Fallen Skies

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Fallen Skies sigue la historia de Damian Cross, un joven héroe con el poder de la super fuerza y el vuelo, y su relación con Leon Mercer, un compañero con habilidades cósmicas. Juntos, enfrentan peligros inminentes en una escuela para héroes, mientras luchan con sus propios sentimientos y la creciente amenaza de un villano oscuro, Oblivion. A medida que sus poderes y emociones se desatan, el destino de sus corazones y el mundo se ve amenazado por decisiones que pondrán a prueba su lealtad, su amistad y su amor.

Genero:
Adventure/Romance
Autor/a:
Hector
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El sol brillaba con fuerza sobre la pequeña casa de la Familia Cross, situada en un pequeño barrio central de la ciudad. Era una mañana tranquila, sin una nube en el cielo, y el aire olía a tierra húmeda. En el patio trasero, Damian Cross de once años estaba solo, sumido en su propio mundo. En sus manos, sostenía una figura de acción de un superhéroe volador, mientras una colección de figuras de plástico representaba una batalla épica contra monstruos imaginarios. A sus once años, Damian estaba al borde de descubrir el verdadero potencial de sus habilidades, pero aún no lo sabía.

Sus ojos se iluminaban mientras jugaba, creando efectos especiales con su boca. “¡Boom! ¡Zass! ¡Ka—pow!” Las figuras volaban por el aire con una precisión casi mística, impulsadas por su pequeña imaginación. En su mente, todo era posible: los héroes derrotaban a los villanos y rescataban a los inocentes, todo con la velocidad y fuerza de un dios.

A pocos metros, su madre, Lydia Cross, observaba a su hijo desde la ventana de la cocina. Su rostro reflejaba una mezcla de ternura y preocupación. Aunque parecía estar disfrutando de un momento pacífico, había algo en la actitud de Damian que la inquietaba.

—Está raro, ¿no crees? —dijo Lydia, mirando con atención a su hijo mientras jugaba. Su voz sonaba suave, pero el tono que usaba con su esposo denotaba algo de ansiedad—. Lo he notado últimamente. No interactúa con los niños del vecindario como antes, y hoy… Hoy está más tranquilo de lo normal. Como si estuviera… aislado.

Desde la mesa de la cocina, Adam Cross, el padre de Damian, estaba hojeando el periódico del día. Aunque sus ojos se mantenían en las páginas, su mente estaba absorta en lo que Lydia acababa de decir. Bajó el periódico con un suspiro, viendo a su esposa de reojo.

—Lo sé, Lydia. He notado lo mismo. Ya no parece el mismo niño de antes. Su comportamiento es… raro. Como si estuviera esperando algo. Y no sé si es solo cosa mía, pero siento que la presión de tener esos poderes lo está afectando —dijo Adam, frotándose la sien con una mano.

Lydia frunció el ceño, su preocupación claramente reflejada en su rostro.

—¿Crees que es demasiado pronto? Tal vez… tal vez sea demasiado joven para ir a esa escuela. No sé si está listo para manejar lo que está por venir —comentó Lydia, mirando de nuevo a Damian, que ahora había comenzado a hacer volar a sus figuras de acción con una destreza asombrosa.

Adam apoyó el periódico sobre la mesa y se levantó, acercándose a la ventana. Observó a Damian con los ojos entrecerrados, como si tratara de entender lo que pasaba en su mente. Finalmente, dejó escapar un suspiro, resignado.

—Es difícil saberlo. Nadie te prepara para esto. Sé que estamos haciendo lo correcto al dejar que tome sus propias decisiones, pero… sí, tienes razón. La presión debe ser enorme para él. A veces creo que no tiene idea de lo que le espera. Pero es nuestra responsabilidad como padres apoyarlo en esto, aunque nos dé miedo —dijo Adam, mirando a su esposa.

Lydia suspiró, mirando de nuevo a su hijo, que ahora estaba flotando en el aire con las figuras girando a su alrededor.

—Ojalá pudiera darle las respuestas que necesita… —murmuró, sus ojos reflejando una tristeza que apenas podía ocultar.

En ese momento, un ruido fuerte interrumpió la conversación. Un “¡thud!” sordo resonó en el patio. Adam y Lydia se miraron, sorprendidos, antes de girarse hacia la puerta trasera.

