YOLO (Toll)

Sinopsis

Bill estaba harto de que su gemelo no respetase su espacio personal, ¿por qué no le dejaba solo ni en el baño?

Genero:
Humor
Autor/a:
Nadir Kasomicu
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo único

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Una de las cosas que Bill detestaba era que tuviera que compartir cuarto con su gemelo. No podía negar que de vez en cuando era conveniente, principalmente cuando tenía pesadillas y saltaba a la cama del mayor, sin embargo, ambos ya tenían dieciséis años, y era cada vez más complicado el no tener privacidad.

Principalmente con las hormonas alborotadas, él al menos tenía la decencia de masturbarse cuando Tom salía, o en el baño, pero no el de rastas no, se la jalaba delante suyo, y eso hacía que Bill se sintiera asqueado… O al menos de eso quería convencerse, porque cuando el mayor se dormía por el postorgasmo, Bill se masturbaba en silencio en su cama.

Así que sí, en realidad estaba algo frustrado sexualmente. Porque… Sí, ambos habían tenido sexo con chicas, Tom por hacerle caso a su novia y Bill por no querer quedarse atrás, ambos tenían trece años, ni siquiera terminaban de desarrollarse, sabían que habían sido precoces, sin embargo, incluso alardeaban de sus encuentros sexuales, al menos así fue por unos años.

No obstante, de un tiempo a otro Tom se calló, y cuando Bill le preguntaba sobre si se había acostado con otra chica, su gemelo simplemente alzaba un hombro con indiferencia, diciendo: —Me gusta alguien, pero no hemos llegado a lo físico, y no sé si me corresponda —soltó críptico.

Y Bill se sintió confundido, ¿qué chica se resistiría a su hermano? Simplemente el moreno no podía concebir que alguien no quisiera estar con él… Es decir, era hermoso, entonces no entendía por qué una muchacha le daría el no.

Pero ahí empezaron las pajas nocturnas, con descaro, y Tom siendo más invasivo que antes, por lo que muchas veces se metía al baño cuando él estaba usándolo, a lavarse las manos o lo que fuera, pero era sumamente incómodo, principalmente cuando estaba parado orinando y él lo veía con simpleza, metiéndose el cepillo a la boca.

—¿Qué me ves? ¿Te gusto? —le preguntó Bill, frunciendo el ceño de mala gana, hasta se le cortaban las ganas de mear.

—No me gustan los deportes acuáticos, y no hagas tanta mierda por eso, ya nos hemos visto el pene antes —respondió Tom, para luego escupir la espuma en el caño.

—¿Cuándo esté cagando también te vas a meter? —cuestionó fastidiado Bill.

—Pareces una jodida niña, Bill, madura —soltó Tom.

Bill terminó de orinar, y lo empujó para lavarse las manos.

—Midiri —respondió Bill con voz aniñada, burlándose.

Tom rió. —Con eso sólo pruebas mi punto.

Bill empujó a Tom contra la puerta del baño, respirándole en la boca, sintiendo su aliento mentolado por la pasta dental, y viendo un sonrojo instalarse en las mejillas del mayor.

—Los diez minutos más sobrevalorados del mundo —susurró Bill, frunciendo el ceño, ajeno a la trifulca interna que tenía su gemelo—. Ahora lárgate, porque voy a bañarme, y ya no somos unos jodidos niños para estar juntos en la ducha —ordenó el menor, alejándose su hermano.

Bill odiaba que Tom se creyera superior a él, podía irse a la mismísima mierda, simplemente que estar en momentos íntimos como cuando estaba en el baño le jodía en demasía. El moreno se desvistió, y abrió la cortina de baño, para luego dejar que el agua fría le recorriera, destensando sus músculos que estaban rígidos por el coraje. Cuando, de pronto, sintió cómo corrían la cortina de baño, y se unían a él en la ducha. El moreno se giró, dándose cuenta que Tom estaba ahí, con las rastas sueltas, desnudo y mordiéndose el labio inferior.

—¡Por la puta madre, Tom, lárgate, carajo o te voy a dar tan duro que el dolor te durará una semana! —amenazó Bill con golpear a su gemelo, estando ya harto de que no entendiera de espacio personal y privacidad.

Una sonrisa traviesa se formó en el rostro del mayor.

—¿Me lo juras? —preguntó el de rastas, moviendo su piercing, como cuando coqueteaba con chicas. Bill arqueó una ceja y luego se sonrojó al darse cuenta de que lo que había dicho podría malinterpretarse en una connotación sexual.

