The Alpha Queen's Mate (Libro 5 de la serie The Regal Eclipse Pack)

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Noelle Remington sabe que las probabilidades de encontrar a su compañero tan temprano en su larga vida no están a su favor. Sus esperanzas no son altas cuando asiste a un baile de apareamiento, y cuando finalmente encuentra al hombre con el que está destinada a estar, ¿será él digno de la Alpha Queen o esconde sus propios secretos?

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
Autumn
Estado:
Completado
Capítulos:
71
Rating
5.0 85 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Noelle Remington caminaba por el pasillo hacia el despacho de su padre. Se había escapado del apartamento de sus padres para no molestar a su madre. Jenna Remington estaba embarazada de siete meses de gemelos y necesitaba todo el descanso posible.

Llamó a la puerta del despacho, preguntándose si él estaría solo. Olfateó el aire. Nick estaba adentro.

—Adelante.

Abrió la puerta y entró. Su padre estaba sentado tras su escritorio con las manos entrelazadas detrás de la cabeza. Nick estaba en la silla de enfrente, recostado y con las manos sobre el estómago. Él levantó la vista y le dedicó una media sonrisa.

Ella le devolvió la sonrisa. Caminó hacia el sofá que estaba contra la pared del fondo y se sentó cómodamente. —Espero no interrumpir.

—Justo hablaba con Nick sobre la manada de Salt Flats y la Luna de Blake —le dijo Daniel con cautela.

Noelle asintió y se quedó callada, escuchándolos hablar. Parecía que Nick viajaría a Salt Flats muy pronto. Algo andaba mal con esa manada, y la Regal Eclipse tendría que llegar al fondo del asunto.

Regal Eclipse era la Manada Real; su Alfa era el Rey de todos los hombres lobo. También era el padre de Noelle. El trabajo principal de la manada era mantener la paz en la comunidad y hacer cumplir la ley.

El Alfa Blake, de la manada Sierra Nevada, acababa de encontrar a su Luna, y ella venía de Salt Flats. Era callada y reservada, no hablaba con nadie. Sin embargo, Blake les dijo en su última visita que era necesario investigar a la manada de Salt Flats.

Nicholas Seely era el enlace con Salt Flats. Si ellos necesitaban algo, se ponían en contacto con él. Su trabajo era asegurarse de que todo estuviera bien en la manada. Debía vigilar que cuidaran bien a los miembros y que no se rompiera ninguna ley.

—Volaré para allá mañana y echaré un vistazo. Veré si hay algo fuera de lo común; hace tiempo que no me contactan para nada —dijo Nick. Tenía su laptop abierta en el escritorio. Revisaba las notas que había tomado en sus visitas de los últimos años. —La última vez que estuve allí fue hace ocho meses. Todo estaba muy tranquilo. Pasé de noche cuando volvía de Hawái. Me dijeron que todo marchaba bien.

Daniel asintió lentamente, perdido en sus pensamientos. Por lo general, no visitaban mucho a las manadas a menos que algo llamara su atención. Normalmente solo hacían visitas de rutina cada cinco años. Aunque el propio Daniel estuvo en Salt Flats hace poco más de un año, cuando Mason asumió como nuevo Alfa. Nick lo había visitado un par de veces desde entonces para ver cómo le iba en el puesto. Todo parecía estar en orden. Mason parecía un líder capaz.

Hailey, la Luna de Blake, era la hermana del Beta de Mason y no soltaba prenda sobre la manada. No decía nada sobre ningún tema. Noelle creía que no le había escuchado ni dos palabras en todo el tiempo que estuvieron allí. Incluso cuando hablaba con Blake, Hailey se quedaba pegada a su lado. Mantenía la mirada baja y nunca miraba a nadie. Parecía un conejito asustado de su propia sombra.

Daniel cruzó las manos sobre el escritorio y suspiró. Noelle sabía que él no quería lidiar con esto. Ya había sentenciado a muerte a un Alfa la semana pasada por crímenes contra inocentes. Con su madre en un estado tan avanzado del embarazo, ella sabía que él prefería quedarse en casa con su mate y cuidarla.

Cuando nacieran los cachorros, Ragnar, el Beta de su padre, se haría cargo por un mes o dos. Así Daniel podría enfocarse solo en Jenna y en su familia. Su padre no dejaría a su madre a menos que fuera estrictamente necesario. Ella recordaba bien que hizo lo mismo cuando nació su hermano pequeño.

También sabía que Nick estaba más que dispuesto a hacer lo que hiciera falta. Él no tenía una mate ni cachorros por los que preocuparse. —Iré mañana. Investigaré un poco a ver qué encuentro.

