ON THE HUNT

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Sinopsis

Después de lo que parecía una fabulosa cita, Jess es secuestrada y forzada a trabajar para un cyberterrorista. En una aventura donde Jess pondrá en duda todo lo que sabe sobre su sociedad, creencias y valores, tendrá que decidir en qué lado se queda, si con perfecto y confiable Mark o en el portador de la ruina Jak

Genero:
Scifi/Romance
Autor/a:
Maho
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo


En el asfixiante calor de una tarde de verano, donde la multitudes caminando, por las pasarelas colgantes, solo me hacían sentir más atrapada en un horno. Aunque no me caracterizaba de ser alguien insegura, en ese momento me sentía vigilada, como si estuviera a punto de ser cazada. Además el mero roce con cualquier transeúnte me irritaba en extremo, deseaba poder regresar lo antes posible a casa. La estupida de Kenya me había forzado a ir a una cita con su, aún más estupido, amigo Mark. Siempre le había dicho que no estaba interesada, pero ella invalidaba cualquier argumento con un “pero si es buen muchacho”. No entiendo el por qué de su obsesión conmigo. Parece que hoy lo descubriremos.


Llegué al lugar quince minutos antes de la cita, quería prepararme mentalmente para lo que iba a suceder. Hacía algunos meses desde la última vez que había salido con alguien y la verdad no tenía intenciones de romper esa racha. Pero como Mark no podía ser más perfecto, él ya estaba ahí. Me vió antes de que pudiera irme a esconder al baño y con una sonrisa tonta, no dudó en ir hacía mi.

–Jess–saludo levantando su mano derecha. Su ropa no estaba mal, se nota que sabía de moda, o al menos alguien le ayudaba a preparar sus outfits–. Hoy estas guapisima.

—Muchas gracias–respondí con la sonrisa más falsa que pude hacer, pero lo cierto es que tenía algo de razón. No salgo mucho, así que las veces que lo hago aprovecho a usar algunos de los buenos conjuntos de ropa que me gusta comprar y casi nunca usar–. Llegaste muy temprano ¿no?

–Disculpame, una mala manía mía. No me gusta hacerle perder el tiempo a las personas, así que me esfuerzo en llegar a tiempo a todas las citas que tengo.

–Ya veo–ni quieri hicir pirdir il tiempi i lis pirsinis, pensé, payaso.

–¿Y tú?-- preguntó mientras se pasaba la mano para acomodarse su cabello rizado– también llegaste algo antes ¿no?

–Oh si–respondí mientras cambiaba mi peso de pierna algo incomoda–, pase a buscar algunas cosas antes. ¿Entonces? ¿Cual es el plan?--al mal paso darle prisa

–Como te dije por mensaje, tenía pensado ir a jugar al boliche ¿está bien?

–Claro claro, perdóname soy muy despistada–lo cierto es que era cierto, pero también que no le prestaba mucha atención a sus mensajes.


Llegamos al lugar, estaba dentro de Plaza Real. No solía pasearme por aquellos lugares. Aunque no era pobre, no me sentía cómoda llena de tanta gente pretenciosa bamboleándose por ahí. Sin duda era un lugar al que Mark pertenecía más que yo.

El establecimiento estaba lleno de grupos de amigos y parejas, entre risas y cervezas, lo que más me gustaba era el aire acondicionado que me sacaba un poco de la realidad en la que estaba. Mark pidió una línea, la cual rentó por una hora. Nos sentamos en unos asientos negros de cuero para cambiarnos los zapatos. Al sentarme pude notar el frío de estos en mis piernas desnudas. Esa vez llevaba una falda blanca arriba de las rodillas y un top sencillo de color negro, no era de mis conjuntos más llamativos, pero sentía que lo lucía bien. Al guardar nuestros calzados originales, la empleada no se guardó la oportunidad de ganarse una propina diciéndonos “Me encanta como se ven, se visten muy bien”. Lo cual era en parte un acierto y a la vez una puyita. Apreció el gesto guapa, pero no le des alas al tonto Mark. Siendo sinceros con el chico, no se había vestido mal. Llevaba un pantalón beige y una camisa de manga corta café, un reloj en la muñeca izquierda, que se notaba desde lejos que valía bastante, y en su muñeca derecha su IDSystem, con lineas de color negro que lo acía parecer un tatuaje tribal, no era raro traerlo de esa manera, pero la mayoría de gente prefería usar un tono más parecido a su color de piel. Aún así, su mejor accesorio diría que eran sus rizos, que hacían juego con una sonrisa de comercial. Como lo odiaba.

Estando ya en la línea, puse mi bolsa sobre los asientos, buscamos una bola para cada quien, acorde a nuestra fuerza y en un afán de impresionarme, creo, Mark tomó la bola más pesada. Yo, por supuesto, me fui por la más ligera. Nunca fui buena en los deportes y no me convertiría en alguien atletica en quince minutos.

Hicimos unas cuantas rondas y Mark se ofreció en comprar algunas frituras y cervezas, no le dije que no. Aunque no quisiera estar ahí, aprovecharía el momento. Un tío me dijo alguna vez que los pretendientes eran para aprovecharse. A veces me sentía mal, pero bueno yo intente rechazarlo muchas veces.