—¿Damian? —llamó Lydia, pero no hubo respuesta.

—¡Damian! —repitió Adam, algo más fuerte esta vez, mientras se apresuraba hacia la puerta. Lydia lo siguió rápidamente.

Ambos cruzaron el umbral de la puerta trasera y dieron un paso hacia el jardín. Y allí, en el aire, suspendido a unos pocos metros del suelo, estaba Damian. Flotaba. Literalmente flotaba.

—¡¿Qué…?! ¡¿Damian?! —exclamó Lydia, mirando con los ojos muy abiertos, incapaz de creer lo que veía.

Damian, con una expresión de absoluta calma, estaba suspendido en el aire, las piernas dobladas mientras sus muñecos volaban alrededor de él. Había un brillo en sus ojos, y una sonrisa divertida en su rostro. Sin embargo, no parecía consciente del caos que acababa de causar.

—¡Mamá! ¡Papá! ¡Miren! ¡Soy un héroe! ¡Puedo volar! —gritó Damian, emocionado, mientras giraba en el aire como si estuviera en medio de un espectáculo.

Lydia dio un paso hacia adelante, con las manos levantadas como si pudiera atraparlo de alguna manera.

—¡Damian! ¡Baja de ahí ahora mismo! —dijo, casi con desesperación.

Pero Damian, completamente absorto en su juego, comenzó a dar vueltas, haciendo que las figuras de acción volaran alrededor de él.

—¡Boom! ¡Zass! ¡Ka—pow! —exclamó, como si no hubiera nada raro en lo que estaba sucediendo.

Adam estaba completamente atónito, mirando a su hijo en el aire como si hubiera visto un fantasma.

—¡¿Damian?! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Baja! —gritó, sin poder ocultar la preocupación en su voz.

—¡No sé! ¡Pero está genial! —respondió Damian con una risa en su voz. Su rostro reflejaba una emoción pura, como si estuviera en medio de la aventura de su vida—. ¡Miren! ¡Soy un héroe de verdad!

Lydia trató de mantenerse serena, pero no pudo evitar un leve tono de desesperación en su voz.

—¡Damian, baja ya! ¡Esto no es un juego! ¡Vas a caerte!

Damian, disfrutando cada momento, comenzó a dar pequeños saltos en el aire, como si estuviera brincando sobre un trampolín invisible. Pero pronto se dio cuenta de que estaba ascendiendo más de lo que quería.

—¡Ups! —dijo, soltando una risa nerviosa—. ¡Esto es un poco más alto de lo que pensaba!

—¡Damian, baja! —insistió Adam, acercándose rápidamente.

En un intento por bajar, Damian extendió las manos, tratando de controlar su ascenso. Pero en lugar de aterrizar suavemente, perdió el control y cayó de rodillas al suelo con un ligero “¡pof!” y una nube de polvo. Las figuras de acción cayeron a su alrededor.

Lydia se acercó rápidamente y lo abrazó, ayudándole a levantarse.

—¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? —preguntó, preocupada, mientras lo ayudaba a ponerse de pie.

Damian se levantó, despejándose rápidamente del polvo de la camiseta. Miró a sus padres con una sonrisa inocente.

—No me pasó nada, mamá. ¡Pero fue increíble! ¡¿Vieron cómo volé?! ¡Soy un héroe!

Adam se pasó una mano por la cara, tratando de ocultar una sonrisa.

—Héroe, ¿eh? ¿Seguro que no querías hacer esto en la escuela de héroes? —dijo, intentando disimular la mezcla de asombro y diversión que sentía.

Damian miró a su padre con los ojos brillando de emoción.

—¡No! ¡Quería probarlo aquí primero! ¿Qué tal si soy un superhéroe secreto?

Lydia se agachó a su altura y lo miró fijamente.

—Hijo, no puedes ir por ahí flotando sin control. Necesitas aprender a manejar eso antes de que te metas en problemas. La escuela de héroes es para eso.

—¡Lo sé, mamá! ¡Pero estaba tan emocionado! —respondió Damian, abrazando a sus padres con una sonrisa traviesa.