—No me refiero en ese sentido… —se explicó Bill, sintiendo de pronto la garganta seca—. Me refiero a que no vas a poder ni pararte de tanto que yo… —se trabó.

—Uhmn qué rico —molestó Tom, sin dejar de sonreír, eso exasperaba más a Bill, que ahora parecía un tomate por lo rojo que estaba.

—¡Carajo, Tom, deja de malinterpretar todo lo que digo! —se quejó Bill, apretando los puños y empujándolo contra la pared de la ducha, viéndolo mojado cerca suyo, sintiendo su cuerpo húmedo que empezó a darse cuenta que su respiración se aceleraba, y miró los labios de su gemelo, el cual seguía con esa jodida sonrisa burlona, pero el moreno no tenía rabia en ese instante, todo se había transformado en algo distinto…

Antes de que pudiera terminar de procesarlo, Tom acortó la distancia, besándolo, cruzando sus brazos en la nuca de su gemelo, Bill no se lo esperó, pero de algún modo tenía sentido, el besarlo y sentir cómo la lengua del mayor entró a su boca, se sentía bien… Por eso quizá le incomodaba la poca privacidad que le daba su gemelo, porque le ponía nervioso.

Bill presionó a Tom contra la ducha, ambos sisearon en el beso al sentir sus miembros erectos, sí, en algún punto de su pelea se habían excitado, y el moreno tomó el dominio del beso, y el de rastas se dejó, porque Bill era así… Sabía que las cosas debían hacerse a su modo, por algo era el líder de la banda, y quien siempre había mandado entre ambos, y es por ello es que fácilmente se adaptó, porque en realidad se había imaginado que su gemelo terminaría por corresponderle en algún punto, luego de tanto molestarlo masturbándose frente a él, y escuchándolo cuando se corría creyéndolo dormido, después simplemente siendo tan insistente, para hacer que Bill terminara por darse cuenta que le gustaba. ¿Era más fácil simplemente decírselo? Sí, pero menos divertido… E igualmente le gustaba hacer enojar al menor.

Pero ahora Tom no quería luchar, no cuando sentía el piercing en la lengua de su hermano ser pasado contra la suya, haciendo que su piel se escarapelase, estaban cubiertos por las gotas de la ducha que seguía sonando, y su madre con Gordon no estaban en casa, así que podrían hacer lo que sea sin ser interrumpidos.

Bill succionó la lengua de Tom, sintiendo cómo el mayor se arqueaba contra él, y lo veía con lascivia, sí, no estaban con los ojos cerrados, ¿cómo hacerlo en ese momento? ¿Con la imagen erótica de su gemelo frente a él?

Se separaron por aire y Bill empujó sus caderas, haciendo que existiera una fricción entre ambos, entre sus miembros, que se movían de forma deliciosa uno contra el otro.

—Bill, quiero más… —pidió Tom contra el oído del menor, para luego morderle el lóbulo de la oreja y lamerla, alejándose después, luciendo hermoso con sus mejillas rojizas, labios hinchados y ojos entrecerrados por la excitación.

—¿Más cómo…? —preguntó Bill, sintiéndose un poco estúpido.

Tom volvió a acercarse contra el oído de su gemelo:—Quiero que me des tan duro que cuando me la saques sienta que perdí a un ser querido —soltó haciendo que Bill gruñera por lo sucio que había sonado eso, y lo mucho que quería hacer realidad la petición de su hermano.

—Voltéate —ordenó Bill, con su voz más grave, vio cómo los ojos de Tom brillaron y asintió, mordiéndose el labio inferior, para después darse vuelta.

Bill en realidad sí había tenido sexo anal, pero con una chica, así que entendía la dinámica de esto, al menos lo había arruinado lo suficiente con ella como para saber qué no hacer, por lo que salió de la ducha por la crema que tenía en el lavadero, era una crema para manos que usaba de vez en cuando, más que nada para masturbarse pero serviría como lubricante, aunque era consciente que el agua la haría mierda, pero al menos para sus dedos entren con facilidad. Se metió de nuevo a la ducha, viendo fascinado la espalda del mayor, era como él, sólo que más bronceado, y su trasero parecía mucho mejor que el suyo… Tragó saliva, se puso crema en los dedos, y los metió por rapidez en su interior, empujándose contra él, con la otra mano sujetó el miembro de su gemelo, haciéndolo gemir.

