Capítulo 1
Hace muchos siglos atrás, entre las montañas, al lado de una laguna de agua infinita, había un pueblo que rebosaba en jubilo, equilibrio, algarabía y fertilidad en las cosechas que se daban año con año en aquel pueblo.
El más amado de los cuatro dioses celestiales de China era aquel lugar, y se llamaba en honor a ellos: Pyong.
Pyong era el pueblo elegido y más amado por ellos: los cuatro Dioses celestiales de China -el Tigre Blanco, símbolo de valor, la Tortuga Negra, símbolo de sabiduría, el Pájaro Rojo, símbolo de pasión, y el Dragón Azul, símbolo de poder.
Cuentan las leyendas que ellos, en ocasiones, bajaban a aquel pueblo, haciéndose de su cuerpo una semejanza con el ser humano - ya sea hombre, mujer o niño.
Regularmente bajaban para saborear la bebida embriagante bendita de Pyong, para olvidarse de las peticiones de sus devotos o las absurdas obligaciones que los mantenían atados al Emperador.
Entre emperadores, al subir al cargo, la primera noche con su reina consorte se contaba una historia ancestral, una leyenda llena de misterio y amor.
La historia era sobre el antepasado de la concubina real sin nombre...
Hace muchos años atrás, Suzaku, el Pájaro Rojo del Sur, se hallaba consumido por una profunda ira y tristeza por la muerte cruel de una humana que tocaba sus melodías favoritas en una guqin (Ruan).
La historia dice que Suzaku se veía todos los días al caer el alba con aquella mujer, mientras el Dios escuchaba embelesado sus melodías,
la miraba con devoción y platicaba con ella...
Hasta que Suzaku quedó irremediablemente enamorado de su belleza, su música y su alma.
Ante este acontecimiento, al enterarse del cruel destino de su amada,
el Pájaro Rojo, Suzaku, lloró inconsolablemente por 55 noches seguidas sin parar, día y noche, llorando amargamente.
Al día 56, sus lágrimas se agotaron y fueron reemplazadas por un fuego intenso que brotaba de sus ojos, un fuego que al resbalar por sus mejillas se convertía en lava.
Al día 80, Suzaku descendió a Pyong sin dudarlo, se acercó a la familia de su amada y les otorgó dones divinos:
- Les dio manos hábiles para crear obras maestras,
- Los convirtió en excelentes cocineros, cazadores y artesanos,
- En destacados danzantes y bailarines del reino.
Y a las mujeres de esa familia les colmó el vientre del poder más fértil del reino.
Mientras que para la familia de su amada fue un regalo divino, para el pueblo de Pyong fue una maldición eterna.
Suzaku, el Pájaro Rojo, descargó su cólera sobre ellos, castigándolos por su cruel indiferencia hacia su amada.
Los maldijo, convirtiéndolos en fieles sirvientes de la casa imperial, condenados a realizar los trabajos más bajos:
- Fertilizar las tierras con escremento,
En su desesperación por purificarse, se sumergían en el lago de Pyong, pero se quemaban como si el agua fuera fuego.
Y así pasaron 30 años desde aquel acontecimiento...
El Pájaro Rojo, Suzaku, consumido por pena y tristeza, dejó de bajar del cielo a la tierra.
