Traición
Kim Seokjin le sostenía la mirada a su hermano, Kim Taehyung, era la tercera vez en la semana que lo visitaba.
Después de una acalorada discusión -en la que intento persuadirlo para que adoptara la idea de formar una familia- el silencio reinaba en la habitación.
—Taehyung...
—Lo que he dicho, lo sostendré hasta el final. Ni tú, ni mis padres harán que cambie de opinión.
—Podrías cambiar de opinión si te dieras la oportunidad de conocer a alguien. Todos necesitamos a alguien, no es sano que estés siempre encerrado. Tienes que salir, disfrutar de tu vida, el dinero no lo es todo.
Las feromonas de Taehyung denotaban que estaba empezando a sentirse irritado, no era para menos, hacía seis meses sus padres lo atacaba con un sermón diario para que empezara la búsqueda de una pareja y ahora, se le había sumado su hermano.
—¿No te hace ilusión tener una familia?
Taehyung bufó y alzó una ceja, aquello le parecía tan absurdo e innecesario, cuando había vivido su vida sin apegarse sentimentalmente a alguien, todo aquello que no tuviera que ver con los negocios familiares le parecía una total pérdida de tiempo.
—Ahora suenas como papá. ¡No! No me hace ilusión tener una familia— el alfa se sirvió un poco de whiskey y se lo tomó de golpe.
—Debes tener a alguien para que siga tu legado.
—Si tanto les preocupa el legado, ¿Entonces por qué no lo continuas tú? Búscate a una mujer, la preñas y listo. Sé tú el alfa y asunto arreglado.
—Sabes que no es así como funciona, tú eres el alfa en nuestra familia, yo soy el mayor, pero no fui elegido por la diosa luna.
—Pues yo tampoco pedí ser el alfa. He cumplido asumiendo mis responsabilidades dirigiendo los negocios, manteniendo las apariencias y todo lo que mis padres construyeron. ¿Qué mas quieren de mi?
—No siempre serás joven.
—¡Eso ya lo sé! ¡Maldita sea! -Taehyung se dio la vuelva y se pasó la mano en el rostro en frustración. Se volvió a acercar a la barra para servirse otro trago.
—Tienes que dejar de beber.
El líquido pasó por su garganta y de repente parecía recordar algo.
—Creo que podría solucionar lo del legado. Le pedí a Namjoon que investigara sobre vientres de alquiler.
—¡Taehyung! Sabes que nuestros padres no aceptaran eso.
—Le pagaré y le haré firmar un contrato. La persona me entregará al cachorro, yo le pago y el legado continuará. Mis padres me dejarán en paz y yo podré vivir mi vida como se me pegue la regalada gana.
—El cachorro necesitara de la persona que vaya a parirlo, lo sabes. Además, ¿Qué harás si no nace alfa?
Taehyung tensó la mandíbula.
—No lo había pensado.
Seokjin le sostuvo la mirada a Taehyung una vez más, hasta que este se giró a ver hacia la ventana.
—Le pediré a Jimin que monitoree el embarazo y que deseche el producto en caso de que no sea alfa, tengo la tecnología de mi lado.
—¿Estás loco? ¡Eso es inhumano!
—Soy un hombre lobo, no un humano.
—No puedo seguir escuchándote, eres imposible— Seokjin se puso de pie y se acomodó el saco— Piensa bien lo que harás, ellos no te van a permitir hacer algo tan repulsivo como eso.
Seokjin salió del estudio dejando a un pensativo Taehyung.
“¿Qué se supone que haga? ¿Qué tenga diez hijos hasta que uno nazca alfa?” Se dijo a si mismo mientras se preparaba un Boulevardier.
En la antigüedad, el alfa de la manada era la persona mayor de todo el grupo, pero en la actualidad, el alfa nacía en noche de Luna Roja, tal como Kim Taehyung. Cuando el lobo alfa es adulto, elige a la que será su pareja de por vida, a la única con la que podría engendrar a sus cachorros y a quien le deberá cuidados, amor, protección y fidelidad, ir en contra de esto, sería ir en contra de su naturaleza y de su honor.
