EL ALBAÑIL

Sinopsis

DUEÑO: adorex_larry ESCRITO POR DESTIELYSTYLINSON 41. El pequeño y bonito Louis contrata al albañil Harry para que arregle algunos problemas que tiene en su departamento. Harry es guarro y no puede dejar de mirar lo bonito que es Louis y Louis no deja de soñar con el gran albañil, un día rompen la tensión y terminan en el sillón de Louis y Harry no para de decir lo linda y puta que es Louis.

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ÚNICA PARTE


Louis tenía que dejar de mirarlo, ¡maldición! Se sentía una clase de acosador o una puta necesitada; ya no lo sabía con exactitud, pero estaba comportándose muy fuera de sí mismo.

Acarició la cabeza de su gata, mientras analizaba el diseño que le había ofrecido su arquitecto. Él había contratado un arquitecto quien había hecho los planos y un diseño en 3D de cómo quedaría su habitación de invitados y también el cuarto que pretendía hacer en el pequeño ático.

No parecía mucho trabajo, algunas eran reparaciones menores pues la casa tenía las habitaciones ya dispuestas. Sólo estaba buscando quitarle es aspecto antiguo de la casa que había comprado con parte de sus ahorros y además con un crédito hipotecario que le otorgó el banco donde trabajaba.

Drew había mandado un albañil, básicamente su mano derecha y ese espécimen que parecía ser demasiado vulgar, distó de lo que Louis esperaba de alguien tan aristocrático como Drew Pulson.

Él no juzgaba a las personas, pero no podía evitar apreciar esa aura salvaje que tenía el hombre, así como la forma despectiva en que solía hablar; incluso una vez le escuchó hablar por teléfono con más vulgaridades de las que él había dicho en toda su adolescencia.

Empero, eso no fue suficiente para que él sintiera repulsión. Su cuerpo desafortunadamente traicionero y su polla parecían no estar interesados en la boca sucia de aquel albañil sino en sus otros atributos. Vergonzosamente se había puesto duro cuando le había visto sin camisa, con un cuerpo sin un gramo de grasa y no precisamente como los chicos de gimnasio o revista con los que él solía salir.

Sus manos eran fuertes, grandes y callosas al tacto, él las había sentido el primer día que el hombre estrechó su mano en un gesto de saludo. Era grande, amplio, incluso un poco intimidante.

Le hacía sentir que debía pedirle perdón algo.

Louis se había encontrado a sí mismo deseando estar de rodillas y enterrar su nariz en la entrepierna del hombre; debía oler a almizcle, a sudor por el arduo trabajo, a la cruda espesura de la masculinidad... tal vez su sabor era salado y picante, propio de la naturaleza que parecía tener el hombre.

—Ven, Agatha —llamó a su gata una vez pudo apartar la mirada de la espalda de Harry, cuyos músculos ondeaban debajo de la tela manchada de su camisa—. Yo... Iré a preparar nuestro almuerzo; dejaré el tuyo en la repisa de la cocina para cuando desees bajar.

—Lo haré una vez me avises que está listo —le aseguró el hombre aún de espaldas con una voz ronca que le hizo temblar ligeramente.

Había alguna clase de magnetismo entre ambos, Louis podía sentirlo en sus huesos, así que, aunque su cuerpo se rehusaba a abandonar la habitación, lo hizo sintiendo sus extremidades flácidas.


En la cocina pensó si aguantaría al menos dos semanas más sin ofrecerse al hombre. Estaba avergonzado de la creciente necesidad que tenía, al punto de ni siquiera pensar si el tipo estaba en su liga, lo cual ya decía demasiado. A juzgar por la apariencia del albañil, él podría ser perfectamente recto como una regla, lo que implicaba que él estaría muy avergonzado si se ofrecía como un plato digno de comer y el tipo le rechazaba.

Por supuesto, él muchas veces había discutido con amistades sobre cómo incluso un hombre recto disfrutaría una buena chupada de polla, pero él estaba aburrido de los hetero-curiosos. Aunque disfrutaba ser un agujero para follar, disfrutaba los besos, le gustaba sentir la suavidad de una lengua en su culo mientras una barba raspaba sus mejillas... los heteros casi que prescindían de ello fingiendo en su mente que jodían un coño ajustado no más.

Mordió sus labios con la excitación pulsando contra la tela suave de sus shorts de algodón que usaba por esos días para estar en casa, dadas las vacaciones que había tomado para vigilar personalmente las remodelaciones.

Con frustración se palmeó su polla suavemente. Estaba en medio de la cocina, no debería estar haciendo aquello, pero estaba caliente, demasiado caliente. Había apreciado cada detalle de Harry... cada pequeño.

Desde sus músculos moviéndose bajo la camisa floja que muchas veces revelaba más piel de la que él debería ver; sus muslos fuertes y gruesos bajo las pantalonetas que usaba o pantalones a media pierna... hasta sus botas. El hombre tenía un buen culo, tanto que Louis se imaginó clavando sus dedos en él empujándole más adentro, más profundo.

Se mordió la lengua evitando un quejido. Su rostro caería de vergüenza si aquel hombre se enteraba que ya llevaba al menos tres pajas en una semana en su nombre e iba camino a la cuarta. Sacudió la cabeza y miró a través de la ventana de su cocina tratando de captar algo que lo distrajera de su punzante excitación, pero a pesar de ello, restregó un poco su polla contra la madera del mesón de la cocina.

Patético, Louis. Ahora te frotas con los muebles de tu cocina.

Se apartó y por más que le dolía la polla se acercó a la nevera sacando todo lo que necesitaba para hacer su comida y la de Harry.

Dos semanas, jodidas dos semanas. No debería ser tan complicado mantener su polla en sus pantalones.



Harry fingió no darse cuenta del problema en los pantalones del duendecillo que había contratado sus servicios. Era un homo, él podía verlo, aunque con su postura remilgada fingiera que él no le simpatizaba.

