ÚNICO MOMENTO
“Todo este silencio y paciencia, ansiando.
Me tiemblan las manos por no contenerte”
Los gritos eran eufóricos y podían escucharse afuera del KSPO DOME. La adrenalina corría por las venas de todas esa fans que poseían la dicha de mirar a su artista favorito, sobre todo de aquellas que estaban lo suficientemente cerca como para poder tocarlo. Jeon JungKook era uno de los Idols más aclamados del momento, no sólo por su atractivo varonil, también por su gran talento para cantar, componer y bailar.
Causaba fulgor en donde quiera que se paraba a cantar y justo ahora está dando el concierto de su vida. El escenario es completamente suyo, lo siente y lo demuestra con cada acción que ejecuta, sus pasos de baile son limpios, son perfectos para todos aquellos que se deleitan con su imagen. Logra contagiar su energía con solo mover las caderas al ritmo de la pieza musical y eso hace que los gritos se enciendan.
— ¡Canta conmigo, ARMY!
Y ellas enloquecieron, porque lo aman y harían cualquier cosa por él.
Los sentimientos no se contenían, las chicas no estaban diseñadas para eso y a JungKook le encantaba, sobre todo cuando mira a la cámara y sonríe. Más de un corazón era conquistado, pero él suyo sólo pertenecía a alguien muy especial que lo miraba desde una pantalla, en espera de poder reencontrarse con él más tarde, en vivo, a todo color y en 3D.
La canción terminó y los gritos de ARMY nuevamente se encendieron con pasión. JungKook miró todo lo que estaba ahí para él, frente suyo. Observó con devoción cómo se iluminaba ese mar de fans que tanto le ha dado en todos estos años. No sería nada sin ellas, porque muchas estuvieron ahí desde el inicio, cuando era demasiado tímido como para mostrar su lado más salvaje, uno que no conocía en ese entonces. Todos recuerdan al pequeño JK, un chico de tan sólo quince años intentando conquistar a su país, pero terminó por dominar a todo el mundo.
Sus fans eran de distintas nacionalidades y todas completamente fieles a él, a lo que era como artista y también como persona. Ellas volvían un éxito rotundo cada una de las canciones que sacaba al mercado y le brindaban el honor de recibir premio tras premio.
Se quedó un momento completamente quieto escuchando la ovación que era sólo para él. Cerró los ojos para disfrutar, para sentir cada grito que entraba por sus oídos. Su nombre era aclamado y su piel se erizaba con poder. El bendito sentimiento de estar sobre un escenario era algo que no quería cambiar por nada del mundo. Más que una profesión, era su mundo entero. Es por lo que siempre luchó y no lo dejaría, aun cuando haya hecho muchos sacrificios, y quizá pesaba un poco no poder hacer una vida normal, pero por la ovación lo daría todo sin dudar.
Quizá.
— ¡ARMY!
Ellas volvieron a gritar, con sus ojos llenos de lágrimas, su maquillaje completamente desecho y sus cuerdas vocales dañadas. Nada en esas chicas era insulso, lo daban todo por JK.
—Una vez más lo hicieron… una vez más me hacen sentir muy afortunado—decía y tocaba su corazón con una mano—No puedo verlas a todas, pero sí que puedo escucharlas, puedo incluso sentirlas… aquí—señaló su corazón—tienen un lugar muy importante y jamás me cansaré de agradecerles todo lo que hacen por mí.
El sentimiento de esas palabras hacía que las fans gritaran descomunalmente. Se reventaban los tímpanos y ni siquiera les era relevante. Tratándose de JK dando su discurso de agradecimiento como en cada concierto, ellas fluían sin poder contenerlo, porque lo amaban, porque lo admiran en demasía.
— ¡Quiero casarme contigo! —gritó una de ellas.
El poder de ese grito fue tanto que JungKook se sorprendió y abrió sus ojos de una manera sumamente tierna. Sus mejillas adquirieron un color rosado precioso que a todas hizo suspirar y reír como bobas. Guio sus ojos hacia abajo mientras vacilaba en su lugar pensando qué decir, pero el recuerdo de un rostro encantador que seguramente en este momento está sonriendo le hizo cambiar rápidamente su expresión a una completamente engreída.
— ¿Quieres casarte conmigo? —inquirió y se auto señaló—Soy alguien difícil de manejar. No cualquiera puede conmigo.
“Hay alguien” pensó mientras su sonrisa se ampliaba y reía burlón por lo que había causado en sus fans. Gritaban otra vez, reían, suspiraban, lloraban. Cada vez que había un concierto de JK todo era una locura. Se volvían ansiosas… intensas.
—Como sea—le restó importancia y sonrió encantador—Ustedes tienen un lugar, insisto. Y son importantes para mí, es por eso que me esfuerzo todos los días para traerles buena música… dado que ha pasado un tiempo y ahora que estamos aquí, quiero darles un regalo.
Sonrió con malicia y nuevamente las luces se apagaron. El silencio reinó, pero no durante mucho tiempo, porque el estallido de una nueva melodía resonó en todo el lugar. La voz hipnotizante acompañó la pista, provocando que todo volviera a la locura. Sonreía seductor mientras caminaba por el escenario con ese porte que ya lo caracterizaba, pero no duró demasiado, porque sus bailarines aparecieron e iniciaron con una coreografía simple. Al llegar la parte del coro, las chicas vibraron por ver los pasos tan perfectamente ejecutados de su Idol. Era sexy, era sublime, lo era todo en ese momento.
Se dieron cuenta de que era una canción muy diferente a las anteriores. Ya había hablado del amor, pero esta ocasión era algo más intenso, haciendo alusión al fuego como un sentimiento que no se contiene, que explota y que te hace arder cuando estás con la persona correcta.
En la mente del artista solo había un nombre, un rostro, unos labios preciosos que desea devorar lo antes posible. Y por él es que ahora canta esta canción para todas sus fans.
Terminó de cantar, pero la música no se detuvo, y continuó con una coreografía que a simple vista parecía complicada, pero que le quedaba perfectamente con su estilo seductor. Era un pequeño homenaje al rey del pop quien seguramente se sentiría muy orgulloso y honrado si pudiera verlo en persona. Es que la forma de bailar de JungKook tenía algo que te cautivaba, y su voz era el plus que te hacía caer completamente rendida a su merced.
La música nuevamente se detuvo, y los gritos reventaron el lugar. Era la primera vez que cantaba esa canción en vivo, y casi enseguida salieron los anuncios para su lanzamiento.
13 de octubre.
Parecía una fecha simple, pero detrás de eso había algo muy significativo para él, algo que moría de ganas por gritar a los cuatro vientos.
Lo que hay en su interior no debería ser un secreto, y a veces la impaciencia pareciera que puede ganar la batalla, pero es cuerdo, es comprometido con su labor y nunca hace oídos sordos a lo que su manager le recomienda (ordena). Aunque los límites existen y ya está llegando al suyo. Tantos años invertidos dentro de la industria musical y a veces siente que un descanso podría ser necesario, o tomar las riendas de su vida personal.
Cuando las luces se encendieron miró nuevamente a su público y sonrió satisfecho. Una nueva pieza sonó y los gritos fueron ensordecedores. Le encantaba que sus fans tomaran posesión del concierto, dejándolo de lado a él con su voz y básicamente siendo un espectador más.
Fluía con el ritmo, dejándose llevar por la letra que compuso para su persona especial en un día bastante curioso. A veces hablar por un teléfono celular no era suficiente, porque lo necesitaba en 3D, en carne y hueso.
Pensando en ello fue que bajó del escenario para interactuar con sus chicas y les cantaba las estrofas de una de sus canciones favoritas, pero en su mente solo había una persona. Su dueño total.
Caminó en el borde muy cerca de ellas, con los ojos abiertos observaba a su alrededor y coqueteó con la cámara estando consciente que del otro lado alguien lo miraba con ojos libidos. Cuando el coro llegó echó un grito para inyectar más energía y se subió a la barrera para cantar a todo pulmón, sin contar que las manos traviesas de sus fanáticas no se inmutaron en tocar gran parte de sus pectorales, abdominales y costillas.
La incomodidad fue algo inevitable, pero con la adrenalina encima lo ignoró por completo y permaneció unos cuantos segundos sin oponerse hasta que bajó y subió de nueva cuenta al escenario. Bailó con pasión y sonrió ante la cámara nuevamente, pero ya no surtía el mismo efecto del otro lado, porque algo tan simple que duró sólo segundos era motivo suficiente para perder la paciencia. El secreto se había vuelto incontenible.
JungKook culminó ese concierto con manos temblorosas y con mucha adrenalina recorriendo todo su cuerpo.

“Hay una escotadura en tu forma.
Dejaste tu marca en mí.
Un tatuaje dorado”
Al volver a la realidad, después de más de dos horas sobre el escenario, se siente un agotamiento en sus hombros, pero no es eso lo que le preocupa, más bien era que al otro lado de la línea nadie le atendía la llamada. Estaba nervioso y con los ojos abiertos rogando al cielo que nada malo sucediera, porque entonces tres años estarían perdidos.
Una vez que la adrenalina se fue entendió lo que sucedió, pero no lo frenó a tiempo sólo para no ser grosero o mal educado, sin embargo, HoSeok tenía razón.
—Es toda la verdad, JK. El hecho de que te hayas acercado no era motivo para que tocaran de más.
—Me dejé llevar—expresó con preocupación—Ni por error me pasó por la mente que serían capaces de algo así, ¿sabes? Son jovencitas, soy mucho mayor que ellas.
—No es para tanto—bufó NamJoon; su manager—Eres su artista favorita. Era más que evidente que te tocarían. No desaprovecharán la oportunidad.
—Quizá, pero no es agradable—hizo una mueca—No cuando no es él quien me está tocando.
JungKook era reservado, quizá un tanto deliberado, pero siempre selectivo con las personas de su círculo. Muchos en Corea del Sur tenían una imagen de él que ellos mismos crearon, todo a base de rumores absurdos donde se especula que es todo un fuck boy que disfruta de las mujeres, el sexo y el alcohol. Tenían la teoría loca de que en cada concierto alguna fan afortunada firmaba un contrato de confidencialidad y terminaba en la cama del guapo artista. Pero no estaba ni cerca de su realidad.
Sí terminaba en la cama de alguien, pero no era con ninguna de sus fans. Y ese alguien ahora mismo no le responde las llamadas.
—No seas exagerado, JK—NamJoon le restó importancia—Sólo fueron unos cuantos segundos, nada de cuidado.
—Te equivocas—negó y mostró la pantalla de su celular que evidenciaba cuántas llamadas sin contestar había hecho en los últimos cinco minutos—JiMin no quiere atenderme y estoy seguro de que es por ese error.
Park JiMin; el otro Idol del momento que tenía enamorado a todo Corea del Sur y gran parte del mundo, pero era de la agencia de entretenimiento contraria. Era un chico rubio, de facciones delicadas y sumamente encantadoras que, no sólo poseía belleza etérea, también un gran talento para cantar, bailar y componer. Fue inevitable que JungKook cayera a sus pies cuando lo conoció en un evento de Dior en París. Coincidieron, hablaron e hicieron click. Desde hacía tres años que sostienen una relación muy formal, una donde abunda el amor y se lo demuestran todos los días a pesar de tener agendas apretadas, y de que sus managers estén en contra.
Al ser de agencias diferentes, se supone que deben de competir por ver quién es el mejor, pero ninguno tenía intenciones de hacerlo. Al contrario. Compartían sus logros, festejaban las victorias juntos y se apoyaban mutuamente. No importaba que uno fuese mejor que el otro, no era motivo de envidia, sólo de orgullo y de satisfacción por estar juntos.
Eran similares en ciertos aspectos, empezando por la música, pero sus estilos eran completamente diferentes. Mientras JiMin poseía unja voz angelical, JungKook lo contrastaba con su poderío. Se complementaban y según muchos fans; harían una linda pareja. Nadie tenía idea de lo que sucedía entre ellos. Sus agencias se han esforzado por mantener esa relación entre las sombras, porque según sus opiniones; no les favorecería en lo absoluto y crearía una disputa entre sus comunidades.
Para JungKook era absurdo. Estaba seguro de que si salían al ojo público todo sería una locura, y aun cuando las fans se opusieran, no dejaría a JiMin por nada del mundo. Él es su más grande amor. El único que puede manejarlo.
—Bien sabe cómo funciona este mundo, así que evite hacerse el ofendido cuando tú solo estás complaciendo a tus fans—habló con desinterés.
