Embarazado de su hombre 🌙 Kookmin Adap.

Sinopsis

Park Jimin tiene un secreto. Le gusta un poco de dolor con su placer, y anhela la libertad que sólo puede encontrar en la dominación de otro hombre. Pero ese secreto la ha costado, y ahora, ya no se atreve a satisfacer su verdadera necesidad. Una noche de soledad y deseo hace que su camino se cruce con el de Jeon Jungkook. Por primera vez en años, Jimin confía en un Dom, permitiéndose a sí mismo rendirse a la fuerza de Jungkook. Su fe parece traspapelada, y pronto descubre que Jungkook tiene su propio secreto. Es un hombre lobo, y su papel es rastrear al mejor amigo de Jimin, Jin. Jungkook es un ejecutor, con el importante deber de garantizar que la seguridad del mundo de los hombres lobos esté protegido de los humanos. Encargado de encontrar a Kim Namjoon y su misteriosa pareja humana, planea acercarse a Jimin para la investigación, sólo para encontrarle en un club D/s. Una mirada al hermoso humano, y sabe que su vida nunca volverá a ser la misma. Sabe que nunca podrá permitir que nadie más toque a Jimin. Jimin es suyo, su amante, su sub, su pareja. Su todo. Pero hay más secretos ocultos en el pasado de Jimin, y finalmente en su vientre. Y Jungkook enfrentará una batalla que nunca esperó, proteger a su nueva pareja, su nueva familia y el nuevo y precioso vínculo entre él y Jimin. ↓ ((🌙)) ↓ TODOS LOS DERECHOS A SUS AUTORES SIN FINES DE LUCRO. LW2

Estado:
Completado
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Jimin #1 ↔️ Jin #1

Jungkook #1 ↔️ Namjoon

Jimin se frotó los ojos con cansancio cuando encontró otro ejemplar de la Letra Escarlata que comentaba la actuación del actor en la película homónima. Echó un vistazo al reloj en la pared y parpadeó en consternación. ¿Cuándo habían pasado las horas? Ya eran las siete de la tarde y sentía como si no hubiese hecho mucho progreso con todo lo que necesitaba hacer. Su estómago gruñó, recordándole que no había comido desde esta mañana.

Con un suspiro de descontento, recogió sus papeles y los metió en su maletín. Mientras salía de su oficina y se arrastraba por los pasillos de la escuela, revisó mentalmente el resto de sus tareas. Era muy poco probable que pudiese terminar de calificar las pruebas esta noche, pero al menos tendría que preparar su clase para mañana.

Asintió con la cabeza distraídamente al conserje que ya había comenzado a limpiar los pasillos. —Buenas noches, Sr. Park —dijo el hombre.

—Buenas noches —le respondió Jimin en un murmullo.

El aparcamiento estaba vacío de coches, casi demasiado deprimente. El mini-van de Jimin le esperaba fielmente, el único vehículo que quedaba a esta hora. Se deslizó en el interior y se inclinó contra el volante, descansando los ojos. Desde que su mejor amigo Jin había abandonado la enseñanza, Jimin había decidido cubrir temporalmente el puesto de Jin. Había sabido que sería duro, Jin hacía mucho trabajo para los niños, algunos de los cuales necesitaban un adulto para que les guiase. Pero Jimin había querido hacer esto por Jin, quien estaba pasando por mucho en este momento. No había contado con el hecho que, a diferencia de Jin, él apestaba siendo agradable con la gente.

—Dios, necesito un descanso —dijo a nadie en particular.

Una noche, durante la cual pudiese soltar todo, olvidar sus responsabilidades en la escuela y especialmente su preocupación por Jin.

Novela de Nathaniel Hawthorne publicada en y considerada su obra cumbre. Está ambientada en la puritana Nueva Inglaterra de principios del siglo XVII, y relata la historia de Hester Prynne, una mujer acusada de adulterio y condenada a llevar en su pecho una letra «A», de adúltera. Hester rechaza revelar la identidad del padre de su hija, y trata de vivir con dignidad en una sociedad injusta e hipócrita

Una noche, con un hombre que pudiese recordarle como se sentía pertenecer a alguien, perderse a sí mismo en el dolor y el placer de sus deseos. ¿Eso sería tan malo? Sí, lo sería, porque mañana tenía que ir a trabajar como de costumbre. Era lo suficientemente duro hacer dos trabajos al mismo tiempo sin perder más sueño del que ya perdía. Además, había dejado esa parte de él atrás por razones que ni siquiera quería pensar.