Todo había salido relativamente bien, hizo algunos chistes, alguno me hizo gracia. Como vió que no tiraba bien, se ofreció a enseñarme. Claro, aprovechando la oportunidad para tocar mi cintura. No se si lo vería así en su mente, pero yo me sentía como una conquista más para él en su bodyocunt, por eso estaba siempre tan alerta con él. No me creía que alguien como él, se fijara en alguien como yo. Sin menospreciarme, pero más allá de la belleza física, éramos diferentes en tantos sentidos.

Después del boliche, fuimos a un restaurante en la misma plaza. En ese lugar tuve la oportunidad de desenmascarlo.

Comíamos unos cortes finos, de los cuales no sabría identificar ni de que animal, ni que parte de su cuerpo son. Copa de vino en mano, me puse en modo detective y me lance a la acción.

–Ma...Mark–Mi voz tembló un poco, en mi mente hubiera sonado más imponente– ¿puedo preguntarte algo?

–Puedes preguntarme lo que sea–respondió con su típica sonrisa tonta.

–¿Por qué me invitaste a salir?

–La razón es obvia ¿no?

–Para mí no, por… por favor dame una explicación

–Porque me interesas Jess–aprovechó su experiencia de cazador y tocó mi mano que tenía apoyada en la mesa.

–¿Por qué yo?--quite mi mano y pude ver como su expresión cambió levemente, esperaba decepción, o desagrado, en cambio tuve una de preocupación, como la de un niño a punto de ser regañado por su mamá–. No quiero sonar pedante, pero creo que hay muchas otras chicas más bonitas que yo, o que encajan más… más contigo.

–Jess–empezó a decir con la voz más tranquilizadora posible–, eres hermosa, pero no fue tu belleza la que me atrajo hasta a ti, fue tu mente. Esa vez, convivió en el despacho. Yo no sabía nada de ti, para mí eras una persona más. Tuve la fortuna de que nuestras mesas estuvieran una a lado de la otra, entonces te escuché hablar. Hablaron de tantas cosas, desde política y religión, hasta cine y entretenimiento. Algo en como hablabas, como llevabas la conversación, me hizo querer estar ahí, participar de ella y conocer más de ti. No se realmente si esto pueda funcionar, entiendo tus inseguridades, pero no me gustaría desaprovechar la oportunidad de estar con alguien como tú.

Después de tremendo discurso y elocuencia, no pude negar que por un momento, lo sentí real. Por un momento bajé la guardia y dejé que me cazara. Tuvimos una larga conversación, con una leve esperanza de que fuera auténtico, me deje llevar y hablamos, hablamos tanto como él quiso,tanto como mi conocimiento me permitía. Tanto como la conversación fluyera y como un rio que no encuentra resistencias siguió y siguió, hasta un mar de ideas y pensamientos, de chistes y de consejos. Lo que para mi no era más que un trámite para que Kenya me dejara en paz, se convirtió en lo que siempre busque y no sabía que quería,

Después de un largo rato el sol se había escapado y la luna se nos había unido, pero por más que me hubiera gustado estar más tiempo le pedí que pararamos. Tenía que volver a casa, Guapo necesitaba comer. Se ofreció a llevarme a casa y por poco acepto, pero olvidé que había venido en mi Skate. Igual me acompañó hasta el estacionamiento. Me despedí de él con un beso en la mejilla, me abrazó, mi cara terminó en su pecho y pude sentir unos pectorales bien trabajados, lo cual me emocionó. Partí a mi hogar, para lo cual decidí alejarme unas cuantas cuadras hasta perderme de su vista para poder bajar algunos bloques, aunque estoy segura que él sabía que no éramos de la misma clase social, igual sentía un poco de vergüenza que me viera viviendo más abajo que él. Llego a mi casa en la calle Lirio, piso once, bloque de apartamentos 116. Deje mi Skyter en el estacionamiento y tomé el ascensor, aún era uno de los viejos que usan cables y poleas. Seguro que donde vive Mark tendrían uno de los tubos aéreos. Al llegar a mi puerta, metí las llaves para abrirla, para estas instancias Guapo debería estar maullando como loco por comida, pero esa vez no escuchaba nada, lo cual me pareció raro. Entré. Guapo, ya llegué, grité, esperando algún maullido o ruido por respuesta, algo que me hiciera saber que estaba ahí, pero solo conseguí silencio. Camine hasta mi recamara, esperando encontrarlo, abrí la puerta y descubrí un desastre, mis cobijas estaban tiradas en el piso, mis libretas y plumas regadas por todas partes, mi ropa en el piso. Por un momento me pasó por la cabeza que todo esto había sido culpa de Guapo, cuando de pronto la respuesta llegó de la peor manera. Alguien me puso un pañuelo húmedo entre boca y nariz mientras me sujetaba con fuerza del cuello, intente con todas mis fuerzas quitarme las manos que me sujetaban, pero eran más grandes, más fuertes y más peludas. Caí inconsciente.


Al abrir los ojos estaba en un lugar muy sucio, había liquido negro impregnado por todos lados, trozos de chatarra aquí y allá, y frente a mi un hombre, sentado en una silla de madera, con el respaldo mirando hacia mi, el hombre me miraba con una mirada intensa de cejas pobladas, cabello largo, negro y lacio. playera sin mangas y un pantalón de mezclilla sucio, brazos grandes, fuertes y velludos. Era quien me había sometido en mi departamento. Sonrió de manera perversa y con una grave voz dijo:

–Por fin despiertas princesa