L'HOMME TRISTE 1
Él caminaba con la mirada fija en el cielo en busca de respuestas acerca de lo que debía hacer, pensar y sentir. A veces se encontraba con un cielo nocturno iluminado por varias estrellas y una luna que parecía haber sido sacada de un cuento de hadas, su brillo era mas intenso que el de las estrellas, difuminando las nubes que estaban a su alrededor.
Él pensaba que esa imagen era la representación exacta de la esperanza, del vacío y la tristeza que tanto tiempo se había esforzado en colocar en el fondo de un cajón olvidado como si de una ropa vieja se tratara. Al suspirar y alzar la mirada, todo desaparecía. Por un instante y aunque sus pasos marcaban el ritmo de su profunda contemplación, sentía que volaba, que nada de lo que pasó o pasaría importaba. Solo él, la música y el cielo. No importaba si era de día o de noche, la belleza estaba ahí, tan constante como su soledad.
Creía que si había un Dios en lo alto seguramente fue él quien pintó las nubes, porque parecían irreales, como si en cualquier momento la pintura fuera a escurrirse y desaparecer del cielo. Eso le hacía tener ganas de llorar, de dejarlo todo y por un momento pensó que si moría su alma podría pasar rozando las nubes, las estrellas y la luna que tanto se esmeraba en admirar, no importaba si había o no un paraíso, si lograba ser parte, aunque sea por un momento de la belleza que él admiraba, iba a ser feliz.
Al acercarse a su departamento, finalmente bajó la mirada al suelo. Volver a la realidad era una agonía: el alivio momentáneo se disipaba y olvidaba el coctel de emociones que había sentido hace unos instantes. A veces cuando estaba a punto de dormir se imaginaba levantándose de su sillón lentamente y de manera sigilosa sentarse afuera junto a las penumbras de un día que aún no ha encendido sus luces y pensar.
Es lo que más hacia, de vez en cuando eran pensamientos sobre su vida, otras veces, se cuestionaba si seguir intentando ser parte del mundo era lo correcto, que la muerte, aunque era su mayor temor, en muchas ocasiones se sentía como una oportunidad para descansar y desvanecerse en polvo estelar que nadie recordaría con el pasar de los siglos, a pesar de eso jamás se atrevió a hacerlo, aun si al imaginarlo se sentía muy tranquilo.
Al ingresar solo encontró un departamento vacío, un sillón abandonado, una cama desierta y él, un chico vacío. Era lo que veía y lo que sentía, después de ese día que deseaba olvidar sintió que ya nada lo llenaba, no había probado alcohol ni drogas, pero sabía que eso no le haría sentirse mejor. Maldijo brevemente el existir mientras aseguraba la puerta de su departamento.
-Bienvenido a casa, cariño– musitó levemente en su odio.
Esa voz vacía y seca siempre aparecía cuando menos la necesitaba. No importaba cuántas veces intentara ignorarla, la voz de ella seguía ahí, como un eco incrustado en su mente.
- ¡Cállate! Hoy no tengo ganas de escucharte, sal de mi cabeza – ordenó con las manos en los oídos.
-Sabes que no puedo hacerlo amor, soy parte de ti hasta que la muerte nos separe- respondió ella susurrando.
-Tú no eres ella – dijo él – así que deja de atormentarme, por favor – reclamó con un suspiro profundo.
Su departamento tenía un aspecto lúgubre. Un sillón desgastado que tenía manchas de salsa y cubierto de envolturas de comida, parecía sacado de la basura. Sobre su cuero maltrecho el control de la televisión yacía abandonado con las pilas desgastadas desde hacia un mes. El aire apestaba a comida rancia y humedad, había mugre por todos lados, ni una escoba o trapeador habían sido pasados por esa superficie en demasiado tiempo, la ropa reposaba en un esquina esperando la prenda que la hiciera caer como una avalancha.
Los platos sucios tenían un olor desagradable, como húmedo y seco, evidentemente no habían sido lavados en un largo tiempo, el baño era prácticamente un campo minado, orina por doquier, cabellos, papel y un sin fin de objetos que ya ni siquiera recordaba lo que eran en su vida útil, en ese lugar tan descuidado como putrefacto, vivía un hombre vacío.
Se sentó en su sillón apartando rápidamente las migajas de pan que estaban reposando en el lugar donde se sentaría, la televisión permanecía encendida en el mismo canal todo el tiempo, el simple hecho de levantarse a cambiar de canal hacia que su estómago se cayera al piso así que por semanas había visto el mismo canal de tele ventas una y otra vez con una mirada inerte, su mente y su subconsciente estaban adormilados, desconectados, llevándolo a caer en un sueño profundo rápidamente.