—NamJoon—el azabache usó un tono de advertencia.
—Es lo que es, Jeon…
—Con JiMin las cosas no funcionan así—negó en seguida y golpeó con su lengua el interior de su mejilla—Me lo ha dicho muchas veces y básicamente es un acuerdo mutuo. Así como él detesta que me toquen, yo también lo hago. No soporto que se le acerquen demasiado.
—Es parte del negocio—lo miró aburrido.
—Lo que nosotros tenemos es sagrado y se debe respetar.
—NamJoon no puede decir lo mismo porque ni siquiera tiene pareja… y no es famoso—se burló HoSeok.
—Pero si estuviera dentro de eso, evitaría a toda costa tener pareja—refutó y miró su representado—Deja el drama y mejor prepárate para despedir a las fans que pagaron la zona VIP.
—Debo volver a casa lo antes posible. JiMin debe estar furioso…
—Primero lo primero, Jeon JungKook—sentenció con autoridad—Después arreglas tus asuntos con tu noviecito.
NamJoon era un tanto… escéptico con temas del amor. No creía que dentro de la industria musical hubiese sinceridad en ese sentimiento y es por eso que se dio la vuelta para organizar al staff. JungKook lo miró molesto y con los puños apretados para después golpear el aire con exasperación.
—Te entiendo, hermano. Si algo similar me sucediera, seguramente TaeHyung me mataría.
Jung HoSeok era su bailarín principal y prácticamente hermano del alma. Si había alguien que conocía sus intimidades era él. Siempre lo apoyaba y estaba ahí en el escenario cuando algo no salía bien. Montaba las coreografías de sus canciones y pasaban ratos agradables en las prácticas.
—Si yo soy celoso… JiMin es peor—expresó JungKook con miedo y comenzó a caminar a la zona de fans—Sé que me va a matar… es más, hasta acá ya puedo escuchar sus gritos y sus maldiciones.
—Es que… en realidad fue como un accidente—intentó consolarlo—Estoy seguro de que lo entenderá.
—No, no lo hará—negó se pasó una mano por su cabello azabache—Es una fiera que la mayor parte del tiempo se disfraza de gatito.
—El enano no puede ser más fuerte que tú—se rio un poco.
—Lo es—asintió y sonrió orgulloso.
Puede que ahora esté asustado, pero eso no es impedimento para sentir mucha satisfacción de saber que JiMin es su novio. Es afortunado, lo sabe, porque el rubio no le prestaría atención a cualquiera. Durante mucho tiempo recibió varias propuestas, unas decentes, otras indecorosas, no sólo de Idols, también de empresarios reconocidos, fans, reporteros, y hasta la realeza. Acaparaba la atención absoluta de muchos y lo disfrutó en su momento al mostrarse completamente inalcanzable, todo hasta que JungKook apareció y lo conquistó con su bonita sonrisa de conejito.
El sentimiento era mutuo.
—Puedo hablar con TaeHyung para que vaya a calmarlo—ofreció HoSeok.
—No—negó enseguida y suspiró—Es mi cabeza la que quiere, no pondré en riesgo a tu novio.
Aunque tal vez sólo Kim TaeHyung era capaz de controlar a JiMin. Ambos se autoproclaman almas gemelas destinadas a brillar. Mientras uno era cantante, el otro era un súper modelo cotizado en todo el mundo y uno de los más aclamados por las pasarelas de París en la semana de la moda. Tal vez eso era lo que más deslumbró a HoSeok cuando lo conoció gracias al rubio, o tal vez era que conocía a TaeHyung simplemente como persona y no como la celebridad que es.
Gracias a JiMin ellos se conocieron y son felices juntos.
—Como quieras entonces—suspiró HoSeok—Yo te dejo, porque ese bombón me está esperando en casa. Suerte con tus fans y… con JiMin.
—La voy a necesitar—le hizo un puchero.
El castaño se alejó con su mochila al hombro mientras que JungKook intentaba calmar los gritos desesperados de su interior. En su cabeza ya todo era un lío total, y entre más intentaba llamar más se preocupaba. Seguramente JiMin debía estar como loco o incluso llorando, porque así era de dramático e intenso, sin embrago, dichas cualidades que, bien podrían ser defectos, eran lo que más le enamoraban. Era todo lo que le encantaba de su personalidad.
Tuvo que salir con su mejor cara y con una sonrisa dibujada en su rostro. La escotadura de su camisa dejaba un poco al descubierto su pecho, ese que fue tocado sin su consentimiento, ese que sólo le pertenecía a su lindo novio y le urgía dejárselo en claro.
Intentó ignorar la preocupación y se dedicó a firmar autógrafos para su fans, aunque esta vez mantenía una distancia prudente, intentando evitar a toda costa que esas manos peligrosas tocaran aquello que ya estaba marcado por alguien más.
Recibió elogios por su actuación y por su talento, pero sobre todo, por esa manga de tatuajes en su brazo derecho. Sus fans quisieron tocar pero no se los permitió, fingiendo que no escuchaba sus peticiones descabelladas, aunque sí respondió preguntas sobre los significados de algunos. Había varios de ellos que fueron hechos con el fin de brindarle honor al hombre que ama. Varios eran de él, se habían adherido a su piel como una promesa eterna, pero el tatuaje más valioso e importante lo llevaba en color dorado sobre su corazón.
Y ese era el nombre de Park JiMin.
Su dulce JiMin… quien justo ahora no era tan dulce.

“Estoy derramando vino en la bañera.
Besas mis labios y los dos estamos borrachos”
Sus manos tiemblan en el volante sin quitar la mirada de enfrente, aunque de vez en cuando mira hacia donde tiene el chat de JiMin con los miles de mansajes que recibe, pero que no lee.
Sabe… sabe que le espera una revolución en cuanto pise su casa. No se opondrá a las muchas quejas que su chico lindo le dirá, porque en cierta parte siente que lo merece. Sólo unos cuantos segundos lo llevaron a un lío del que posiblemente no saldrá vivo.
Su casa luce silenciosa y las luces están apagadas en su totalidad. Tiene miedo, no va a negarlo. Y se queda parado frente a la puerta después de haber dejado su mercedes estacionado a un costado de la fuente. Se devuelve por un momento para analizarlo mejor, y es que en todas las posibilidades JiMin bien podría hacer su maleta y marcharse.
Sólo niega con la cabeza, pero algo curioso en la fuente le hace retroceder y mirar con mayor atención. Su ropa… esa que vale mucho dinero está ahí mismo regada por todos lados. Sus ojos miran hacia la ventana de la habitación que comparte con su amorcito y nota que la ventana está abierta.
Realmente la ropa no es problema, pero JiMin es tan dramático que es capaz de armar un desastre. Es tan intenso cuando se molesta que nadie intenta siquiera hablar para opinar algo. Sus ojos son como cuchillas filosas que se incrustan con dureza y con la posibilidad de desgarrar. JungKook sabe qué escenario va a encontrar cuando entre, pero esperaba todo menos un par de maletas al pie de las elegantes escaleras.
— ¡Cielo bonito! —le llama con cautela y mira de mala manera las maletas. Por nada del mundo lo dejará ir— ¡Hablemos!
Contrario a escuchar su voz, sólo se oyó un sonido seco de un vidrio impactando contra el suelo.
JiMin sabe cuáles son las cosas preciadas en la vida de JungKook y una de ellas era la colección de vinos y licores que tiene en su sala feliz. Para cuando el azabache ingreso a dicho lugar se encontró con los estantes vacíos… su consola, su maldita consola no está. Lo material sigue siendo lo de menos, pues le preocupa que su chico bonito se haya lastimado las manitos o que incluso esté haciendo una locura.
Guiado por su corazón es que llega a su habitación principal y mira enseguida que la luz del baño se asoma por la puerta semi abierta. Corre y se encuentra con esa bella criatura transformada en bestia derramando el vino en la bañera.
Genial.
Los vinos más caros se están yendo por la alcantarilla, pero al menos sabe que no está lastimado, solo se cayó una botella de vino por motivos de accidentes y movimientos mal ejecutados.
—Cielito bonito—le llamó con cautela—Primero quiero que me escuches…
— ¡A la mierda! —le gritó y lo miró con un puchero—Teníamos un trato… poco hombre. ¡Ay! ¡Pero si Taylor Swift me lo dijo! ¡Todos son iguales!
—Taylor se equivoca. Yo no soy igual que sus ex hijos de puta—lo miró ofendido y se acercó un poco.
—Ni siquiera intentes tocarme con esas manos sucias—le advirtió.
Era un mal momento para pensar que JiMin lucía demasiado sexy con ese traje azul celeste, con esos rulos rubios que deslumbran y con esos labios rojos besables. Pero supo que no terminaría bien cuando bebió un trago largo a la botella para después desecharla dentro de la bañera. Seguramente estaba medio borracho y eso podría complicar las cosas un poco. Pero nada que no se solucione con paciencia.
Estaba ansiando llevarlo a la cama y devorarlo.
—Yo no las toqué—se defendió y alzó las manos—Ellas fueron las abusivas.
—Eso es lo que diría un infiel—se quejó y lo miró molesto sin dejar de vaciar la botella.
—JiMin, no te fui infiel—se rio un poco.
— ¿Qué? ¿Ya no soy cielo bonito? —hizo un puchero grande y nuevamente dio un trago a la botella—¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Ahhh! ¡Desgraciado!
—Relájate un poco… mi cielo bonito…
— ¡No me digas así! ¡Canalla!
—Necesitamos hablar… aclarar esto—nuevamente se acercó con cautela—Todo tiene una explicación convincente.
—Sí, claro—se rio y tomó otra botella—Me dirás que bajaste del escenario y te dejaste llevar por el momento, por tus fans locas. Que pasaste por ahí, te subiste y ellas sólo tocaron, pero que no hiciste nada porque no reaccionaste a tiempo y porque no querías ser grosero… y luego dirás que no volverá a pasar, porque así son todos… mentirosos, infieles… ingratos.
JiMin le había leído la mente, porque eso era exactamente lo que le explicaría de la forma más suave y dulce posible. Es que no había más que decir, eso fue lo que exactamente sucedió, pero si lo decía así sonaba bastante absurdo, era como intentar justificar sus cometidos de la forma más estúpida porque no hallaría nada lógico para convencerlo.
— ¡¿Lo ves!? —se rio y dio otro trago a la botella— ¡Quiero el divorcio!
—Pero no estamos casados—habló con temor.
— ¡Pues quiero el divorcio!
Terminó de vaciar la botella y salió con ella hacia la habitación. El enojo y los celos no le permitían pensar correctamente, porque le volvía loco ver que alguien podía tocar lo que es suyo… JungKook era suyo… su novio… futuro esposo y padre de sus hijos que aún no han procreado por sus managers que se oponen rotundamente a ese hecho, y porque sus carreras no se lo permiten. Tal vez si se embaraza de él en este momento podrá quedárselo para siempre… pero son estupideces. ¿Cómo puede pensar en algo así?
Tenía muy en claro cuáles eran las cosas que lo sacaban de quicio. De alguna u otra forma tomaría venganza por la falta a su trato más sagrado. Cuando menos se lo esperaba bajaba por las escaleras con JungKook detrás llamándolo una y otra vez, pero su concentración estaba en la pantalla de su celular marcando a alguien que serviría perfectamente para su venganza.
— ¡Minie! Qué bueno recibir tu llamada. Vi el concierto…
—Hola, TaeMin.
Se giró para ver a JungKook con malicia, muy consciente de lo que estaba provocando. Fue espectador de cómo la vena de su sien se marcaba y cómo empujaba con su lengua la mejilla izquierda. Necesitaba darle un poco de los celos que le consumieron después de ver cómo esa fanática lo tocó. Y TaeMin, al ser alguien de muy poco agrado para el azabache, era la opción perfecta y se dejaría usar sin problema, porque de alguna u otra forma buscaría sacar ventaja de la situación con tal de estar cerca.
Así era él. Desde que conoce al rubio ha estado enamorado de él. Alguna vez estuvo a punto de avanzar, de siquiera lograr una cita, pero Jeon JungKook a apareció y jamás se fue. Cualquier mal entendido lo usaría en su favor, realmente ni siquiera le importaba que JiMin estuviese vulnerable y medio borracho, eso le servía perfectamente.
—Ven a recogerme. Te doy la dirección. No demores.
—Enseguida voy.
El pitido anunció el fin de esa llamada tan corta, pero que en JungKook provocó una ola de celos que no se contendrían. Se redujeron los últimos peldaños cuando bajó hacia él para intentar acercarse, pero el chico se alejó con esa misma sonrisa llena de malicia.
