Entre lágrimas de sangre

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Sinopsis

Caleb es un chico solitario, acostumbrado a una vida pacífica y tranquila, lejos de cualquier problema o sobresalto. Sin embargo, cuando un giro inesperado lo lanza a una realidad que jamás habría imaginado, se ve envuelto en una aventura muy turbulenta, rodeado de seres que creía que eran imposible que existieran. Su vida había sido muy común y rutinaria desde muy joven, sin angustias ni problemas, hasta que, en un día tan normal como cualquier otro, todo cambio, alterando no solo su destino sino también a él mismo. Todo comienza cuando decide salir a la tienda por algo de comida, sin saber que esa sería la última acción cotidiana de su vida. Ese día trascurría como cualquier otro; habia terminado su trabajo, y al salir por algo de comida a una tienda de conveniencia, mientras regresaba a casa sufrió el extraño percance. Cuando en tan solo un abrir y cerrar de ojos, se encuentra en medio de un bosque. Sin saber cómo llegó allí, se obliga a convencerse de que el motivo por el que se encontraba en ese lugar era por lo que había ingerido y que, en cuanto se le pasara, regresaría a la normalidad. Pero la verdad era mucho más lejana a esa explicación. A medida que avanza el tiempo Caleb comienza a darse cuenta que aquel lugar y las personas que habitaban allí ocultaban secretos, secretos que una vez descubiertos marcarían el fin de la historia y todo habría acabado.

Estado:
En proceso
Capítulos:
14
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Introducción

Mi nombre es Caleb Defka, tengo 23 años y mi vida había sido la más normal y cotidiana que pudiera existir. Había pasado la mayor parte de mi vida entre cuatro paredes. Gracias a los avances tecnológicos, podía trabajar desde la comodidad de mi casa, sin necesidad de salir, sin la necesidad de convivir con el mundo exterior, sin estrés, ni peligros. En completa soledad, solo en compañía de mi computadora y celular.

Mi vida era un ciclo repetitivo y predecible, sin altibajos ni sorpresas. Me despertaba cada mañana en mi habitación, sin necesidad de alarmas ni rutinas matutinas. Me sentaba frente a mi computador y comenzaba mi jornada laboral, realizaba tareas administrativas y de soporte técnico para una empresa.

Mi contacto con el mundo exterior se limitaba a las pantallas de mis dispositivos electrónicos. No tenía amigos, familia cercana, ni relaciones significativas. A pesar del aislamiento, no me consideraba una persona triste ni depresiva, había aprendido a aceptar la soledad como parte de mi vida, encontrado maneras de llenar el vacío: navegando por internet, viendo series y películas y leyendo sobre tecnología y ciencia. Me consideraba un hombre de hábitos simples pero profundos.

La mayoría de las veces prefería pedir comida a domicilio para evitar salir. No porque fuera perezoso, sino porque simplemente me gustaba mantener mi espacio. Sin embargo, no se confundan, en mi tiempo libre hacía ejercicio y mantenía una dieta equilibrada. pero eso no quería decir que no comiera comida chatarra. Como todo en la vida, hay momentos en los que uno puede darse un gustito mientras se puede y disfrutar de algo menos saludable.

Y ese día era uno de esos momentos, en los que me apetecían unos deliciosos nachos con abundante queso y una soda bien fría.

Pero darme aquel simple gusto sería un error que me costaría demasiadas cosas, a lo que hubiera preferido no salir de casa ese día.