Estremeciéndose, Jimin puso el coche en marcha y condujo hacia casa. Desgraciadamente, aún estaba distraído y perdido en sus meditaciones, de manera que se pasó dos semáforos en rojo y estuvo cerca de tener un accidente. Para el momento en que llegó a casa, estaba incluso más agitado que antes. Cuando entró en su pequeño apartamento, dejó el maletín en el sofá y se dirigió directamente hacia la cocina. Algo de comida y una cerveza harían maravillas a su estado de ánimo, y entonces quizás, pudiese conseguir terminar algo de trabajo.

La parpadeante luz del contestador automático atrajo su atención mientras se preparaba un sándwich. Tomando un bocado de su comida, presionó el botón de reproducir el mensaje en espera. Para su placer, la voz de Jin llenó la habitación, viniendo de la cinta.

—Hey, Jims. Supongo que sólo te echaba de menos. Sólo quería decirte que todo está bien. Tu padre me ha dado el alta médica.

—Hey, cariño —llegó la voz de su padre desde la línea—. Asegúrate de cuidar de ti.

Jimin se rio entre dientes ante las predecibles palabras de su padre. El hombre mayor siempre había sido un opresivo, y había odiado dejar solo a Jimin. Probablemente nunca lo habría hecho si no fuese por el hecho que Jin le necesitaba tanto. —Lo haré —dijo incluso si su padre no podía escucharle.

La voz grabada de Jin continuó hablando: —De manera que sí, lo estamos haciendo bien. Sería genial si pudieras pasarte este fin de semana. Realmente te echo de menos.

Jimin suspiró cuando el mensaje terminó. También echaba de menos a Jin y a su padre. Todo el lío con su amigo quedando embarazado -embarazado, de todas las cosas- aún le tenía conmocionado más allá de toda medida. Algunas veces, intentaba no pensar sobre ello porque simplemente era demasiada locura.

Jin nunca le había dicho exactamente a Jimin cómo eso había sido posible y qué tipo de criatura era Namjoon, pero Jimin no podía estar realmente enojado por eso.

Jimin tampoco había sido completamente honesto con su amigo. No le había contado a Jin sobre sus problemas en la escuela. Y nunca le había mencionado el hecho que tenía interés en el lado más fetichista del sexo. Simplemente era que Jin parecía tan frágil, darle noticias impactantes siempre se sentía como una mala idea. O eso se decía a sí mismo. En su corazón, Jimin estaba avergonzado de su necesidad de ser dominado, y lo último que quería era ver lástima en los ojos de su amigo.

Entonces se le ocurrió que Jin había exorcizado sus miedos enfrentándolos. Seguro, había parecido una idea terrible en el momento. Por no mencionar que Jin ahora estaba embarazado de una criatura sobrenatural. Pero de todos modos, había superado los problemas de intimidad que siempre habían saboteado sus relaciones.

Tal vez Jimin pudiese hacer lo mismo. Podría enfrentar su verdadero yo una vez más. Quizás le diese un poco de paz. Además, ¿qué era lo peor que podría suceder?


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El club gay que Jimin eligió como su destino era un conocido punto caliente de BDSM para Doms y subs solteros. Jimin ya había leído sobre ellos online, había tenido la tentación de venir aquí antes, pero nunca se había atrevido hasta ahora. Mientras avanzaba por el establecimiento, Jimin pudo echar un vistazo a la pareja ocasional pero sobre todo, la gente estaba aquí en busca de carne fresca.

Un esbelto hombre vestido con nada más que un collar y un suspensorio de cuero caminaba a cuatro patas delante de él, dirigido por un enorme y fornido Dom. En algún lugar a su derecha, un joven que parecía una particular versión grácil del David de Miguel Ángel empuñaba un excelente látigo en la espalda de un oso deliciosamente musculoso. Ninguno de los hombres era del tipo de Jimin, pero aún podía imaginarse a sí mismo atado y amordazado, a merced de alguien más. El recuerdo le hizo estremecerse, y no sólo de una buena manera.