— ¿Te vas a vengar? Toma en cuenta que yo no estoy llamando a SoYeon para que venga por mí.
—Sólo eso te falta, desgraciado… infiel—expresó y se rio burlón.
Una discusión no era buena idea ni tampoco opción. Aunque JungKook se sintiera sumamente molesto por que haya llamado a TaeMin, no permitirá que eso lo maneje, mucho menos si JiMin tiene copas encima. Además lo conoce. Hace cualquier cosa cuando pierde el control y es que mantener este secreto estaba resultando más complicado de lo que ellos hubiesen imaginado.
“Nuestros momentos secretos.
En una habitación con personas.
No tienen idea sobre ti y sobre mí”
A veces, mantenerse juntos en una habitación con personas era como una tortura. Ambos son tan posesivos y sentimentales que necesitaban estar cerca todo el tiempo. Quizá habían ido demasiado rápido con su relación, pero nadie les diría cómo hacerlo o cómo quererse. Los momentos secretos se quedaban en ellos y brillaban en sus ojos que nadie era capaz de mirar con atención.
Quizá eso los abrumaba demasiado, quizá por eso JiMin era en extremo celoso y no soportaba cuando las fans se acercaban demasiado a JungKook. Pero éste… ni se diga de sus celos, también los ha expresado en más de una ocasión. Eran oleadas incontenibles, los hacía temblar de miedo, de frustración, de agotamiento. Algo tan lindo como lo que ellos tenían no merecía estar oculto. No merecía ser un secreto.
—No lo voy a hacer, JiMin—se negó e intentó acercarse, pero nuevamente se lo negaba—No hagas esto… sabes que TaeMin y yo… lo sabes, sólo…
—Eso debiste pensar—insistió y dio un pisotón el suelo— ¿Sabes qué? Yo también puedo hacer conciertos para dejar que me toquen. Algo mejor sería aventarme sobre todos mis fans o… salir a citas con ellos.
—Estás diciendo incoherencias—lo miró divertido para intentar aligerar la situación.
— ¿Eso piensas? Vaya iluso, mi amor—se burló y tomó su celular para hablarle a alguien— ¡Hola, Jin!... Sí, vi el maldito concierto. Y eso me dio una idea… tú solo escucha, querido. ¿Qué te parecen las citas con fans? Para mi próximo concierto escoges a diez fans que hayan pagado el VIP y después agendamos citas con ellos, de preferencia que sean hombres, altos, guapos, fuertes… sí, uno de esos, que me cargue y me lleve con él… perfecto…
— ¡Ni se te ocurra hacer esa mierda, Jin! ¡Está estrictamente prohibido!
La llamada fue finalizada por JungKook. En un arrebato sólo le quitó el celular a su novio para impedir que hiciese locuras, porque era muy capaz de hacerlo con tal vengarse. Era bastante extremista y aunque el azabache lo sabía perfectamente, no pudo contenerse, porque la situación estaba rozando el límite. Primero TaeMin y luego esto. Se volverá loco.
— ¿Qué te pasa? Dame mi celular, Jeon—se acercó a él, pero luego lo empujó.
—Tenemos situaciones diferentes, no puedes hacer semejante cosa… y no lo pienso permitir—sentenció con molestia y guardando el celular del rubio en su bolsillo trasero.
—No te estoy pidiendo permiso—lo retó y se cruzó de brazos—Tú dejas que ellas te toquen, perfecto. Yo puedo tener citas con mis fans.
—Ni se te ocurra, porque me conoces perfectamente. Soy un loco hijo de puta que no mide las consecuencias—lo señaló con un dedo.
— ¿No las mides? ¿Y qué mierda fue lo del concierto? Tú sabes que eso me hace explotar y aun así lo permitiste. Pues lamento decirte que no eres mi dueño y que haré lo que yo quiera…
—JiMin, no continúes con esto…
El ding dong del timbre los interrumpió y JiMin sonrió malicioso. Las consecuencias de cruzar esa puerta para marcharse con TaeMin serían grandes. Tres años de relación se irían completamente a la basura, pero no era ignorante de ello. Y aun así tomó sus maletas para caminar hacia la puerta bajo la mirada sorprendida de JungKook.
A veces sentía que no podía con esto, había algo más que sólo celos detrás de esta escena épica y absurda. Había sentimientos que ya no podía contener, y de alguna u otra forma necesitaba hacer un llamado de emergencia para que lo escucharan, para que supieran que no la estaba pasando bien entre las sombras.
Pero JungKook nunca se quedaba de brazos cruzados, no tratándose de JiMin. Su cuerpo le impidió dar un paso más cerca y cerró la puerta de golpe. En sus ojos se reflejaba algo más que sólo celos o impaciencia. Eran anhelos, deseos reprimidos, tres años ocultando algo que el mundo debía saber.
—Tú no te vas de aquí y menos con ese estúpido—sentenció con voz oscura.
“Mierda, qué hot”
JiMin lo sabía, sabía que no lo permitiría, pero seguía enojado y necesitaba mucho más que sólo esto.
— ¡YoonGi!
El hombre pálido de mirada felina que fue llamado por su jefe, apareció en el salón con un rostro completamente inescrutable, como si no hubiese escuchado toda la discusión.
—Dígame, señor Jeon.
—Deshazte de TaeMin—ordenó sin dejar de mirar fijamente los ojos del rubio.
— ¿Qué quiere que haga con él, señor?
—Échalo de vuelta a la perrera… cava un hoyo y entiérralo. Aviéntalo por el acantilado, yo qué sé. Solo desaparécelo de mi propiedad.
—Muy bien, señor.
El hombre se marchó por el mismo lugar y luego el silencio reinó hasta que gritos afuera se hicieron presentes, seguido del chirrido de neumáticos de un auto que se marchaba a toda velocidad. Todos le temían al guardaespaldas de JK. Sólo bastaba una mirada y unas cuantas palabras para hacer temblar a cualquiera. TaeMin no sería la excepción. Y era por eso que el azabache le pagaba una buena cantidad por sus servicios.
—Igual me voy a ir, Jeon—sentenció JiMin y se dio la vuelta.
—He dicho que no y se hace lo que yo ordeno.
La réplica del rubio nunca llegó, porque su novio era tan fuerte y ágil que lo levantó en el aire como saco de papas para cargarlo y llevarlo a su habitación. Planeaba atarlo a la cama y hacerle una de cosas para remediar los daños causados, además se excitaba con facilidad si lo veía iracundo o haciendo dramas por toda la casa.
— ¡Bájame! ¡No seas cabrón! ¡Infiel! ¡Desgraciado! ¡Hombre tenías que ser!
—Di todo lo que quieras, de aquí no te vas hasta que hablemos.
— ¡No quiero hablar! ¡Ah! ¡Maldito!
Pero eso último no se escuchó como grito, más bien como un gemido porque JungKook le había dado una fuerte nalgada. Mordió su labio inferior con su interior hirviendo en algo extraño, aunque igual no ignoraba que estaba enojado. Era ágil también, pero cuando su sangre sulfuraba. El azabache no se hubiese esperado que patalearía tanto que lograba desestabilizarlo, pero aun así subía las escaleras con determinación y le daba nalgadas para que se relajara.
No lo consiguió.
En el descanso más grande de las escaleras, JiMin logró desestabilizar lo suficiente al fortachón como para que lo dejara en el suelo. Ambos caen casi por las escaleras, pero fue consciente cuando se tomó unos cuantos segundos para respirar. El alcohol en su sangre estaba menguando y eso hacía que sus pensamientos fuesen más claros.
JungKook estaba recargado en la pared respirando un poco agitado para liberar el susto de caerse con JiMin de las escaleras, sólo eso le faltaba. Nunca creyeron llegar a tanto, el rubio fue presa de muchos sentimientos, más que los celos, pero ahora se sentía culpable al ver todo lo que había ocasionado. No quería pelear, creyó que podía estar sereno, pero las inseguridades fueron más fuertes que la cordura.
“Todo este silencio y paciencia, ansiando.
Me tiemblan las manos por todo esto”
—Perdón—susurró y se sentó sobre el descanso—Es que esto es… está siendo demasiado—se cubrió el rostro con sus manitos temblorosas—Ya no puedo más… ya no quiero estar en silencio. He pensado que quizá puedo retirarme de la música, pero yo no podrá obligarte a hacer algo así. Estoy harto de sólo estar contigo encerrado en cuatro paredes y fingir que soy paciente… pero la realidad es que estoy ansiando salir al mundo y gritar que te amo con todo mi ser. Que eres mío y que odio que tus fans se acerquen demasiado. Odio tener que contenerlo todo el tiempo, sobre todo cuando estamos en público. Lo único que quiero es ser feliz contigo. Eso es todo.
El sentimiento era compartido. El gran suspiro que JungKook dejó salir era prueba de ello. Su corazón latía en parsimonia con el ajeno, pero era mucho más que sólo un sentimiento de amor. Cada mal trago que JiMin experimentaba podía sentirlo también. Si él lloraba, lo acompañaba y tomaba su manito justo como ahora está haciendo mientras se sienta a su lado.
Comparte las frustraciones, los miedos, la inseguridad. De tan sólo pensar que era capaz de marcharse con TaeMin o incluso salir con sus fans, hacía que su sangre sulfurara y le quebrara los sentidos. Pero era más el deseo de estar a su lado que pelear o incluso reclamarle por el desastre.
Hace poco se terminó de construir esa mansión, más que por un capricho y darse un lujo, tenía el propósito de hacer un espacio digno de JiMin. Era su futuro, todo lo que representaba en una vida juntos y anhelaba amarlo de todos las formas posibles en un lugar que fuese completamente de los dos.
JiMin era el rey de su mansión, de todo lo que tenía. No iba a pelear con él por algo que era mucho más que un sentimiento de celos o de inseguridad. Compartía esa carga, a veces suspiraba de más de solo pensar y pensar. El límite estaba cerca, lo rozaban con la yema de los dedos. De alguna u otra forma explotarían, y es JiMin quién ya no lo contiene.
—Se ha vuelto agotador en el último año—JungKook comenzó a hablar—Hay veces en las que también quisiera dejarlo todo e intentar hacer una vida normal, pero supongo que ya es demasiado tarde para ello—le sonrió, lo abrazó por los hombros y depositó un beso cariñoso en su mejilla—También odio que tus fans se acerquen demasiado. No soporto al puto de TaeMin y me da cólera de solo pensar que puedes estar con alguien más. Sé que estás cansado… te apoyo en eso. Sé que con el pasar de los días se vuelve complicado, pero aun cuando sientas que todo se viene abajo, no te atrevas a dudar de todo el amor que siento por ti. Yo te amo… sólo a ti puedo mirarte aun cuando tengo miles de fans frente a mí.
— ¿Entonces por qué dejas que te toquen?—inquirió con voz infantil y angustiada.
JungKook sonrió y sintió algo cálido emergiendo de su interior. JiMin emanaba tanta ternura que era inevitable caer rendido a sus pies. Sin embargo, al ver sus ojos cristalizados, sus mejillas sonrojadas y ese puchero adorable en sus labios, una punzada en el pecho se instauró. Lloraba, quizá por una insignificancia, pero le atormentaba, todo lo demás era una carga y esto podría ser un pretexto para desbordarlo todo. Y no importaba, realmente le preocupaba más que estuviese bien y contento.
—Ya lo dijiste tú hace un rato, y es absurdo… tanto que me avergüenzo, pero es lo que pasó—hizo una pequeña mueca y tomó su manito para acariciarla suavemente—Me sentí incomodo, pero no quería crear una mala imagen. Aun así te aseguro que no volverá a suceder.
—Pero ella te tocó—le hizo un puchero más grande—No me gusta que toquen lo que es mío…
Aun conservaba en su mente la idea de pelear, de escuchar algo más convincente que eso, no obstante, sus labios no dejaron salir palabras porque habían sido reclamamos para ser basados, y quizá ser silenciado, pero no porque no deseara escucharlo, más bien por acudir a ese sentimiento que pedía ser calmado. Le brindaba tranquilidad y seguridad, incluso si sostiene con una mano su mejilla, acariciando suavemente para no permitir que las lágrimas continúen bajando.
Suspiros de alivio compartían. Si había un ápice de inseguridad pronto menguaría. Ahí en la privacidad de su casa eran capaces de entender que estarían juntos sin importar las complicaciones y que harán lo que sea necesario para protegerse.
