Piloto.♡
La música resuena en su habitación a un volumen ensordecedor, las notas de "Take me On" vibran contra las paredes mientras el aire se llena con el aroma de su colonia recién aplicada. Sus pies se mueven al ritmo de la música, creando pasos de baile improvisados que solo él conoce. Las tablas del suelo crujen ligeramente bajo su peso mientras se desliza por la habitación. A Damian Cruz le fascinan las canciones ochenteras, un gusto heredado de su mejor amigo que ahora forma parte de su identidad. Su voz se une al estribillo mientras sus dedos recorren las diferentes prendas que ha seleccionado cuidadosamente.
Damian se detiene frente al espejo de su baño privado. La luz cálida refleja su piel dorada oscura que contrasta con su cabello azabache perfectamente recortado. Sus dedos rozan la suave textura de su chaqueta de cuero negra que emite un leve crujido al moverla. Hoy saldrá de fiesta con sus amigos; una celebración de fraternidad organizada por los que están por recibirse de su carrera y lo habían invitado por ser de primer año y, lo más importante, por ser un alfa. Su naturaleza se había manifestado durante su adolescencia como una marea de calor y poder que ahora fluye naturalmente por sus venas.
Pero a Damian no le interesan esas distinciones, ese supuesto "privilegio" de alfa. El suave aroma de su perfume se mezcla con su esencia natural mientras se observa. Él tan solo quiere divertirse, sentir la noche en su piel, escuchar risas y música hasta el amanecer. Ni siquiera es consciente de aquello o cree que realmente existiese algo así. Después de todo, está en una posición tan cómoda que nunca ha tenido que cuestionar el sistema. Él cree, mientras se ajusta el cuello de su camiseta blanca, que la gente debe hacer lo que quiera porque la vida es solo una, es muy altruista a veces.
Sin embargo, el roce de la tela contra su piel le recuerda una realidad que prefiere ignorar: normalmente eran alfas como él, betas y deltas los que lograban conseguir una carrera; y eran muy pocos los y las omegas que alcanzan a tener una carrera universitaria, y eso con mucha suerte de por medio. El sabor de esta inequidad dejaba un regusto amargo que Damian disipaba rápidamente. Esta vez tan solo se había inscrito un omega con él, sin necesidad de obtener una beca por "inclusión" que había decretado el gobierno hace algunos meses atrás.
Esto es porque cada vez se nota más y más la brecha que separa a la raza omega de los demás, una división que el gobierno intenta disimular con políticas superficiales, mientras el aire se carga de tensión ante los crecientes movimientos omega que exigen participación en el sistema. Sus voces antes silenciadas ahora resuenan con más fuerza, exigiendo que los derechos que existen en papel se materialicen en la realidad.
El espejo le devuelve la imagen completa de su atuendo: zapatillas deportivas con un discreto aroma a cuero nuevo, unos cómodos y gastados jeans azules que abrazan sus piernas con la familiaridad de un viejo amigo (eran sus preferidos); una camiseta blanca que contrasta con su piel y resalta cada músculo, y finalmente su chaqueta de cuero negra que completa el conjunto. Se veía realmente bien. Aquellos labios carnosos que parecían invitar a probarlos, una mandíbula definida que podría cortar el cristal y ojos tan oscuros y profundos como un café de medianoche que invitan a perderse en ellos. Toma el frasco de perfume, sintiendo su peso en la mano, y se rocía una fragancia intensa que se mezcla con su aroma natural, transformándolo en algo irresistible. Especialmente para las omegas, aunque Damian no se considera selectivo en ese aspecto. Según él, se había acostado con afas, deltas, omegas y betas; no era de esos imbéciles que discriminan.
Él tan solo quiere divertirse y sabía perfectamente cómo hacerlo.