Bill hizo movimientos circulares, sabiendo que era muy estrecho entrar en alguien, lo que sabía aparte era que los hombres tenían próstata, que era como el punto G en las mujeres pero en el culo, así que sabía que tenía que dar con eso para que Tom disfrutara, pero en realidad el de rastas estaba estremeciéndose sólo con los dedos, había fantaseado mucho con ello, y por fin se haría realidad, los dedos de Bill eran hábiles, tanto que hacía que olvidase el dolor, por la forma en que entraba y salía, abriéndolos como tijera hasta que tocó un punto de nervioso dentro suyo.

—¡Mierda! —gritó Tom al sentirlo, apretando su trasero, Bill gimió por cómo apretaba sus dígitos.

—¿Lo toqué? —preguntó Bill, animado, sabía que no era dolor lo que su hermano sintió, porque por la conexión la electricidad placentera llegó hasta él.

—Sí, hazlo otra vez… —pidió Tom, apoyando su mejilla caliente contra la pared fría y mojada.

Bill se relamió los labios y volvió hacerlo, pero metiendo otro dedo esta vez. Tom siguió gimiendo, ahora empujando su trasero contra la mano del menor, sintiéndose enceguecido por las sensaciones porque Bill todavía estaba masturbándolo.

—Bill… Mételo —dijo Tom acezado, y Bill asintió, aunque era consciente de que su gemelo no podía verlo.

Sacó sus dedos y dejó de masturbarlo, separando sus nalgas y comenzando a entrar en su interior.

Bill no estaba preparado para este nivel de placer, incluso con el sexo anal que tuvo con su ex, no apretaba así de bien… Eso ligado al punto de que su gemelo, es decir, su todo, pues… Lo hacía el doble de bien, el amar a la persona con la que lo hacías.

Tom sentía cómo Bill lo atravesaba, bajó su mano para masturbarse, y empujó su trasero para engullirse por completo la erección de su hermano. Lo tenía adentro, por completo, era… Maravilloso.

—Muévete —ordenó Tom, arqueándose más para sentirlo más profundo.

Bill le nalgueó el trasero, y luego mordió su hombro, para comenzar las embestidas.

Bill se hundió dentro de Tom, disfrutando cómo lo apretaba, joder, era tan delicioso… No podía compararlo con nada de lo que había experimentado antes. Apretó una nalga de su gemelo, y siguió con las estocadas, buscando el ángulo que consiguió con sus dedos, hasta que lo escuchó gritar y sintió temblar contra su cuerpo, por lo que lo había hallado.

La ducha seguía bañándolos, aunque ni siquiera se hubieran echado champú, de todas formas lo menos que pensaban era en asearse. Bill se aferró al soporte de la ducha para no resbalar, y siguió arremetiendo en su interior, dejándole besos en la nuca a su gemelo, ya que había hecho las rastas a un lado sólo para morderlo, besarlo y lamerlo allí.

Bill sintió cómo se ceñía a su cuerpo, como si realmente su Tomi hubiera nacido para esto, para recibir su verga en su culito… Oh Dios, sólo pensaba en correrse, pero con los gemidos de Tom evidentemente no era el único que la estaba pasando de puta madre.

Tom ponía los ojos en blanco, nunca en su jodida existencia había disfrutado tanto del sexo como ahora… Ninguna chica se comparaba, no… No había estado con chicos, más que nada por inseguridad pero… Bill no era cualquier puto chico, era su gemelo, lo amaba. Por eso todo era muchísimo más íntimo y especial. Sintió el aliento del moreno contra su nuca, y cómo las estocadas eran más profundas y erráticas, por la forma en que latía en su interior sabía que iría a correrse pronto, no es que él aguantase mucho más tampoco.

Tom se masturbó más rápido, apretando sus entrañas hasta que sintió cómo Bill se corría en su interior, y joder, nunca había tenido semen en el culo, pero al sentirse así de repleto terminó por venirse en su mano, y casi se cae porque al parecer Bill sí había cumplido sus palabras y le había dado duro como se lo había pedido.

Bill lo sostuvo, volteándolo para luego besarlo, aún mojados y ahora sucios por el semen.

—La próxima tendremos que hacerlo en la cama —dijo Bill, mordiéndole el labio inferior, justo en la zona del piercing.

—Tal vez cuando salgamos de aquí —sugirió travieso Tom, aún le dolía el trasero, pero, ¿qué carajos? ¿Sólo se vive una vez, no?