—Tal vez ellas me tocaron por unos cuantos segundos, pero yo sólo te toco a ti… todos los días, a cada día, a cada minuto, a cada segundo… incluso en mi mente te estoy tocando de todas las formas más indecorosas que existen.
La fijación que JiMin tenía por la voz de JungKook en un momento de tensión era irremediable. Su corazón se lo decía mientras latía con fuerza, incluso sentir su aliento aun chocar con sus labios lo ponía bastante vulnerable.
—Mierda—el rubio masculló y cerró los ojos—Ahora quiero que me folles.
—Será un placer, cielo bonito.
“Di mi nombre y todo esto se detiene.
No te quiero como un mejor amigo.
Solo me compré este vestido para que me lo quites”
Se volvió inconcebible cuando JungKook fue encima de su novio. Devoró sus labios carnosos, jugosos y humectados con bálsamo de cereza, dejando de lado cualquier rastro de sentimientos negativos. Todo era con fuerza, con cierto desespero, porque en primer lugar esperaban este momento sin drama de por medio. Cada cual tocaba cómo deseaba, con disfrute y con goce. El sentimiento de sus manos viajando por debajo de sus ropas era intenso, les hacía vibrar, y eso que aun estaban sentados en las escaleras.
—Vamos a la habitación—pidió JiMin al desprenderse un poco.
—No, lo haremos aquí—sentenció—Ya estoy duro y necesito acabar con esto.
La sonrisa de JiMin fue brillante y llena de deseo. Tan inesperado fue el momento que olvidó por completo su sentimiento iracundo, ahora lo cambiaba por la excitación, por la lujuria, mientras JungKook se abría paso entre sus piernas. El frío suelo hizo contacto con su espalda aún a través de la tela de su ropa, por eso gimió bajito, pero delicioso para los oídos contrarios.
Su cuerpo era tratado con delicadeza, pese a que el pelinegro traía encima cierto afán, trataba de ser delicado para no impactarlo contra el suelo o siquiera lastimarlo. Ya suficiente era la culpa por ese pequeño error y la melancolía de recordar cómo sus ojos estaban rojos por el llanto. No tomaba a la ligera sus sentimientos, no importando que NamJoon aseguraba que era exagerado. Si afligía demasiado a JiMin entonces era importante, y haría lo que sea para compensar sus lagrimas, su dolor, todo.
La manera en que lo hará sentir especial es efectiva; lo admira desde donde ha quedado hincado para quitarse su chamarra de cuero. Cuando hizo esta mansión imaginó muchas veces que usaría cualquier rincón para poseer el cuerpo de su amado, y era por eso que el primer descanso de las escaleras era lo suficientemente grande. No pensó que lo ocuparía tan rápido.
—Qué lindo traje—JungKook lo halagó sin dejar de mirarlo.
—Sólo me lo compré para que me lo quites—coqueteó y pestañeó.
— ¿Habías preparado algo especial?—preguntó y se sacó la camisa.
—Una cena—puchereó—Pero lo arruiné con mi ataque de celos…
—No arruinaste nada—le sonrió y acarició su mejilla—Mas tarde cenamos. Primero me encargo de ti.
Invadieron muchas sensaciones a JiMin al sentir la succión en su cuello. Una bella y poderosa marca apareció, brillando posesiva porque lo tenía como objetivo. Se inclinó hacia adelante para hacer exactamente lo mismo, pero no fue solo una; dos marcas se fijaron en la piel de JungKook, muy a la vista de cualquiera.
—Y dile a NamJoon que coma mierda—ordenó JiMin con sorna—No las vas cubrir con maquillaje y me vale un carajo que tengas más conciertos.
—Lo mismo va para Jin entonces—advirtió con una ceja arriba.
—A mí no me da miedo mi manager—sonrió de lado.
Deseaban ir en contra de sus representantes y mandar todo al carajo sólo para ser felices. Mientras se besaban lo pensaban; basta de vivir entre las sombras ocultando su amor y de solo atisbar cada vez que les toca mirarse de lejos. Ya no podían ir en contra de ello, no cuando sus cuerpos arden a la par e intentan fundirse con esas prendas encima. Pero estorban y a los pocos segundos comienzan a llover escaleras abajo, sin importar que eran costosas y que al inicio tenían un objetivo, por ahora deseaban acabar juntos y perdidos en la excitación.
Cuando sus cuerpos tienen contacto al desnudo, ambos perciben oleadas de calor que los hacen sonrojarse de las mejillas, pero no se separan ni por error. Es JungKook quien lo toma de los glúteos para elevarlo un poco y envía una orden tácita que espera sea atendida.
Los movimientos de JiMin son sensuales al girarse para quedar de espaldas a su novio, y es entonces que queda vulnerable ante él, porque conoce perfectamente sus intenciones. Pero no pasa nada al instante. Lo que sucede es que JungKook está siendo hipnotizado. La espalda de JiMin es hermosa, delicada y con curvas que no cualquiera posee. Ese traje celeste se veía precioso en su cuerpo. La imagen está muy clara en su memoria; un pantalón de pinza medianamente holgado que le llegaba a las caderas, una camisa corta de color blanco que dejaba expuesta la piel de sus caderas, y un saco que solo le llegaba las costillas. Pero desnudo es mucho mejor, sobre todo si le empina su trasero de forma tan descarada y sensual. Está pidiendo algo que nunca hace falta en sus noches más salvajes o románticas de sexo.
Sus manos se posan en las caderas ajenas, y el portador siente cómo la adrenalina y la excitación incrementan rápidamente. Se pega a él para sentir su falo duro y erecto, pero es detenido antes de siquiera sentir un roce.
—Hacemos las cosas a mi modo, ya sabes cómo funciona esto—le habló JungKook con voz sensual.
—Y más te vale que lo hagas bien—lo retó.
De los belfos de JiMin salió un grito ahogado. JungKook disfrutaba mucho de golpear sus nalgas una y otra vez, unas ocasiones por diversión y otras como castigo. Pero en parte así tomaba posesión de su cuerpo, de todo su ser.
Lentamente lo arrinconó contra el barandal para que encontrara un punto de apoyo, y con sus manos fuertes manipulaba su cuerpo para que tomara la posición que necesitaba. JiMin quedo en cuatro, con su espalda haciendo una curva mientras su respiración se agitaba.
Los ojos de JungKook eran hambrientos, llenos de lujuria y deseo. Desde ahí ya se lo estaba comiendo con la mirada y podía sentir un dolor ligero en su falo. Sus labios fueron a parar a la espalda ajena justamente donde estaba ese tatuaje precioso de las fases lunares, ese que vio cuando se lo estaban haciendo. Su mano tatuada lo sostuvo fuerte de la cadera para que no se le escapara y de ahí decidió que ya no iba a parar.
Eran pequeños los gemidos de JiMin, pero mientras más descendió el azabache, más aumentaba el volumen. El primer chupetón apareció en uno de sus mofletes y no se inmutó en gemir fuerte y claro.
—JiMin… mi precioso JiMin.
Cada vez que JungKook decía su nombre, todo a su alrededor se detenía. Su voz era profunda, era sensual y lo hipnotizaba al grado de dejarlo mansito, vulnerable y completamente perdido.
La excitación corrió peligrosamente cuando sintió cómo la línea estaba siendo cruzada. Sus nalgas eran abiertas y JungKook no reparaba en jugar con uno de sus dedos. Delineó la división hasta que su dedo invadió el territorio sensible, mientras su cuerpo era atacado por muchos escalofríos que le erizaban la piel. En ambos el sentimiento era profundo, pero a JiMin lo debilitaba en mayor medida, sobre todo cuando sintió cómo si esfínter era delineado cuidadosamente. Aferró sus manitos al barandal tratando de contenerse un poco para disfrutarlo mejor, pero los gemidos salían por sí solos, y eso que JungKook no estaba siendo tan brusco.
—Tú piensas que podría fijarme en alguna fan—habló JungKook sin detener sus tareas—Y la realidad es que yo pienso en ti todo el tiempo. En tus ojos, en tus labios… en tu culo… en lo bien que me recibes cuando te la meto.
— ¡Agh! ¡Mierda!
El cuerpo de JiMin se retorció y sufrió uno que otro espasmo por la intromisión de ese dedo largo. Escuchó cómo JungKook escupía en su esfínter y pronto la calidez de su saliva le hizo estremecer. Respiraba agitado, con los ojos cerrados y con sus manitos aferradas al barandal.
A veces la espera podía ser tortuosa y exasperante, pero tratándose de JungKook todo era excitante y lleno de fuego.
Su cuerpo volvió a encenderse al sentir movimientos en su interior con ese único dedo, pero rápidamente pasaron a ser dos que hacían tijeras lentamente. Su espalda era acariciada con devoción, con anhelo, con amor puro y sincero. JungKook tenía la costumbre de admirarlo como a una bella obra de arte, única en el mundo y que era completamente suya.
— ¿Crees que ellas me provocan algo? Aun cuando una manos ajenas se atrevan a tocarme, yo sólo pienso en ti y en lo bien que te voy a coger después de mi concierto.
Con solo la voz de JungKook fue posible que un gemidito saliera de la boca de JiMin. Y se sonrojó, porque se mostraba tan débil ante él, con tan poco, con tan sólo le hablara al oído sentía que se venía con fuerza. Y sólo él podía manipularlo a ese grado, claro que no tenía problema con ello. Se mostraba tal cual, sin miedos, sin temor, porque no lo tomaba como ventaja, sino como motivo de llegar lejos haciendo el amor, de sentirlo suyo en toda la extensión de la palabra.
Las vibraciones en su cuerpo eran únicas, sobre todo si dirigía la vista hacia abajo para darse cuenta de que prácticamente estaban en un segundo piso. Vaya puercada que podría resultar esto, pero era tan excitante que la vergüenza desaparecía. Era una completa imagen pornográfica estando en las escaleras de esa elegante mansión mientras JungKook le mete dos dedos por el culo. Bien que lo folla así, a veces delicado, a veces hambriento. Y cada cual disfruta el momento, de los gemidos que se esparcen rápidamente y de la excitación que sube con cada segundo.
La unión de sus cuerpos también se hace mediante las caricias, JungKook es experto en ello, con sus dedos entrando y saliendo, con su mano tocando la espalda de JiMin y con las mordidas que le deja en sus nalgas. Suspira pesado porque su propia erección duele, pero está tan perdido en la forma en que sus dedos son engullidos y en el sonido tenue de chapoteo que se mantiene firme con sus acciones. Se va en ello, brindando sensaciones únicas a su amado para abrumarlo de excitación y no de sentimientos negativos.
La necesidad los lleva a incrementar la tensión, y es JiMin quien gime con súplica alterada. Los dedos en su interior parecen no querer detenerse y está a punto de protestar cuando JungKook los ha retirado y siente cómo se acomoda detrás suyo. Algo más grande y grueso, eso era lo que esperaba, pero fueron las acciones de una lengua las que lo llevaron al límite de su resistencia.
Le estaba comiendo el culo, tan delicadito, y tan cariñoso que las piernas le temblaban.
Su lengua era grande, le provocaba vibraciones únicas que fácilmente se instauraban en su vientre bajo. Sus manos terminaron en el suelo, e inconscientemente su cabeza sobre salía por el barandal. Por un momento se sintió mareado, pero era solo por la excitación y por tener la lengua de su novio entrando duro por su esfínter.
JungKook era así siempre, no perdería la oportunidad de darle un buen beso negro para estimularlo correctamente y mucho más rápido. El lubricante estaba lejos, opciones no tenía muchas, más que saborearlo, disfrutar de la textura y de la forma tan excitante en que su lengua es apretada.
—Mierda, cómo me encantas—gruñó ansioso.
Acumuló una gran cantidad de saliva para escupir justo en la entrada de JiMin, la misma que palpitaba impaciente y exasperada por tener algo más grande que solo una lengua o un par de dedos. JungKook lo sabía, compartía ese sentimiento, por eso no dedicó demasiados minutos nuevamente para chupar. Al rato estuvo hincado masturbándose a sí mismo mientras metía su dedo pulgar en el culo de su novio.
— ¿Todavía estás celoso? —inquirió burlón.
JiMin buscó aferrarse al barandal para incorporarse un poco. Sus piernas estaban débiles y tambaleantes, tal vez dentro de poco caería desfallecido, pero necesitaba girar el rostro para mirar al sexy hombre detrás suyo.
—No te he perdonado… si a eso te refieres—logró responder.
—Ya veremos, cielo bonito.
— ¡Oh! ¡Dios mío!