Comenzó a retroceder, ya cambiando de opinión con respecto a sus planes para pasar la noche. ¿En qué había estado pensando? No pertenecía aquí, y sin importar lo mucho que quisiera el mordisco de dolor-placer al que había comenzado a ser adicto, no valía la pena ante el inevitable temor y la agonía que seguía.

Sin embargo, antes de que pudiese retirarse del club, una fuerte mano agarró su brazo, evitando que se fuese. Jimin se dio la vuelta y enfrentó un moreno vestido de cuero que le miraba como si fuese un pedazo de carne. —Hola, sexy. ¿Buscando un nuevo hombre para que azote ese apretado culo?

Jimin escaneó al hombre desde la cabeza hasta los dedos de los pies y se burló. —Quizás. Pero no eres él.

El Dom entrecerró sus ojos a Jimin, y Jimin recordó que a algunos Doms no les gustaba ser cuestionados por subs, incluso aquellos que no les pertenecían. Jimin liberó su brazo del agarre del idiota y enderezó su espalda, preparado para decirle cuatro cosas al Dom. Podría ser un sub, pero no sería tumbado, y la gente haría bien en recordar eso.

—Creo que encontrarás que puedo hacer que cambies de idea —dijo el Dom, una vez más alcanzando a Jimin—. Voy a enseñarte una lección que nunca olvidarás.

Antes de que Jimin pudiese contestar a eso, una alta figura dio un paso entre ellos. —El caballero dijo no. Deja de molestar.

El aspirante a Dom abrió la boca para protestar, pero algo en la postura del recién llegado debió haber cambiado su opinión.

—Lo que sea —murmuró en voz baja mientras huía.

—Alguien tiene que decirle a ese hombre que “lo que sea” es la respuesta más sosa existente—murmuró Jimin—. Incluso los estudiantes de la escuela secundaria saben eso.

Las palabras ni siquiera estaban dirigidas a su salvador, pero el otro hombre las tomó como tales.

Se dio la vuelta hacia Jimin y dijo: —Cierto. Pero no pensemos en la estupidez de algunas personas aquí. Baila conmigo, hermoso.

Durante unos momentos, Jimin sólo miró fijamente. El hombre era fácilmente el espécimen más hermoso de virilidad que Jimin había visto en su vida.

Entre su cabello rubio muy corto, sus ojos azules y sus altos pómulos, tenía todo ese aspecto ario, una belleza tan aguda que cortaba directamente las restricciones que retenían a Jimin.

El hombre le arqueó una rubia ceja. No dijo nada más y no ofreció cualquier invitación adicional. Sólo extendió la mano hacia Jimin, y el gesto le recordó extrañamente a Jimin a un príncipe que le pedía la mano a su amado para un vals.

Sólo el fantasioso pensamiento debería haber asustado a Jimin, pero no lo hizo. Se encontró a sí mismo aceptando la oferta del otro hombre. Cuando se tocaron por primera vez, una corriente eléctrica pareció atravesarle. Esta vez, cuando se estremeció, sólo fue por pura y completa lujuria. Sospechó que el otro hombre sintió lo mismo, porque cuando el extraño tiró de él hacia la pista de baile, todas las ilusiones de una fachada gentil se desvanecieron.

En la multitud de cuerpos retorciéndose, no había lugar para nada más excepto sincero deseo, y ninguno de ellos intentó esconderlo. Mientras la música fluía sobre ellos, Jimin bailaba contra el duro cuerpo de su improbable príncipe, frotando el culo sobre la polla del otro hombre. Su compañero de baile envolvió sus fuertes brazos a su alrededor, manteniéndole cerca mientras aún permitía a Jimin libertad de movimiento. La manera en que él mismo se movía contra el culo de Jimin señalaba claramente que el baile no era exactamente lo que el hombre tenía en su mente cuando la noche terminase.

