Prefacio
Cómo en muchas otras eras, en la era de ésta historia logramos encontrar el bien más distintivo. La vida, puede ser muy común sentirla y tenerla. Pero algunos seres condenados a ser infelices suelen añorar su ausencia.
A muchos de nosotros se nos conceden los medios para extinguirla y tal vez ése sea el motivo por el que casi nunca somos capaces de apreciarla. Pero hay un grupo de personas cuyo entusiasmo por la vida puede perder todo valor cuando son enviados a la guerra, muchos de estos seres han olvidado lo que son y también el por que luchan.
El héroe de esta historia se encontrará a si mismo luchando por su imperio, el cual está en camino a convertirse en uno de los más poderosos y reconocidos; el único problema es que él aún no lo sabe.
Los fuertes imperios son muy fáciles de identificar ya que todos cumplen con una larguísima lista de cosas en común. Entre todos los grandes imperios que alguna vez marcaron la historia hubo uno que fue tan poderoso que sobrepasó a todos los demás y el cuál hasta la fecha sigue siendo aclamado.
Es y ha sido un completo misterio el cómo este pequeño grupo de personas llegaron a ser las dueños del mundo, todos habíamos acordado en dejar atrás aquello que nos había forzado a destacar. Pero es imposible dejar atrás a nuestra terrible historia, historia que hoy te haré conocer.
Es públicamente sabido que todo cambió en esa cálida tarde de verano en donde en lugar de luz solar había una imparable lluvia de motas grisáceas. Éstas motas provenían del centro del país, de lo que no se conocía inicio o final era de una gigantesca humareda que cubría todo lo que alguna vez fue azul en los cielos.
Si alguien hubiera sido capaz de ver dentro de la inmensa humareda quizás hubiese notado ahí dentro a una mariposa sin color completamente rodeada de la negra espesura y si ese alguien fueses tú, serías capaz no solo de verla, sino que también compartirías con ella el miedo envolvente que está sintiendo, ese miedo que te persigue sin importar cuánto intentes deshacerte de él.
Ella no le temía a su muerte, el pavor lo causaban las demás posibilidades. La mariposa aleteaba con tanta fuerza como podía permitirse, y deseaba tanto como cualquier prisionero poder escapar, pero aún así parecía no ser suficiente.
Al abandonar el cielo y acercarnos cada vez más al suelo podemos escuchar como gritos enfurecidos y maravillados inundan una pequeña aldea.
El ruido era provocado por centenares de personajes, personajes que por algún motivo rodeaban un enorme círculo en llamas.
Quienes resaltaban más en éste aterrador paisaje eran los comerciantes extranjeros; los nobles aristócratas; los trolls devora hombres; las mujeres regordeta rojas de la agitación; los plebeyos y los grangeros; las brujas charlatanas levitando demasiado cerca del suelo en sus escobas de palo; los estafadores descarados vendiendo las más horribles pósimas y perfumes malditos; los jóvenes confusos siguiendo a sus histéricos padres...
Todos ahí representaban un indescriptible cuadro, casi grotesco y semejante a una aterradora o enfermiza pintura.
Eran tan salvajes que causaban escalofríos aún siendo vistos desde la distancia; lo único ahí grato a la vista era que nadie tenía un rostro de indiferencia, todos se estaban asfixiando por el éxtasis o quizás por tanta cercanía; aún así, nadie se atrevía a no ser parte de esa pintura.
Más de la mitad de todos los que ahí estaban parecían haber tenido un sentimiento de fiereza; era como si hubieran tenido un profundo rencor que se vió obligado a estallar, rencor que sin problema podría haberse hecho pasar por un odio incandescente, un incontenible desprecio o peor aún, una admiración destruida.
Entre los plebeyos del público se repetía y confirmaba la presencia de las cuatro familias más poderosas y temidas del Imperio de Pladora.