La punta de ese miembro erecto ingresó lentamente y se detuvo ahí. JiMin no sabía si maldecir por ello o agradecer, sólo se mantuvo quieto en su lugar con los ojos cerrados y con la respiración acelerada. Los latidos de su corazón se alteraron, al igual que el ardor en sus nalgas. Los golpes ahí se hicieron presentes y con fuerza. JungKook gozaba de nalguearlo para dominarlo y manipularlo a su antojo.
— ¿Eres capaz de pensar que se me pondría dura con cualquiera? —preguntó dominante, altanero y sensual.
Tomó a JiMin de los cabellos para doblar su espalda, no esperó a que fuese receptivo a sus acciones, porque ya bien las conocía. Tres años habían sido suficientes para ellos. Eran uno solo.
— ¿No te das cuenta? —empujó su pelvis y JiMin gimió con poder—Este pene sólo quiere estar dentro de ti, mi cielo—terminó por enfundarse casi al tiempo—Mi semen sólo quiere embarazarte a ti… sólo a ti.
Era tan obsceno, pero al rubio le encantaba. La idea de quedar preñado en ese momento fue fugaz, pero con un sentimiento intenso, y no por motivos de posesividad, más bien porque deseaba estar su lado. Todo lo que alguna vez negó ahora lo tenía en mente con él. Y JungKook estaba igual. Si debía quedarse con alguien ese era su JiMin… sólo él podría ser perfecto como su esposo y padre de sus hijos.
Toda la mierda que conllevaba la fama era mucha, pero quizá ahora las cosas cambiarían. Mientras mete y saca su pene lentamente es que lo piensa. Aunque su concentración está completamente en su espalda y en ese bello tatuaje.
JiMin es más que sólo un cuerpo sexy o rostro bonito, para JungKook representaba la mejor etapa de su vida. Los momentos más felices los ha vivido a su lado, en completo secreto, pero lo ha hecho. Y tal vez se le ponga fin pronto. No pueden pasar toda la vida huyendo y amándose en las sombras. No cuando son una pareja digna de admirar.
Cada caricia que ejecuta sobre su espalda es una confesión de un deseo. Ambos lo sienten, incluso con sus pieles chocando por el aumento de los movimientos pélvicos. JungKook se siente en la gloria con su pene apretado por esa estrechez tan caliente y tan delirante. Mientras que JiMin se siente lleno, no sólo del pene gordo de su amado, también en su corazón, en su pecho donde se sienten las palpitaciones. Sus ojos están cerrados nuevamente y no entiende cómo es que el tiempo corre tan rápido que ahora su espalda está completamente pegada en el pecho de su hombre. Ahí las estocadas se vuelven más duras y rápidas, es evidente que quieren alcanzar el orgasmo. Es inevitable dejarse llevar por el sentimiento, entre puro y lujurioso, pero cada poro de sus pieles lo sienten, se implanta en sus pechos y se extiende hasta que se transforma en la excitación más intensa, presentándose en un orgasmo que no se detiene.
El interior de JiMin es llenado, mientras que su propia esencia sale disparada, pasa entre los barrotes del barandal y cae en el piso de abajo donde el bello suelo reluciente quedará manchado durante un buen rato.
Se hace un silencio, aunque no lo suficiente, porque sus respiraciones están ahí. Por un momento hubo falta de oxígeno, pero ahora eso es compensado. Sus cuerpos se mantienen unidos en tanto los latidos de sus corazones se estabilizan, aunque las manos de JungKook nunca se mantendrán en su solo lugar. Se extienden por el torso del rubio, empezando por sus pezones suaves, pero duros por la excitación. Traza líneas en su abdomen ligeramente marcado y le hace cosquillas a su ombligo. Aspira su aroma… su dulce aroma a esa colonia de Dior y demás cosas a parte de su olor corporal. Todo en ese momento es porque la cercanía de sus cuerpos desnudos y sudados les permite conectar, entender y pensar con tranquilidad. Al menos hasta que surgen las preguntas y la necesidad de hablar.
— ¿Ya quedó claro? —preguntó JungKook con voz baja.
—No te he perdonado… infiel—respondió con un tono burlón.
—Bueno… realmente no hemos terminado aquí. Sólo era el inicio.
Una risita melodiosa invadió sus oídos y sonrió enternecido. Cuidadosamente salió del interior de su novio y suspiró satisfecho, aunque no por mucho tiempo. Cuando JiMin se giró se miraron por largos segundos con una sonrisa que crecía gradualmente. Y como era inevitable; se besaron… lento, cariñoso, aun sin dobles intenciones. No requirieron de mucho tiempo para ello, fue JungKook quien rompió el beso para gatear hacia el brandal, se sentó y llamó a su chico con la mirada.
JiMin se transformó en un gatito mimado mientras gateaba hacia su amado y después se sentó sobre su regazo, con una pierna a cada lado. Acunó su rostro con una mano y con la otra retiró los pocos mechones azabaches que caían por su frente. JungKook tenía el cabello más largo, le llegaba debajo del pómulo, y justo ahora estaba húmedo por el sudor. No podía haber imagen más sexy y excitante que esa, sobre todo si le sonríe como un bobo.
Está tan enamorado.
Cada suspiro involuntario lo demuestra, sus ojos lo gritan con fervor y son capaces de desbordar chispas en el aire, aunque sólo en su imaginación. Pero el sentimiento estaba en sus corazones y las palpitaciones eran la prueba viviente.
Los brazos de JungKook terminaron por envolverlo y luego lo atrajo a su cuerpo. Dejó que su rostro se acomodara en la curva de su cuello y se estremeció por un besito húmedo y juguetón. No había mejor sensación que la cercanía con él, siendo tan íntimo el momento y tan suyo en la completa privacidad de su mansión, ahí donde nadie sería capaz de destruir lo que tienen, por lo que han luchado tanto tiempo.
—Ya no más—JiMin rompió el silencio—Es agotador tener que fingir que no estoy loco por ti, sobre todo cuando estamos en el mismo lugar. NamJoon y Jin se pueden ir a la mierda si quieren… es más, deberían de coger a ver si se les quita lo malditos hijos de…
—Tranquilo, cielito bonito—lo detuvo JungKook con una risa encantadora.
— ¿Tú no quieres que se sepa? —salió de su escondite sólo para preguntar.
—Soy el más interesado en que nuestra relación salga al ojo público. ¿O crees que me encanta ver cómo tus fans se te insinúan cada vez que pueden?
—Tú te dejaste manosear—se cruzó de brazos y lo miró con una ceja arriba.
—Me manosearon que es completamente diferente—se defendió y lo rodeó nuevamente para pegarlo a su cuerpo.
—Pero te dejaste—insistió y le hizo un puchero—Yo te vi, infiel. Todo el mundo te vio. ¿Sabes cuántos edits de TiktTok vi en menos de cinco minutos?
—Sí que son rápidas—suspiró cansino.
—Y están locas—gruñó—Hablan estupideces; dicen que sería lindo que te enamoraras de una fan y que te cases con ella… pobre perra, hasta cree que mi hombre me dejará solo por eso.
—Exacto, no voy a dejarte—sentenció—Pueden decir muchas cosas, pueden existir muchas fans lindas a mi alrededor, pero al final tú eres mi hogar, mi mundo, mi universo, mi todo.
Las palabras de JungKook siempre eran tan acertadas, y JiMin caía completamente enamorado. El brillo en sus ojos lo delataba y el puchero en sus labios lo confirmaba. Ahora su sentimiento iracundo de hacía unos momentos parece tan absurdo que se avergüenza y se sonroja un poco. Pero los brazos fuertes de su hombre le dan toda la calma y la calidez que necesita para recuperar su confianza.
—Si me sigues hablando bonito, tal vez te perdone—le habló meloso, como si fuese un niño pequeño.
— ¿No es suficiente con cogerte duro? —inquirió sensual y se acercó a sus labios.
—Yo jamás tendré suficiente—le gruñó al tiempo que comenzaba a balancear sus caderas.
Un jadeo pesado escapó de los delgados labios del azabache. Ya estaba medio duro, porque era así de intenso, pero si JiMin se ponía descarado todo era mucho peor.
—Tienes que darme todo—decía el rubio—Debes hacer todo lo que yo te diga, porque eres mío y porque tu pene me pertenece, mi amor.
JungKook lo miró, ya con el juicio nublado, pero con la excitación subiendo y acentuándose en sus mejillas. Lo harán de nuevo ahí, porque quieren y porque ahora su habitación parece demasiado lejana.
“Inevitable, ni siquiera lo voy a intentar.
Y si termino quemada, al menos fuimos electrocutados”
Las corrientes eléctricas en sus cuerpos eran benditas, porque el roce de sus penes erectos y desnudos era un catalizador poderoso. Esta vez JiMin tomaría el control, porque es lo que quiere y es lo que necesita. Domar a JungKook era excitante, era fuego en el infierno, y estaba seguro de que nadie más podría manejarlo.
Eso que dijo en su concierto era verdad.
Poseía una capacidad inigualable para atraerlo, manipularlo con buenas intenciones y que hiciera todo lo que sus ojos le pedían. El azabache se volvía inevitable, ni siquiera intentaba ir en contra de los deseos del amor de su vida, porque vivía para complacerlo y darle todo, aun cuando no le pide nada, más que su lealtad y su respeto.
— ¿Quién es el único que puede manejarte, mi amor? —inquirió JiMin, con esa mirada seductora y con la intensidad en sus ojos coquetos.
—Tú, cielito bonito—respondió débil y lo sostuvo de las caderas para brindarle apoyo.
—Di mi nombre—ordenó dominante.
—Mi JiMin… tú eres el único que puede manejarme.
—Y tu dueño.
—Tú eres mi dueño.
— ¿Me amas?
—Con todo mi ser.
— ¿Soy el único para ti?
—Por supuesto… ¡agh! Oh, Dios.
Era casi imposible pensar si JiMin continuaba moviéndose así. De pronto comenzó con saltitos que hacían rebotar a sus nalguitas y generar sonido entre sus pieles. JungKook sucumbió al deseo de apretar esos mofletes e incluso de nalguearlos. Quería someterlo también, aunque el cometido no le duraba demasiado.
Una vez que JiMin tomaba el control era difícil que lo cediera.
Nuevamente el tiempo se detuvo para ellos. Sus miradas estaban completamente ligadas en una batalla por dominar, pero al final JungKook sabía que JiMin era el vencedor. Su sensualidad le hacía delirar, sobre todo si se pasa la lengua por el labio inferior. Remoja sus labios con toda la intención de provocar, y lo logra, porque a los segundos ya lo está besando.
Lo toma de los glúteos para pegarlo más a su cuerpo y para que sus penes tengan más contacto al frotarse. Los gemidos no se hacen esperar, JungKook se deleita con esa voz melodiosa que su hombre posee. Todos dicen que canta como un ángel, pero nadie lo ha escuchado gemir como justo ahora, con esa mirada lujuriosa y con una expresión que no era de un ser del cielo. JiMin se convertía en fuego puro, ese que emerge del infierno con la amenaza de incinerar todo a su paso.
Consigue volver cenizas toda su alma, pero en antelación se ha entregado en bandeja de plata. Le permite que lo acaricie, que marque su cuello y que bese sus pectorales. De ese modo le cede el poder de su cuerpo, porque ahora es el único dueño. Ha sellado el pacto besando sus labios y permitiéndole una masturbada para prepararlo.
Se miran a los ojos, ya con sus respiraciones agitadas y casi al límite de su resistencia. Hubiesen creído que irían más lento, pero era una necesidad quedarse completamente unidos y luego buscar juntos el camino hacia el éxtasis.
— ¡Agh! ¡Mi cielo! Tan apretado.
JiMin se había dejado caer de un sentón, certero y poderoso que también le sacó un gemido ahogado, pero atrapó su labio para que no llegara al final, porque quería escuchar a su hombre gritar la gloria por la satisfacción.
Estaban unidos nuevamente, con sus cuerpos ardiendo y quemando todo a su paso. Las manitos de JiMin buscaron sujetarse de los hombros ajenos, pero se inmutó sólo porque quería mirarlo a los ojos, mismos que son oscuros como la noche que justo ahora está encima de ellos, esa que los abraza y que siempre es testigo secreto de lo que ocurre en sus corazones y en sus encuentros apasionados. Al poco rato sube y se deja caer otra vez de un sentón. Eso los impacienta, JungKook se lo dice con esa mirada suplicante, pero no le presta atención. Sólo le sonríe encantador, coqueto, descarado, sensual, cual demonio. Y le excita, cae rendido en sus manipulaciones y en sus juegos tortuosos del placer. ¿Quién no caería? Pero es suyo, sólo suyo y pronto lo será de manera más formal. Pronto ya no serán un secreto.
