles iluminadas por los neones de los edificios, hasta llegar a la tienda.


—¡Hola, señora Lyn! —saludo al entrar.


—Hola, Lea. ¿Alguna novedad? —responde con amabilidad.


—No, señora Lyn, como siempre.


—Deberías salir más. Encerrarte no te hace ningún bien —me grita desde el mostrador.


—Hago lo que puedo —contesto con desgana, mientras intento no pensar demasiado. No recuerdo nada de mi vida antes de llegar a ese enorme edificio de grandes ventanales, lo cual siempre me ha parecido extraño. Además, parece que no envejezco.


—Deberías conocer gente, te haría bien.


—Señora Lyn, estoy bien. Tengo a Nixy, no necesito nada más —digo mientras coloco en la caja un par de refrescos y unas latas para gatos.


Metí todo en la bolsa y, al salir de la tienda, me detuve un momento, atrapada por los destellos de los carteles de neón. Había algo melancólico en ellos, un brillo que contrastaba con el bullicio de un grupo de jóvenes reunidos en la entrada de un club cercano. Me quedé allí, inmóvil, perdida en mis pensamientos, hasta que de repente algo pasó corriendo junto a mí y me arrebató la bolsa.


—¡Hey! —grité, sorprendida y molesta.


Al girarme, vi a un chico de cabello negro, largo y ondulado, que caía despreocupadamente sobre sus hombros. Vestía una chaqueta de cuero y corría ágilmente mientras lanzaba una rápida disculpa por encima del hombro:


—¡Lo siento!


La escena tenía toda la intensidad de una persecución, y de pronto, el chico de cabello negro desenfundó un arma de alta gama, elegante y letal, que destelló bajo la luz mientras todo parecía detenerse por un instante.


Mi mirada quedó clavada en el armario, y algo en mi interior se encendió de golpe. Sin pensarlo mucho, eche a correr con todas mis fuerzas alcanzando al tipo en cuestión de segundos. Con un movimiento instintivo, ejecuté una acrobacia inesperada y lo derribé, recuperando mi bolsa mientras el caia noqueado al suelo.


-vaya, eso fue... inesperado- dijo el chico de pelo negro


-si bueno no fue nada-


-yo diría que fue increíble-


-el me robó mi bolsa solo quería recuperarla-


-disculpa no nos hemos presentado, Soy del ADZ, agente de Zenicx-


-Policía-


-si bueno llámeme Lyan solo, y tú tienes nombre?-


- Ya no lo recuerdo - digo dándome la vuelta para comenzar a caminar


-De acuerdo chica rubia del kimono de ogro, pues adios-


-si adiós- respondo alejándome


Era guapo eso es cierto, un agente alto, moreno y en forma al que probablemente no volvería a ver aunque quizás era lo mejor.


Regreso al edificio y subo hasta mi piso. Al ingresar, dejo la bolsa en el suelo y vierto el contenido de la lata de Nixy en su cuenco, permitiéndole comer. A continuación, abro un refresco y, apoyada en la barandilla, lo bebo mientras observo cómo los vehículos continúan desplazándose en el aire, formando cadenas perfectamente sincronizadas.

No me percaté de cuándo me quedé dormida, me levanté y detuve un instante frente al espejo y llevo hacia atrás el cabello del lado derecho, dejando al descubierto la placa de metal en forma de estrella incrustada en mi cabeza. Aunque aparenta ser una simple horquilla, es un recordatorio de que no soy completamente humana, pero tampoco un robot. De pronto, un ruido en el exterior sobresalta a mi gato, que salta de un brinco a mis brazos.