Destinados para dos: la humana de los gemelos

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Sinopsis

🌶️ "Nos perteneces, pequeña zorra. Siempre ha sido así". Mia Calloway nunca creyó en el destino, hasta que este fue a buscarla bajo la forma de dos gemelos hombres lobo devastadoramente poderosos. Theodore y Alexander Nightfang pasaron sus vidas preparándose para la profecía que definiría su futuro. Pero cuando encuentran a su mate predestinada en el mundo humano, se enfrentan a su mayor desafío hasta ahora: ganar su corazón. Dividida entre dos mundos, Mia debe decidir si aceptará su destino o se alejará de los lobos que harían cualquier cosa por reclamarla. Theodore es fuego e instinto, un guerrero que enciende cada parte de ella. Alexander es hielo y control, un estratega que la desarma con solo una mirada. El destino los ha unido. Pero el destino no es amor. Y amar a dos Alphas podría ser simplemente imposible… O podría ser exactamente aquello para lo que nació.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
B E Harmel
Estado:
Completado
Capítulos:
32
Rating
5.0 25 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

POV: Theo

El olor a acero y a sudor se me pegaba a la piel cuando asesté el último golpe. Mandé a mi oponente directo al suelo. Él gruñó mientras rodaba de lado, pero apenas me di cuenta. El pulso me retumbaba en los oídos y respiraba con dificultad, pero la tensión en mi pecho no se iba.

—Suficiente —dijo Magnus. Se acercó desde donde nos vigilaba—. Es el quinto que derribas seguido, Theo. Te estás pasando.

Moví los hombros para estirarme e ignoré el dolor muscular. —Estoy bien.

El Beta Magnus me lanzó una mirada de complicidad. —El Baile de la Luna es en unas horas. Deberías ir preparándote.

Se me tensó un músculo de la mandíbula. Lo sabía. Sabía de sobra lo que significaba esta noche.

Mi primer Baile de la Luna. Mi primera oportunidad de conocer a mi mate.

Había entrenado toda mi vida para esto. Me preparé para ser un líder, un guerrero, un Alpha. Desde niño me dijeron que nací para la grandeza. Que mi hermano y yo lideraríamos juntos y que cambiaríamos todo. Pero nada de eso importaba sin ella.

La mujer destinada para mí.

La que por fin calmaría esa necesidad inquieta que me dolía en el alma.

¿Pero y si no estaba allí?

Mi padre esperó quince años por mi madre. Buscó y sufrió tanto que su lobo estuvo a punto de quebrar. ¿Y si la historia se repetía? ¿Y si pasaba años arañando el vacío que sentía dentro, desesperado por algo que no encontraba?

Solté el aire con fuerza, intentando espantar ese pensamiento.

Miré a Magnus. —Una ronda más.

Magnus suspiró pero no discutió. Sabía mejor que nadie que yo necesitaba esto. Tenía que quemar toda la energía que me corría por las venas.

Cambié de postura, listo para el siguiente oponente. Pero antes de moverme, una voz familiar resonó en el campo de entrenamiento.

—Theodore Nightfang.

Me quedé helado.

Me di la vuelta despacio. Mi madre estaba al borde de la arena. Su pelo rubio brillaba con la luz y sus ojos marrones me miraban fijamente.

Nunca usaba mi nombre completo a menos que estuviera en problemas.

Mierda.

Magnus retrocedió enseguida. Fue listo al no querer meterse entre mi madre y yo.

Tragué saliva y forcé una sonrisita. —Hola, mamá.

Su cara no cambió. —¿Qué haces aquí todavía?

Agarré una toalla y me limpié el sudor de la cara. —Solo entrenaba un poco más.

Vanessa Cameron Nightfang se cruzó de brazos. —Theodore, es tu primer Baile de la Luna. No hace falta que te des una paliza aquí fuera.

Me encogí de hombros. —Necesitaba despejarme.

Su mirada se suavizó un poco. —Estás nervioso.

Me burlé. —No estoy nervioso.

Se acercó y me apartó el pelo húmedo de la frente. Fue un gesto muy simple, pero hizo que se me cerrara la garganta.

—No tienes que fingir conmigo —susurró.

Tragué con dificultad, mirando al suelo.

—Es que... —Mi voz sonó ronca y poco firme—. ¿Y si ella no aparece esta noche?

Mi madre suspiró y me acarició el brazo. —Entonces es que sigue en algún lugar ahí fuera. Y la acabarás encontrando.

Apreté la mandíbula. —Papá esperó quince años.

—Sí —dijo ella con dulzura—. Y me encontró. Así que cada segundo valió la pena.