Adam suspiró, mirando a su esposa con una leve sonrisa.

—Bueno, parece que tenemos mucho que enseñar aún —dijo, pasando una mano por su cabello.

Algunos días después, el cielo seguía tan claro como la mañana en la que Damian había descubierto sus poderes. Sin embargo, algo en el aire había cambiado. Un leve nerviosismo flotaba sobre la familia Cross mientras se dirigían hacia un destino incierto: una escuela especial para jóvenes con habilidades extraordinarias.

La mañana era fresca, y el sonido del coche de los Cross resonaba suavemente en la carretera mientras se alejaban de la ciudad. Los árboles de ambos lados de la carretera parecían fluir con el viento, pero el paisaje ya no parecía tan familiar. Un leve silencio se apoderó del automóvil, sólo interrumpido por el murmullo del motor y las ocasionales palabras de Lydia.

—¿Estás nervioso, Damian? —preguntó Lydia, mirando por el espejo retrovisor mientras veía a su hijo sentado en el asiento trasero.

Damian, con la vista fija en el paisaje, asintió lentamente. Había algo en el aire que lo hacía sentirse raro, incómodo, pero al mismo tiempo, no podía negar que había una pequeña chispa de emoción corriendo por sus venas. No estaba seguro de lo que le esperaba en esa escuela, pero sabía que allí aprendería a controlar lo que acababa de descubrir en sí mismo.

—Un poco... —respondió, con la mirada fija por la ventana—. Pero, ¿y si no soy lo suficientemente bueno?

Lydia giró ligeramente la cabeza para darle una mirada alentadora.

—No te preocupes, cariño. Esa es la razón por la que vas allí. Ellos te ayudarán a entender todo esto. Todos los que van a esa escuela tienen algo especial. Tú no eres el único.

Adam, que conducía, intervino con una voz profunda y serena.

—Exacto. Todos allí están aprendiendo a controlar lo que tienen. Vas a estar rodeado de chicos que son como tú, Damian. Y lo más importante es que no estás solo.

El coche siguió avanzando, alejándose cada vez más de la ciudad, hasta que finalmente llegaron a su destino: una escuela rodeada de un gran campo abierto, con varios edificios de estilo moderno dispersos por el terreno. El lugar tenía un aire imponente, pero a la vez acogedor, con jardines bien cuidados y caminos de piedra que se entrelazaban como si fueran venas que conectaban todo el lugar.

Damian bajó del coche, mirando la escuela con curiosidad. Era más grande de lo que había imaginado, y no podía evitar sentirse un poco pequeño frente a la majestuosidad del lugar. Su madre le dio una palmadita en la espalda mientras lo guiaba hacia la entrada principal.

—Vamos, hijo. Es hora de conocer tu nueva escuela por los próximos años.

Al llegar a la entrada, fueron recibidos por un hombre alto, vestido con un elegante traje oscuro, aunque su porte no dejaba de ser impresionante. Tenía una mirada tranquila, pero la autoridad en su rostro era innegable. Él extendió una mano con una sonrisa cálida.

—Bienvenidos a la Academia de Héroes, familia Cross. Soy el director Vincent Hawke. Es un honor tener a Damian aquí —dijo el hombre, con una voz que transmitía confianza y serenidad—. Entiendo que es un día importante para ustedes. La transición no siempre es fácil, pero les aseguro que su hijo estará en buenas manos. La escuela se ha encargado durante décadas de guiar a los jóvenes en la búsqueda del control de sus poderes.

Damian estrechó la mano del director, sintiendo una extraña sensación de calma en el contacto. No era un gesto común, pero la firmeza en la mano de Hawke y la calidez de su sonrisa lo tranquilizaron un poco.

—Gracias, señor Hawke. Apreciamos mucho que nos haya recibido —dijo Adam, con una ligera sonrisa.

—Por supuesto, señor Cross. Aquí estamos para ayudarles a ustedes y a Damian —El director se giró hacia Damian—. En esta escuela, aprenderás no solo a controlar tus habilidades, sino también a entender tu propósito. Aquí no solo entrenamos a héroes, también preparamos a personas para ser mejores y más fuertes, dentro y fuera de sí mismos.

