Z.Y.X.S

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Sinopsis

Seres de otro mundo son desterrados de su planeta, a base de mentiras y engaños son castigados a ser encerrados en otro mundo. Ahora, seres humanos comunes son herederos de sus poderes, pero ahora tienen que descubrir quienes comparten su mismo destino y si están dispuestos a ayudarlos a volver a su hogar.

Genero:
Fantasy/Action
Autor/a:
MAngel MG
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Vailak

Algunos años antes...

La paz reinaba en las tierras de Vailak, un planeta lejano, gobernado por cuatro Vairant sobresalientes de entre los suyos, sus nombres eran: Yzis Kalael, gobernante del Sur, Zet Kalael, gobernante del Norte, Xíon Zelteal, gobernante del Oeste y Syria Deabel, gobernante del Este; todo era muy tranquilo hasta que ese día llegó, habían peleas entre ellos, sus tropas se negaban a combatir, algo o alguien había roto toda confianza entre ellos, pero ¿De que se trataba?

A varios kilómetros de dónde reinaba el escandalo, yacía una estructura un tanto peculiar, cuatro grandes pilares ubicados en cada esquina de un cuadro perfecto, el cual era el acceso a unas largas escaleras, estas conducían a una puerta doble, cerrada fuertemente y sobre su metálica superficie, una especie de dibujo o texto parecía evitar que la entrada fuese abierta, y no solo eso, una daga con empuñadura retorcida se encontraba clavada en la delgada linea entre ambas puertas, el arma iluminaba y parecía absorber una energía de tonalidades naranjas.

Hubo una corta risa, alguien se encontraba ahí, aquello sonaba macabro y a la vez alegre, el dueño de aquel arma salía lentamente de entre las sombras proyectadas en lo profundo de aquella tumba, cuando la luz lo reveló, se pudo notar a un jovial guerrero de tez blanca, cabello rojo y largo hasta la altura de sus omóplatos, sus pupilas de tonalidad vino emitían un suave brillo y una sonrisa llena de satisfacción se dibujaba en su rostro.

Daiónes — Es increíble... ¿Tan fácil resultó ser? Tanto tiempo de planeación y al final fue mas fácil de lo que pensaba. Falta poco para que Yzis y los demás se peleen a muerte... su debilidad será mi momento... ¡Que ansiedad! ¡Ja, ja, ja, ja!

Exclamó con clara emoción aquel sujeto, mientras flexionaba las rodillas para tomar un impulso, al saltar, de su espalda brotaron dos grandes alas de plumaje grisáceo, el suelo retumbó, una vibración lo acompañó y después, una onda de viento se expandió hacia todas direcciones justo cuando el pelirrojo alzó vuelo hacia el desierto de Hadalea, lugar dónde la disputa por un culpable se estaba acrecentando.

¿Por qué nadie peleaba? ¿Por qué las tropas de todos los reinos no se movían? Simple, una energía llena de colores iluminaba el cielo, toda esa energía provenía de un solo punto, un gigantesco árbol que reinaba sobre una duna de arena en aquel desierto de arena fina, absolutamente todos los habitantes, con excepción de doce y de aquel pelirrojo, se encontraban mirando al cielo, todos en la misma dirección, inmóviles, sin expresión en sus rostros, solamente reflejando el colorido tono en sus brillantes ojos.

Una segunda daga descansaba en la corteza del enorme árbol, Yzis, el hermano mayor de los Kalael e hijo directo del rey de Vailak, fue el primero en llegar junto a su hermano menor, Zet Kalael, con la daga en mano, el hombre de larga cabellera oscura retiraba lentamente el arma blanca, la miraba atento, un entrecejo fruncido en su rostro demostraba que no se encontraba de humor tras su hallazgo. Lentamente giró su rostro y posteriormente se daba la vuelta por completo hacia el menor, el jovial príncipe de cabellera rubia, esperaba alguna palabra de su hermano, estaba cruzado de brazos, mirando con cierta duda a su hermano mayor.

Zet — ¿Y bien? ¿Qué ocasionaba esto, Yzis?

