1: De vuelta a la aldea.
Yomogi: Mmhh... Ya se tardó...
Toda la aldea se habia reunido en la entrada de Kamura, la mayoría habían interrumpido sus actividades diarias, pues hoy era el gran día en el que la joven Cazadora Sara, la mejor, la más fuerte y que había conseguido superar las misiones más difíciles, había aceptado la misión de acabar con el dragón anciano Narwa, la creadora.
Esta no era una misión sencilla, se trataba quizá del desafío más grande al que se habia enfrentado la aldea en toda su historia, por fin habían conseguido dar con el frenesí que volvía locos a los monstruos por toda una temporada, los valientes cazadores de Kamura les habían hecho frente durante años pero ahora por fin se tenía la oportunidad de arrancar este mal de raíz.
Y Sara había ido sola a combatir a aquella bestia...
Yomogi: ¿deberíamos ir a buscarla? Ya pasaron diez horas... Jamás se había tardado tanto.
Volvió a hablar Yomogi, la dueña de la casa de té, una joven chica muy trabajadora a la que se le notaba el inmenso cariño que tenía por Sara, cada vez que esta se iba de misión pasaba primero a comer un par de ricos dangos con Yomogi para fortalecerse. La admiraba demasiado, cuando fuera grande deseaba ser una gran cazadora como ella.
Fugen: Ten más confianza en ella pequeña, recuerda que estamos hablando de Sara, ella sola se ha enfrentado a todo lo que el frenesí le ha lanzado y ha salido victoriosa una y otra vez, confío en que esta ocasión no será diferente.
Le dijo el anciano Fugen, el grandioso y honorable líder de la aldea. Por fuera actuaba igual de risueño y confiado que siempre, pero por dentro también estaba preocupado por la chica... Diez horas luchando era demasiado, incluso para él en sus mejores tiempos.
Sobra decir que el también guardaba un aprecio inmenso por la chica, en poco tiempo se había convertido en el orgullo de la aldea, la luz de Kamura, la salvadora del pueblo de cazadores... Tenía que regresar...
Hinoa: Anciano Fugen...
El viejo cazador se dio vuelta, encontrándose con Hinoa, una de las preciosas wyverianas que, además de ser una gran cazadora, fungia como gestora de misiones para el gremio de cazadores.
Hinoa: ¡Oh, Hinoa! ¿Cómo estas? ¿Ya te sientes mejor de tus nervios?
Hinoa casi siempre era muy tranquila y nada le apuraba, pero desde que comenzó esta misión había estado hecha un manojo de nervios, ni siquiera quería comer (que era lo que más le gustaba en el mundo).
Hinoa: ya estoy un poco mejor... Pero estoy tratando de no caer en la desesperación con cada hora que pasa.
Fugen: Narwa no es una criatura fácil de tratar, es más grande que cualquier otro monstruo que hayas visto, pero descuida, tengo confianza en que Sara volverá en una pieza.
Hinoa: Si... sobre eso... uhm, q-queria preguntarle si habia considerado mi propuesta sobre... uhm, sobre la recompensa de Sara cuando esta vuelva.
Fugen sonrió de medio lado y se cruzó de brazos.
Fugen: Oh si, ya lo recuerdo... Quieres casarte con ella ¿cierto?
Hinoa: s-si... deseo ser su esposa, ya estoy en edad para casarme y... creo que podría ser una buena esposa para Sara, así como la antigua jefa de la aldea lo fue para usted
Fugen suspiro, recordando a su esposa a la que una plaga se la había llevado hace años... no había día en que no la recordará
Hinoa: desde que empezó su camino como cazadora la he observado, siempre alegre, siempre dando ánimos y esperanza a todos en la aldea con su gran forma de ser, tan cálida... y más en un momento tan oscuro como este, en medio del frenesí... no recuerdo cuando fue el momento en el que supe que estaba enamorada de ella. Pero, uhm...
Fugen: pero tu hermana Minoto también quiere ser su esposa
Hinoa arrastro la mirada al suelo, y luego volteo a ver a su hermana, quien estaba sentada en el banco de la avenida principal de la aldea, desde donde se podía ver más fácilmente a quienes llegaban a Kamura
También parecía mortificada, ella si que era más seria y reservada, pero cuando se trataba de Sara también se le notaba que no podía contener sus sentimientos por ella
Fugen: ¿siguen peleadas?
Hinoa: Si... hace tres días que no le hablo, y me duele porque jamás había pasado, siempre habíamos sido muy unidas pero... nos enamoramos de la misma persona
Fugen: a mi también me duele ver como han resultado las cosas para ustedes... si ya lo hablaron y no quieren compartir el matrimonio, pues habrá que buscar la manera de resolverlo...
Hinoa: Si... espere, ¿que dijo? ¿Compartir el matrimonio?
Fugen: ¿Eh? ¿No lo sabias?
