Capítulo único
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Tom se puso los audífonos e hizo estiramientos, antes de abrir la puerta, y ponerse a correr. Siempre tenía la misma rutina, se vestía con ropa para correr, y pasaba por el mismo lugar. Ya para ese punto el castaño ya había desayunado, para no descompensarse al hacer ejercicio.
Siguió el camino de toda la vida, pasando por debajo de un puente en el trayecto, uno que era oscuro, pero no interesaba, sólo era un tramo corto, hasta que lo tomaron por los hombros, antes de que pudiera voltearse, un olor le aturdió, haciéndolo perder la conciencia.
Cuando Tom se despertó estaba aturdido, fijándose en el espacio donde se hallaba, había una cama debajo suyo, mientras él usaba esposas, y había un hombre sonriéndole al pie de la cama.
—Ya te despertaste —soltó con emoción el moreno, apretando sus manos.
—¿Quién eres? —preguntó Tom asustado.
—Tu más grande admirador, Bill —respondió Bill, acercándose a él, haciendo que el castaño retrocediera más en la cama—. Te sigo desde hace años, desde Black Question Mark —comentó emocionado—. Siempre los he seguido… Pero, tú llamaste toda mi atención, ¿sabes? Desde que tenías tus rastas, pero amé todos tus estilos, Tomi, y tu música… Dios, realmente siempre fui tu fan número uno. Por eso me sentí destrozado cuando te casaste —se quejó, frunciendo el ceño.
Tom tragó saliva, sintiéndose nervioso.
—Ese vocalista, es una maldita perra narcisista, no te merecía, Tomi —reclamó Bill—. No entiendo por qué te casaste con él, pero no te preocupes. Sé que de todas formas nosotros seremos más felices juntos, y te haré sentir mucho mejor de lo que puede hacer él —acotó con una sonrisa maníaca, acariciando los muslos del guitarrista.
—¡Suéltame! —ordenó Tom, buscando empujarlo, pero Bill no se alejó, poniéndose entre las piernas del castaño.
—No te resistas, Tomi… Quiero hacerte sentir bien —susurró Bill, presionando su cuerpo contra el del castaño, el cual sentía el temor recorrerle el sistema, con la respiración acelerada—. Tienes que poner de tu parte o terminaré haciéndote daño, y no queremos que eso suceda, ¿no? —farfulló el moreno, dejándole un beso sobre los labios, mientras lo toqueteaba por encima de la ropa.
—Te voy a romper la puta boca si te atreves a tocarme, hijo de puta —soltó Tom, furibundo, pero Bill rió, y sacó un arma de su espalda, mostrándosela.
—¿No me harás usarla, cierto? Porque no quisiera hacerlo, Tomi… Quiero hacerte feliz, es lo que más deseo, pero sólo podrás ser feliz conmigo, Tomi —farfulló Bill, pasándole el arma por la mejilla, haciendo que el castaño se paralizara—. ¿Ya no te sientes tan machito, así verdad? Pero, Tomi, no pensarías que vine yo solo sin ningún tipo de defensa, ¿o sí? —rió, con la otra mano bajándole el buzo, luego dejó el arma en su parte trasera, para poder quitarle por completo los pantalones.
Tom apretó su mandíbula, viendo cómo el moreno le sonreía, acariciando su miembro, de una forma tan suave que su pene comenzó a cobrar vida propia, mientras que el castaño se mantenía quieto, con miedo a que el moreno sacara su arma de nuevo. El castaño miró a sus costados, tratando de ver si le era posible golpearlo o algo, sin embargo, gimió cuando el fanático se metió su erección a la boca, haciendo que siseara por la sensación.
—Te sientes bien bajo mi lengua —habló Bill, sacándose el pene de la boca, con una sonrisa—. La verdad quiero hacerte más cosas pero quería empezar con esto —habló, volviendo a hundir el pene del guitarrista en su boca, chupándolo, metiéndoselo en la garganta, relajándola para recibirlo, se separó un poco para chupar un par de sus dedos, y luego palpar debajo de sus testículos, haciendo que Tom se arqueara al sentir la intromisión del secuestrador, no podía evitar sentirse excitado, al estar imposibilitado de moverse y el moreno tener una habilidad al chupársela, pero su interior se apretó cuando esos dedos hurgaron en su ser…
No podía permitirlo. Sólo su esposo lo tocaba allí, se intentó mover, pero sólo hacía que Bill se metiera más profundo, haciendo que Tom terminase gimiendo sonoramente, cuando el moreno le estaba estimulando la próstata. No… Estaba mal, ¡no debía excitarse! ¡Bill no era su esposo! ¡Y Tom no estaba en la mejor situación ahora! Esposado y con una amenaza con arma sobre él…
Pero a Bill no le interesaba lo mucho que se quejara ni removiera, simplemente seguía regodeándose con su cuerpo y cómo reaccionaba ante él.
—Suéltame… Por favor, puedo pagarte —ofreció Tom, intentando hacerlo razonar.
—No… Perderme la oportunidad de estar contigo por dinero es algo que no haría jamás… —masculló Bill, poniendo el arma a su costado, y bajándose los pantalones, mostrando su erección erguida ante Tom, el cual intentó mirar a otro lado, no quería ver, no quería saber lo que pasaría a continuación.