A él no es como si le molestara la inclinación sexual de los demás, le parecía potencialmente un tema que no necesitaba discutir si no era su culo el que follaban. No había estado con hombres antes, personalmente no encontraba atractivo la ausencia de pechos o extremidades velludas.

Su jefe por cuatro semanas era potencialmente lindo, porque vamos él tenía ojos. No iba a pretender desconocer o dejar de apreciar la presencia de un hombre, aunque no lo dijera en voz alta. Así que sí, Louis Tomlinson, el dueño de la vieja casa en la cual estaba haciendo las remodelaciones explicadas por Drew, era lindo, era la definición de suavidad y aristocracia, casi como porcelana.

Tenía un pesado acento inglés que inicialmente chocó contra su inglés americano a penas machucado, porque sí, precisamente él no era el epítome del mejor vocabulario, ni siquiera le había interesado la escuela demasiado.

Él tenía un talento innato, como hijo de un obrero creció entre labores de carpintería, pinturas, moldes y era lo que amaba hacer. De alguna manera ayudarle a alguien a tener el hogar que deseaba le daba la sensación de que estaba en lo correcto.

No había estudiado algo, era empírico y se enorgullecía de ello; para estudios y diseños estaba Drew, él sólo era bueno en los arreglos y la ejecución.

Observó con detenimiento la pared antes de pasar el dorso de su mano por su frente secando el sudor. Era verano y el sol estaba siempre en lo alto y en definitiva no era usual encender los aires acondicionados mientras se trabajaba con pinturas o cementos, así que por supuesto el trataba de trabajar lo más ligero que podía. Sus manos estaban embarradas y parte de su ropa de trabajo también, simplemente porque no sabía ser pulcro.

Se alegró que su cabello permaneciera recogido a pesar que por su cráneo corrían gotas de sudor que le hacían querer desesperadamente una ducha. Debía oler de los mil demonios, sin embargo, había algo sobre estar alrededor de Louis se sentía incorrecto, como si el chico fuera simplemente etéreo, limpio, delicado, al lado de su tosquedad y suciedad.

Escuchó el ligero llamado del hombre más bajo respecto a que el almuerzo estaba listo. Sin pensarlo demasiado, se quitó la camisilla y con ella se limpió las manos antes de tratar de secar el sudor que corría por su piel.

Quizá debía pedirle a Louis tomar una ducha adicional a la diaria, pero su estómago rugía del hambre que tenía para ese punto de la tarde.

Bajó las escaleras y entonces, le vio. Louis solía usar también ropa fresca con el verano, pero no acostumbraba a andar sin camisa como él. Apreció su ligera inclinación en el mesón, el hombrecillo aún no se había dado cuenta de su presencia, así que se mantuvo quieto observando con atención lo que aquel hombre le ofrecía.

Él había notado los rubores, pequeñas poses sugestivas e incluso pucheros por parte del otro hombre, le deseaba, Harry podía sentirlo, así que no era ajeno a que el pequeño cliente quería que empujara su polla en aquel abultado culo.

Louis era propiamente lindo, sus brazos eran delgados pero abultados ligeramente en los bíceps, por lo que probablemente el chico en algún punto había hecho ejercicio, aunque Harry no lo haya visto nunca hacerlo. Su cabello castaño era plumoso y apenas llegaba con trabajo a su nuca. A diferencia de él, que tenía sus brazos y torso llenos de tatuajes, la piel de Louis era nívea, suave limpia y apenas ligeramente bronceada.

Bajó la mirada observando su espalda fina que podía notarse a pesar de la amplitud de su camisa y él tenía una cintura suave, no demasiado delgada, pero aún podía apreciarse aquel pequeño quiebre entre su torso y sus caderas ligeramente amplias.

Y el culo...

Sonaba guarro lo cual claramente era propio de él, pero Harry debía darle algo al hombre, tenía un culo envidiable, grande, redondo y levantado. Frunció el ceño cuando sintió el ligero cosquilleo en sus bolas que anticipaba una creciente excitación. Antes había apreciado a Louis sin ponerse duro, pero al parecer, tener una vista de la punta de aquel culo rebosante, le había afectado.

Había tenido sexo anal con mujeres, sabía de qué iba y no podía dejar de imaginarse la forma en que aquel culo de burbuja se podría sentir a su alrededor, apretándole, asfixiándole.

Se preguntó si Tomlinson estaría apretado o el chico estaría resbaladizo y complaciente como la puta que parecía ser bajo aquella fachada.

Sí él iba a acostarse con un hombre o su mente remotamente lo estaba considerando, entonces, sería el chico quien rogaría por eso. Se encargaría de tenerlo de rodillas chupando su polla y luego lo presionaría hasta que no hubiera más que el sonido de su polla hundiéndose hasta el fondo de aquel canal.

No le agradaban los ricachones, pero había algo de él ensuciando al pulcro Louis que le ponía duro.

Carraspeó notando que el chico se asustaba y se giraba mirándole con ojos muy abiertos. Tenía unos ojos azules lindos, por lo que definitivamente consideró que estaba usando mucho aquel término con el hombrecillo.

Apreció la forma en que el rubor coloreó las mejillas de castaño mientras una mirada ligeramente oscura y apreciativa barría su pecho. Solo entonces recordó que no había puesto su camisilla de vuelta. Aprovechó la mirada del otro hombre para acomodar su erección en sus pantalones mirando fijamente a los ojos a su cliente.

Notó que el más bajo mordió sus labios en el momento en que él hizo aquel gesto obsceno, antes de agachar la mirada y que Harry pudiera apreciar su polla marcada a través de aquellos cortísimos pantalones.

—He oído que está el almuerzo —comentó con voz ronca—. Espero que no le moleste mi olor, sino tomaré un baño antes de comer.