Jimin se dio la vuelta en el abrazo del extraño y se inclinó contra su pecho. Presionó su polla con la del otro hombre, y su osadía no quedó sin recompensa. El extraño acercó sus cuerpos de manera que Jimin pudo sentir cada músculo de su cuerpo. Giró su lengua sobre el lóbulo de la oreja de Jimin, y mientras Jimin se derretía contra él, mordió lo suficientemente fuerte para hacerle sisear de placer.

La canción terminó y hubo una breve pausa durante la cual Jimin pudo escuchar la penetrante respiración del otro hombre.

—Tengo una habitación reservada en la planta baja —dijo su rubio dios—. Ven conmigo, hermoso. No te arrepentirás.

Jimin no podría haber dicho “no” ni para salvar su vida. Infiernos, casi estaban follando ahora. Estaba claro para ambos, Jimin sabía eso. Después de lo que le había sucedido a Jin, debería mantenerse alejado de la cosa de una noche. Pero su polla no estaba escuchando a su cerebro, y por una vez, quiso dejar de llevar el peso del mundo sobre sus hombros.

Era estúpido, muy, muy estúpido. Infiernos, ni siquiera sabía el nombre del hombre. Pero tal vez fuese mejor de esta manera, sin posibilidad de sentir que los sentimientos se interpusiesen o los corazones se rompiesen. Sólo dos hombres enrollándose. Fácil, simple, justo lo que Jimin necesitaba para aligerar su corazón y aclarar la cabeza. Una manera para olvidar.

Y de esa manera, asintió con la cabeza. Cuando la música comenzó de nuevo, el extraño le sacó de la multitud hacia las cuerdas VIP que bloqueaban la entrada hacia la sección inferior del club. El corazón de Jimin comenzó a acelerarse incluso más rápido. Había escuchado historias de lo que sucedía en las salas privadas de tales clubes, e incluso él mismo lo había experimentado una o dos veces, hacía mucho tiempo.

Sorprendentemente, la solidez de la mano del extraño sujetando la suya le tranquilizó, al menos en la medida en que podría estar tranquilo bajo tales circunstancias. Como un hombre en un sueño, siguió al extraño a las profundidades del club. Pasaron por alto a varios guardias que les miraron impasibles, varias habitaciones desde las cuales ya se podían escuchar gemidos de placer.

La polla de Jimin palpitaba mientras asimilaba los sonidos y realmente liberó un pequeño gemido. Había tenido la esperanza que su acompañante no se hubiese dado cuenta, pero ¡ay!, la suerte no pareció estar de su lado. El otro hombre se detuvo y giró hacia Jimin, una pequeña sonrisa burlona en sus carnosos labios.

—¿Quieres detenerte y observar, hermoso? —preguntó.

Jimin no tenía idea de cómo el hombre le había leído tan bien. Tenía una vena voyerista, aunque en raras ocasiones se entregaba a ella. Por alguna razón, pensaba en el sexo como una experiencia intensamente privada, pero al mismo tiempo, le gustaba ver a otras personas haciéndolo, y le gustaba ser visto. Por supuesto, eso no había funcionado demasiado bien para él en el pasado, de manera que quizás sería mejor si sólo se retirasen a una habitación privada.

Y quizás habría dicho exactamente eso, pero los profundos ojos azules del extraño evitaron que lo hiciese. —Quiero ver —se escuchó decir a sí mismo.

—Hmm... Esa respuesta no es realmente satisfactoria, pero ya nos ocuparemos de eso más tarde. —El extraño sonrió—. Vamos.

El otro hombre condujo a Jimin a una gran habitación estilo auditorio, con un escenario iluminado donde la actuación principal ya estaba en marcha. Dos jóvenes estaban acostados en una cama cubierta de sábanas negras, tocándose y besándose. Justo cuando Jimin y su acompañante se sentaron en un cómodo sofá, un voluminoso Dom construido como una pared de ladrillo hizo un gesto con la mano al más pequeño de los dos para que se posicionase a cuatro patas en la cama. Mientras alimentaba al joven con su polla, lanzó una botella de lubricante al tercer hombre, que procedió a lubricar el agujero del chico más pequeño.