Damian asintió, aunque las palabras del director todavía no lograban calmar completamente los nervios que sentía.

—Gracias, señor —dijo, mientras sus padres se adelantaron para seguir al director por los pasillos del edificio.

Mientras caminaban, Damian observó todo lo que había a su alrededor. El edificio era impresionante: largos pasillos adornados con estatuas de antiguos héroes y vitrinas llenas de trofeos y recuerdos. Pero lo que más le llamó la atención fue un gran campo de entrenamiento visible desde una de las ventanas. Podía ver a algunos chicos en el campo, practicando sus poderes, volando o haciendo otras demostraciones de fuerza.

—Este es el campo de entrenamiento —dijo Hawke, notando que Damian lo miraba con interés—. Es donde los estudiantes pueden entrenar, perfeccionar sus habilidades y aprender a trabajar en equipo. Al final de la tarde, tendrás una oportunidad de ver más de cerca cómo se entrenan tus compañeros.

Damian no pudo evitar sentirse intrigado. Los chicos en el campo parecían tan seguros, tan en control de sus poderes, algo que él aún no podía decir de sí mismo. Pero al menos, podría aprender.

Poco después, el director los condujo hacia un área más tranquila, donde un par de bancos y un pequeño camino de piedra conducían hacia un rincón apartado del campus. Al caminar por ahí, Damian observó a un chico de cabello oscuro y rizado que caminaba hacia él. El chico lo miró, y por un momento sus miradas se cruzaron.

—Hola —dijo el chico con una sonrisa amigable, extendiendo la mano hacia Damian—. Soy Leon Mercer ¿Es tu primer día aquí?

Damian asintió, un poco nervioso pero sonriendo de vuelta. Era reconfortante ver a alguien que parecía tan relajado en un lugar tan imponente.

—Sí, es mi primer día. Me llamo Damian —respondió, estrechando la mano de Leon. Por un momento, los dos permanecieron en silencio, como si buscaban qué decir a continuación.

Leon rompió el hielo rápidamente.

—No te preocupes, aquí no muerden —dijo Leon con una sonrisa burlona. Sus ojos brillaban con una chispa divertida—. Todos estamos en el mismo barco. Y créeme, la mayoría de nosotros aún estamos tratando de averiguar cómo controlar nuestros poderes.

Damian soltó una ligera risa, aliviado por la actitud desenfadada de Leon.

—Eso es bueno de saber. Creo que necesito algo de ayuda para controlar los míos —dijo, mirando las manos, como si esperara ver algo extraordinario.

—Puedo ayudarte con eso, si quieres. Yo también tuve problemas al principio —respondió Leon, con un tono confiado—. Lo bueno es que aquí, todos nos apoyamos.

Damian sonrió, agradecido por el ofrecimiento. Tal vez este lugar no sería tan malo después de todo.

Ambos chicos comenzaron a caminar por el campo, charlando sobre lo que esperaban del entrenamiento y de lo que había en la escuela. La conversación fluía de manera natural, y aunque Damian no podía evitar sentirse un poco nervioso por lo que vendría, al menos sabía que no estaba solo en esto. Y con suerte, haría más amigos como Leon.

El primer día de clases en la Academia de Héroes pasó rápidamente. Damian y Leon se encontraron en varias de las mismas lecciones, desde entrenamiento físico hasta clases teóricas sobre el control de poderes. A lo largo de todo el día, Damian no pudo evitar notar que todos los demás estudiantes parecían tener un aire de seguridad en sí mismos que él aún no poseía. Algunos volaban por el aire sin esfuerzo, mientras que otros demostraban una fuerza que parecía sobrehumana. Sin embargo, Leon estuvo a su lado en todo momento, guiándolo y explicándole cómo lidiar con la ansiedad que venía con tener poderes tan incontrolables.

En su clase de entrenamiento, el profesor Elias Kane, un hombre de apariencia seria pero de carácter bondadoso, les pidió a los estudiantes que trabajaran en pareja para practicar el control físico de sus poderes. A pesar de que Damian se sentía inseguro, su entrenamiento había sido bastante positivo. Después de varios intentos fallidos, empezó a controlar mejor su superfuerza. Con un suspiro de alivio, finalmente pudo levantar una gran roca que, antes de su entrenamiento, parecía imposible de mover sin causar un desastre.