Yzis — ¿Crees que esto es gracioso, Zet? ¿¡Crees que es gracioso usar la energía de todos en esta tontería!?

Zet — ¿De que demonios estás hablando, demente?

Yzis — De esto.

El azabache lanzó la daga con total confianza, apuntando directo al pecho del joven de cabellos rubios, con gran agilidad, Zet atrapó la hoja del arma sin sufrir daños en su palma y levantó el arma para mirar la empuñadura, sus ojos celestes enfocaron bien aquel objeto y para su sorpresa, era el arma que anteriormente Yzis había forjado para él.

Yzis — ¿Te atreviste a probar tus juegos en la tumba de nuestro padre? Esto es el colmo...

Zet — ¿Y como sabes que fui yo? No tienes ninguna prueba... además...

Ahora Zet regresaba el arma a su hermano, lanzando esta y calculando que la misma no impactara al azabache, Yzis no se movió de su lugar, dejó que el arma impactara de vuelta el árbol, aunque esta vez quedó echa pedazos al momento de golpear contra el tronco.

Zet — Esta no es la que tu me forjaste, Yzis, ¿Por qué me culpas sin analizar antes el arma? ¿Qué estás tramando?

Yzis — No necesito revisar nada, tu energía irradia por toda la empuñadura, ¿Qué otra prueba quieres?

Zet — Y la tuya, la de Xíon, hasta la de tu esposa Syria está ahí, ¿Por qué me culpas a mi?

Y cuando no parecía haber marcha atrás en aquella disputa, un viento gélido se apoderó del lugar, haciendo incluso que el calor infernal del desierto desapareciera, la arena se cristalizaba en una delgada capa de hielo, se trataba de Xíon Zelteal, uno mas de los gobernantes había llegado, una especie de carta le estuvo esperando sobre un escritorio, la misma indicaba con una foto el lugar en el que se encuentran ahora, alguien lo había citado ahí como al resto.

Sus alas de pronto desaparecieron junto a una suave brisa helada, su cabellera morada se ondeaba al son del viento, suelto al frente y amarrado detrás en una coleta, era la manera en la que acostumbraba a llevar su cabello, sus ojos azules se fijaron en aquel par, el ambiente estaba tenso, lo podía notar, las expresiones, la energía desbordante, todo indicaba que llegó justo para evitar un conflicto innecesario. Poco después, alguien mas se unió a la reunión, Zurick Vestream, el alto mando de los ejércitos de Zet, el bárbaro guerrero de cabellera plateada se hizo presente, llegando justo a espaldas del rubio.

Xíon — ¿Qué está ocurriendo aquí?

Yzis/Zet — ¡Xíon!

Xíon — ¿Ustedes también fueron citados a este lugar? ¿Por qué su energía se siente tan hostil?

Yzis — Si, me encontré con Zet de camino a este sitio, parece que quería demostrarnos a todos que ahora no tiene respeto alguno por su padre.

Zet — ¡No seas terco, Yzis! Yo no hice esto, yo no jugaría así con la energía de nuestro padre.

Xíon — Basta, no peleen por tonterías.

Zurick se mostraba silencioso, observando con cierto desprecio a los dos que no pertenecían a su grupo elemental, el grandulón se adelantó y encaró a Yzis, mostrando una pose erguida y con un entrecejo claramente fruncido, sus dientes se asomaban con sutileza en un gesto agresivo.

Zurick — Les sugiero callar, Yzis, Xíon, no les perdonaré si hacen enfadar al señor Zet.

Zet — No es necesario, grandote, yo solo podría con ellos dos.

Xíon — No provoques, Kalael.

Nuevamente la tensión crecía, nadie parecía tener la respuesta, el mas sensato parecía ser Xíon, quería evitar el enfrentamiento lo mas que pudiera, sin embargo, también estaba a la defensiva, creía un poco mas en Yzis, ya que ha sido común que Zet haga algunas bromas, aunque aquella falta de respeto era muy grande, no la esperaba ni siquiera de ese rebelde.