Hinoa: ¡No! ¿¡Qué significa eso?!
Hojo: deja que yo se lo explique...
En eso se unió a la conversación el maestro Hojo, el más viejo y sabio de la aldea, quien se encargaba de gestionar las misiones más peligrosas para los cazadores más experimentados, un hombre rechoncho y bonachon qué veía a Sara como su hija, y que le tenía un gran cariño y estima
Hojo: Hace cincuenta años, el predecesor de Fugen también se vio afligido por una situación similar. Una joven Cazadora wyveriana quería ser su esposa, pero, una nómada del desierto también deseaba ese honor. Al principio comenzaron a competir, decidiendo que quien cazara al monstruo más peligroso sería quien se quede con el jefe. La wyveriana cazo un enorme Mitsuzune, y la nómada un gran Anjanath, ambos monstruos muy respetables y terminaron en empate... Así que el antiguo jefe decidió tomarlas a las dos como esposas, creando la ley del matrimonio múltiple. Si todas las partes están de acuerdo, se puede tener un matrimonio de tres o más personas
Fugen: Los antiguos fundadores de Kamura tenían una ley similar, mi predecesor solo rescato esa antigua tradición...
Hinoa: entonces... ¡esta diciendo que...!
Hojo-- si todas las partes están de acuerdo, pueden contraer matrimonio, sin importar que sean tres o más personas
Hinoa: esa, esa es... ¡la solución que estaba buscando! ¡gracias, gracias de verdad a los dos!
Hinoa salto de la alegría y corrió a abrazar a los dos ancianos, quienes sonrieron al ver la cara de felicidad y enamoramiento de la chica
Hinoa: iré a contarle a Minoto, ¡estoy segura de que la noticia también la hará feliz!
Exclamó y se fue corriendo a donde estaba su hermana
Hojo: jeje, parece que Hinoa por fin ha crecido... me pasa lo mismo que con Sara, no me di cuenta del momento en que se volvió una adulta
Fugen: son la siguiente generación amigo, y en ellas recae la tarea de criar a la siguiente, Kamura siempre será la cuna de los más grandes cazadores...
Hojo: ooh, espera, creo que veo algo...
Hinoa llego hasta donde estaba su hermana, quien se abrazaba a si misma, se sorprendió de ver a su hermana acercarse a ella
Minoto: ¡Hinoa! ¿Estas...?
Hinoa: Minoto, tengo que hablar contigo, el anciano Fugen me dijo que...
Yomogi: ¡Miren, ahí viene!
Las miradas de todos los habitantes se pasaron sobre la entrada, en donde se podían ver unas siluetas bastante conocidas acercándose
Sara estaba de regreso, aunque tenía una pierna lastimada y un brazo vendado, caminaba apoyada de su compañero Canyne, y su Felyne saltaba de alegría anunciando que habían regresado
Sus armaduras y trajes estaban chamuscados y ennegrecidos por los ataques eléctricos del Narwa, pero estaban bien, en una sola pieza, y como siempre, Sara volvía con una sonrisa
Sara: ¿Eh? ¿Pero qué es esto?
Preguntó sorprendida, al ver que toda la aldea empezaba a gritar su nombre y a celebrar que había regresado.
Yomogi: ¡Volvió, esta de vuelta!
Grito emocionada corriendo hacia la cazadora, junto con otro par de niños de la aldea. Yomogi se le lanzó encima a Sara para abrazarla, y esta la recibió con un quejido de dolor
Yomogi: ¡nunca dude de ti, estoy muy feliz de que estés de vuelta!
Sara: y-yo también mi querida Yomogi, p-pero me estas lastimando jeje, creo que me rompi las costillas...
El resto empezó a acercarse, rodeandola de aplausos y vitores
Sara: pero esto... Maestro Hamon, Kagero, ¿que hacen todos aquí reunidos?
Fugen: ¡Jajajaja, pues creo que es obvio! Estábamos esperando a que nuestra heroína volviera en una pieza
Sara se sintió conmovida, todo mundo la estaba esperando, todos sus queridos amigos estaban ahí reunidos
Utsushi: Mi más grande alumna, mi mejor aprendiz, ¡ahora por fin has superado a tu maestro! Estoy tan feliz que creo que podría...
Los ojos del maestro Utsushi, el sensei de Sara, se aguaron
Hojo: Todos estamos felices de que hayas regresado, ¡rápido, que alguien atienda sus heridas! Necesita estar bien para la gran fiesta que vamos a tener esta noche.
Sara: ¿fiesta?
Hojo: ¡Así es, vamos a celebrar un gran festival! Con la caída de Narwa el frenesí ha terminado, Kamura vuelve a estar a salvo y es todo gracias a ti chica. Desde hoy serás conocida como Sara, la salvadora del Kamura, que a donde vayas tu nombre y tus hazañas sean dignos de admiración.