—¡No! —murmuró el chico con premura y él se quedó ligeramente pasmado—. Digo, no me molesta, todos olemos un poco a sudor con este calor impresionante... Pero si quieres tomar una, no habría problema.

Harry sacudió la cabeza, antes de avanzar hacia el mesón en medio de la cocina donde solían comer.

—Si no te molesta, tengo mucha hambre así que estoy bien tomando un baño después de la comida.

El castaño apenas le asintió y Harry podía sentir la tensión salir en grandes olas del cuerpo del pequeño. Harry quería devorarlo tan mal, ver si sus ojos se ponían llorosos al correrse, o si se desdibujaba aquella faceta delicada y por el contrario el más joven era una puta en la cama.

No sabía que le inquietaba al punto de querer poner su polla en los orificios del pequeño como nunca le ocurrió con alguien del sexo masculino. Quizá finalmente se había vuelto una bestia buscando un agujero que follar.



Cuando salió del baño, notó que Louis no estaba por ninguna parte, lo cual era una pena. No era precisamente presumido, pero con lo atraído que parecía estar el pequeño, probablemente verlo en toalla ayudaría a que desapareciera la fachada de dulzura y aristocracia del otro hombre y él estaba ansioso por verlo.

Continuó puliendo las pequeñas porciones de cemento que había puesto en la pared tratando de subsanar los daños en la vieja pared de la edificación. Luego de unos minutos, no pudo más con la inquietud y se asomó por la ventana observando a Louis batallar con la podadora en el jardín. Harry se sonrió a sí mismo, viendo como parecía lucir derrotado tirando con fuerza de tira que arrancaba el motor.

Había una pañoleta cubriendo su frente evitando que el cabello plumoso le cayera en el rostro y por supuesto, también se podía apreciar el sudor y la humedad de su camisa.

Harry avanzó con lentitud hacia el muchacho que estaba inclinando nuevamente mostrando su culo hacia él, pretendió fingir que no era adrede. Se acercó y con la polla dura la rozó apenas ligeramente contra aquel abultado trasero.

Escuchó el gemido ahogado de Louis y entonces este se enderezó. Al estar en su espacio personal y de nuevo aquellos esponjosos glúteos se rozaron con su polla dolorosamente dura, mordió el aire y susurró ligeramente al oído del más bajo.

—Vi que tenía problemas con esta vieja chatarra, ¿quiere que tire por usted? —preguntó lo más educado que pudo.

Pudo ver la piel ligeramente erizada del más joven con el simple tono de su voz. Pegó su cuerpo al de Louis poniendo su polla de manera deliberada en medio del espacio entre los glúteos notable en su apretado short.

Hacía un sol inclemente y Louis a pesar de ello, tenía un olor a sudor que parecía ser dulce, quizá mezclado con la manzanilla de su cabello, no lo sabía, pero disimuladamente aspiró el aroma del más joven y estiró su mano alcanzando la tira y tirando con fuerza en una flexión de sus músculos.

No fingiría que no había notado la forma en Louis gimoteó y se lanzó suavemente hacia atrás. Tiró con fuerza de nuevo, sintiendo a Louis temblar frente a sus brazos, con el calor emanando hacia su cuerpo. Se inclinó un poco más aspirando de su cuello y tiró con fuerza de la podadora, escuchando que al parecer un gemido quedado atascado en la garganta de Louis y que su trasero presionara con su polla sutilmente.

Cuando la podadora rugió de nuevo funcionando, se apartó lentamente de Louis.

—Creo que ya está —murmuró— Volveré adentro.

Entonces, se marchó sin decir más, pero deseó ver el rostro de sonrojado de Louis. Probablemente lo haría pronto.



Louis enterró enojado el tenedor en su ensalada. Le había tomado 6 tirones antes de que se corriera contra el lavamanos de su baño con el mero cosquilleo de la gruesa polla de Harry rodando contra su culo.

Se había vuelto un puberto, pues su resistencia era una mierda.

El albañil ya se había marchado y le había mirado como si nada hubiese ocurrido cuando él sólo quería arrodillarse y hacer que aquella bestia mal hablante le follara la boca, tal vez así la barrera entre su aparente heterosexualidad y el deseo de follar un agujero menguaba.

Tragó el trozo de lechuga antes de darle vuelta al asunto una vez más, sólo para estar seguro que haría eso, que coquetería deliberadamente con el hombre.

Sí, él no había podido aguantar el día uno de las dos semanas faltantes.



Era sábado.

Harry había decidido ir, aunque realmente prefería tomar dos días a la semana para descansar, pero dada las exigencias de Pulson él tenía dos semanas para dejar todo listo. Se bajó de su vieja camioneta y fue gentil al lanzar la puerta, después de todo, si lo hacía muy fuerte creía que esta podía reducirse a escombros.

Cuando entró a la casa sin avisar, se sorprendió al encontrarla silenciosa. La gata de Louis apareció y Harry arrugó la nariz. Despreciaba los gatos y aquel saco de pulgas parecía ser extremadamente fastidiosa con él, tanto que Louis la mantenía en su regazo para evitar a que ella fuera por él y metiera sus patas en los botes de pintura.

—Hola pulgosa —murmuró con desprecio. Los ojos amarillos de la gata se posaron en él con indiferencia y se marchó.

Tiró del bolso en su hombro y subió las escaleras como si el peso sobre sus hombros fuera mucho. Cuando llegó al final lo primero que encontró fue a Louis de rodillas al fondo del pasillo restregando con fuerza algo en el suelo.

Pero lo que más impacto a Harry fue la forma en que el trozo de tela (porque eso no podía siquiera llamarse short) dejaba libre parte de los glúteos de Louis y la costura era absorbida por el espacio entre aquellos grandes globos.

Tragó en seco, sintiendo como su polla empezaba a ponerse dura con la vista.