Alguien mas se hizo presente, descendiendo lentamente a espaldas de Yzis, al mismo tiempo en que sus delgados brazos rodearon el cuello del mismo, recargándose en el joven con total confianza, esa acción se convirtió en un cálido abrazo, ya sabía que Yzis estaba ahí, sintió la energía de todos cuando iba en camino para ese lugar.

Syria — Yzis, deberías calmarte y considerar que esto no puede ser obra de Zet. ¿Ya vieron atrás? Todos los Vairant estaban viniendo hacia acá, pero ahora han caído todos, Kazana se quedó atrás, está auxiliando a todo el que pueda, ya descubriremos quién fue.

Yzis — Comprendo, tienes razón, no debo apresurarme a acusar a nadie, no sin pruebas, cualquiera podría replicar el arma de Zet.

Zet — Te lo estaba diciendo, no fui yo, si quiero tener el poder absoluto, pero lo lograría por mis propios medios, no de una manera tan ruin e irrespetuosa.

Zurick — Iré a ayudar a Kaz, con tantos cuerpos, necesitará algo de energía extra.

Cuando se dispuso a alzar vuelo, una sombra sobre ellos les cubrió, dos grandes alas tapaban la luz del sol, cuando todos alzaron la vista, pudieron ver al pelirrojo cargando en sus brazos a una joven, su cabello violeta delataba su identidad, con desprecio la arroja, justo en medio de aquel pequeño grupo reunido, era Kazana, quién tenía una herida abierta en su espalda, la cual dejaba escapar una especie de liquido celeste, no estaban compuestos de sangre, eran energía solida y viva.

Daiónes mostraba una amplia sonrisa tétrica, junto a una risa contenida que provenía de su garganta, miró a todos y finalmente fija la mirada en Yzis, toma aire y a todo pulmón gritaba:

Daiónes — ¡ACABO DE CUMPLIR CON SU ENCARGO, GRAN REY YZIS!

El silencio se apoderó del lugar, las expresiones de todos eran claras, asombro, temor y hasta enfado, este último reflejado especialmente en los rostro de Zet y Zurick, quienes poco a poco acrecentaron ese rostro lleno de odio, el rubio hizo el intento de avanzar, de lanzarse sobre el azabache pelilargo, pero fue interrumpido abruptamente por la fuerza descomunal de Zurick, quién hizo a un lado a su líder y se lanzó con violencia contra el actual rey absoluto de Vailak.

Sus pasos retumbaron en todo el desierto, un fuerte impacto de su puño derecho fue directo al rostro de Yzis, la impresión del momento no le permitió reaccionar a tiempo, recibiendo de lleno aquel brutal puñetazo en su mejilla izquierda, luego del golpe, Zurick aprovechó el desequilibrio del azabache, sujetó su rostro con firmeza y alza vuelo para alejarse del resto del grupo, no quería lastimar a los demás y veía aquella pelea como algo personal.

Por otra parte, Zet apretó sus manos en puños, se preparó para ir tras ellos, pero nuevamente fue detenido, esta vez por una gruesa capa de hielo que cubría sus pies y lo sujetaban firmemente al suelo, miraría hacia abajo y luego voltea hacia Xíon, quién se encontraba con el brazo derecho extendido, con su palma apuntando a los pies del rubio.

Zet — ¿Qué haces, insolente?

Xíon — Evito que cometas un error, no te precipites, Zet.

Zet — ¿Cómo esperas que me quede quieto, Xíon? Ese maldito acaba de herir a mi médica, debe pagar.

Daiónes — Bien hecho, Xíon, así será mas fácil acabar con ese traidor y su ejercito de hostiles.

Zet — ¿Traidor? ¿De qué demonios hablas?

Xíon — ¿A que te refieres, Daió?

El pelirrojo descendió lentamente, quedando frente a Xíon, mira a este y luego voltea a ver al rubio, mostraba una sonrisa de medio labio, no lo podía evitar, estaba emocionado, sin embargo, intentaba mostrarse parcialmente serio, intentaba demostrar alguna verdad en sus palabras, luego de un corto silencio, Daiónes señaló con su dedo índice a Zet.

Daiónes — Él y su grupo querían traicionar a nuestra gente, Yzis me pidió personalmente que acabara con ellos.