-Que tal te fue en el trabajo amor- susurró aquella voz alojada en su cabeza
- Eso no te importa, solo déjame descansar en paz - contestó somnoliento bostezando y frotándose los ojos, su cuerpo se sentía cada vez mas ligero, su respiración mas profunda encaminándose al limbo oscuro.
Él siempre se sentía cansado como si estuviera cargando con el peso de él y de su desánimo todo el tiempo, eso hacía que se durmiera en el camino a su trabajo mientras veía por la ventana del autobús y cuando llegaba a su casa dormía de manera instantánea al acomodarse en el viejo sillón, la televisión hablaba, los parpados se le cerraban y sabía qué sueño le iba a tocar vivir, empezó a entrecerrar los ojos y escuchó: <<que tengas dulces sueños amor, te estaré esperando>> susurrado por la voz muerta que lo perseguía incluso en sus sueños.
Entonces se quedó dormido y empezó a soñar.
- Amor, ¿estás ahí? Tierra llamando al hombre más lindo del mundo – dijo ella de manera coqueta ladeando la cabeza y reposándola sobre su brazo izquierdo que descansaba en el respaldo del sillón.
- Creo que me quedé un poco dormido - esbozó una sonrisa somnolienta mientras estiraba sus brazos intentando sacar todos los nudos en sus músculos.
Le dio un beso en los labios para que supiera que la amaba, la miro a los ojos, eran como dos galaxias, al contemplarlos inevitablemente todo el mundo se detenía y solo podía pensar en que eran lo más bello que había visto en el universo, levanto la mirada unos centímetro para admirar su cabello el cual estaba un poco alborotado, así le gustaba a él, el desorden lo hacía destellante, ver cómo se acomodaba encima de sus hombros rozando un poco sus mejillas y uno que otro bucle fuera de lugar haciendo un conjunto hermoso con esa sonrisa amplia que le ofrecía con sinceridad al mirarlo a los ojos antes de acercarse para robarle un beso.
- ¿Qué estabas soñando? - preguntó acomodándose el cabello que estaba sobre su cara.
- Estaba soñando que tu.... No, no importa solo fue un mal sueño - respondió moviendo la cabeza hacia los lados como si quisiera que sus pensamientos salieran de su cabeza. Luego, tomando su rostro entre las manos le dio un beso en la frente.
- ¡Muuuak! – con una sonrisa amorosa intentó exagerar el sonido para hacerla reír.
Pero algo no andaba bien, él sintió que no era ella con quien estaba hablando, su voz tenia un tono seco, al besarla no sintió su calor, su piel estaba fría y sus ojos parecían haber perdido su brillo. La observó atentamente, preocupado por lo que estaba percibiendo.
<< ¿Qué esta pasando?>> se preguntó a si mismo sin entender nada. - Amor, ¿está todo bien? - cuestionó a su amada pero de su boca no salió ninguna respuesta.
Tardó en darse cuenta que estaba soñando. Cuando la miró, estaba inmóvil, rápidamente todo oscureció y las ventanas se volvieron negras, todo se envolvió en un silencio abrumador, empezaba a sentir como su corazón latía con fuerza, galopaba con tal potencia que sentía que en cualquier momento le explotaría y saldría corriendo fuera de su pecho, sentía como la sangre recorría cada centímetro de su cuerpo, como golpeaba contra las paredes de sus venas, el sudor profuso y la respiración entrecortada se hicieron presentes, había tenido ese sueño tantas veces que sabía con seguridad lo que iba a suceder a continuación.
Temeroso estiró su mano a un cuerpo que ahora le daba la espalda, el palpitar abrumo sus oídos, podía escuchar claramente sus latidos y al tocarla se percató que estaba fría, tenía miedo de voltearla, a pesar de haber vivido esa pesadilla millones de veces no podía detenerla, era un simple espectador en una inevitable película con el mismo final. Las repeticiones no hacían que la experiencia fuera menos impactante, su cerebro quería hacer que recordara esa imagen que tenía guardada.
Le sacudió el hombro, pero al no obtener respuesta sus manos fueron hacia su cabeza agarrándola de ambas mejillas y girándola lentamente, quería despertar, pero no podía, gritaba por dentro de esa pantalla invisible que solo le dejaba ver pero no actuar. De pronto, la tenía frente a frente. Su cabello le tapaba la cara, lo retiro suavemente y ahí no estaba ella, al menos no su alma, estaba fría con los labios morados, ojos secos y hundidos como dos pozos oscuros, ya no había galaxias ahí solo había vacío, tenía una expresión álgida como si hubiera sufrido antes de que su pulso dejara de sentirse y se le esfumara la luz de sus ojos, el rosado de sus labios y la suavidad de su piel se habían extinto.