El hombrecillo probablemente ni siquiera usaba bóxer porque no había nada marcando la suave piel. Para aumentar su tormento, meneaba el culo como si estuviera bailando un poco en medio de su tarea. Entonces en un movimiento aquel culo empujó hacia atrás y Harry casi gimió imaginando aquel trozo de carne empujando contra él... contra su polla.

Louis parecía absorto en lo que hacía, pero una parte de él, sabía que el ojiazul era consciente que él le estaba observando con atención. Louis se inclinó aún más casi que exhibiéndose, ofreciéndose... provocándole. Y aquel trozo de tela vinotinto se rodó un poco más, revelando más carne.

Iba morir, sí...

Sus manos picaban por ir a zurrar el culo del más bajo hasta que estuviera coloreado por su provocación.

—Menuda mierda —masculló bajo, notando que había hablado lo que él creía que sólo había pensado.

—¿Eh? —escuchó a los segundos que dijo Louis.

Él no cambió de posición por supuesto y Harry debió imaginarlo, porque el castaño solo giró su rostro mirándole con sus bonitos ojos azules adornados de sus grandes pestañas. Había una jodida inocencia fingida en su mirada.

Harry supo que algo había cambiado y le gustaba en definitiva el rumbo que tomaban las cosas. Louis lucía igual que delicado y elegante que siempre, aunque tuviera la mitad de su culo al aire, lo que hacía que su deseo posesivo y guarro de ensuciar aquella nívea piel se volviera imperante.

—Hola —dijo con voz ronca, sin apartar intencionalmente la mirada sucia del culo del más bajo—. ¿Qué tal va todo?

—Bien —respondió Louis, enderezándose hasta ponerse de pie—. Decidí que no quería esperar a que todo terminara para limpiar, así que empecé por las partes que sé que no vas a ensuciar más.

Harry asintió, antes de darle una mirada mordaz al ricachón.

—Créame... aún quedan muchas cosas por ensuciar... algunas a propósito, otras no tanto —dijo en doble sentido, notando que la mirada del castaño se tornaba un poco oscura, antes de parpadear.

—Trata de no ser tan sucio, por favor —comentó el hombrecillo con una sonrisa suave—. Me toca hacer la mayoría de cosas por mí mismo y a veces odio usar mis manos en trabajos duros. Solo hoy hago una excepción por las manchas blancas en el suelo —fue extraño el comentario, pero por supuesto que Harry sabía a qué estaba jugando.

—Trataré de no hacerlo, pero en mi labor, hay que ensuciarse demasiado —replicó en doble sentido. Le vio abochornarse un poco—. Me iré a cambiar, este parece ser el día más cálido del verano.

Entonces avanzó hacia el baño pasando al lado del Louis. Su instinto más básico le dijo que zurrara el culo del castaño, después de todo sabía que no le molestaría... Pero también, estaba su parte arrogante que quería verle rogar.



El día pasó con una extraña lentitud para Louis, había paseado por el frente de Harry en Varias oportunidades y notó cómo la mirada del albañil le seguía, pero no se lanzaba hacia él. Era tan jodidamente difícil que le hacía pensar que le tocaría rogar y eso sería vergonzoso.

Era extraño que el rizado no diera el primer paso, pero no pudo molestarse por eso. Hizo zapping en la televisión, sin encontrar nada interesante, mientras pensaba en qué más hacer.

Ya había almorzado, faltaba que Harry lo hiciera, pero no parecía bajar aún. El hombre había tenido razón parecía ser el día más cálido del verano al punto que estaba deseando con muchas ganas quitarse su camisa larga y quedar sólo con el cachetero que había usado ese día, pero no le gustaba. Ya estaba siendo un exhibicionista mostrando su culo.

Su polla se endurecía por momentos y él deseaba ser jodido con fuerza para sacar el deseo ferviente en él. Estando solo en la sala levantó un poco su camisa hasta la altura de su pecho dejando que corriera un poco más de fresco contra su piel, mientras observaba la serie que había visto demasiadas veces para contarlas.

Se echó en el sofá, aparentemente absorto hasta que escuchó el sonido de unos pasos a su lado. Giró su rostro observando a Harry.

Notó que la mirada del albañil se posó en su vientre desnudo y él quiso cubrirse de inmediato, pero su mano se mantuvo inerte, casi que pesaba sobre la tela agarrada por encima de su vientre.

—Pensé que los chicos buenos no tenían piercings —acotó, apuntando el arete brillante con una piedra blanca adornando la piel alrededor de su ombligo.

Louis tenía buen material para responderle, pero viéndole ahí, grande fuerte, hizo que su polla se pusiera dura y su cerebro se volviera papilla. Debía seguirle el juego ¿tal vez?

—Tal vez no soy un niño bueno —comentó con tranquilidad volviendo su vista al televisor pretendiendo no fijarse en el hombre.

Una carcajada seca resonó.

—Debí darme cuenta de eso antes. Es decir, los chicos buenos no se ponen duros con solo ver el torso de un hombre —le escuchó decir con voz ronca causando que su erección fuera notoria. No sabía en qué momento Harry había cambiado la forma de tratarle—. Los chicos buenos no esperan en pose de perra mostrando su culo para ser jodidos por un albañil; los chicos buenos no se hacen una paja en el baño mientras hay gente al otro lado. En definitiva, no ... no son cosas de chicos buenos.

Louis gimoteó y entonces escuchó los pasos alejándose mientras él se quedaba mudo.

Palpó su polla ligeramente, antes de escuchar los pasos pesados de nuevo. Harry se sentó a su lado en el sofá con un plato de comida en la mano y empezaba a engullirla como si no le acabara de decir aquellas cosas.

Apreció al rizado comer, no había en definitiva nada fino o educado en él, pero él no podía dejar de mirarlo, así como la forma en la que su manzana de adán se movía.

—Si me miras más desapareceré —dijo el albañil, antes de dejar el plato frente a ellos.

