Hate me

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Sinopsis

////Catae//// Me robé a una estrella. La tomé y la encerré en mi castillo de cristal. Puede que haya cruzado todos los límites morales y legales, pero en mi mundo, no existen. Ahora es mío. Me pertenece. No voy a dejar que nadie interfiera. Ni siquiera el capo de la infame mafia surcoreana que codicia su cabeza. Él es mío, mi príncipe, mi rey, mi dios. Y voy a defenderlo con garras afiladas, incluso de él mismo. ////Jungwon//// No hay salida. No hay escape. Estoy atrapado en el castillo de cristal de la reina lunática que luce como un ángel vengador. Ella dice ser mi salvadora, pero siento que solo traerá destrucción. No tengo opción más que jugar su juego. Y para vencerla, tengo que poseerla.

Estado:
Completado
Capítulos:
36
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo uno "Prisoner"



Había imaginado muchas veces cómo sería nuestro primer encuentro real. Las posibilidades dentro de este mundo son infinitas, y por lo tanto, los escenarios, las situaciones y las circunstancias también lo son.

Hace algunos años, cuando aún era joven e ingenua, pasaba horas inmersa en cada una de esas posibilidades. A veces, me imaginaba cruzándote casualmente en un bar, o en un club. Tal vez, un cruce de miradas en un concierto o enamorándonos después de una sonrisa compartida en un fanmeeting. En otras, había un choque accidental en una calle concurrida, en un parque, o bajo la lluvia. Un helado derramado, una bebida que se volcaba, disculpas de por medio y un intercambio torpe de números para mantenernos en contacto.

Era una adolescente soñadora. Pero crecí. Y mi mundo cambió de forma drástica.

No estaba en mis planes, pero lo que la vida me dio no tenía nada que ver con lo que yo había esperado. Pasó, como todo lo retorcido, impredecible y doloroso de este mundo. Fui arrastrada de golpe al lado más oscuro, salvaje y sangriento de la vida. Y aunque nadie lo habría creído, estaba bien con eso. ¿Por qué no abrazar lo que la vida me había dado? Después de todo, no tenía nada que perder. ¿Entonces por qué no ganarlo todo?

Desgarré mi piel. Rompí mis huesos. Me enfrenté a una metamorfosis dolorosa, una que me consumió por completo, pero me hizo más fuerte.

Mi apellido se desvaneció, junto a mi nacionalidad, la familia que no tenía y las amistades que había formado en mi corta vida. Todo se fue como un susurro en la oscuridad, y con él, me convertí en Caterina Choi.

Única heredera del imperio Choi Do.

Sádica, letal, implacable.

Tal como él me enseñó a ser. O mejor dicho, como mi maestro —o más bien mi tío, como yo lo llamaba— me formó.

Me acogió bajo su ala, pero era un ala negra, pesada, hecha de sombras y sangre. Aún así, me dio todo lo que necesitaba para sobrevivir. Y las tomé todas, sin remordimientos.

Ahora, lo que quiero, lo tomo.

Cuando y como quiero.

Pero el equilibrio aún era importante.

Sí, puedo ser una sanguinaria, y también dirigir un grupo empresarial de cuervos ansiosos por arrancarme los ojos. Pero aun así, cuando necesito conectar con esa parte humana de mi misma para no ser consumida por la oscuridad, IGNYTE aparece.

Las melodiosas voces acompañadas de algunos buenos pasos de baile, sus sonrisas y personalidades encantadoras y divertidas, logran darme esa luz que necesito. Principalmente uno de los cinco miembros del boy group.

Aquél que esta frente a mi.

Kang Jung Won.

— Estas despierto. — Mi voz resuena en la habitación de lujo, cortando el silencio que había reinado, un silencio que había sido mi único compañero mientras lo observaba con una atención meticulosa, casi predatoria.

No había apartado mis ojos de él desde el momento en que lo trajeron. No podía.

Recorrí cada centímetro de su cuerpo con mi mirada. Los mechones oscuros que caían sobre su frente, la expresión serena que solo la inconsciencia podía otorgar, sus ojos, que aunque rasgados, eran sorprendentemente grandes. Su ancha nariz, sus labios llenos, su mandíbula perfectamente definida. Mis ojos bajaron hasta su cuello, tan suave a la vista, y luego hasta su nuez de Adán, que se alzaba de forma tentadora. La camiseta oscura de entrenamiento ceñía sus pectorales tonificados, y las ondulaciones de sus brazos, cubiertos de tinta, capturaban mi atención.

Sus manos estaban retenidas detrás de su espalda, pero eso no me impidió evaluarlo. Lo miré como un depredador que examina a su presa indefensa, dejando que la anticipación se acumulara dentro de mí, como si la saliva se deslizara lentamente por mi garganta, lista para degustar. La tinta cubría sutilmente una de sus manos, mientras que la otra mostraba su piel clara, suave, y los tendones marcados que se movían con cada leve cambio de posición. Sus dedos, largos y gruesos, le daban un aire de poder, y sus manos... esas manos eran enormes.