Con un movimiento preciso de su dedo, apaga el parlante desde la aplicación de su celular. El súbito silencio hace que sus pasos resuenen con más fuerza mientras sale de su espaciosa y lujosa habitación. El pasillo se extiende ante él, iluminado por luces empotradas que proyectan sombras suaves en las paredes de tonos neutros. Baja por las escaleras con cuidado, sus dedos rozando ligeramente la pared para mantener el equilibrio, ya que la elegante escalera carecía de barandal, un detalle de diseño moderno que sacrificaba practicidad por estética. El recuerdo de Fionn casi cayendo por esas mismas escaleras surge en su mente; la sensación de urgencia al extender su brazo y atrapar a su amigo antes de que se precipitara al vacío permanece vívida en su memoria.
El aroma a té de hierbas y el sonido de cristal contra mármol le indican que su madre está en la cocina. Los pasos de Damian resuenan en el suelo de mármol pulido mientras se dirige hacia ella. La cocina era impresionante, un espacio amplio con encimeras de granito negro que brillaban bajo la luz cálida de las lámparas suspendidas. La casa, o más bien mansión, ostentaba colores sólidos y la última tecnología, como sacada de un catálogo de diseño exclusivo donde mucha gente soñaría con vivir. El aroma a limpieza y lujo impregnaba cada rincón. Inclusive contaban con una piscina climatizada cuyo suave murmullo del sistema de filtración se podía escuchar en las noches silenciosas, y una cancha de tenis con superficie inmaculada.
— ¿Ya te vas, cariño? —preguntó su madre con una voz melódica y dulce cuando lo vio aparecer en el umbral. Sus ojos, similares a los de Damian pero con una calidez maternal única, lo examinaron con afecto. Y es que ella era una mujer amorosa, capaz de todo por su único hijo.
— Sí, llevaré el Audi —respondió Damian, mientras sus dedos jugueteaban con las llaves que emitían un tintineo metálico—. Es que le prometí a Fionn que pasaría por él.
El aroma a omega de su madre se intensificó ligeramente, señal de su preocupación. Ella siempre había sido protectora, especialmente desde aquella etapa de rebeldía adolescente cuando Damian se negaba a informarle de sus salidas. Tras varios incidentes desafortunados, había aprendido que era mejor mantenerla informada; así contaría con su respaldo si algo salía mal.
— Con que Fionn, ¿eh? —insinuó su madre con una sonrisa pícara que iluminó su rostro, mientras el vapor de su té formaba espirales en el aire.
Damian no pudo evitar rodar los ojos ante el comentario, el familiar gesto de exasperación combinado con afecto. Su madre tenía cierta obsesión por emparejarlos, un "ship" como ella misma lo llamaba entre risas, entre Fionn y él.
— No me ruedes los ojos, jovencito —ordenó su madre, y con un movimiento rápido y suave, sus dedos tibios pellizcaron ligeramente la mejilla de su hijo.
— Bien, me iré... —dijo Damian, sintiendo todavía el calor del contacto en su piel. Aunque el tirón no fue fuerte, no pudo evitar sonreír por la familiaridad del gesto y la buena relación que mantenía con su madre.
— Sabes perfectamente que no puedes irte sin darme un beso de despedida —interrumpió ella, su voz mezclándose con el suave tintineo de su taza al dejarla sobre la encimera.
Damian se acercó a ella, envuelto en el aroma reconfortante de su madre, tomó con sus grandes manos las regordetas mejillas de la mujer que le dio la vida y depositó un beso en una de ellas, sintiendo su suavidad y calidez. Se separó y dio la vuelta para irse, sus pasos resonando en el mármol pulido.
— ¡No te olvides usar protección! —gritó ella mientras veía la espalda de su hijo desaparecer por el marco de la entrada de la cocina, su voz rebotando en las paredes de la enorme casa.