—Nadie te va a montar como yo—JiMin le gruñó cerca de su rostro.
—Demuéstralo, mi cielo—lo retó y sonrió.
Pero la sonrisa se borró casi al instante, porque un sentón de su hombre le impidió al menos imponerse un poco. El deseo y la excitación aumentaron al tiempo que los balanceos del rubio se hicieron presentes. No puede existir momento más glorioso que este, en medio de las escaleras de la lujosa mansión que fue construida como el fuerte protector de su amor. No hay nada como JiMin saltando sobre su polla, con esa sonrisa tan adictiva y llena de suficiencia, porque sabe que lo tiene completamente a sus pies.
Unen sus labios para besarse, pero ni eso les impide gemir juntos. Cuando se separan un hilito de saliva los mantiene unidos, y entonces vuelven a tomarse, a acreditarse como dueños totales de tal parte de sus cuerpos. Suspiran completamente extasiados y luego vuelven a mirarse a los ojos.
Es probable que terminen quemados o electrocutados, pero no había placer más grande que hacer el amor y mirarse a los ojos en un batalla de poder donde JiMin es quien lleva la delantera. Es entonces que JungKook se cede completamente a él y no se inmuta a nada que pase por su mente, ni siquiera cuando es tomado de su cuello para ser sometido.
Las manitos del rubio eran traviesas. Buscaba sentirse poderoso y con el control total después de sentir que todo estaba mal. Ese arrebato de celos había quedado atrás, pero las inseguridades estaban ahí.
—Lo disfrutas, ¿no? —inquirió JiMin y apretó un poco el agarre el cuello ajeno.
—Sí—jadeó poco audible.
El pene de JungKook entraba perfectamente, era estrecha su funda, pero lograba amoldarse perfectamente, y estaba seguro de que sentía la viscosidad combinada con la calidez… con ese calor incinerador.
— ¿Quién es el dueño de tu pene?
—Tú… mi JiMin.
— ¿De quién serás esposo?
—Tuy… tuyo.
— ¿Serás el padre de mis hijos?
—Con todo gusto—jadeó.
Cada pregunta y cada respuesta era un catalizador para ambos que los hacía ir más rápido y en busca del segundo orgasmo. En ese espacio sólo se escuchaba el golpe seco de sus pieles, el sonido mezclado de sus gemidos y sus jadeos por lo bajo, todo sin despegar sus miradas.
— ¿Me amarás toda la vida?
—Sin duda alguna… mi cielo.
El sentimiento afloró en JiMin, tan poderoso que fue imposible volver hacia atrás. Entre gemidos y jadeos fue que continuaron, sus pieles calientes y sudorosas otra vez. JungKook supo por esa mirada que debía contribuir, así que lo tomó de las caderas, aumentando el sonido de sus pieles golpeándose entre sí. Al poco rato fue inevitable sucumbir ante su segundo orgasmo, pero se fue con ellos algo más que sólo lujuria.
Unieron sus cuerpos en tanto dejaban escapar sus esencias en distintos lugares. Nuevamente JiMin había sido llenado por su novio y eso no le molestaba en lo absoluto. Lo amaba, y tal vez no habría mejor dicha que ver a su pancita crecer con el fruto de un amor puro y sincero.
El silencio tomó el poder del espacioso lugar. Solo eran conscientes de sus respiraciones y de sus latidos menguando hasta estabilizarse. Estaban satisfechos de nuevo, más extasiados que al inicio y completamente alejados del sentimiento funesto que por un momento tomó posesión de ellos. Ahora estaban bien, en completa calma, pero los acontecimientos recientes pusieron a JungKook pensar. Tomó una decisión hacía un tiempo y la guardó en un cajón con llave por temor a lo que NamJoon pudiese decir, pero ahora lo ha mandado al carajo. Nadie tiene por qué decirle cómo vivir ni cómo amar a JiMin.
“Esculpe tu nombre en el poste de mi cama.
Porque no te quiero como un mejor amigo.
Sólo me compré este vestido para que me lo quites”
Se veía lindo descansando sobre él, ahí en su hombro con los ojos cerrados. Sus labios se abultaban en un piquito precioso que le hacía desear besarlo, pero no quería molestarlo, contrario a eso, lo tomó con fuerza en sus brazos para levantarse y llevarlo a su habitación compartida. Todo estaba en silencio y con poca iluminación, tan clamado que no parecía que hacía ya un rato estaban alterados y JiMin haciendo un drama por todos los rincones. Recordar aquello le hace sonreír, porque es algo que no cambiará con el paso de los años, y no quiere que suceda.
Trata su pequeño cuerpo con delicadeza y lo lleva hasta la cama donde lo deja sentado en el borde. JiMin suspira encantado y luego mira atentamente; le está sonriendo, tan grácil como siempre y tan… atractivo que le hace excitarse de nuevo.
Hay algo en su mirada oscura de bambi que le está tratando de decir. A veces de manera tácita puede entenderlo al instante, pero ahora no está muy seguro. Es una petición, el brillo en sus ojos es de anhelo puro que quizá se ha concentrado en los últimos días, sin embargo, es difícil de descifrar.
— ¿Qué pasa? —pregunta en un susurro.
JungKook suspira y se pone en cuclillas frente al amor de su vida sólo para admirar su belleza, el bonito desastre post sexo que le ilumina. Hasta con el maquillaje corrido es hermoso, tan genuino y natural que le provoca mariposas en su estómago. Tan adorable que no parece que tiró todas sus botellas de vino por la coladera de la bañera. Se acerca lentamente para besarlo y para acariciar su mejilla con suavidad, con amor, pero mucho más detrás de una simple acción de labios.
—Pasa que te amo—susurró sin haberse alejado demasiado—Y que… ya no quiero sólo contenerlo en mi pecho ni tampoco mantenernos en un secreto. No lo mereces.
Dubitativo y con el corazón acelerado, JiMin lo miraba atentamente, también con la esperanza de que sucediera algo que sólo había estado en su imaginación, pero las ilusiones a veces eran insensatas, porque rebasaban la realidad y el golpe es duro cuando se recibe. Y aun así los ojos de JungKook brillan con algo más sólo palabras bien ejecutadas.
— ¿Crees que nos odien? —preguntó el rubio con voz baja—Hemos trabajado muy duro para estar en donde estamos, si nuestra relación sale a la luz, ¿ellos aún estarán para nosotros?
—Me he convencido de que los buenos fans nunca se van—intentaba consolarlo, con su mano bien aferrada a su mejilla para calmarlo—Quienes no quieran entender, bien. Que se vayan al carajo, pero yo no podría sacrificarte a ti sólo por darles gusto.
— ¿Y NamJoon? —inquirió con sus ojos brillando.
—Ya lo dijiste tú—sonrió burlón—Le falta sexo al cabrón. Tal vez deberíamos emparejarlo con Jin.
—Se van a matar mutuamente—se rio un poco, con sus ojos desapareciendo e hipnotizando a los de su amado—Pero no sería mala idea.
Muchos se oponían, JungKook pensaba que quizá sus representantes eran demasiado para ellos y que no les dejaban más opciones. Les hicieron creer que lo mejor era ocultarse, porque la disputa con losfans sería dura y afectaría demasiado a sus carreras. Pero después de tres años amándose, dándose todo sin restricciones y teniendo los mejores momentos de sus vidas, cree que no pueden estar así todo el tiempo. También son personas y merecen probar la felicidad, sobre todo del amor correspondido, no importa que todos los vean como rivales.
—Vamos paso a paso—sugirió el pelinegro—No pensemos demasiado en la reacción de nuestros fans, sólo…
No terminó lo oración y se puso de pie sin pudor a mostrar su desnudez. Caminó seguro hacia donde estaba el guardaba ropa en busca de la decisión más valiosa de su vida. Y JiMin se quedó sentado en la cama admirando el musculoso cuerpo de su hombre; su manga de tatuajes le volvía loco, su espalda ancha le hacía temblar, pero cuando ve sus ojos, justo como ahora que se acerca lentamente con una mano en la espalda, siente a su virilidad despertar.
Una ronda más de sexo no estaría mal, pero los planes de JungKook son otros.
Nuevamente se puso frente a él, aunque esta vez en una sola rodilla en el suelo. Tomó su manito y la acarició con el pulgar mientras entraba en sus cavilaciones en busca de las palabras correctas. ¿Cómo iba a salir esto? Posiblemente… mal… saldrá bien. Porque es lo que ambos quieren. Sus deseos y anhelos han sido expresados mutuamente en más de una ocasión, con sus corazones abiertos y con la esperanza en sus manos. Ahora JungKook sentía que pendía de un hilo.
—Reconozco que vendrán complicaciones que quizá nos amenacen con destruir todo lo que hemos construido, pero estoy seguro de que te amo más que a la música. La misma me llevó a ti y no me arrepiento, ni tampoco de cómo hemos llevado estos tres años—lo miró y sacó de su escondite la mano que llevaba en la espalda—Desde hacía un rato entendí todo y tal vez lo supe desde que te miré a los ojos; eres el amor de mi vida. No habrá nadie más que tú y para darte la certeza quiero pedirte matrimonio.
Todo se quedó en silencio, la luz de fuera traspasaba las cortinas finas del balcón. Los ojos de JiMin vieron borroso aquel hermoso diamante morado que JungKook le mostraba como anillo de compromiso. En el proceso vio muchos de sus recuerdos que iban en sincronía con los latidos de su corazón y se preguntaba; ¿es el momento?
—Sé mi esposo, JiMin—habló de nuevo—Tengamos esa oportunidad y mandemos todo al carajo. Sólo quiero ser feliz contigo… quedarme a tu lado y… convertirnos en padres…
—Sí quiero—lo interrumpió—Y más te vale que tengamos siete hijos, Jeon JungKook, porque esta casa es demasiado grande para nosotros…
Los labios ajenos cortaron sus oraciones y no hubo mejor sensación que esa, su lengua con la ajena y suspirando enamorado cual adolescente en crecimiento.
—Acepto—sonrió JungKook—Ahora sí no te irás nunca—dijo y le colocó el anillo—YoonGi ya va por tus cosas a tu casa y la pondrá en venta, porque desde hoy te quedas conmigo.
—Ay, mira qué confiado me saliste—sonrió y miró su anillo—Sabías que te diría que sí.
—Nunca me dices que no por muy enojado que estés—expresó con suficiencia y se incorporó para empujarlo hacia la cama—Ahora mismo no podrás negarte a mí ni a mi pene que quiere estar dentro de ti.
—Puedo estar enojado contigo, mi amor, pero jamás con tu pene. Es mi mejor amigo—se burló, se acostó en la cama y abrió sus piernas para él.
—Yo soy tu mejor amigo—enarcó una ceja y tomó su pene para masturbarse.
—Yo no te quiero como un mejor amigo—sonrió de lado—Ahora eres mi prometido, mío, y más les vale a esas zorras que controlen sus manos…
—Shuuu—colocó un dedo en los labios ajenos con delicadeza—Soy tuyo, y sólo te la meto a ti.
—¡Oh! ¡JungKook! ¡Dios!
De una se enfundó, porque estaba suave y recién se habían comprometido. El momento lo ameritaba en esa espaciosa habitación y con la luna afuera en su máximo esplendor.
Los movimientos iniciales fueron lentos, JungKook se tomó el tiempo de observar a su prometido; sus rulos desechos, el maquillaje sin sentido, pero con sus ojos brillando de placer. Aunque había algo completamente diferente en esta ocasión. Era su tercera ronda de sexo, pero justo ahora estaban por fijar una fecha para la boda del año. Sus miradas conectaban de manera íntima y amorosa, mientras que los latidos de sus corazones sincronizaban a la perfección, porque eran destinados.
Las cavidades de JiMin resultaban placenteras. Al pelinegro le encantaba cómo apretaba su pene aun después de haber tenido dos rondas. Se adaptaba a él, a su grosor, a su tamaño. Lo recibía tan bien que era de no creerse. Concentró todas sus sensaciones en ello sin haberle quitado los ojos de encima. Se sostenía con sus manos a los costados de la cabeza ajena, pero al poco rato descendió para mirarlo más de cerca.