—Eres un bruto, un grosero —alcanzó a decir una voz temblorosa.

Harry se echó a reír y debió ser ilegal que al maldito se le hicieran hoyuelos.

—¿Dije alguna mentira con lo que te dije hace unos momentos? —preguntó mirándole con aquellos ojos verdes empezando a oscurecerse—. Porque créeme, conozco putas con más dignidad.

Louis abrió la boca queriendo discutir.

—¡Atrevido! Soy tu jefe —espetó en voz alta queriendo lucir intimidante, lo que parecía tener sin cuidado a Harry.

—Un jefe que quiere que su albañil le meta la polla por el culo —replicó suciamente el rizado mirándole divertido antes de bajar la mirada y hacer énfasis en su polla pulsando contra la tela de sus pantaloncitos.

Nuevamente boqueó. Tiró su mano contra el hombro del hombre pretendiendo golpearle, pero la mano de Harry más grande que la suya le detuvo y Louis pudo apreciar la forma en la que aquellas venas se pintaban incluso en sus manos.

Sus rostros estaban muy cerca, pero Harry no parecía querer moverse ni un ápice, retándole, casi que diciéndole que se sometiera con una mirada.

—Las perras van en el suelo, Louis —comentó con tranquilidad—. Sobre sus cuatro patas. Si quieres algo, debes tomar tu lugar y rogar por ello. Te advierto que no tengo paciencia por más linda que seas, princesa.

—Yo no ... no —trató de hablar, perdido en el agarre duro sobre su mano.

—¿No eres una perra? —preguntó Harry con tono oscuro.

—No —dijo con poca seguridad.

—Eres lo que yo digo que eres —espetó Harry—. Eres una puta. Una perra, con pinta de princesa, una linda princesa, pero demasiado cachonda para portarse como tal. ¿Cuántas veces has fantaseado con montar mi polla?

Los labios de Louis temblaron y un gemido se atascó en su garganta. Estaba dolorosamente duro, podía sentir incluso una pequeña mancha de humedad en sus cortos pantalones, le estaba excitando el hecho de ser humillado por Harry.

—Una princesa que se muere por ser jodida por su sirviente, uno sucio, pobre... pero es la polla que te gusta ¿no? —dijo el rizado de nuevo más cerca de sus labios. El ambiente era tenso mientras Louis luchaba contra su impulso de implorar—. Dije que te quería en el suelo, rogando o me marcharé.

En ese instante su mano fue liberada y Harry se recostó en el sofá dándole espacio de decidirse. Notó que había una gota de sudor perlando la frente del hombre y fue consciente del calor que ambos emanaban, el cual se recrudecía con el clima cálido del ambiente.

Bajó su mirada al pantalón viejo del albañil, notando la forma en la que su polla se marcaba contra la costura de los pantalones.

Se puso de pie y ante la mirada oscura de Harry levantó su camisa y la quitó, quedando únicamente con los cortos pantalones. Bajó la mirada y se arrodillo sobre la alfombra en frente de Harry una vez pudo apartar la mesa del café.

Se apoyó en sus manos y rodillas y elevó la mirada, encontrándose con los ojos de Harry. Era magnetismo puro. Harry se rodó hacia el borde del sofá.

—Mira no más que preciosa te ves cuando estás necesitada —comentó pasando su mano en un toque suave sobre su cabello, acariciando su cuero cabelludo en un gesto tranquilizante, que le hizo querer inclinarse al toque aún más—. Eres jodidamente lindo. Fue lo primero que pensé al verte. No suelo decir usualmente que un hombre es lindo.

Louis se quedó callado observando fijamente los ojos verdes del hombre para esos instantes oscurecidos. La mano de Harry que no estaba en su cabello, se fue hacia los botones de su pantalón y los desabrochó.

El castaño miró fijamente aquel trozo de carne liberado. Era gruesa, probablemente estiraría sus labios al límite, la cabeza era tan grande como su grosor, morada, húmeda, circuncidada. Había una pequeña mata muy corta castaña en la raíz y había unas fuertes venas marcadas entrelazándose a lo largo de aquella polla.

—Convénceme que debo dártela, puta —dijo a continuación el albañil tirando con suavidad de cabello y rodándose al borde del sofá causando que su rostro chocara con aquella dura carne que esperaba por él.

Louis se saboreó deseando llevar su propia mano a su bulto para tocarse. Podría correrse con la mera sensación áspera de su boca siendo follada, pero la necesidad era demasiada.

—¿Puedo tocarme? —se atrevió a preguntar.

—No —dijo el hombre en un tono que no admitía réplica—. Ten paciencia, Louis. Tal vez si eres una buena puta para mí, te coma. Pero primero debes mostrarme por qué debería joderte, no basta una cara bonita.

Louis sofocó un gemido. Miró aquella polla y acercó su rostro. Harry olía como él lo imaginaba, a macho, sudor y almizcle, presionó en primer lugar su rostro contra la entrepierna del hombre, en el pequeño espacio donde sus muslos se encontraban con su cadera y aspiró.

Era embriagador, sentirse dominado, humillado, pero contrastado con el agarre suave del rizado en su cabello.

—Chupa, perra —le ordenó.

Louis sollozó un poco cuando hubo un tirón fuerte despegándole de la piel pálida y le obligó a llevar aquel grueso falo a su boca. Se atragantó de manera superficial, antes de apartarse y volver a llevarlo todo ya más preparado hasta el fondo.

Podía escuchar los gruñidos de Harry, mientras él mantenía su vista en las hojas de laurel a la altura de la pelvis de rizado cada vez que aquella pesada polla se abría camino cada vez más profundo. Podía escuchar el eco de los gruñidos de Harry y el sonido húmedo de su boca recibiendo aquella gruesa polla.

Cuando Harry empezó a usarlo, marcando el ritmo al cual él debía ir, entonces la excitación se trepó por su columna.