El silencio volvió a apoderarse de la cocina mientras su madre largaba un suspiro que condensaba todas sus esperanzas y temores. Llevó la taza a sus labios, saboreando el té ya tibio mientras rogaba en silencio que Damian no se comportara como un idiota en la fiesta y que no maltratara a ningún omega. Ella había dedicado años a inculcarle valores de amor y respeto hacia los demás; sus oraciones nocturnas siempre incluían la súplica de que su hijo no se convirtiera en un maldito idiota como su padre, el hombre con quien se había casado pero nunca amado. En el fondo de su corazón, creía fervientemente que no era así; Damian mantenía una relación extraordinaria con un omega; ella los había visto crecer juntos, jugar de pequeños e incluso recordaba las noches en que aquel chico se quedaba a dormir, llenando la casa con risas infantiles. Si bien su hijo había tenido novias desde temprana edad, aquel chiquillo omega siempre había permanecido a su lado, como una constante en el cambiante mundo de Damian.
Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia, en una casa más modesta pero acogedora, Fionn se encuentra en su propia habitación. El aroma dulce de su crema facial se mezcla con los olores metálicos y químicos de su maquillaje mientras se aplica cuidadosamente los productos. Sus dedos, ágiles y precisos, difuminan la base sobre su piel, seguida del iluminador que captará la luz de forma perfecta esta noche. El maquillaje es discreto pero efectivo, diseñado para realzar sus rasgos naturales y hacerlo brillar como siempre lo hace.
El suave colchón cede bajo su peso cuando, tras terminar, se acuesta boca arriba con su celular en la mano. La pantalla ilumina su rostro con un resplandor azulado mientras navega por memes, riéndose ocasionalmente. El silencio de su habitación solo es interrumpido por los sonidos de notificaciones y el ocasional suspiro. Está esperando que Damian pase por él como habían acordado horas atrás, una anticipación que hace que su corazón lata un poco más rápido cada vez que escucha un auto pasar por la calle.
Entre suspiros entra en su cuenta de Instagram, donde el familiar proceso de seleccionar un filtro y posar para una selfie se ha convertido en un ritual. La luz artificial del flash ilumina brevemente la habitación mientras captura su imagen para subirla a su historia. Sus numerosos seguidores le han otorgado cierta confianza que bordea el narcisismo últimamente, pero no se considera lo suficientemente tonto como para hablar en un video como los "influencers" que proliferan en las redes, a quienes considera patéticos desde la seguridad de su pantalla, uno opina cualquier cosa.
A pesar de ser omega, Fionn posee una actitud confiada ante la vida, y sobre todo dominante, que desafía los estereotipos. Su determinación y obsesión con alcanzar grandes logros lo hacen parecer más alfa que omega, una paradoja que disfruta cultivar.
El rugido de un motor potente rompe el silencio de la noche. Fionn se incorpora de un salto, su corazón acelerándose, y se asoma por la ventana. La luz de los faros del Audi de Damian ilumina parcialmente el jardín, proyectando sombras alargadas. Una sonrisa se dibuja en su rostro mientras confirma que efectivamente es él. Con movimientos rápidos, Fionn se aleja de la ventana y baja las escaleras, cada escalón crujiendo ligeramente bajo sus pasos. A diferencia de la mansión de Damian, su casa es modesta aunque espaciosa, de doble piso pero sin los lujos ostentosos de su amigo. No hay piscina ni cancha de tenis, solo una vivienda familiar cómoda con el aroma característico de un hogar habitado por años. El reloj de pared marca la 1 de la madrugada, sus manecillas creando sombras fantasmales sobre la pared iluminada por la tenue luz del pasillo.
— ¿Dónde vas? —La voz profunda de su padre lo sorprende justo cuando está por alcanzar la puerta. El hombre, con su piyama a rayas celeste y blanca que emite un leve aroma a suavizante, se dirige a la cocina con paso lento, probablemente en busca de su habitual vaso de leche nocturno.
— A una fiesta de iniciados universitaria con Damian —responde Fionn, intentando que su voz no revele su ansiedad por salir.