Sus labios eran como imanes que constantemente se atraen con fuerza y que justo ahora llevaban más de una promesa que se haya dicho en antelación. El poste de la cama comenzó a sonar contra la pared, ese mismo que tenía tallados sus nombres, porque era el mayor testigo de la intensidad que desbordaban cuando estaban juntos y desnudos sobre esa cama.
Cada estocada JiMin la disfrutaba al máximo. Era bueno cuando se ponían salvajes, pero no iba a negarse al sexo vainilla. A sus caricias lentas, amorosas, A sus besos delicados con lengua. A su mirada con anhelo y lujuria combinados. JungKook era salvaje, pero también era entregado y muy sentimental. Aunque sus caderas van rápido puede sentir el amor a través de eso. Sus paredes anales se abren y se aprietan con cada entrada y salida de ese pene grande y privilegiado. Nunca nadie le ha hecho sentir como JungKook.
Fueron más rápido, con sus gemidos abundando, pero cálidos y tenues. El azabache golpeaba con fuerza, pero sin perder ese sentimentalismo o la chispa del amor. Y ahí en la intimidad de su casa y nido secreto sus cuerpos se unieron, con el ligero golpeteo del poste de la cama, con el ligero crujir de la misma, y un par de minutos después fue que llegaron al orgasmo pre meditado.
Sus gemidos fueron agudos, pero todo acabó en unos cuantos segundos. Y JungKook volvió a llenarlo con su esencia y con su amor, besando su rostro con pequeño besos delicados que después pasaron a ser juguetones. La risita de JiMin disipó el silencio de la oscura habitación. Desde que entró ahí todo fue iluminado con una luz amarilla que, aun cuando esté molesto, no mengua su poder. El azabache lo percibía así cada vez lo oye reír o cuando lo ve bailar por los rincones. Es tan satisfactorio verlo descalzo yendo de un lado para otro y tarareando alguna canción de su repertorio u otras que tenga en mente. Cuando se va, el silencio es sofocante y no hay nada que logre llenar ese vacío de su ausencia.
—Te amo—le dijo JungKook dejando salir un suspiro—Luz de mi vida y de mis ojos.
—También te amo—sonrió contento.
El lugar favorito de JiMin era el pecho de su hombre; sus pectorales abultados y trabajados en más de una ocasión han sido protectores de sus sueños más profundos. Era su lugar especial, por eso detestaba que alguien más lo tocara. Acariciaba con sus manitos juguetonas y admiraba lo sexy que se veía así de cerca.
—Esas perras tocaron mi almohada—masculló con tono infantil e hizo un puchero.
JungKook aguantó una carcajada, pero eso no evitó que su corazón se llenara de calidez.
—Eres tú quien duerme aquí, ellas no—aseguró con suficiencia y enhebró sus rulos dorados.
—Aun así—se incorporó y le mostró un puchero manipulador—Es mío. Nadie tiene por qué tocarte. Estás advertido… infiel.
—No volverá a suceder—nuevamente acarició su cabello—Habrá límites, no sólo con ellas, también con tu manager y con el mío.
JiMin enmudeció y pensó un poco la situación mientras miraba ese lindo diamante en su dedo anular izquierdo. Una vez que tenía la cabeza fría lo entendía muy bien y temía un poco del futuro.
—No lo pienses demasiado—JungKook lo consoló y lo atrajo para abrazarlo—Sé cómo debemos hacerlo.
— ¿Qué es lo que consideras adecuado? —preguntó y cerró los ojos. Amaba recostarse en el pecho de su prometido.
—Tú sólo confía en mí—pidió con voz suave—Todo va a estar bien.
Y aunque la noche fue larga para JungKook mientras pensaba en esas partituras que ha guardado durante tanto tiempo, al final cerró los ojos, teniendo uno de los sueños más hermosos con JiMin.
Su boda… y una familia.

“Todos piensan que nos conocen,
pero no saben de todo este silencio y paciencia, ansiando.
Me tiemblan las manos por contenerte"
Tiempo después…
NamJoon daba vueltas en su oficina mientras miraba los anuncios sobre la nueva canción de JK que, evidentemente, no autorizó. Conoce bien a su muchacho, y aunque lo quiera mucho no puede dejar de lado todo lo que implica este negocio. No está de acuerdo con su relación, pero le ha dado la libertad de mantenerse en secreto, al menos hasta que le den una pausa a su carrera musical, lo cual no va a suceder.
— ¿Ahora qué quieres?
Jin nunca ha sido cortés, ni siquiera cuando iban a la universidad. Siempre con esa prepotencia y actitud soberbia que lo pone hasta los cojones cada vez que lo tiene cerca (por no decir que es otra cosa).
Dentro del mundo de la música Jin es el mejor de todos. Los mejores grupos y solistas de K-pop han debutado bajo su sello de entretenimiento. Al igual que él, sus empresas son familiares. NamJoon heredó su puesto como CEO, y SeokJin también lo hizo en su momento. Pero jamás han tenido buena relación, porque siempre están en una competencia constante que a veces parece absurda. Ambos quieren ganar, quieren la gloria absoluta, pero no contaron con que sus mejores artistas se iban a enamorar tanto que ni siquiera les importaba la competencia musical. Tampoco eran tan desconsiderados, por eso negociaron una relación secreta. No tenían más opciones.
—Estoy seguro de que JiMin es ese artista secreto que colaboró en la canción de JungKook—aseguró NamJoon con una expresión seria.
—No me hagas perder el tiempo—lo miró cansino—JiMin ha estado trabajado en su música. Yo he estado detrás de él siempre.
—No haces bien tu trabajo, SeokJin-ah—acusó y lo miró burlón.
—No me llames así—le advirtió con molestia—Tenemos la misma edad, idiota.
—Te gano por tres meses, así que me vas respetando, muchachito— se burló y se sentó en su silla de jefazo.
—Vete a la mierda, jodido cabrón. ¡Agh! ¡Te odio! —chilló y se apretó el puente de la nariz.
Había cierta satisfacción que NamJoon sentía cuando molestaba Jin con eso. No le gustaba ser tratado como menor, siempre se imponía a ello y a otras cosas. Aunque quiera, no puede evitar mirarlo, observarlo, analizarlo. Es alto, guapo… muy guapo… pero eso no le quita lo arrogante.
Desechó esos pensamientos y JungKook llegó para salvarlo. Traía consigo una risa de conejito tierno y una plantita en sus manos. Parece un niño pequeño que ha hecho una travesura. Ya se imagina qué fue.
—Qué bueno que están los dos—sonrió sugerente.
—No es por gusto—bufó Jin.
—Habla—ordenó NamJoon.
—JiMin colaboró conmigo en esa canción—suspiró enamorado.
Jin maldijo por lo bajo mientras que NamJoon sólo rodó los ojos. A estas alturas ya debía estar acostumbrado a que JungKook hacía lo que quería en el momento que se le pegaba la gana. Si ahora salía con algo se armaría una guerra total.
—Y algo más—anunció y colocó la plantita sobre el escritorio de su jefe.
—No—sentenció Jin—No sé qué tengas en mente, pero desde ya te digo que no—miró a NamJoon.
—Estoy de acuerdo con él—respondió.
—Bien… nos vemos en el concierto de hoy—y se fue.
Aquella plática terminó demasiado pronto para el gusto de los CEOS, y no les quedaron más opciones que sólo hacer lo que parecía eventual. Esa noche JungKook daría un concierto en Busan, su ciudad natal, y no sólo suya, también la de JiMin. Adoraban esa pequeña coincidencia de sus vidas y era motivo suficiente para cantar su nueva canción, juntos.
En todo Corea se especulaba sobre el posible Idol que había colaborado con JK, pero fueron tan cuidadosos con ello que no tenían ni la menor idea de lo que estaba sucediendo. JiMin no volvió a su casa, pero supo mantener un bajo perfil ante los paparazzi y también con su manager. Ahora todo era un completo misterio, y tanto NamJoon como Jin estaban impacientes mirando el concierto de JungKook desde uno de los palcos preferenciales.
Las noticias volaron rápidamente al ver a Kim SeokJin llegando al lugar, y es que para nadie era un secreto esa rivalidad eterna. Sólo entonces los fanáticos llegaron a concluir de qué Idol se trataba, pero querían verlo con sus propios ojos.
—Gracias por haber venido hoy—decía JungKook con esos ojos brillantes de un niño pequeño que ha cumplido su sueño—Este es un concierto importante para mí, no sólo porque estoy en la ciudad que me vio nacer, también porque cantaré una nueva canción que es completamente diferente a mi estilo.
Desde la parte de atrás, JiMin miraba todo desde una pantalla mientras le acomodaban su cabello. En su mente repasaba la letra de la canción y se prometía a sí mismo que todo estaría bien, que no había nada que temer. Ver ahí a toda esa multitud parada y ovacionando a JungKook le hacía sentir intimidado. ¿Qué tan bien lo van a tomar? No lo sabe, y no está muy seguro de querer saberlo.
— ¡Ya sé qué estás tramando!
Jin siempre siendo tan oportuno sacándolo de sus cavilaciones. A veces era molesto que fuese tan intenso y tan… obsesivo del control. Se parecía demasiado en eso a NamJoon.
—Y no voy a hacerte caso esta vez—respondió el rubio con desinterés mientras hidrataba sus labios.
—Pues más te vale que lo hagas—intervino NamJoon con esa expresión dominante.
—Si a mi propio jefe y manager no le hago caso, muchos menos a ti—respondió de la misma manera y sonrió para el espejo, completamente satisfecho de lo que veía.
—Es que no lo entiendes—insistió—Las fans de JungKook están locas. En cuestión de segundos acabarán contigo y con todo. ¿Tienes idea de cuánto valor perderán las acciones si esto sale mal? Estamos hablando de millones de dólares. Así que por favor, JiMinie, sé sensato y no hagas esta locura.
Parecía que el aludido no prestaba ni la más mínima atención a ello, pero vaya que lo hacía. Su mente pensó demasiado rápido y por un momento lo dudó. Todo lo que había construido con JungKook podría venirse para abajo. ¿Tendría valor alguno si se queda solo? Sabe que no. No es justo, también es una persona. Y nadie de los que están ahí afuera podrían entenderlo. Todos piensan que los conocen, creen que saben qué es lo mejor para los dos, basándose en números, en dólares, en ventas. Vaya mierda.
La permanencia en el silencio ha sido demasiada. Su paciencia se ha agotado y está ansiando poder terminar para que sus manos dejen de temblar, porque ya no puede contenerlo.
—Váyanse a la mierda… los dos—sonrió contento.
Ambos hombres boquearon y miraron en dirección a JiMin cómo se marchaba mientras acomodaba sus auriculares. NamJoon cayó en la cuenta de que todos ahí sabían lo que estaba a punto de pasar y que no se oponían en lo absoluto.
—Vaya incompetente que eres—se burló Jin—Tu propio staff te da la espalda en tu cara.
— ¿Qué me dices de ti? ¿No que lo tenías bien controlado? —lo miró molesto.
—Pero al menos estoy seguro de que mi staff no me traicionaría así—intentó defenderse.
—Ay, ya cierren la boca—interrumpió TaeHyung—Mejor miren el concierto para que entiendan de una buena vez que su estúpida pelea no es por la reputación de sus malditas empresas, sino por su maldito orgullo de hombres de negocios—escupió y los miró con desagrado—Son patéticos, ni siquiera parecen CEOS de las empresas más importantes.
Se alejó hacia donde estaba una de las pantallas, con HoSeok detrás suyo completamente cautivado y embobado por su sensualidad y su atractivo, amaba a su novio y lo caliente que se veía cuando algo le molestaba.
“Flashback de cuando me conociste.
Tu corte de rumo y mi pelo con blanqueamientos.
Incluso en mis peores días pudiste ver lo mejor de mí”
Antes de entrar al escenario, JiMin estaba detrás de la pantalla tratando de calmar a sus nervios. Exactamente no sabía que estaba a punto de hacer, sin embargo, retractarse ya no era una opción.
—Para esta canción colaboré con alguien muy talentoso, alguien a quien he tenido la oportunidad de conocer, no solo como artista, también como persona—decía JungKook y JiMin cerró los ojos—Sólo espero que le den mucho amor a esta canción. Es muy importante para mí—hizo silencio y miró a su alrededor—¡Aplausos y amor para JiMin!
Era de esperarse; las miles de fans gritaron ensordecedoramente. Todas estaban de pie aplaudiendo y miran maravilladas hacia la pantalla donde se enfocaba al rubio más hermoso de todo Corea del Sur. Nadie podía verlo ahí, pero estaba muriendo de los nervios. Su estómago era un revoltijo que intentaba contener y quizá no lo habría controlado, no obstante, al sentir la mano de JungKook sintió calma.