Todos a su alrededor alzaron el brazo y gritaron, volviendo a aplaudir y clamando el nombre de Sara, haciendo que a esta se le escape una pequeña lágrima... Las piernas le dolían, tenía algunas costillas rotas y moretones por todo el cuerpo, pero en su corazón solo había una inmensa calidez, Kamura era su hogar, y estaba aliviada de haberlo salvado al fin...
Fugen: ¡De acuerdo, todos a la sala de reuniones, hoy interrumpimos todas las actividades para celebrar que nuestra heroina ha vuelto!
Nuevamente todo mundo grito de alegría, este sin duda seria un día digno de recordar...
Unas horas después, cuando la noche había caído, la aldea celebraba con música, bailes y mucha comida, los cazadores compartían historias y alzaban sus tarros para brindar a la salud de la futura líder de la aldea, que ya no había duda de que sería Sara.
El anciano Fugen levantaba dos enormes barriles de cerveza y estaba dispuesto a vaciarlos el solo para demostrar que aun podía beber como cuando era joven.
El maestro Hojo estaba rojo del rostro debido a todo el alcohol, y no paraban de repetir lo orgulloso que estaba de su querida Kamura, y de Sara.
Y hablando de la reina del baile... Sara se encontraba en la parte de arriba de la sala de reunión, un lugar un poco más solitario, pues seguía siendo tratada de sus heridas.
Utsushi: esta vez si que te exigiste demasiado...
Dijo el maestro de la chica, terminando de vendar su torso desnudo, le había aplicado un ungüento medicinal especial que hacía que los huesos se recuperen en tiempo récord.
Utsushi: Listo, ya puedes voltearte
Sara, con su cabello color rosa recogido en una coletas, dos líneas rojizas qué bajaban por sus ojos, y una boca encantadora delineada por sus labios rojos como una rosa, le sonrió.
Sara: maestro, no necesita ser tan formal conmigo, usted me ha visto desnuda muchas veces cuando me curaba las heridas del entrenamiento.
Utsushi: lo se, pero como tu maestro no puedo perder de vista la línea del respeto, por mucho que seas mi querida aprendiz.
Sara se río, y miró hacia abajo, a toda la aldea celebrando
Sara: adoro esto... ojalá todos los días puedan ser de esta manera
Utsushi: a partir de ahora lo serán, el frenesí ha terminado al fin, podremos disfrutar de un largo período de paz y armonía... Perfecto para expandir las tierras de siembra, reconstruir las viejas fortificaciones y casas para la gente que decida quedarse aquí y... Quien sabe, quizá sentar cabeza
Sara volteo interesada
Sara: ¿tu, querido maestro? ¿Sentar cabeza?
Utsushi: Ah no lo se, estuve pensándolo un poco, ahora que ya te has graduado tengo que empezar a entrenar a la siguiente generación de cazadores, quizá hasta pueda dejar un sucesor
Sara: pues eso suena maravilloso si me lo preguntas, si necesitas ayuda con eso puede decirme, no se mucho sobre el tema de las relaciones, pero encontraré la forma de ayudarle
Utsushi sonrió y se sentó al lado de Sara, la chica le tenia la suficiente confianza como para estar cubierta solo por el pantalón de su armadura de Mitsuzune, las vendas que me cubrían la zona de los pechos, y el resto del cuerpo desnudo, su piel blanca adornada por un montón de cicatrices por todas partes.
Utsushi: ¿que me dices de ti? ¿Has pensado en eso?
Sara: mmhh pues... La verdad es que no me gusta hablar del tema.
Utshushi: ¿por que no?
Sara: Usted... Sabe mi secreto, lo que, bueno, lo que tengo entre las piernas
Utsushi asintió, el conocía bien el secreto de la chica.
Provenía de una tribu especial en la que algunas mujeres nacían con un aparato reproductor masculino... se les conocía como Futanari, y aunque no eran muy comunes, las que existían solian ser marginadas y apartadas por no ser normales.
Afortunadamente Sara termino en Kamura, donde la gente podía ver el valor de cada persona más allá del aspecto físico.
Pero de todas formas, Sara guardaba algo de odio hacia si misma por esa condición
Utsushi: No veo que tiene de malo.
Sara: esta cosa que tengo entre las piernas es... complicada, todavía me cuesta dar explicaciones a los recien llegados cuando me preguntan por que los pantalones que me hace el maestro Hamon son de hombre... no creo que ninguna chica quiera fijarse en mi para formar una familia, mucho menos un hombre... pero estoy bien con eso, ya lo acepte. Prefiero dedicar mi vida a defender Kamura, concentrarme en la caza
Poso su mano sobre el mango de una de sus espadas, hechas a partir del primer Magnamalo que cazo, sus armas más fieles y poderosas.
Sara: después de todo, le debo mucho a mi aldea por haberme aceptado a pesar de mi naturaleza
Utsushi sonrió por lo bajo, tal vez ya era hora de darle la noticia...