— Tú sabes que no me gusta que vayas a esas fiestas y mucho menos con algo tan revelador —comentó su padre, mientras sus ojos recorren críticamente el atuendo de su hijo.
Y es que la vestimenta de Fionn es llamativa: botas al estilo militar de cuero negro brillante que reflejan la luz y resuenan con cada paso, un short de jeans negro ajustado que abraza sus caderas y resalta su delgada cintura, y una camiseta blanca semitransparente a través de la cual se adivinan sus pezones rosados. El metal frío de la cadena que se ajusta a su cuello contrasta con la calidez de su piel, y el pendiente de diamante, regalo de su padre, captura y descompone la luz en destellos multicolores. Sus anillos de plata que completan el conjunto, añadiendo un brillo dorado a sus manos.
— Papi, creo que ya estoy grande para salir, habíamos hablado de esto —se defiende Fionn, el aroma a omega ligeramente intensificado por su ansiedad. No quiere iniciar una pelea, especialmente antes de salir. Sabe perfectamente que si su hermano saliera desnudo a la calle, ninguno de sus padres lo detendría, pero él constantemente es reprochado por su forma de vestir. A pesar de la injusticia, prefiere evitar el conflicto.
— Sí lo hablamos, pero hoy en la mañana descubrieron a un omega muerto y otra que fue violada —argumenta su padre, John, cuyo instinto protector siempre es más intenso con Fionn que con su otro hijo. Sus ojos, nublados por la preocupación, revelan su único deseo: mantener a su hijo a salvo en un mundo que puede ser cruel con los omegas.
— ¿Qué sucede? —La voz áspera de Susan, su madre, interrumpe la conversación. Con el pelo revuelto y envuelta en una bata rosada de seda que susurra con cada movimiento, aparece en el pasillo, claramente malhumorada por haber sido despertada. El aroma a alfa irritada impregna el aire—. ¿A dónde te vas? —pregunta con cierto desdén que no intenta ocultar.
— Una fiesta —responde Fionn como si fuera lo más obvio del mundo, sin poder evitar que la molestia se filtre en su voz. La tensión entre él y su madre es palpable, una constante en su relación que llena el aire de una electricidad incómoda.
— ¿Con el permiso de quién? —La voz de Susan adquiere un tono firme y autoritario mientras su rostro se endurece. Fionn, sintiendo el peso de su mirada, busca ayuda en los ojos de su padre, suplicando silenciosamente.
— Está bien, ve pero cuídate mucho hijo y si tienes problemas o te sientes mal o alguien te busca problemas, llámame. ¿Está bien? —cede John, incapaz de resistirse a esos ojos lagrimeantes de omega que Fionn ha perfeccionado con los años. Su padre siempre ha tenido una debilidad especial por él, un vínculo que trasciende las dinámicas habituales entre alfas y omegas.
— Gracias papi, te amo —exclama Fionn con sincera gratitud mientras abraza a su padre, sintiendo su calidez y el aroma reconfortante a hogar y protección. Luego se dirige hacia la puerta, pero su avance es interrumpido cuando su madre lo toma del brazo con firmeza, sus dedos presionando lo suficiente para recordarle quién manda realmente.
— No quiero que te traigas el olor de ningún alfa impregnado, y si te atreves a salirme con una sorpresa, te irás a la calle —amenaza Susan, sus ojos ardiendo con una mezcla de preocupación y control que Fionn conoce demasiado bien—. Ponte algo arriba, pareces un puto. Respétate y respeta esta casa.
Las palabras afiladas se clavan en Fionn como pequeños cuchillos, pero años de práctica le permiten disimular el dolor. Cuando su brazo es finalmente liberado, puede sentir cómo la sangre vuelve a fluir, dejando una sensación de hormigueo donde los dedos de su madre presionaron con demasiada fuerza.