El hombre en la parte inferior gimió mientras era penetrado por ambos lados. Jimin les observaba con una mezcla de angustia y lujuria. Eran sexis, no había duda de ello, y todos parecían estar en ello, pero la escena aún le recordaba a Jimin algo que prefería olvidar.

En la oscuridad de la habitación, los ojos de su acompañante parecieron brillar cuando dijo: —No hay de qué preocuparse, hermoso. Eres todo mío. Ni siquiera te compartiré con nadie.

El corazón de Jimin estuvo cerca de detenerse ante la feroz promesa. Ni siquiera había dicho nada sobre sus antecedentes al Dom, pero por alguna razón, el hombre lo había sentido. La posesividad en las palabras hizo que la polla de Jimin se hinchase incluso más duro en sus pantalones, y se excitó más de lo que recordaba haber estado.

El extraño también pareció adivinarlo, porque alcanzó a Jimin y le tiró al suelo. Jimin estuvo tan sorprendido que ni siquiera protestó. El ángulo le trajo la vista de la polla erecta del otro hombre, y su cabeza dio vueltas con lujuria y deseo de alcanzarla y tocarla.

Por alguna razón, no lo hizo. Podrían no haber estado de acuerdo en una dinámica entre ellos, pero Jimin aún tenía muy claro en su cabeza que no tenía permitido tocar al otro hombre hasta que se le diera permiso explícitamente. Era difícil contenerse, pero también llenó a Jimin con una deliciosa anticipación que no había experimentado en mucho tiempo.

El otro hombre separó sus piernas, acomodando mejor su polla en los pantalones, pero sin hacer ningún gesto para que Jimin se acercara. En su lugar, arqueó una ceja a Jimin y dijo: — Quítate la ropa.

—¿Qué? —preguntó Jimin—. Pero...

—Dije... Quítate la ropa.

Con manos temblorosas, Jimin comenzó a obedecer. Desabotonó su camisa, aunque le llevó más tiempo del que debería. Los malditos ojales simplemente se negaban a cooperar, y Jimin los maldijo mentalmente y a su propia torpeza.

Sin embargo, su Dom era paciente, y ni siquiera le apresuró. Cuando Jimin terminó de quitarse la camisa, el otro hombre canturreó en obvia apreciación. —Bien. Ahora los pantalones.

Había algo tan intoxicante sobre ser ordenado para hacer la más simple de las tareas. Era consciente que, por ahora, algunos de los otros hombres en el auditorio le estaban mirando fijamente a él y a su Dom, pero ni siquiera era su atención lo que importaba.

Quería complacer a su hombre que, con una palabra, podría hacerle perder la pista de su identidad. Y de esa manera, Jimin se quitó los zapatos y sus ajustados vaqueros. Eran sus vaqueros de “fóllame”, y parecía que habían logrado su propósito, porque Jimin claramente iba a ser follado esta noche. Por supuesto, no era exactamente fácil desnudarse sin levantarse, pero el Dom le había dicho sin palabras que se quedara ahí, sobre sus rodillas, y Jimin no estaba a punto de ignorar esa orden.

El Dom le alcanzó, acariciando la mejilla de Jimin con sorprendente dulzura. Jimin se atrevió a levantar la mirada, y lo que vio en la mirada del otro hombre le hizo gemir en angustiosa excitación. Pero al mismo tiempo, el brillo de pasión en los ojos del Dom arrasó con los persistentes restos del nerviosismo de Jimin.

—¿Cuál es tu nombre, hermoso? —preguntó el Dom.

La orden en el tono de voz del otro hombre resonó contra esa parte de Jimin que nunca había sido capaz de abandonar verdaderamente. Ni siquiera se había dado cuenta que no se habían presentado el uno al otro. —Jimin —respondió inmediatamente.

—Bien, Jimin, esta noche eres mío. Podrás llamarme Maestro Jungkook. No te correrás hasta que te lo diga. Tu placer es mío y sólo mío. ¿Entendido?

Una sensación de completa idoneidad fluyó sobre Jimin cuando respondió: — Sí, Maestro Jungkook.

El Dom asintió con la cabeza en apreciación a las palabras de Jimin.

—Ahora, hermoso, elige una palabra de seguridad.