—Sé bueno cariño, mírame mientras te jodo los labios —le ordenó causando que el gimiera y elevara la mirada. No sabía cómo lo veía Harry, pero notó un brillo malicioso en sus ojos—. Debería correrme en tu boquita.

Louis lloriqueó, esa no era la idea inicial, Harry debía follarle, él lo necesitaba o sentía que moriría.

—Estás a punto de convencerme —aceptó el hombre y Louis gimoteo ante la pequeña felicidad que le daba estarle complaciendo.

Harry se puso de pie y Louis perdió el equilibrio, perdiendo aquella caliente carne de sus labios. Intentó arrodillarse, pues sus manos estaban cansadas, pero Harry le dio una mirada que no aprobaba que hiciera algo sin su permiso.

EL rizado se puso de pie quitando su camisa sudada y Louis salivó analizando cada uno de los tatuajes que adornaban el torso y los brazos del albañil. Luego se quitó sus botas con parsimonia y el pantalón mientras él esperaba al borde del delirio.

—No era parte de mi plan, pero has resultado ser una buena puta —comentó—. Tu boca es fenomenal, quien diría que alguien tan remilgado era una puta por polla. Joderé tu garganta y me correré en ella. Tragaras todo —le explicó y Louis sintió una pequeña angustia que pareció reflejarse en sus ojos. Harry se inclinó ligeramente acariciando su rostro—. No te preocupes bebé, te comeré tan bien, que cuando estés por correrte mi polla estará lista y joderé ese lindo agujero tuyo.

Louis pretendió que no sonrió ante tal promesa, por el alivio de tener aquella polla. Entonces, ante él Harry empezó a acariciar su gruesa verga, pero él en la posición en que estaba no podía chuparlo. Miró con gula, casi que sollozando.

—Por favor —pidió, materializando lo que Harry le había dicho sobe rogar—. Por favor, ponla en mi boca.

Hubo un gruñido suave mientras Harry le seguía mirando con su mano volando sobre su polla.

—Qué fácil eres, princesa —comentó—. ¿Sueles fantasear así con tus empleados? —preguntó—. ¿Te has jodido a cada uno? ¿Al plomero? ¿Al electricista? No debería sorprenderme, eres una perra necesitada.

—Solo a ti —sollozó—. Por favor...

Harry seguía esquivo, antes inclinarse un poco incómodamente para pasar la cabeza de su polla por sus labios empapándole de pre-semen. Él lucía tan excitado.

—Hay algo en ensuciarte de mí que me pone cachondo —aceptó—. Quisiera llenarte de mí olor, de mi semen... el ricachón de Louis Tomlinson jodiendo con un mísero albañil, ¿puedes imaginarlo? Alguien como tú muriendo por mi polla. Apuesto que tus compañeritos no van a joderte como lo haré yo, bonito.

Louis negó, él podía saberlo, desde el encuentro que tuvo con él el primer día.

—De rodillas.

Louis se llenó de alivio y anticipación por partes iguales. Una vez estuvo a la altura correcta, las manos fuertes de Harry se apostaron a los costados de su rostro y él abrió sus labios para recibirle de nuevo.



Harry observó con atención la forma en que la cabeza de su polla se sumergió superficialmente en aquellos labios sonrosados ¡jodida mierda! podría correrse solo con eso. Un poco más, pensó y entonces se empujó hasta la mitad observando aquellos luceros azules húmedos por lágrimas contenidas.

Estaba duro como roca, como no lo había estado antes. Empujó hasta el fondo y lo mantuvo ahí unos segundos notando que el castaño no luchaba contra su agarre fuerte o se ahogaba. Le mantenía la mirada obedientemente.

—Mi linda putita es una profesional —gruñó. Los ojos se Louis empezaron a escurrir lágrimas por los costados. Se retiró hasta que quedó sólo la punta y volvió a empujar en un golpe seco—. ¿Cuántas pollas has chupado? ¿muchas? Porque eres una jodida profesional, linda... No debería extrañarme, puta.

Louis gimió y cerró sus ojos ante sus palabras y él empujó de nuevo. Su orgasmo ya estaba casi construido, así que aceleró el paso hundiéndose rápidamente contra aquel húmedo calor. El castaño soportaba su rudeza y sus embates erráticos a medida que su orgasmo se construía.

Harry gruñó a medida que se acercaba sin apartar la mirada de aquellos finos labios recibiendo su polla, apretándose, succionándole. Enloqueció, parecía que habían pasado años desde que había tenido sexo, porque se sentía sediento de un orgasmo.

Recordó la forma en la que su semen marcaría a Louis desde adentro, la idea de probar el castaño y que su lengua tuviera el sabor de él, de su semen...

La apariencia de Louis en esos instantes con mejillas coloreadas, su cabello plumoso tirado hacia todos lados, sus ojos vidriosos por el placer lo empujaron por el precipicio y se corrió duro contra su garganta empujando su polla en un golpe final, colmando al más bajo de su semen.

Sin aliento, bajó una de sus manos hacia la garganta del castaño sintiendo como este tragaba ávidamente su corrida. Aun cuando le liberó, Louis siguió chupando su sensible polla limpiando cualquier residuo.

Con las piernas temblando ligeramente, Harry cayó sobre el sofá y tiró su cabeza sobre el respaldar. Había tenido un jodido orgasmo de mano de la boca de un homo y vaya que aún había luces bajo sus párpados.

Se recompuso recordando a Louis quien permanecía de rodillas mirándole con la necesidad bañando su rostro. Harry miró la polla bonita y sonrosada del más joven, pensó que sentiría incomodidad, pero no le importó en lo absoluto.

Ver sus labios hinchados por la mamada que le acaba de hacer hizo que su polla se removiera con interés. Acaba de tener un orgasmo satisfactorio, pero sabía que no sería suficiente. El deseo de consumirlo creció con los segundos, hasta que se impulsó hacia la boca del pequeño y chupó sus labios con creciente necesidad.