Susan, con cada fibra de su ser, detesta que su hijo salga de fiesta. El miedo a lo que podría suceder, a cómo podría terminar todo, la consume. En lo profundo de su corazón, a pesar de sus métodos duros, solo desea que Fionn encuentre un alfa respetable, forme una familia y se dedique a ella como dictan las tradiciones. Pero su hijo ha resultado ser todo lo contrario a sus expectativas: universitario, independiente, desafiante.
— No peleen, que es de noche por el amor de Dios —interviene John, buscando una tregua en la constante batalla entre su esposa y su hijo. Con pasos cansados se dirige al armario bajo las escaleras y extrae un abrigo de piel sintética color marrón que llega hasta las rodillas. Lo lanza hacia Fionn, quien lo atrapa en el aire y se lo coloca rápidamente, agradecido por la intervención paterna.
La bocina del Audi de Damian suena nuevamente en la noche, su impaciencia manifestándose en el largo toque que parece decir "apúrate". Fionn abre la puerta y el aire fresco de la noche lo recibe, llevándose consigo la tensión acumulada en la casa.
Damian baja la ventanilla, el suave ronroneo del motor de lujo acompañando sus palabras:
— Apúrate que todavía tengo que buscar a los chicos.
"Los chicos" son otro alfa, un beta y un delta que completan el grupo de amigos. Para desgracia o fortuna de Fionn, él es el único omega del círculo cercano de Damian. Se acerca al lado del copiloto y, antes de abrir la puerta, inhala profundamente el aire nocturno, permitiendo que limpie sus pulmones de la atmósfera opresiva de su hogar. Con una exhalación lenta, se obliga a sonreír, determinado a que nadie, ni siquiera su madre con sus comentarios hirientes, arruine su noche.
En casa, John dirige una mirada mordaz a su esposa antes de alejarse hacia la cocina para obtener finalmente ese vaso de leche que deseaba. Susan, por su parte, regresa a su dormitorio sin dar más vueltas al asunto, el sonido de sus pasos desvaneciéndose en el pasillo.
— ¿Qué te pasa? —pregunta Damian dentro del auto, observando de reojo el perfil tenso de su amigo. La música de fondo suena a un volumen bajo, creando una atmósfera íntima que permite que su voz se escuche claramente por encima de los graves.
— Nada —responde Fionn escuetamente, girando su rostro hacia la ventanilla. Las luces de la ciudad pasan como estrellas fugaces, reflejándose en sus ojos claros mientras intenta ocultar su malestar.
Damian conoce demasiado bien a su amigo para creer esa respuesta. El aroma de Fionn, normalmente dulce y ligero, está ahora teñido con notas agrias de frustración y tristeza.
— Vamos. ¿Pasó algo? —insiste, sus dedos tamborileando suavemente sobre el volante mientras espera la verdadera respuesta.
— Mi madre —confiesa finalmente Fionn, sabiendo que no puede ocultar nada a Damian. Años de amistad han creado entre ellos un vínculo que trasciende palabras; Damian puede leerlo como a un libro abierto.
— ¿De nuevo? —La pregunta de Damian cae como una piedra en un estanque, creando ondas de incomodidad.
Fionn siente una punzada de dolor ante esa respuesta tan predecible. ¿Es siempre su madre el tema de conversación cuando está mal? ¿Tan repetitivo es su drama familiar que ya se ha vuelto un cliché incluso para su mejor amigo?
— Sí —admite con resignación, el monosílabo cargado de años de conflicto familiar.
El Audi se detiene suavemente frente a una casa de dos pisos, sus luces iluminando brevemente la fachada. Casi inmediatamente, la puerta trasera se abre y un nuevo pasajero se acomoda en el asiento trasero, trayendo consigo un fuerte aroma a alfa y una colonia demasiado intensa.