Volví a colocarme frente a él, y esta vez mis ojos fueron a parar a sus muslos gruesos.

Tuve que hacer un esfuerzo monumental para no extender las manos y sentir cuán fuertes eran, pero no hacía falta; ya lo sabía.

Para ser un idol asiático, y malditamente hermoso, Jungwon era todo un deportista. Su espalda ancha y su cuerpo tonificado, aunque no de forma exagerada, hablaban por sí solos. El ejercicio, el taekwondo, el boxeo... todo formaba parte de su rutina.

Claro que lo sabía.

Además, era conocido por ser un rebelde. Al menos eso decían después de que dejara que la tinta cayera sobre sus brazos. En una sociedad tan estructurada, donde la apariencia lo era todo, un idol no debía tener tatuajes.

Era ridículo, pero a él no le importó. Eso solo me hizo sentir una fascinación aún mayor por él.

Tenía una fijación por los desafiantes.

Así que por supuesto, noté de inmediato su sutil gesto que delataba que comenzaba a recuperar la conciencia.

Su cabeza se mueve con pesadez y lentitud hacia un lado. Se toma un tiempo para abrir los ojos pero cuando lo hace, no me mira de inmediato. Observa el suelo desorientado y luego tira de sus hombros, tensando sus ataduras.

Finalmente, sus ojos redondos y feroces se clavan en mí de forma salvaje. La rabia está claramente visible en su mirada, incluso si se esfuerza por ocultar la sorpresa. Su rostro, endurecido, refleja una furia contenida, como un animal acorralado, dispuesto a luchar por cada respiro. Su respiración se torna pesada y entrecortada, llenando el aire con cada exhalación furiosa que arrastra con dificultad.

— ¿Quién eres? — su voz, ronca y cargada de tensión, es un rugido bajo, intentando mantener la calma, pero la ira es evidente.

Quiero sonreír. No era la primera vez que arrastraba a alguien frente a mí en contra de su voluntad. Todos reaccionaban de forma diferente. Miedo, desesperación, ansiedad, llantos, gritos. Los más experimentados, aquellos que habían sido entrenados por años para resistir todo tipo de torturas, se mantenían tranquilos. Pero él, él estaba furioso. Adorable.

— Tu anfitriona — respondo con simpleza, dejando que una sonrisa impecable se dibuje lentamente en mis labios, una sonrisa que sabe perfectamente lo que provoca.

— ¿Dónde estoy? — sus palabras se arrastran de su boca, pausadas y lentas, pero son tan cargadas de furia que parecen vibrar en el aire, como si las estuviera escupiendo con fuerza.

Pero me mantengo tranquila, casi despreocupada como si esa escena no fuera nada fuera de lo común.

— En mi casa.

— ¡Me secuestraste! — La ira estalla finalmente, rugiendo con fuerza en toda la habitación, resonando en las paredes, desbordando el aire. Su grito se lanza hacia mí como una tormenta, brutal, incontrolable. Me sorprende, haciendo que un leve estremecimiento recorra mi columna vertebral. No es miedo, no podría serlo. He mirado de frente a demasiados monstruos y Jungwon está tan lejos de ser uno de ellos. Es emoción.

Su furia tan primitiva, tan cruda, me emociona de formas que no puedo explicar.

— Qué inteligente eres,mi amor.

— ¡Suéltame ahora mismo! — su exigencia es fuerte, demandante, llena de rabia, y aunque su voz tiembla con el esfuerzo, el tono es claro como el vidrio.

Sin embargo, lo que me preocupa más no es su grito, sino la forma en que sus muñecas se retuercen, forzando las ataduras que lo aprisionan.

Sé que si sigue así, se lastimará. Eso no me gusta.

— Detente, vas a lastimarte — Ordeno con frialdad.

— ¡Tú me pusiste en este sitio! ¿y ahora te preocupas por mí? — Su voz se quiebra entre el desafío y la indignación, pero la furia sigue siendo la que gobierna cada palabra.

— Por supuesto. Tengo que controlar a la bestia, pero mi objetivo no es lastimarte. Mantén la calma. — Mis manos encuentran sus mejillas con una firmeza calculada, obligándole a mirarme a los ojos.

En su mirada, puedo ver la furia que lo consume, su respiración acelerada chocando contra la calma fría que intento transmitir. Pero él no se detiene. Se abalanza contra mí, su cuerpo tenso como un resorte a punto de romperse, mientras sus ataduras limitan su furia. Doy un paso hacia atrás pero sonrío ante su lucha.

El caos de su energía es fascinante, ardiendo en sus ojos, en su respiración.