Al terminar de beber todo el contenido de su vaso, sacó su teléfono para hacer una llamada.
—¿Diga?
—Jimin, necesito que hagas algo por mí, estaré en tu clínica en veinte minutos.
—Tengo pacientes en espera, no creo poder atenderte.
El alfa gruñó.
—¡Hey! No me gruñas en ese tono, no estoy de humor, ha sido un día bastante ocupado— suspiró— Ven en dos horas, será mi hora de comida. Por si no terminaste de entender, eso significa que debes traerme el almuerzo.
—Te veo en dos horas— se despidió para empezar a caminar fuera del estudio hacia el jardín, necesitaba fumar un cigarrillo con urgencia.
—Min, ¿Puedes venir? – Jungkook habló para llamar a su prometido.
Mingyu caminó hacia el balcón donde el pelinegro se encontraba sentado en el suelo.
—¿Necesitas algo? Voy a irme al gimnasio en un momento.
Jungkook sonrió.
—Quería preguntarte qué es lo que querías que preparará para cenar, Sohee vendrá hoy a pasar el rato.
Mingyu se recostó en el marco de la puerta y se cruzó de brazos.
— ¿Eso significa que tendré que compartirte hoy también?
Jungkook detuvo sus trazos sobre el lienzo que estaba pintando para carcajear.
—Es mi mejor amiga, no seas celoso.
—Yo solía ser tu mejor amigo, ¿Lo olvidas?
—Pero ahora eres mi prometido y si todo sale bien, serás el padre de mis hijo.
Mingyu alzó una ceja.
—¿Si todo sale bien?
Jungkook se puso de pie y caminó para pararse frente a él.
—Olvídalo, iré a comprar la carne que me hace falta, vuelve a tiempo, por favor — Jungkook dijo antes de besar la mejilla de Mingyu, para luego caminar hacia la entrada a colocarse los zapatos y poder ir a comprar.
Kim Mingyu esperó a que sus pisadas desaparecieran y se asomó a ver por la ventana para verificar que Jungkook se había marchado.
Marcó el número del último mensaje que había recibido y solo tuvo que esperar dos segundos para que su llamada fuera respondida.
—Amor.
—Voy a tu casa, tenemos que hablar.
—¿Está todo bien? Iré a cenar esta noche, Jungkook me invitó.
—Lo sé. Te explicó luego.
Mingyu estacionó su auto a dos calles de la casa de Han Sohee, conocía a sus vecinos y por lo bien que se llevaban también con Jungkook y el perfil bajo que tenían como pareja desde que se había vuelto modelo de una marca tan importante, sabía que nadie dudaría al verlo llegar a la casa de su mejor amiga.
No tuvo necesidad de tocar, porque hizo uso del juego de llaves que su amada le había dado, quien al verlo, saltó sobre él después de cerrar la puerta principal.
—¡Te extrañe tanto!- habló la mujer antes de estampar sus labios en un beso necesitado —En realidad, te extrañamos- dijo tomándolo de las mejillas para verlo a los ojos.
—Tenemos que hablar.
Mingyu bajo a la chica y la sostuvo de la cintura.
—Mingyu, no me asustes.
—Creo que Jungkook está en cinta.
—¿Qué?
—Ha estado extraño estos últimos días, se ha sentido mal y hoy volvió a decir algo sobre eso.
—No puede ser, los anticonceptivos que le hemos estado dando tienen que haber hecho efecto. Además, recuerda que le aumentamos la dosis, pueden ser los efectos secundarios. La doctora dijo que eran los riesgos cuando la dosis se aumentaba.
—Necesito que se haga una prueba para estar tranquilo. Yo ya te tengo a ti, pronto tendremos a nuestro bebé y no necesito a nadie más.
Sohee sonrió y se acercó a besarlo en los labios.