Xíon — ¿El mismo Yzis? Es extraño que no comente un plan así...

Daiónes — Quizá temía que se filtrara información, pero ahora todo va en marcha, únete a mi, Xíon, expulsemos a esos salvajes traidores.

Zet — ¿¡En serio crees que mi propio hermano me mandaría a matar!? ¡Es una locura, Xíon! De querer traicionarlos, lo habría hecho hace mucho tiempo, pero no me interesa el liderazgo de Vailak, tu mismo lo sabes.

Xíon — ¡Cierra la boca! No quiero escuchar nada de ninguno de los dos, Daió, te sugie ...

Las palabras del pelimorado fueron interrumpidas por una explosión que ocurrió cerca suyo, el viento revolvió su cabello, al igual que el de Daiónes, un trueno había impactado el suelo, justo frente a Zet, cuando todo se disipó, se podía notar una enorme espada de un solo filo, clavada en el suelo, había roto el hielo que ataba los pies de Zet al suelo, la mano del rubio ya se encontraba empuñando el gran arma y la estaba desincrustando del sólido suelo congelado.

Zet — No quiero de aliado a alguien que tiene dudas, acabaré con los dos si es necesario.

Xíon — No me generas confianza con esto, Zet.

Zet — Jm... no me interesa.

Con violencia terminó de sacar el arma y se lanzó contra Xíon, sus dos manos empuñaban el arma y el filo iba dirigido a la cabeza del pelimorado, Zet había dado un corto salto mientras ejecutaba un tajo descendente, rápidamente, Xíon elevó los brazos, flexionó los dedos como si sujetara algo, el aire gélido se concentró entre sus palmas para formar una katana, dicha arma detuvo el impacto del filo contrario, en un choque te metales bastante violento.

Las rodillas del Vairant se flexionaron, un enorme cráter se formaba bajo las botas del pelimorado, su kimono celeste se ondeó con fuerza y las mangas se desgarraron ligeramente, había soportado el peso y fuerza del ataque contrario. Zet se dispuso a decir algo pero fue interrumpido repentinamente por un golpe certero en la zona abdominal, el pie de Xíon impactó de lleno en su abdomen, utilizando suficiente fuerza para quitárselo de encima y hacerlo retroceder varios metros.

Xíon se giró hacia Daió en ese momento, iba a hacer mas preguntas en el tiempo que tardaba Zet en regresar, pero para su sorpresa, ya no estaba ahí, se había ido sin dejar rastro aparente, ¿Desde cuando era tan veloz? Un pequeño sonido se escapó de los labios del Vairant, "¿Uh?" Fue lo único que pudo expresar para después comenzar a buscar con la mirada, girándose en todas direcciones sin tener éxito en su búsqueda, definitivamente se había ido, tras unos segundos, el suelo tembló, grandes grietas se abrieron bajo los pies del jovial guerrero, grietas por donde la arena caía sin control, aunque estas no eran grandes, si parecían ser profundas.

Su mirada bajó un instante, cuando hizo esto, una sombra le advirtió del acercamiento repentino del rubio, alzó la vista, únicamente para encontrarse con el cuerpo de Zet embistiendo contra el propio, el hombro de aquel Vairant eléctrico había golpeado el pecho de Xíon, haciéndolo retroceder e incluso caer por la abrumadora velocidad que puede alcanzar Zet, del impacto, Xíon soltó su arma y calló de espalda al suelo, arrastrándose unos cuantos metros.

Un salto fue la siguiente acción de Zet, volviendo a intentar un corte con su espada, caía a toda velocidad sobre el desorientado Xíon, el filo estaba cerca, parecía que iba a impactar, pero en vez de eso, un choque metálico se hizo presente una vez mas, una alabarda y un mandoble se habían cruzado perfectamente de cada lado para evitar el impacto directo con el cuerpo de Xíon, dichas armas eran de Lusdry Geagris y Kodjan Must respectivamente, los dos son Vairant del mismo elemento que su líder, hielo y agua, la médica y líder de los ejércitos del Oeste, se habían hecho presentes justo a tiempo para defender a su gobernante.