Estaba lejos de ser un beso lindo, era sucio, con dientes, labios y lengua en todas partes, persiguió el sabor de su corrida en la boca del castaño, encontrando el sabor de la dulzura entrelazado con un ligero sabor almizclado, tenuemente salado.

Louis gimoteaba en sus labios, siguiendo su boca aun cuando él se separó.

—Sé una buena mascota y súbete el sofá de rodillas. Muéstrame tu culo —le dijo al castaño, quien parpadeó con ojos soñadores, casi como si estuviera ebrio.

Louis se puso de pie y antes sus ojos se encaramó a su lado en el sofá dejando su culo al aire. Harry sintió que estaba alucinando y aún no había visto toda aquella piel. Le ayudó a apoyar su torso contra el espaldar del sofá y empujar sus caderas hacia atrás.

—Joder, me pones tan duro —comentó al oído del más joven escuchándole gemir—. Hoy me recibiste con tu culo al aire casi pidiéndome que te jodiera y casi lo logras. Me hubiera arrodillado y te hubiera jodido allí, pero así no se ganan las cosas.

—Por favor... —dijo Louis con voz gangosa en respuesta.

—Eres una puta necesitada, quien lo diría —comentó mientras sus manos amasaban los costados de la cintura del castaño—. Una parte de mí decía que había algo guarro bajo esa fachada de ricachón, ¿qué dirá tu círculo social de tus fantasías montado mi polla? ¿de ti de rodillas como una perra pidiendo ser jodido?

Harry besó la nívea piel del cuello del castaño y fue bajando sus labios aspirando el aroma a manzanilla en el cuerpo del castaño.

—Quiero ensuciarte tanto —comentó con voz ronca—. Poner mi semen en tu piel, mi saliva... Quiero que gotees mi semen por días. ¿Serás una buena princesa y me mantendrás dentro de ti aun cuando salga? Oh sé que lo harás, porque eres una puta sucia —Louis respondió con gemido—. Te agrada ¿no es así, linda? Que alguien como yo ensucie a alguien como tú.

Harry suspiró sintiendo que la piel bajo sus labios se erizaba y Louis se contorsionaba. Al parecer su espalda era un punto débil. Siguió su camino por la columna repartiendo besos suaves hasta que llegó al par de hoyuelos que adornaban el inicio de su culo.

Apreció la tela estirada sobre aquellos glúteos y enganchando su pulgar lo bajó de un tirón causando que Louis gimiera en el acto.

—Harry ... —murmuró el castaño con voz temblorosa girando su rostro para verle.

El rizado se concentró en la carne abultada frente a él y separó aquellos glúteos viendo con atención aquel agujero fruncido. Con sus pulgares amasó la piel sintiendo la suavidad de esta.

Estiró sus pulgares en camino a aquel centro que su polla llenaría y separó un poco. Elevó la mirada hacia Louis quien le observaba con ojos llorosos y su labio inferior atrapado entre sus dientes. Con un gruñido hundió su nariz en su glúteo izquierdo dejando un beso y sin aviso previo su boca se dirigió a aquel rosado canal y empujó su lengua con ferocidad.

Escuchó el pequeño gritito de sorpresa de Louis y apretó con más fuerza su culo impidiéndole moverse. Lamió sediento sintiendo que el castaño se deshacía bajo sus labios, antes de empezar a empujar enérgicamente contra sus labios. Delineó aquella piel arrugada con su lengua y empujó haciendo penetraciones cortas con su lengua.

Su polla estaba poniéndose dura de nuevo mientras el calor se incrementaba. Su frente sudaba y el clima parecía más y más caliente con cada segundo. Los gemidos y movimiento de Louis hacían eco en sus oídos y causaban efectos excitantes en su polla.

—Quiero joderte tanto —comentó una vez pudo tomar un respiro. Dio una larga lamida, antes de hablar de nuevo—. Que puta más linda y caliente eres, querido. Sacarás mi cerebro por mi polla, estás tan ajustado.

—Jódeme —imploró Louis— Por favor, he sido bueno, por favor... ponla —dijo con voz quebrada.

Harry le negó su polla de nuevo, lamiendo con rapidez, mordisqueando la piel alrededor. Movió sus manos al duro pene de Louis e inició un vaivén rápido.

—Ah, ah —escuchó a Louis gemir en voz alta. Harry podía sentir la tensión en su vientre, el castaño estaba por correrse e intentaba desesperadamente apartarse de su toque tratando de evitar el orgasmo sin ser follado—. No puedo, por favor.

El albañil mordió duro el glúteo izquierdo de Louis dejando probablemente una marca mientras este gemía y empujaba su polla contra su puño apretado que le masturbaba. La voz de Louis se empezó a entrecortar. Harry hundió su nariz de nuevo en la raja de aquel culo dándole su lengua mientras le sentía temblar y su polla se hinchaba en su mano.

Louis se corrió en un grito y Harry siguió ordeñándole todo el camino, con su mano subiendo y bajando sobre su polla que empezaba a ablandarse.



Louis se dejó caer sobre el sofá luchando por respirar, sus muslos temblaban con violencia ante la fuerza de su orgasmo, mientras la sensación del orgasmo parecía prolongarse bajo su piel en forma de un cosquilleo que mantenía sus extremidades flojas.

—No he terminado —escuchó que dijo una voz molesta tras él. Giró su rostro, sintiendo que su rostro se humedecía por lágrimas. Harry estaba de pie tras él, completamente desnudo, con aquellos tatuajes manchando su cuerpo magro. Su gran verga se erguía orgullosa y sus ojos casi negros le miraban con enojo. Tembló ligeramente—. Esto no es por tu placer, es por el mío.

Louis sintió sus labios temblar mientras con esfuerzo trataba de ordenarle a sus piernas que se elevaran de nuevo. Apoyándose de nuevo en sus manos y el respaldar del sofá se inclinó mostrando su culo, elevándolo al aire.