— Me encanta toda esa energía. Es sexy.

Es tan cruda, tan pura, tan genuina.

— ¡Estás loca! — La incredulidad en su voz es palpable, rasposa, llena de desdén y asombro. Su grito resuena en el aire como un choque de trenes, pero no es suficiente para romper mi fachada tranquila.

Aún así, la adrenalina recorre mi cuerpo al ver cómo lucha por liberarse, cómo su ira llena cada rincón del cuarto.

— Ah, finalmente nos conocemos. Qué gusto. — Mi voz es suave, casi juguetona, mientras celebro la ironía del momento. La furia de su mirada me excita de una forma retorcida, y disfruto de su confusión mientras se enfrenta a mi calma helada.

Todos estábamos un poco locos después de todo. Solo que algunos la ocultaban mejor. Me habían empujado a soltarla, así que la utilizaba a mi favor. Si bien, en el pasado no estaba dentro de mis planes mostrársela tan pronto, era bueno que finalmente Kang Jungwon me conociera.

— Déjame ir. O vas a estar en serios problemas.

— Suena prometedor — Mi sonrisa se amplía, cargada de una coquetería sutil. Aparto un mechón de mi cabello castaño detrás de mi hombro con un movimiento lento y elegante, mientras lo observo, disfrutando de la escena.

Si las miradas pudieran apuñalar a alguien de forma literal, estaría desangrándome en el suelo.

Que dulzura de hombre.

Tan hermoso y tan condenado.

Pero, en el fondo, me lo merecía. Estaba disfrutando de esta situación de una manera deliciosamente retorcida.

— ¿Qué es lo que quieres? — Se atreve a preguntar, entre dientes, su voz cargada de un desafío que solo hace que mi interés crezca.

Estoy alargando todo, lo sé. Si estuviera en su lugar, sería desesperantemente curiosa. Querría saber el qué, el por qué, el para qué... Querría todas las respuestas ahora. Pero no soy una maldita perra empática, no en este momento. Estoy en automático, disfrutando de su ira mientras me agrada ver cómo su expresión molesta me excita, cómo su lucha contra el destino lo hace aún más atractivo.

— Hace un tiempo habría respondido que muchas cosas, en serio, había toneladas de cosas que quería del mundo. Pero tuve todo lo que quise. Excepto, claro, una cosa.

Mi mirada recorre su cuerpo lentamente, detenida en cada músculo tenso, en cada línea de su físico bien definido. Cuando mis ojos vuelven a encontrarse con los suyos, veo la confusión y el horror reflejados en su rostro. Sacude la cabeza con fuerza, como si intentara rechazar la verdad que está alcanzando su mente.

— Esto no está bien, no puedo estar aquí, no puedes hacerme esto.

Sus palabras resuenan en el aire, pero no me afectan. No me importa. No me va a detener.

Suspiro con tranquilidad y me acerco a él con lentitud. Mi mano se eleva hacia su rostro, pero él la rechaza rápidamente, apartando su cabeza lo más lejos que puede. No me molesta. De hecho, es exactamente lo que esperaba. Porque, al final, si quiero tocarlo, lo haré. Sonrío con una sonrisa apretada antes de tomar su mentón con firmeza, forzando su mirada hacia la mía.

— Está hecho. Mientras más rápido te acostumbres a la idea, más fácil será para ti. Pero no me importa si cooperas o no. Es mucho más divertido tratar de domar al tigre, Jungwonie.

Una chispa de furia se enciende en sus dulces ojos oscuros. El brillo de su ira es aún más hipnótico de cerca.

Tan adorable. Tan malditamente sexy.

El sonido de dos toques en la puerta me hace soltarlo. Retrocedo dos pasos, pero no dejo de mirarlo. Me permito una última mirada a su cuerpo bien proporcionado, antes de volver a concentrarme en sus ojos, esa mirada que me llama de forma tan desafiante.

— Tengo cosas que hacer. El tiempo a solas es bueno para la mente, a veces. Nos vemos,mi amor. Regresaré pronto. No me extrañes demasiado.

Lanzo un beso con la mano antes de darle la espalda y caminar hacia la salida, disfrutando de la sensación de control y poder que me invade.

Lo escucho gritar con fuerza, exigiéndome que lo libere, llamándome enferma, insultándome con maldiciones y amenazas, pero todo eso solo añade una capa más de placer a la tensión del momento. La puerta se cierra tras de mí, y sus gritos se desvanecen.

Exhalo el aire que había estado reteniendo mientras me apoyo contra la madera, una mano en mi pecho. Mi corazón late con fuerza, tan rápido que casi lo escucho retumbando en mis oídos. Todo había sido más intenso de lo que había imaginado. Pero ya había comenzado, y ahora no había marcha atrás.

Kang Jungwon era mío.