En aquél entonces, en aquéllos tiempos y quizás también ahora los adinerados exigían poseer los mejores puestos del lugar y naturalmente se les concedían.
Entre las familias más poderosas estaban los Rebenkay, eran ellos los que más cerca se encontraban del círculo en llamas y de esa forma ellos eran los que con más claridad podrían ver arder viva a la hechizante Emma Blackmore.
Se podría decir, sin objeciones, que sus cuerpos reposaban en sus cómodos asientos; pero era una obviedad absoluta el que sus mentes habían dejado de pertenecerles. Todos estaban siendo víctimas de un poderoso hechizo el cual era casi imperceptible, hechizo que la poca mente que les quedaba los llevaba a culpar a Emma, la única capaz de hacerlo.
Esa tarde sin brisa, Emma tenía los brazos desnudos y atados bruscamente sobre su cabeza y tras su cuerpo, llevaba puesto ese lindo vestido rosa grisaseo que felizmente había estado usando horas antes junto a su amada perdición: Narciso Rebenkay.
La diferencia era que ahora su vestido estaba roto y que su amado era ahora solo una más de sus cicatrices.
Quizás alguna vez creíste conocer lo que es la traición, si es así sin duda también debes conocer lo mal que sabe y lo mucho que hiere; yo me atrevo a decir que Emma era igual que tú, incluso igual que yo, la única diferencia entre todos nosotros y con ella es que Emma no se quedó solo conociendo sabores, sino que fue casi como si lo único que ella buscase fuese vivir ese terrible sentimiento. Ya que la traición era lo que sin duda siempre la acompañaba.
Emma no era muy religiosa, entendía que rogar al cielo por salvación no le serviría de nada. Pero tal vez, si era lo suficientemente afortunada el cielo le quitaría parte de su dolor.
Hay un tipo de personas que usualmente son reconocidas como tontos o valientes, personas que a pesar de saber sobre su inminente fracaso no dejan de intentar. Emma podría entrar en una de éstas categorías.
Cuando ella intentó pedir piedad al cielo, no le sirvió de mucho ya que fue solo para encontrarse con lo que más había temido: la inmensidad del mundo sumergida en la viva representación de la desesperanza.
Cuando Emma sintió el líquido cálido y escarlata deslizándose de su piel, desde el lugar donde tenía las ataduras y justo cuando pudo ver como su cabello rojizo se quemaba, una hebra tras otra, con la rapidez y facilidad del papel. Ella solo pudo cerrar brevemente los ojos y aceptar que ese era el final de su vida.
Sus ojos bajo los párpados se movieron hacia el incansable público y cuando los abrió su mirada se encontró con la del hombre que la había puesto en el lugar donde estaba.
El asombro en Emma se agrandó al notar que la mirada de aquél hombre se mostraba lúgubre, pero más le sorprendió el sentimiento que tuvo ante una idea tan absurda como remota, él estaba arrepentido. El agridulce pensamiento le provocó una sonrisa.
La cara del hombre que antes parecía no tener vida, al verle sonreír, la recuperó en una milésima de segundo, su expresión se iluminó y mostró una perfecta sonrisa que le cubría al menos la mitad del rostro, casi rozaba en lo espeluznante.
-"¡Mi hermoso ángel! Mientras más podrido estés, más dulce pareces verte"- exclamó él. Gracias al bullicio Emma no tuvo que escuchar le.
Mientras Emma paseaba la vista sobre las personas que prometieron protegerla, recordaba los rostos de los seres que una vez apreció. Empezó a sentirse mareada y fue entonces cuando una mota negra especialmente grande, una mariposa, cayó desde la nube de humo en el cielo.
Era la misma mariposa prisionera, que segundos después se disolvió en llamas azules y doradas para luego aparecer en el cuerpo semi desnudo de un hombre.
La cabeza de Emma cayó sobre su clavícula descubierta y sumergiéndose en la inconsciencia, una ráfaga de humo y chispas de fuego cubrieron su cuerpo.