Solo en ese instante fue consciente de un extraño dolor en una de sus mejillas y recordó la mordida que Harry le había proporcionado en aquel trozo de piel.

—Sobre tu espalda y abre tus piernas para mí —le ordenó—. Sé una buena puta.

Con un quejido Louis se dejó caer sobre el sofá y tanto como se lo permitió, elevó una pierna en el respaldar y la otra la flexionó y abrió tanto como lo permitía la anchura del mueble. Escuchó un tarareo apreciativo salir de los labios de Harry y de inmediato el cuerpo fuerte del rizado estaba sobre el de él.

—Esto dolerá un poco, pero sé que puedes soportarlo. Eres una puta de pollas después de todo.

Louis no respondió, solo contuvo el aire una vez sintió la gruesa cabeza de aquella verga molerse sobre su húmedo agujero. Observó que la mirada de Harry estaba posada sobre el punto en que sus cuerpos iban a unirse. Sin esperar y previo aviso, el albañil se empujó causando que el soltara un gemido ahogado y sus manos se aferraran a la tela del sofá.

—¡Maldita sea! —le escuchó sisear—. Una puta apretada.

Louis pasó saliva y sintió el pequeño ardor que aún era menguado por la sensación de placer por los vestigios de su orgasmo. Harry se enderezó sobre él y le miró a los ojos. El castaño pasó saliva perdiéndose en aquellos pozos oscuros y entonces, lo sintió pleno. Lloró cuando toda la erección de Harry vulneró su entrada hasta que sus pesados testículos golpearon la piel tierna de su culo.

El albañil se inclinó sobre su cuello y repartió besos suaves, diciendo elogios de lo lindo que era, de lo ajustado y húmedo que estaba para él. Entonces retrocedió y aunque Louis se quejó por el ligero ardor, se empujó de nuevo tan fuerte que Louis se deslizó por el sofá.

Abrumado por la creciente necesidad que parecía emanar el hombre que se apostaba sobre él jodiéndolo, Louis se aferró con brazos y piernas, mientras sus cuerpos sudados encontraban un ritmo rápido y desigual.

—Mi linda putita —elogió Harry a su oído—. Toda una perra obediente. Eres tan lindo, querido. Quise joder tu culo desde el primer instante que me distes la espalda. Quiero oírte, princesa, esto estabas pidiendo.

Louis se aferró al cabello rizado del hombre y tiró de él escuchándole gruñir. Sentía su pecho pesado, que el oxígeno apenas le llegaba... Su agujero se sentía adolorido, sensible, hinchado y su polla empezaba a llenarse y dolía por el orgasmo reciente, pero no podía parar, no podía detenerse. Había un hambre en su vientre, una necesidad punzante de tener el semen de aquel hombre dentro de él.

Gimió más aferrándose a la piel sudada, sintiendo sus sentidos ligeramente embotados pues todo parecía reducirse a ser el agujero de follar de Harry y eso lo hacía sentir en las nubes, casi que volando alto. Le gustaba ser su agujero, su princesa obediente.

Harry tembló sobre él y sus gemidos se hacían más roncos.

—Lléname —gimió a su oído llamándole, atrayéndolo para que se corriera en su interior y que se aliviara con su cuerpo.

—Puta —gruñó Harry en su oído y entonces, su mano fue en medio de ambos y acarició su polla a pesar que él se retorció por la sensibilidad—. Córrete.

Louis siguió su orden una vez la primera ola de semen de Harry le llenó. Se aferró a la espalda del hombre y le aruñó gimiendo llorosamente contra su nuca húmeda. Harry se dejó caer sobre él y él gustoso recibió el peso, sintiéndose pequeño, dominado.

Harry salió de él y se sentó en el sofá, mientras él permaneció ahí con las piernas abiertas sin vergüenza alguna porque el rizado no le había ordenado cerrarlas y él era una puta, su princesa.

Suspiró cuando sintió un par de dedos haciendo mella en el borde de su esfínter donde debía haber un poco de semen escapando.

—Mira no más lo linda y destruida que estás princesa —le elogió el rizado y él solo sonrió manteniendo sus piernas abiertas para que el hombre tocara lo que quisiera.

En la bruma en que se sentía quedó ahí echado dejando que Harry usara su cuerpo para su deleite. Le había dado dos orgasmos alucinantes y él creía que no podría olvidar aquella gruesa verga en días, ahora se preguntaba si era buena idea haber rascado la comezón.



Al día siguiente, Louis se despertó en su cama sin recordar haber llegado ahí. Se irguió con un quejido sintiendo la punzada en su trasero y se volvió a echar de nuevo, en esa oportunidad dejando su culo al aire, pensando que el aire fresco calmaría su interior o tal vez del dolor del mordisco de aquel salvaje.

—¿Adolorido? —preguntó una voz desde la puerta de su habitación—. Vaya culo sensible el que me he follado.

Harry estaba embarrado de pintura y tenía su ropa de trabajo. Su cabello estaba recogido en una coleta como siempre y sus extremidades se veían brillantes por una capa fina de sudor.

—Eres un grosero —replicó Louis mirándole a medias por la almohada.

—A quien has dejado follarte, sin embargo —dijo con una elevación de hombros.

Entonces se marchó.

Louis enterró el rostro en la almohada en un gesto cansado, sin embargo, una sonrisa se deslizó por sus labios al notar el aroma impregnado a almizcle y masculinidad en la tela.




Nota de la autora: Muchas gracias por leer este OS, espero que les haya agradado el resultado. No me sentí muy segura cuando lo culminé a raíz del bloqueo y más porque le dejé enfriar en varias oportunidades antes de culminarlo.

Gracias a la persona que propuso la idea y espero de todo corazón haber cumplido sus expectativas.

GRACIAS TOTALES.