Jimin escudriñó su mente por cualquier cosa que pudiese servir, pero por alguna razón, a pesar de su extenso vocabulario, simplemente no pudo pensar en nada. Una palabra de seguridad significaba algo. Era tan fácil ignorarla, pero entre un Dom y su sub, llevaba el peso de toda la confianza en la relación.

Pero esa era la razón por la que había venido aquí para comenzar, para aprender cómo confiar de nuevo, para desechar la soledad en su corazón.

Después de unos momentos de duda, finalmente dijo:

—Cualquiera.

Los carnosos labios del Maestro Jungkook se retorcieron en una divertida sonrisa, pero entonces sus ojos se llenaron con un conocimiento que debería haber hecho sentir incómodo a Jimin.

Fue un extraño momento de compañerismo y unión en medio de una escena donde el balance de poder estaba por completo en las manos del Maestro Jungkook. ¿Había notado la vacilación de Jimin?

¿Se dio cuenta por qué Jimin había elegido esa palabra para comenzar? Una palabra que podía ser o significar cualquier cosa, pero realmente nunca tendría su propio significado. Una palabra que podría convertirse en el cielo de Jimin, o en su infierno. ¿El Maestro Jungkook vería las cosas de la manera en que lo hacía Jimin?

Jimin no sabía la respuesta a eso, y realmente no quería pensar sobre qué le hacía cuestionarse cada sencilla cosa que hacía esta noche. De manera que se concentró en el rostro del Maestro Jungkook, en su fuerte cuerpo, en el tono de su voz cuando dijo: —Muy bien, hermoso. Baja mi cremallera.

Jimin no esperó a que se lo dijeran dos veces. Se inclinó sobre el Maestro Jungkook, sus manos temblando mientras cumplía con la orden del Dom. Bajó la cremallera lentamente, ya esperando más instrucciones. La polla de su Dom surgió de los pantalones de cuero, extremadamente dura y ya goteando copiosas cantidades de pre- semen. La boca de Jimin se hizo agua por probarla y su ano se apretó alrededor del aire vacío mientras se imaginaba tomando esa magnífica polla en su interior. Dios, era fácilmente unos treinta centímetros de larga, la clase de polla que Jimin sólo había visto en las estrellas del porno. Se había preguntado si tales miembros podrían existir realmente en personas normales. Aparentemente, la respuesta era sí, y Jimin no podía esperar a sentir el grueso eje arponeándole, follándole duro y rápido.

Y mierda, no recordaba haber estado tan enamorado de alguien, ni siquiera con... Pero no, no pensaría en el idiota. Había venido aquí para hacer las paces con su pasado, pero no permitiría que nublase su presente. Su corazón le decía que podía confiar en el Maestro Jungkook, y sin importar lo asustado que pudiese haber estado por ponerse de nuevo en las manos de alguien más, quería lo que el Dom le ofrecía.

¿Era extraño que a pesar de la oscuridad en el auditorio, Jimin nunca hubiese visto con mayor claridad? Quizás. Pero el momento en que el Maestro Jungkook le sonrió vino a él con tanta claridad que Jimin pudo haber llorado.

Y entonces, finalmente el Dom susurró: —Métela en tu boca. —Y fue como si un interruptor se activase en el cerebro de Jimin. Se lanzó en busca de su premio, tragando ávidamente la polla del Maestro Jungkook.

El Dom no hizo ni un ruido, pero se le cortó el aliento, y Jimin lo tomó como una aprobación. Gimió alrededor de la polla del otro hombre, tomando tanto como podía del magnífico miembro, el sabor del pre-semen del Maestro Jungkook como maná de los cielos.

—Eso es —dijo el Dom—. Chúpala. Lentamente. No te precipites.

Mantén las manos fuera.

Jimin siguió cada una de las órdenes del otro hombre. Se convirtió en un instrumento de la lujuria del Maestro Jungkook, chupando ligeramente la polla en su boca. Sus manos estaban ansiosas por tocar y agarrar la base de la polla de su Dom, pero se le había dicho explícitamente que no hiciera eso. Y bien, quizás también quisiera tocarse a sí mismo. Su polla palpitaba entre sus piernas, suplicando por alguna liberación. Pero el Maestro Jungkook había dicho desde el principio que el placer de Jimin le pertenecía, y Jimin tenía toda la intención de obedecer a su Dom.