Entonces ambos tuvieron un flashback de cuando se conocieron. La misma sensación les recorrió y brilló con intensidad en sus ojos. Era como un choque eléctrico que iba y venía, y que hacía a sus manos no querer soltarse, pero se suponía que primero debían fingir lo suficiente.
Aunque ellos ejecutaran su mejor papel, las muchas fans escrutaban atentamente; la forma en que se miraban y sonreían, cómo se perdían a través de sus miradas. Muchas ya sabían que JiMin aparecería en el escenario debido a la presencia de SeokJin en el palco, pero eso no quitaba que la emoción les invadiera.
Por un momento todo fue una locura total, pero JiMin y JungKook eran ajenos a ello, hasta que escucharon indicaciones por sus auriculares.
—¡Hola, ARMY!
Saludó JiMin sin dejar de mirar a JungKook. Y ellas lo notaron. Se volvieron locas al sacar conclusiones tempranas sobre lo que estaba sucediendo. Esta era la primera vez que ambos pisaban un escenario, juntos, y algo sensato debía estar detrás de eso. Nunca los vieron interactuar, salvo en premiaciones, pero siempre eran distantes. Ahora parecía que eran demasiado cercanos y eso que sólo estaban ahí parados.
—¡¿Están listas?!
Y ellas lo dieron todo sólo respondiendo que sí. JiMin sonrió y se alejó un poco de JungKook para iniciar con su presentación y con el estreno de esa nueva canción.
Fue JungKook quien inició, con esa voz tan melodiosa que a todas ponía a delirar. Los nervios estaban en él, aunque intentaba disimularlo de todas las formas posibles. JiMin le daba la espalda, porque sabía que el intro era completamente suyo. Después de hacer unas cuantas armonías comenzó con la letra que ambos escribieron en conjunto.
JK contaba cómo desde joven probó suerte en la música, pero que con ello venían los sacrificios. Se hacía alusión a la poca posibilidad de compartir tiempo con otras personas debido a su fama, a su constante trabajo. No poder llamarlo. No poder tocarlo, porque a veces estaba en otro país. Expresaba la exasperación de no poder ser dueño de su propio tiempo, sin importar que era suyo.
JiMin le acompañó después del primer coro. Lo miró a los ojos y se perdió casi al instante. Era fácil entregarse a una canción que escribió con él, así como también le estaban expresando sus propias frustraciones. No poder estar con él porque sus empresas eran un tanto egoístas e impasibles, las muchas veces que tuvieron que estar en el mismo lugar y fingir que no se conocían. El sentimiento de anhelo en la distancia cuando sólo una línea telefónica los conectaba. Inmutarse a siquiera mirarse cuando tenían ganas de devorarse con los labios. Y justo ahora está ese sentimiento, aunque JiMin carga un anillo de compromiso en su dedo anular dado por el guapo hombre frente a él que también le canta con esmero, siente que está tan lejano, es como si aún estuviesen hablando por teléfono.
Era difícil no poder controlar su propio tiempo.
Las fans miraban atentas, porque sabían que sucedería algo increíble, algo que no pasará todos los días porque no cualquiera tiene el valor suficiente. JungKook enfrentaría al mundo entero por darle a su cielo bonito todo lo que se merece.
Ahí en el escenario brillaban chispas mientras ambos se perdieron en sus miradas. Alrededor el sonido de los gritos perdió relevancia y de pronto sólo eran ellos cantándose y amándose con el corazón. En el momento en que todo se encendió JiMin fue presa del brazo tatuado y fuerte de su prometido. Sus alientos chocaban y eso lo hacía sentir mareado, nervioso, como la primera vez que lo besó. Su mirada era similar, aunque contenía algo más que sólo lo evidente.
No perdieron el hilo de la canción, eran bastante profesionales en ello, pero al final los latidos de su corazón los manipularían lo suficiente como para tomar el control de su propio tiempo. JiMin era más cuerdo, sobre todo ahora que la canción terminó y que se encuentra apresado por los brazos de JungKook.
Los gritos de las fans expresan lo emocionadas que están, aunque un tanto impresionadas por lo eventual de la situación. Todos apuntaban con sus cámaras porque no querían perderse ningún detalle del momento.
Las emociones de JiMin se dispararon de pronto, acompañadas de los gritos enloquecidos de unas fanáticas que creían ver el mejor K-drama de Corea del Sur. Creyó que estaba soñando, pero los latidos de su corazón y los labios de su prometido presionando suavemente los suyos eran la prueba viviente del suceso. No estaba en su imaginación.
JungKook lo estaba besando frente a miles de sus fans que seguramente postearían todo en twitter. Y aunque las opiniones eran divididas, incluyendo a sus managers, ellos ya eran dueños de su tiempo, y de su propia relación.
Era extraño, era épico, y por unmomento JiMin y algunas fans creyeron que sólo era parte de la actuación. Es que ni él mismo sabía que esto sucedería. JungKook, simplemente, tomó el momento y se confesó con un beso que aceleró los latidos de su enamorado corazón.
—ARMY… te presento a mi prometido—anunció y ellas gritaron—Hemos sido novios durante tres años, escondidos de las cámaras y tratando de proteger lo que tenemos, pero ahora quiero que ustedes lo sepan… que lo amo… que es el amor de mi vida. Y que realmente no espero que lo acepten, pero sí que entiendan que soy humano, que soy un hombre enamorado.
Sin duda era el mejor K-drama que hayan visto en sus vidas. Los ojos de JungKook acreditaban cada palabra que salió de su boca, mientras que los ojos cristalinos de JiMin y el anillo en su dedo anular lo conformaban todo.
Volvieron a besarse, esta vez sin contenerse demasiado, pero al final no darían más espectáculo para ellas. Ese lo harían entre las sabanas de la mansión que ahora comparten como futuros esposos.
— ¡Gracias, ARMY!
JungKook tomó la mano de JiMin después de despedirse de sus fans enloquecidas. Unas estaban felices, pensando en el montón de fanfics que podrían escribir y leer sobre esta pareja tan inesperada. Otras no estaban contentas, porque muy en el fondo de su cabecita enferma creían que podían conquistar a Jeon JungKook.
Muchas estaban en contra, eso era seguro, pero justo ahora sienten que eso ya no importa, ni siquiera la mirada de desaprobación de sus managers mientras se están besando. El staff los mira enternecidos y no pueden contener su emoción al aplaudir para festejar su logro romántico.
Lucen demasiado adorables juntos.
“Flashback de mis errores,
mis ataques, mis terremotos.
Incluso en mis peores mentiras, viste la verdad en mí”
Estando en los brazos de JungKook todo se sentía correcto, se sentía libre. Se sentía amado. Tenía un flashback de todas esas veces en las que dejó que las emociones negativas lo dominaran. Derramó sus vinos favoritos en un ataque de celos imprudencial. Pero su prometido ha sabido cómo contenerlo. Incluso en sus terremotos parece no tenerle miedo, sólo porque lo ama con todo su corazón, y los momentos buenos valen más que todo lo negativo que hayan vivido juntos.
Muchos y muchas han mentido sobre JiMin y cosas de su vida privada. Nadie del exterior lo conocía tanto como JungKook, y por eso siempre vio la verdad en él. Todos podían inventar calumnias, pero jamás los escucharía, porque la única voz que tiene alcance a sus oídos es la de su cielo bonito.
Ahora sólo sonríe mientras lo abraza, disfruta de su dulce fragancia y de la ovación de su equipo de trabajo que han sido cómplices de su relación y también de su travesura más reciente. Ni las miradas juzgadoras de NamJoon y Jin son capaces de arruinarles el momento, ni mucho menos escuchará lo que tengan para decir.
Lo hecho, hecho está.
“Y me despierto justo a tiempo.
Ahora despierto a tu lado.
Mi elegido y único.
Mi línea de vida”
Esa mañana al abrir los ojos y ser consciente del cuerpo cálido a su lado decidió que no permitiría que nadie más se interpusiera en sus caminos.
—Debiste decirme que harías eso—dijo JiMin sin deshacer el abrazo.
—Era sorpresa, para que fuese más emocionante—le dijo y sonrió.
— ¿Estás consciente de lo que acabas de provocar? —inquirió y lo miró.
—Lo sé—sonrió travieso—Somos tendencia ahora mismo…
—JungKookie…
—Todo va a estar bien—lo consoló y acunó su rostro—Ya era tiempo de que supieran sobre nosotros, porque… Joder… mi cielito, eres mi elegido y único. Sin ti no soy nada y deben aceptarlo… porque serás más que mi esposo… eres como mi línea de vida—hizo una pausa y lo miró con devoción—Si un día te vas, yo me voy contigo.
Las emociones de JiMin iban y venían, más o menos sabía a qué se debía, algo que no podrá ocultar por mucho tiempo. Pero por ahora tenía esto, a su JungKook, quien no se cansa de mirarlo con esos ojos brillantes de bambi y con esa sonrisa que le transmite mucha paz. Una vida sin él a su lado sería como estar desamparado.
—Te amo mucho—expresó con un puchero.
—Yo también te amo, mi línea de vida.
Los sentimientos terminaban por expresarlos con sus labios juntos en una danza tranquila donde sus lenguas jugaban un poco también, pero pronto era momento de atender lo demás. JungKook debía dar autógrafos a su fans, pero esta vez JiMin estaría a su lado muy dispuesto a detener a cualquiera que sus manos quieran tocar de más.
Ahora ya nadie podrá siquiera intentar entrar a su territorio.
— ¡JungKook! ¡Ven acá! —gritó NamJoon como si estuviese haciendo un berrinche.
— ¡Tú también, Park JiMin! ¡No te salvas de esto!
Y en respuesta recibieron un dedo de en medio por parte de ambos.
Así fue cómo los mandaron sutilmente a la mierda.
— ¡Cállense! —YoonGi les gritó y por primera vez en mucho tiempo tenía otra expresión que no fuese una neutra y fría—Dejen de molestarlos de una buena vez y en lugar de eso deberían de dejar de fingir que no se quieren coger entre ambos—aquello dejó mudo a todo el mundo—NamJoon, hazte hombre de una vez e invítalo a cenar… y tú SeokJin, no te hagas el difícil y admite que quieres que te folle duro con su pene gordo hasta hacerte gemir como perra en celo. No sean infantiles, por Dios.
Y se fue, diciendo quién sabe qué tanto más mientras manoteaba al aire y se iba en la misma dirección que JungKook para cumplir con su trabajo.
—¡Hasta que alguien lo dice! —TaeHyung festejó con las manos arriba—¡Hey, YoonGi! ¡Le diré a JungKook que te suba el sueldo! ¡Eres una leyenda, cabrón!
Festejaba mientras corría detrás de él, y HoSeok sólo se burlaba de los CEOS que estaban colorados hasta de las orejas.
—NamJoon, no pierdas el tiempo… hoy la pones—se rio y corrió detrás de su novio.
Había un montón de emociones contenidas en ambos hombres quienes no sabían a dónde mirar que no fuesen sus ojos. No esperaban que el hombre más serio se hubiese dado cuenta de lo que sucedía realmente y la absurda razón de esa rivalidad. YoonGi era silencioso, pero muy buen observador.
—Ejem…—NamJoon fingió toser—Hay un buen restaurante que cierra hasta tarde… ¿te apetece ir?
Jin apretó los ojos y metió las manos a sus bolsillos. Tal vez ya no era buena idea fingir que constantemente no tiene sueños húmedos con NamJoon, mismos en donde toca todo su cuerpo ejercitado y donde se deja follar en cuatro hasta que la alarma de su despertador suena por las mañanas.
—Pero tú pagas—sentenció y caminó aun con sus mejillas sonrojadas.
Era inusual, dos CEOS de las empresas de entretenimiento más importantes de Corea del Sur sólo eran rivales porque se negaban a aceptar sus sentimientos, pues creían que el legado familiar era sagrado, pero ahora las cosas no tenían por qué permanecer ocultas.
El amor no debe ser un secreto.
NamJoon sonrió y miró a Jin más de lo que hubiese podido antes. Después lo siguió hacia la salida donde JungKook se encontraba firmando autógrafos a sus fans con un JiMin muy sonriente a su lado.
Si ellos eran capaces de ser felices, tal vez todos podían serlo.
“Y me despierto justo a tiempo.
Ahora despierto a tu lado.
Mis manos tiemblan, no puedo explicar esto”
El amor no se explica, sólo se siente.
F I N