La miré entonces, notando el calor de sus ojos. Eran los ojos que habían consolado a mi padre en sus peores momentos.

Nunca dudé del amor de mis padres. Era algo poderoso e inquebrantable, forjado en la batalla y el destino. Pero también sabía lo que mi padre había sufrido antes de dar con ella.

Conocía las historias y cómo aquello casi lo destruye. Necesitó pociones y hechizos para controlar a su lobo mientras esperaba.

Y yo no estaba seguro de poder aguantar una espera así.

Mi madre debió notar mi tormento porque me apretó el brazo. —Eres fuerte, Theo. Pase lo que pase esta noche, no estás solo. Y cuando llegue el momento, tu mate valdrá cada segundo de espera.

Respiré hondo, dejando que sus palabras me calmaran.

Luego asentí.

Ella sonrió. —Ahora, ve a arreglarte. Quiero al menos un baile con mi hijo antes de que acabe la noche.

Solté una carcajada breve. —Sí, Luna.

Ella puso los ojos en blanco por el título, pero se dio la vuelta para irse. La vi alejarse. Su presencia siempre me daba paz.

Quizás tenía razón. Quizás solo debía confiar en que el destino sabía lo que hacía.

Pero en el fondo, sentía que mi camino no sería tan fácil como simplemente esperar.

Algo se acercaba.

Y lo iba a cambiar todo.

Me quedé bajo el agua caliente de la ducha. Dejé que el calor relajara mis músculos. Las palabras de mi madre seguían en mi cabeza, pero no lograban quitarme el nudo del pecho.

Quería creer que mi mate estaría allí esta noche. Que no tendría que esperar más.

Que no estaría solo.

Para cuando salí de la ducha y me puse una toalla, ya había anochecido. El palacio rebosaba de actividad por los preparativos. Se oía al personal corriendo por los pasillos y el eco lejano de la música del salón principal.

El Baile de la Luna estaba empezando.

Entré en mi habitación secándome el pelo. No me sorprendió ver que Xander ya estaba allí.

Estaba sentado cómodamente en un sillón junto a la chimenea, con las piernas cruzadas y una copa de cristal en la mano. Aún no se había terminado de vestir. Llevaba pantalones oscuros y una camisa de vestir desabrochada con las mangas remangadas. Su anillo de la familia Nightfang brillaba mientras agitaba el whisky caro que seguramente le había robado a mi padre.

Me miró con sus ojos azules y afilados, analizándome.

—Parece que has estado entrenando todo el día —dijo.

Resoplé y tiré la toalla sobre una silla. —Lo dices como si no fuera mi aspecto habitual.

Se le escapó una mueca. —Buen punto.

Fui al armario y saqué el traje negro hecho a medida. Xander, por supuesto, lo llevaría impecable, con cada botón en su sitio. El mío acabaría algo desaliñado al final de la noche. Soy demasiado inquieto para aguantar mucho tiempo con ropa formal y rígida.

—¿Entrenar antes del Baile de la Luna? —comentó Xander dando un sorbo a su copa—. Muy primitivo por tu parte.

—Necesitaba quemar energía —mascullé mientras me ponía los gemelos.

Xander me observó con astucia. —Estás preocupado.

No le respondí.

Dejó la copa en la mesa de al lado. —Piensas en eso mucho más que yo.

Exhalé con fuerza. —¿Tú no piensas en eso?

Inclinó un poco la cabeza. —No de la misma forma que tú.

Esa era nuestra diferencia. Yo lo sentía todo como un incendio forestal; demasiado caliente, demasiado rápido, arrasándome antes de poder frenarlo. Xander era más frío y controlado. Él jugaba a largo plazo.

Le envidiaba por eso.

Me puse la chaqueta y me ajusté el cuello. —¿De verdad te da igual si tu mate no está hoy allí?

Xander se recostó en el sillón, pensativo. —Claro que me importa. Pero si no está... pues no está. Ya la encontraré, y tú encontrarás a la tuya.

Apreté la mandíbula. —¿Y si tardamos años, como papá?

Se quedó callado un buen rato. Luego suspiró y se pasó una mano por la cara. —Entonces esperaremos.

Lo miré y, por primera vez, noté una grieta en su compostura.

Él tampoco quería esperar.

Pero se le daba mejor disimular.

Antes de que pudiera decir nada más, llamaron a la puerta.

Los dos nos giramos cuando se abrió. Apareció la única persona capaz de hacernos callar a ambos.

Liam Nightfang, el Alpha King de la manada más poderosa que existe.

Y nuestro padre.