Cerró los ojos en éxtasis cuando la gruesa mano del Maestro Jungkook aterrizó en su cabello, guiándole. Había algo tan extremadamente cómodo acerca de pertenecer a alguien más, y estar junto a él. Esas eran dos cosas diferentes, como Jimin había aprendido por las malas, pero en ese mismo momento, Jimin sintió que él y su Dom podrían tenerlo todo.

Su lado racional podría haberle gritado, señalado que estaba loco, pero el sumiso en el interior de Jimin sabía qué necesitaba y qué anhelaba, y era el Maestro Jungkook.

Mientras balanceaba la cabeza arriba y abajo por la polla del Dom, ni siquiera pudo preguntarse por qué esto se sentía tan correcto. Sólo lo hacía, y eso era lo que importaba, esta sensación de absoluta libertad que Jimin había intentado encontrar toda su vida y no había experimentado desde... Bueno, realmente nunca la había experimentado en absoluto. Sólo quería complacer a Jungkook. Eso era lo único que le importaba.

Jimin liberó un gemido de angustia cuando el Maestro Jungkook sacó la polla de su boca, pero el Dom no se lo echó en cara. Se levantó, metió su polla de nuevo en los pantalones y luego extendió la mano hacia Jimin. Jimin la tomó y se levantó con temblorosas piernas. Estaba desnudo y descalzo en un auditorio lleno de extraños los cuales le estaban mirando fijamente. Parecía como un escenario de sus peores pesadillas. Estaba asustado, pero por alguna razón, cuando se aferró a la mano de su Dom, se sintió a salvo. El pasado ya no le dominaba.

Los tres hombres en la cama aún estaban en ello, pero a Jimin ya no le importaba. Sólo tenía ojos para el Maestro Jungkook. Su Dom frotó sus labios sobre la frente de Jimin y dijo: —Todo está bien, hermoso. Estoy aquí contigo, y me perteneces. Recuerda eso siempre.

Jimin se encontró con los ojos del Dom, su corazón latiendo a millones de kilómetros por hora. —Sí, Maestro Jungkook.

—Tú los ves a todos. Te están mirando. Todos te quieren, y sólo están pensando acerca de lo hermoso que eres y lo mucho que quieren follarte. Pero no pueden hacer eso. Porque eres mío. ¿No es cierto, Jimin?

Era la primera vez que el Maestro Jungkook había utilizado su nombre real, y quizás fue por eso que sintió que la pregunta tenía un significado extra. Cualquiera que fuese el caso, Jimin asintió con la cabeza de manera ansiosa. —Sí, Maestro Jungkook.

Por el momento parecía un disco rayado, pero esa era la respuesta que su Dom parecía esperar de él. Agarrándole, el Maestro Jungkook le sacó del auditorio. Jimin tuvo un breve momento cuando se preguntó qué sucedería con su ropa. Entonces, se preguntó a sí mismo por qué se estaban marchando. ¿Jimin había hecho algo malo?

Afortunadamente, el Maestro Jungkook procedió a explicarse, eliminando las incertidumbres de Jimin. —Te quiero todo para mí esta noche, —dijo el Dom—. Eres demasiado hermoso para que alguien más lo aprecie.

Jimin se relajó en los brazos del otro hombre, poniendo la cabeza en el hombro del Maestro Jungkook. No se había sentido hermoso en mucho tiempo, pero ahora, algo nuevo, timidez y calidez se estaban acumulando en su corazón. No se atrevió a empujar demasiado, era tan diferente de lo que había experimentado la última vez que se había aventurado en este estilo de vida. Sólo fue con lo que su alma le estaba diciendo y puso su fe en el Maestro Jungkook.

El otro hombre le llevó a una habitación unos pasillos lejos del auditorio. Aquí estaba más tranquilo, aunque algunos gemidos aún hacían eco desde otras cámaras cercanas. El Dom le puso en una cama tan grande que podría haber ocupado todo el dormitorio de Jimin. Dio un paso hacia atrás y escaneó a Jimin de pies a cabeza. Jimin se preguntó en qué estaba pensado el Maestro Jungkook, qué tendría en mente para el resto de la noche. Realmente podría ser cualquier cosa. Con el rabillo del ojo, Jimin atrapó la vista de un surtido de juguetes esperando para ser utilizados en las mesas cercanas.