—Por favor, al menos protégete —pidió Tom, no queriendo que su esposo contrajera alguna enfermedad por su culpa.
—Oh, no, no tienes de qué preocuparte, Tomi. Estoy muy sano. Así que no tengo ninguna enfermedad —dijo Bill, levantando las piernas del castaño para ubicarse entre ellas, comenzando a deslizarse en su interior—. Oh… Tomi… Qué rico aprietas —habló el moreno, haciendo que Tom boqueara por querer que el aire ingresara en sus pulmones, sentía cómo las lágrimas se acumulaban en sus ojos, por el dolor de tenerlo dentro… Bill no lo había preparado como su esposo, y el ardor, ligado a la carencia de lubricante hacía que el castaño se sintiera miserable.
Bill no era su esposo… Cerró los ojos, mientras el moreno se hundía más y más dentro suyo, sintiendo cómo el deseo se anidaba en su interior conforme seguía siendo penetrado, con cómo aquel miembro le estaba tocando en la próstata, haciendo que su propia erección latiera contra su vientre.
Tom se negó a sentir placer, o al menos, a demostrarlo, por lo que se mordió el labio inferior, mientras Bill seguía meciendo sus caderas, entrando y saliendo del castaño, sintiéndose maravillado por cumplir su fantasía, por fin estaba con Tom, y lo haría suyo por siempre.
Bill siguió entrando y saliendo del castaño, disfrutando cómo se sentían las entrañas calientes del castaño, que simplemente se mordía los labios, apretando los ojos para no ver lo que pasaba. Tom sentía dolor, pero también placer, y cuando el moreno le masajeó el miembro, el receptor se arqueó, su jodido cuerpo le fallaba, correspondiéndole a los avances de ese maldito captor.
—¿Te gusta que te toque así? —preguntó Bill, girando su muñeca mientras lo masturbaba, consiguiendo que el castaño empujase su trasero contra su pelvis, haciéndolo sisear.
Bill lo puso al límite hasta que el guitarrista se corrió copiosamente entre ambos cuerpos, haciendo que el moreno se corriera en su interior, sacándosela con cuidado, y dejándole un beso en la frente, mientras se volvía a vestir.
—Iré a comprar comida —avisó Bill, sonriéndole—. Luego te veo, Tomi, verás que seremos felices para siempre —terminó por decir, sujetando un portaretrato que tenía una foto de Tom con su esposo, y el captor pegó su cara encima de la su pareja, haciéndole estremecer por aquel gesto tan enfermizo.
Bill guardó el arma, y se fue.
Tom esperó que el loco se hubiera ido, para golpear las esposas contra los barrotes de la cama, golpeándolas varias veces hasta que cedieron, rompiéndose. Se vistió y salió por la ventana.
…
Cuando el castaño llegó a su casa, suspiró tranquilo, ya estaba a salvo. Se metió a la ducha, buscando quitarse todas las marcas de lo que había sucedido.
Tom terminó de asearse, es que se fue a su habitación, vistiéndose, mirando el portaretrato en su mesita de noche, al menos la versión sin adulterar.
El castaño fue a la cocina, sintiendo hambre, había sido un día largo, cuando de pronto escuchó abrirse la puerta, volteando a ver es que se fijó en su esposo, que traía unas bolsas.
—¿Por qué tardaste tanto? —preguntó Tom.
—¿Es en serio, Tom? Tu pollo a la cordon blue solamente puede conseguirse al otro lado de la ciudad —se quejó su esposo, dejando las bolsas en la mesa, y yendo en dirección al castaño, acariciándolo por las mejillas—. ¿Estás bien? ¿Necesitas que te traiga alguna pastilla o algo?
—Ya tomé ibuprofeno, no te preocupes —le tranquilizó Tom, recibiendo de buena gana el beso de su marido.
—¿Fui lo suficientemente convincente? —preguntó Bill, mordiéndose el labio inferior, respirándole sobre el rostro.
—El portaretrato con tu cara tapando tu propio rostro le dio un toque espeluznante —cedió Tom, riéndose—. Pero sí, podemos tachar “secuestro” de la lista —terminó por decir el castaño.
—Bueno, pero la próxima vez espero que sea algo más común como que te vistas de colegiala o algo así —comentó Bill.
—Es cuestión de innovar en nuestro matrimonio, Bill. Así que es eso o…
—No te atrevas a decir con abrir nuestro matrimonio o terminaré encerrándote en la habitación de forma no consensuada —amenazó Bill.
—Sí, bueno —respondió Tom, alzándose de hombros—. Tampoco me gustaría la idea de compartirte.
—Sí, entonces seguiremos con tus fetiches raros.
—No puedes quejarte, porque terminas disfrutando también de ellos —acusó Tom.
Bill suspiró. —Amor, nos conocemos desde niños, entonces, el sólo pensar en hacer el amor contigo me excita. No necesito de toda la parafernalia pervertida para que se me pare.
Tom frunció el ceño.—Yo tampoco… Sólo son fantasías que a veces tengo, no puedes juzgarme.
—No lo hago, lo lamento si se entendió así, te amo, ¿ok? —le preguntó Bill, acariciando sus mejillas, y Tom asintió, volviendo a ser besado por su esposo.