—¿Cuándo lo vas a dejar? – habló entre el beso — pronto nuestro bebé va empezar a crecer, casi cumplo dos meses.
Mingyu detuvo sus movimientos y le tomó las manos.
—Solo necesito que firme los papeles para el traspaso de bienes y así poder vender la casa, con eso tú y yo podremos empezar algo juntos.
—Te amo— fue lo último que dijo antes de que Mingyu la tomará entre sus brazos para llevarla a su habitación.
Ajeno a todo, Jungkook se encontraba en una farmacia, llevaba casi tres semanas sintiéndose mal. Al no poder decidirse por una sola prueba, decidió comprar una de cada una de las marcas que habían.
Aunque luchó con su emoción, se dejó vencer y terminó entrando al baño del supermercado al terminar sus compras. Sintió que el corazón se le cayó al fondo del estómago cuando las siete pruebas marcaron negativo.
Frunció los labios sintiéndose frustrado y tiró todo en una bolsa. Intentando esconder su pena, salió del cubículo del baño para lavarse el rostro.
Tenía cuatro horas antes de la cena y si corría un poco, podría pasar antes a la casa de Sohee, necesitaba liberar lo que estaba apresado en su pecho.
Condujo hasta la casa de la chica, pues era ella quien siempre lo consolaba cuando leía los negativos en las pruebas que se realizaba desde hace un año.
Estacionó el auto frente a la casa de su amiga y caminó directo a la entrada. Tocó la puerta, espero, pero no obtuvo respuesta. Se sintió ansioso y optó por buscar las llaves de emergencia que estaban escondidas entre los rosales.
Entró a la casa y reconoció un par de zapatos en la entrada, sintió un escalofrió recorrerle la espina, pero intentó tranquilizarse pensando que quizás a Sohee se le había atravesado algo y se vió en la necesidad de pedir la ayuda de su novio, de igual manera, los tres eran buenos amigos. Pero definitivamente sintió un nudo en el estómago cuando se adentro a la casa y del pasillo provino un gemido, un gemido ronco que se le hizo familiar.
No...
Dió un paso atrás para marcharse, pero la escuchó mencionar un nombre, justamente ese nombre.
Por favor, no...
Caminó despacio hacia la habitación de Sohee y la mano le temblaba cuando estiró el brazo para terminar de abrir la puerta.
No creía poder describir con palabras lo que sus ojos estaban viendo. El hombre tenía enterrado el rostro en el cuello de Sohee, quien saltaba sobre él y sintió ganas de vomitar cuando reconoció el tatuaje en su cuello.
—Mingyu...
Fue todo lo que pudo decir, Sohee gritó horrorizada cuando lo vio de pie frente a ellos. Y se tumbó a la cama para esconderse bajo las sábanas.
—¡Jungkook!
—Mi amor, esto no es lo que piensas.
Mingyu levantó su ropa interior del suelo y se la puso caminando hacia Jungkook, que permanecía en shock en la entrada de la habitación.
Estaba temblando, se sentía mareado y creía que si daba un paso, iba a derrumbarse en el suelo. Cuando Mingyu lo tomó de la mano, le lanzó una cachetada y comenzó a sollozar.
—¡Ella es mi mejor amiga! ¿Cómo pudiste?
—Amor, dile, esta es la oportunidad.
Sintió que un balde de agua fría cayó sobre él, cuando la vio ponerse la camisa que Mingyu llevaba puesta esa mañana, la misma camisa que le había regalado en su segundo aniversario de noviazgo.
Jungkook se giró a verlo a la cara y al igual que en Sohee, no había ni una sola pizca de arrepentimiento en los ojos de Mingyu, era más como si se sintiera aliviado de al fin dejar de mentir.
—¿Cómo pudieron? — volvió a gritarles. — ¡Yo te amaba como una hermana!
Sohee puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.
—¡Supéralo! Ya está hecho, además, estoy embarazada.