Había dildos, tapones anales, bolas chinas y por supuesto, látigos, palas, esposas de bondage, vendas de ojos, todo lo que Jimin había conocido una vez e intentó dejar atrás sin éxito. Lo quería todo esta noche, quería sentir el mordisco del látigo, la quemadura de una zurra. Pero la vista de las restricciones le asustó. Y le asustó aún más que el Dom fuese directamente por las esposas.

Su respiración comenzó a transformarse en irregulares jadeos. Si el Maestro Jungkook lo notó, no dio muestra de ello. Simplemente llevó las restricciones a la cama y alcanzó las muñecas de Jimin. De manera instintiva, Jimin retrocedió, alejándose del Dom.

El Maestro Jungkook se unió a él en la cama y acunó su mejilla.

—Shh. Confía en mí.

Jimin respiró a través del pánico y se concentró en el tono de voz del otro hombre. Miró fijamente las ataduras de cuero en la mano del Maestro Jungkook, y de nuevo al rostro del Dom. Había tantas cosas que le habría gustado contar al Maestro Jungkook, pero no pudo hacer funcionar sus cuerdas vocales.

—¿Quieres decir tu palabra de seguridad? —preguntó el Dom suavemente.

“Cualquiera”. Sería tan fácil. Su cerebro y su voz se reunirían. Unas pocas sílabas, y la escena terminaría. El Maestro Jungkook se detendría.

Sí, el Dom se detendría. Jimin confiaba en él para que hiciese eso. Sabía eso. El Maestro Jungkook no le haría daño. Entonces, ¿por qué era tan difícil aceptarlo, abrirse a lo que quería? Una vez había amado el peso de las esposas de cuero alrededor de sus muñecas. ¿Por qué no podía aceptar eso de nuevo?

El Maestro Jungkook suspiró de manera intensa y dejó las restricciones a un lado. —Quiero que seas perfectamente honesto conmigo, Jimin —dijo—. Tienes miedo de ser atado, y tienes miedo de ser compartido. Puedo verlo, claramente. Alguien más te hizo daño en el pasado, ¿cierto?

—Sí —respondió Jimin, sabiendo que se estaba escabullendo del papel, pero incapaz de ayudarse a sí mismo. Se había dicho a sí mismo que no haría esto, que podría superar su pasado, pero aquí estaba, permitiendo que arruinase su vida de nuevo—. Fue mi primer Dom. Yo... realmente es una larga historia.

El Dom se sentó en el borde de la cama y le sonrió. —Eso está bien.

Tenemos tiempo. ¿Quieres contarme sobre ello?

Realmente Jimin no quería revivir todo el desastre, peroparecía que no tendría otra manera de exorcizarlo. Nunca se lo había contadoa nadie. Había estado tan avergonzado y confundido, tan asustado de que Jake fuese tras él.

Jake. No se había atrevido a decir ese nombre en años. El dueño del nombre siempre le había seguido en sus pesadillas, en forma de colmillo, una bestia con garras que de alguna manera siempre se las apañaba para despojar a Jimin de su dignidad y emociones.

El Maestro Jungkook tomó la mano de Jimin y la apretó con fuerza.

—¿Jimin?

Fue entonces cuando Jimin lo entendió. El otro hombre estaría diciendo su nombre cada vez que saliesen de sus papeles -cuando no fuesen Dom y sub, sólo dos personas que, por alguna razón, estaban inexorablemente atraídos uno al otro-, sólo Jungkook y Jimin.

Cuando ese conocimiento penetró en la conciencia de Jimin, cerró los ojos y comenzó a hablar, confesando a Jungkook lo que no le había contado a nadie -ni siquiera a su padre o Jin. —Todo sucedió hace diez años. Fui educado en casa, y era mi primer año en la universidad, aprendiendo cómo era estar con otras personas. Cuando le conocí, pensé que sería el único. Pero no funcionó de esa manera...

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