Unas manos heladas le sujetaron las muñecas súbitamente.
- Me mataste – susurró con una voz hueca y quebrada. - Me mataste mi amor – Las palabras se filtraban en su oído como una reverberación putrefacta, impregnando su piel con el peso de la culpa.
A lo lejos empezó a llegar un ruido que llenaba todo el sueño de un eco incesante, era su alarma. <> pensó al despertarse.
Sudando, con una mano agarrándose el pecho y con la otra aferrándose al sillón con las pocas uñas que le quedaban. Miró las ventanas para asegurarse de que estaba despierto, se veía el intento de los rayos de sol de atravesar las cortinas y suspiro aliviado de que todo haya terminado, se cuestionaba porque su cerebro le presentaba ese sueño todas las noches, sin falta todas y cada una de ellas, las únicas veces que podía dormir sin la agotadora escena de terror y traumas era cuando viajaba en el autobús hacia su trabajo.
Miro su celular en busca de la hora. Suspiró y se incorporó lentamente. Otro día de vida. Otro peso más que debía cargar. Se quitó la ropa, camino hacia la ducha dejando un rastro de prendas que indicaban su trayecto hasta quedar completamente desnudo viendo con una cara inexpresiva la regadera, su postura había adoptado una inclinación hacia abajo, su cabeza por delante de sus hombros dejando ver una joroba en su espalda y sobresaltando su abdomen, una barba descuidada que no tenía forma ni mucho menos delimitaciones, hace mucho tiempo que su aspecto físico le había dejado de importar y simplemente veía como poco a poco y día tras día se deformaba su cuerpo que alguna vez había sido delgado y terso.
La voz que lo acompañaba se hizo presente, aunque no de manera física, pero si en su mente, él había tenido la esperanza de que hoy no apareciera, pero ahí estaba, esperando cual depredador a su presa para atormentar sus pensamientos, destruyendo sus recuerdos y su corazón.
-¿Cómo estuvo el sueño corazón, ya no estás en forma como antes verdad?– preguntó con un tono burlesco
- No – murmuró mientras suspiraba al preguntarse cuando podría tener un momento tranquilo y solitario para poder escuchar su propia voz interna sin que se interpusiera esa voz tormentosa.
-¿Qué pasa? ¿Acaso estas sin energías?– pronunció con una voz susurrante y molesta.
- Solo déjame ducharme en paz que ya debo ir trabajar, cállate por un momento - protestó mientras abría la cortina de la ducha.
-Solo por esta vez– respondió y tal como lo dijo desapareció apenas el agua toco su piel, todo era tan silencioso y tranquilo.
Le gustaba ver como su frágil caparazón se mojaba, aquella imagen lo sumía en un profundo trance, ver como las gotas de agua se deslizan por su cuerpo, le hacían sentir como si alguien le diera un abrazo cálido que relajaba su ser, tuvo pequeños recuerdos dolorosos de ella enjabonándole la cabeza y dándole besos en la espalda, eso hizo que su estómago se transformara en un vacío pero intento dejar de pensar en eso rápidamente no quería continuar agonizando, prefería desconectarse de sus pensamientos tormentosos y dejar que su cuerpo viva la vida en automático fingiendo normalidad, fingiendo pertenecer a la corriente, sin nadar, solo dejándose arrastrar.
Había escuchado muchas veces que debía integrarse al flujo de las cosas y continuar con su vida. ¡Pero ellos que sabían de lo que estaba sintiendo, simplemente asumían lo que pensaba, lo que sentía y lo que buscaba! Después de un tiempo había dejado de dar explicaciones sobre lo precario que se había vuelto, se limitaba a oír sin interés alguno y asentir como si fuera una máquina, agradeciendo al final de cada charla. Dicen que, cuando las personas pierden la vida, su corazón deja de latir y su cerebro deja de funcionar, los ojos que lo reflejan todo perdían su brillo, dejaban de ser ventanas que permiten ver el alma y se convertían en sombras vacías y secas. Él tenía esos ojos, los cuales miraban al universo inanimado, sin emoción o asombro, sino con la inercia de una persona sin esperanzas.
Regreso al mundo real, se preparó para salir a trabajar y con esperanza alzo la cabeza en busca de belleza, había un cielo despejado casi no había ninguna nube, solo unas cuantas de ellas en los bordes del paisaje. Se colocó sus audífonos con los que pasaba la mayor parte del tiempo cuando estaba fuera de casa y comenzó su día sin saber que era el comienzo de algo espeluznante.