Daniel asintió. —Espero que no sea nada, pero tengo el presentimiento de que sí pasa algo.

El Alfa Blake no dio muchos detalles porque no sabía qué pasaba exactamente. Solo sabía que algo no encajaba. Y Hailey era una señal de alerta andante. No debería ser una loba tan sumisa. Menos siendo la hermana de un Beta y destinada a ser Luna.

Nick cerró su laptop y se levantó. —No te preocupes hasta que sea necesario. Yo me encargo de esa parte. Tú concéntrate en Jenna y en tus cachorros.

Daniel también se puso de pie y asintió. —Solo mantente alerta e infórmame de todo. ¿Jenna está durmiendo? —le preguntó a Noelle, mirándola.

—Sí, lo está.

—Entonces voy para allá arriba. —Se despidió de ambos y salió del despacho, dejando a Noelle a solas con Nick.

—¿Cuándo te vas? —le preguntó Noelle con curiosidad.

Él la miró. —Mañana.

—¿Puedo ir contigo? —La pregunta salió de su boca antes de que pudiera pensarla. No planeaba pedirlo, pero, por otro lado, ¿por qué no? Necesitaba salir de la casa de la manada. Además, sería una buena experiencia de aprendizaje. Ella esperaba empezar a hacer visitas a las manadas cuando terminara sus estudios. Ojalá junto a su mate.

Nick arqueó una ceja con sospecha y se apoyó en el marco de la puerta. —¿Por qué quieres venir conmigo?

—Porque no tengo nada que hacer aquí. Si algún día voy a dedicarme a esto, necesito aprender. —Nick hacía más visitas que nadie y sería un buen maestro. Él era de quien ella quería aprender. Vio cómo sus ojos verdes se entrecerraban. —¿Por favor?

Él se rió. —Noelle Remington rogándome que la lleve a una visita oficial. Si te llevo, tú te encargas de los informes.

—Hecho —dijo ella rápido. Haría lo que fuera con tal de que la llevara, incluido el papeleo. Tenía que aprender a hacerlo de todos modos.

—Está bien. Te avisaré cuando despegue el avión. Y supongo que tengo que traerte de vuelta para tu baile. —Él se enderezó.

—Te lo agradecería. —Ella también se levantó. Le sorprendió que él supiera lo del baile.

—De acuerdo. Pero yo mando —le dijo Nick, cruzándose de brazos.

Ella le sonrió con dulzura. —Te dejaré creer eso.

Él rodó los ojos. —No hagas que me arrepienta de esto, princesa.

—Ugh, no me llames así. —Ella le sacó la lengua y él soltó una carcajada. —Me voy al gimnasio.

—¿Quieres compañía? —le preguntó Nick.

—¿Por qué no? —Era un buen compañero de entrenamiento, estaba bien preparado y era un reto, algo que a ella le gustaba. Le costó tiempo poder ganarle, pero ahora se defendía bastante bien contra él.

—Voy a cambiarme. Te veo allá abajo en un rato. —Nick se dio la vuelta y salió de la habitación.

Noelle lo siguió pero se dirigió al sótano, donde estaba el gimnasio, mientras él subía a su apartamento. Le sorprendía que él estuviera aquí. Nick viajaba más que nadie. Ella se preguntaba si era porque no le gustaba ver a todos a su alrededor con pareja mientras él seguía soltero. Lo entendía. Ahora ella era la única de su clase que no tenía mate.

Hasta donde sabía, él estaba soltero y sin novia, aunque suponía que no era un santo. Probablemente hacía lo que la mayoría de los chicos antes de encontrar a su mate: acostarse con humanas para pasar una sola noche. Las humanas daban menos problemas que las lobas, o eso decían. Como loba que era, aquello le molestaba.

Nick, sin embargo, seguía siendo un lobo soltero y era guapísimo. Atraía fácilmente la atención de cualquier mujer. Noelle no dudaba de que le resultara fácil encontrar a alguien que le calentara la cama si quería. Ella había estado enamorada de él cuando era más joven. Incluso ahora, no podía evitar admirar lo bien que se veía cada vez que lo veía. Se mentiría a sí misma si no admitiera que le echaba un vistazo cuando lo tenía cerca. Con discreción, por supuesto. Jamás soñaría con hacer algo así abiertamente.

Como la mayoría de la manada, Nick era mucho mayor que ella, aunque no lo aparentaba. La conocía desde que usaba pañales. Probablemente le parecería muy raro saber que ella lo estaba admirando.