Ambos de cabellera celestes, largas, la chica con una diadema dorada para fijar mejor su cabello, ella de ojos celestes como cielo y él con un color ámbar. Alzaron con fuerza y al mismo tiempo sus armas, empujando y alejando el filo ajeno que estaba contra su líder, Zet evidentemente retrocedió y miró con cierto desprecio al dúo que se había hecho presente.

Zet — Entrometidos, una pelea debe ser siempre de uno contra uno.

Kodjan — Atacas a alguien distraído, ¿Ese es tu honor?

Lusdry — Te sugiero retirarte ahora mismo, señor Zet, no nos alejaremos de Xíon.

Zet — Insolentes... no saben con quién se están metiendo.

Los tres tomaron firme sus armas y al unísono se lanzaron al ataque, chocando sus armas en una coreografía casi perfecta, dónde ataques y esquives eran precisos, movimientos rápidos, habilidades muy bien vistas con sus armas, todo aquello parecía ir para largo.

Por otra parte, el enfrentamiento de Yzis y Zurick ya estaba avanzado, ambos se encontraban heridos, especialmente el último mencionado, Yzis yace de pie, imponente ante su rival, Syria se había ido con Kazana, estaba en otro lugar, bastante apartada, sanando las heridas de su mas cercana amiga, estaba preocupada ya que la consideraba incluso como una hermana menor.

Otros cuatro Vairant se encontraban en camino, Azroth Daman y Eribeth Nediant, ambos de las fuerzas de Yzis, el varón era un joven de cabellera corta en frente, con varios mechones cayendo por su frente y larga detrás, atada en una larga trenza que llegaba hasta en medio de los omóplatos, esta era de color naranja, sus pupilas compartían ese color con una tonalidad mas clara, se notaba alto y fuerte, la chica, tenía cabello largo y rojo, compartiendo ese color de ojos que tenía su compañero, se notaba como una mujer elegante, bastante refinada, aunque con un semblante bastante serio en su rostro.

Desde otra dirección, otro dúo se encontraba volando para encontrar a su líder, estos se trataban de los Vairant del Este, sus nombres son: Aideroth Rodren y Vienam Tumslai, el primero era de cabello un poco largo, llegando por debajo de la nuca por detrás y lo del frente llegaba hasta su mandíbula, este poseía una tonalidad verde oscura y sus pupilas tenían un color mas claro, un tanto brilloso, en cuanto a la joven, compartía el color verde, sin embargo este era de un color mas vibrante, lo usaba bastante largo, llegando hasta su espalda baja.

Todos iban hacia la misma dirección, el desierto Hadalea, guiados por la energía de distintos líderes y compañeros, algo ocurría y debían ir a brindar su apoyo, sin embargo, su vuelo se vio interrumpido por un fuerte resplandor blanco que iluminó el cielo, dicho brillo les obligó a detenerse, no solo a ellos, sino a todos, a aquellos que peleaban, hasta la misma Syria que se encontraba sanando las heridas de su amiga, de pronto, sintieron lo mismo, sus cuerpos no respondían, no se podían mover.

Los que volaban caían al suelo sin control, los que peleaban se quedaban paralizados hasta caer de rodillas, los que estaban agachados simplemente se desplomaron y así uno tras otro, Yzis se negaba a caer, se mantenía de pie, en un inicio no entendía que pasaba, hasta que vio el cuerpo de Zurick petrificarse poco a poco, conocía ese poder, sabía de que trataba ese sello, pero la magnitud era inmensa, lo cubría todo, por lo tanto, ¿A quienes iba a expulsar? ¿Quién lo iba a hacer? Rápidamente se concentró, incrementó su energía e intenta acoplarla al flujo de energía que estaba invadiendo todos los cuerpos, era una sola conexión, si podía, lo debía intentar.

Hizo lo que pudo hasta implantar su propio destierro, una ubicación que esperaba sirviera para algo, un mundo próximo a visitar, el siguiente destino que tenía su gente para explorar, luego de conseguirlo, lentamente se quedó sin fuerzas y cayó como todos los demás, en total doce Vairant cayeron y perdieron su forma física en Vailak...