—¡Lo lograste, Damian! —exclamó Leon, quien había estado observando mientras practicaba sus propios movimientos.

Damian soltó una risa nerviosa mientras dejaba caer la roca suavemente al suelo. No podía creer que había logrado controlarla tan bien después de tantos intentos fallidos.

—Creo que sí. Aunque no pensé que iba a lograrlo... —respondió Damian, mirando la roca con una mezcla de asombro y alivio.

—Te dije que podrías hacerlo. Todos aquí estamos aprendiendo, incluso los que parecen tenerlo todo bajo control —dijo Leon, dándole una palmada en la espalda—. No está mal para un primer día.

Después de la clase, los dos chicos se dirigieron a la azotea de la escuela, donde el sol comenzaba a descender. El aire fresco y la vista panorámica de la escuela les ofrecían un respiro después de una jornada agotadora. Ambos se sentaron en el borde del techo mientras la luz cálida del sol parecía vigilarlos, observando cómo otros estudiantes continuaban su práctica en el campo de batalla.

—Esto es raro, ¿no? —comentó Damian, mirando a su alrededor—. Todo esto... Me siento fuera de lugar, pero al mismo tiempo, parece que aquí es donde debería estar.

Leon asintió, con una expresión pensativa en su rostro.

—Lo entiendo perfectamente. A mí también me costó encontrar mi lugar al principio. Pero, créeme, con el tiempo te acostumbras. Este lugar está lleno de personas como tú, que tienen poderes extraordinarios, pero también tienen dudas, miedos... Todos están aquí por una razón. No somos tan diferentes después de todo.

Damian sonrió, agradecido por las palabras de su amigo. Durante todo el día, había sentido una gran desconexión con sus propios poderes, pero escuchar a Leon hablar con tanta seguridad le daba esperanza.

—Gracias, Leon. En serio. A veces siento que no soy tan especial como todos los demás.

Leon lo miró con una mirada comprensiva.

—Damian. No tienes que ser perfecto para ser especial. Solo tienes que ser tú mismo.

Damian asintió, sintiendo que algo dentro de él cambiaba. Por primera vez, no sentía que su poder fuera una carga, sino una parte de él que podía aprender a controlar.

Ambos se quedaron en silencio por un momento, observando el atardecer en el horizonte. El cielo se teñía de tonos anaranjados y violetas, mientras que el campo seguía vibrante de energía.

Finalmente, Leon rompió el silencio, mirando a Damian con una sonrisa cálida.

—Oye, ¿quieres hacer una promesa?

Damian lo miró, intrigado.

—¿Una promesa? ¿De qué hablas?

—Quiero que lo prometas —dijo Leon con una expresión seria—. A partir de ahora, pase lo que pase, siempre vamos a ser amigos. No importa lo que suceda en el futuro, no importa lo que hagamos o a dónde vayamos, siempre nos apoyaremos. Y lo más importante... nunca pelearemos el uno contra el otro. ¿Lo prometes?

Damian sonrió al ver la determinación en los ojos de Leon. En ese momento, aunque su mente estaba llena de dudas sobre su futuro, su corazón sentía que esa promesa tenía un peso enorme. Una promesa que trascendía la amistad, algo más profundo.

—Lo prometo —dijo Damian, levantando la mano hacia el cielo, como si sellara las palabras con un juramento invisible.

Leon también levantó su mano, apretándola con fuerza.

—Lo prometo —respondió Leon, sonriendo con esa misma chispa que había mostrado desde el primer momento en que se conocieron.

Ambos chicos se quedaron en silencio, contemplando el atardecer juntos. El mundo parecía haber detenido su marcha por un momento, y aunque el futuro parecía incierto, Damian no podía evitar sentirse un poco más tranquilo. Sabía que, pase lo que pase, al menos tenía a Leon a su lado.

—Siempre amigos —murmuró Damian, con una sonrisa pequeña pero sincera.

—Siempre —repitió Leon.

Y con esa promesa sellada en sus corazones, ambos se quedaron allí, mirando las estrellas que comenzaban a aparecer en el cielo nocturno, listos para enfrentar lo que el destino les deparara.