Introducción
Mi nombre es Caleb Defka, tengo 23 años y mi vida había sido la más normal y cotidiana que pudiera existir. Había pasado la mayor parte de mi vida entre cuatro paredes. Gracias a los avances tecnológicos, podía trabajar desde la comodidad de mi casa, sin necesidad de salir, sin la necesidad de convivir con el mundo exterior, sin estrés, ni peligros. En completa soledad, solo en compañía de mi computadora y celular.
Mi vida era un ciclo repetitivo y predecible, sin altibajos ni sorpresas. Me despertaba cada mañana en mi habitación, sin necesidad de alarmas ni rutinas matutinas. Me sentaba frente a mi computador y comenzaba mi jornada laboral, realizaba tareas administrativas y de soporte técnico para una empresa.
Mi contacto con el mundo exterior se limitaba a las pantallas de mis dispositivos electrónicos. No tenía amigos, familia cercana, ni relaciones significativas. A pesar del aislamiento, no me consideraba una persona triste ni depresiva, había aprendido a aceptar la soledad como parte de mi vida, encontrado maneras de llenar el vacío: navegando por internet, viendo series y películas y leyendo sobre tecnología y ciencia. Me consideraba un hombre de hábitos simples pero profundos.
La mayoría de las veces prefería pedir comida a domicilio para evitar salir. No porque fuera perezoso, sino porque simplemente me gustaba mantener mi espacio. Sin embargo, no se confundan, en mi tiempo libre hacía ejercicio y mantenía una dieta equilibrada. pero eso no quería decir que no comiera comida chatarra. Como todo en la vida, hay momentos en los que uno puede darse un gustito mientras se puede y disfrutar de algo menos saludable.
Y ese día era uno de esos momentos, en los que me apetecían unos deliciosos nachos con abundante queso y una soda bien fría.
Pero darme aquel simple gusto sería un error que me costaría demasiadas cosas, a lo que hubiera preferido no salir de casa ese día.