— Oh, trajiste a tu mascotita —exclama con ironía mal disimulada. Es Fred, el otro alfa del grupo: un joven de piel caucásica, cabello castaño perfectamente peinado, ojos verdes penetrantes, alto y fornido. Su voz rasposa y grave llena el espacio del automóvil, compitiendo con la música. Los numerosos tatuajes que adornan sus brazos asoman por debajo de una camisa a botones roja con pequeños triángulos, combinada con jeans azules y zapatos negros relucientes.
— Fred, no lo molestes o te irás caminando —gruñe Damian, su tono dejando claro que no es una amenaza vacía. El alfa dentro de él reacciona protectoramente al notar que Fionn ya está de por sí alterado.
— Bien, bien —concede Fred, levantando las manos en señal de paz mientras su sonrisa burlona contradice el gesto conciliador. No dice más al respecto, pero Fionn no puede evitar pensar que es un completo idiota.
Para Fred, sin embargo, estas pequeñas "peleas" con el rubio son un entretenimiento. Nunca había conocido a un omega tan contestón y maleducado como Fionn, y eso lo convierte en un objetivo perfecto para sus provocaciones. Fionn desafía todos sus preconceptos sobre cómo debería comportarse un omega, y esa anomalía lo fascina y lo irrita a partes iguales.
— ¿Dónde están Joaquín y Luke? —pregunta Damian mientras pone el auto en marcha nuevamente. El plan original era reunir a todo el grupo, como en los viejos tiempos de secundaria. Hacía semanas que no sabía de ellos, y aunque les había enviado un mensaje esa misma tarde para confirmar la salida y habían respondido afirmativamente, no habían proporcionado más detalles.
— No lo sé —responde Fred, recostándose cómodamente en el asiento trasero, el cuero crujiendo bajo su peso—. Tenían un trío con una de las chicas de la secundaria; ya sabes cómo son, dijeron que nos alcanzarían allá.
Ni Damian ni Fionn se sorprenden ante esta información. Joaquín y Luke siempre han tenido una conexión especial, casi sobrenatural, como si se hubieran conocido en una vida pasada. Incluso habían mantenido una relación poliamorosa durante un tiempo, aunque Fionn sospechaba que era solo una fachada para disimular su verdadera relación de pareja, utilizando a una tercera persona como excusa para no enfrentar sus sentimientos mutuos.
El Audi se detiene finalmente frente a una casa grande iluminada con luces de colores, donde la música ya se escucha desde la calle. Al bajar del vehículo, Fred aprovecha para examinar detenidamente el atuendo de Fionn, quien ha dejado el abrigo en el auto. Bajo las luces de la fiesta, su figura resulta aún más provocativa, como salida directamente del infierno para tentar a los mortales. Damian también ha abandonado su chaqueta de cuero en el interior del auto, el calor de la noche y la anticipación de la fiesta haciendo innecesaria la prenda adicional.
Fionn, con un movimiento que parece casual pero está perfectamente calculado, se posiciona al lado de Damian para entrar con él y beneficiarse de su aroma protector. Damian, consciente de esta táctica, no muestra ninguna objeción; después de todo, es un arreglo que beneficia a ambos. Fionn lo utiliza como escudo contra alfas demasiado insistentes, y Damian frecuentemente recurre a Fionn cuando necesita disuadir a cierta omega obsesiva que no deja de acosarlo con sus feromonas. Juntos forman un equipo perfecto, su dinámica tan fluida y natural que podrían pasar por una poderosa pareja.
Mientras avanzan hacia la entrada, Fred no puede evitar fijar su mirada en el trasero perfectamente formado de Fionn, que se balancea sutilmente con cada paso. La visión despierta en él una respuesta física inmediata, y una sonrisa lobuna se dibuja en su rostro.
Definitivamente, sería una noche loca.
N;
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@narcissues
NO ME HAGAS LLORAR CON UN FINAL TRISTE.
YA AMÉ A DAMIAN Y A FIONN.
Fionn es lindo y provocativo ojalá que Damián lo cuide
esta historia me rompió el corazón, demasiado dolorosa