Jungkook sintió una opresión en su pecho. Y sintió náuseas cuando la vio caminar para abrazar del brazo al hombre que hasta hace unas horas, era su prometido.
—No te preocupes, jungkookie, si es niño, le pondré el nombre de su padre y si es niña, se llamará Heeran, tal como siempre quisiste ponerle a una hija tuya.
Jungkook hizo el amago de abofetearla, pero Mingyu lo detuvo y apretó su agarre en su antebrazo para empujarlo.
—¿Estás loco? ¡Está embarazada!
—¡Eres un imbécil Kim Mingyu! ¡Los odio!
—Ódiame más, porque fui yo la responsable de que no pudieras embarazarte. Te gustaba lo que te cocinaba, ¿verdad? Eran recetas mágicas— la mujer dijo burlándose mientras se frotaba el vientre —¡Oh! ¿Recuerdas las vitaminas? Si, Jungkookie, esas también eran píldoras anticonceptivas. ¡Tú nunca podrás tener hijos!
—¿Por qué? Yo nunca te hice daño, te ayude cuando perdiste todo en ese incendio. Tú me consolabas cuando me hacia las pruebas para saber si estaba en cinta, ¿cómo pudiste?
—¡Basta! — Mingyu interrumpió— Solo sucedió, nos enamoramos y ahora ella está embarazada de mi primer hijo. Lo nuestro termina aquí, Jungkook. Pronto te llegará mi reclamo para pedir el dinero que me corresponde de la casa.
—¿Estás loco? Esa casa es más mía que tuya.
—Esa casa la compramos los dos.
—¡Váyanse a la mierda los dos! — gritó golpeando en el rostro a Mingyu, haciendo que cayera en el suelo y Sohee corriera a auxiliarlo.
Jungkook salió corriendo fuera de la casa.
Estaba temblando, sentía coraje, tristeza y mucha impotencia.
Logró encender el vehículo y cuando lo vio salir de la casa, aceleró y se desvió hacia el otro lado de la ciudad, lejos de donde estaba su hogar.
Se estacionó frente a un parque y aprovechó que los vidrios de su auto estaban blindados para permitirse llorar. Se sentía frustrado y estaba dolido, no por él, sino por ella. Porque a pesar de ser amigos desde siempre, fue a ella a quien conoció primero.
Cuando pudo tranquilizarse, vio a los niños del parque jugando en los columpios, mientras otros lanzaban aviones de papel de colores.
Y sonrió.
Se había graduado de la universidad hace dos años y hace un año había empezado a trabajar como modelo de una marca prestigiosa. Le pagaban muy bien y con lo que había estado ahorrando, iba a poder dedicarle tiempo a su ‘futuro esposo’ y a su ‘hijo’, por lo menos hasta que tuviera dos años y pudiera regresar a trabajar.
Habían comprado la casa para tener más espacio del que tenían en el apartamento donde solían vivir durante su época universitaria.
Tenía todo perfectamente planeado, pero nunca considero que fueran a engañarlo, no de esa forma.
Alzo su mirada y se vio por el retrovisor, tenía la nariz y los ojos rojos por el llanto. Él quería una familia y si no era con Kim Mingyu, eso no lo iba a detener. Ya tenía su vida planeada antes de conocerlo y se recordó a sí mismo que lo que había pasado, solo había sido una parada en el camino y no era su destino.
Recordó la clínica de fertilidad que había encontrado hace un mes en internet y buscó la dirección.
La fijo en su buscador y antes de marcharse a buscarla, entró al chat de su hermano para ponerlo al tanto de la situación.
JK: Hyung, Mingyu me engañó con mi mejo amiga!!!
YG: ¿Qué? ¿En dónde estás? ¿Estás bien?
JK: estoy bien. Voy a ir a una clínica de fertilidad. Quiero tener un bebé.
YG: Kook, creo que debes pensar mejor las cosas. Tómate un tiempo para ti.
JK: Kim Mingyu no es indispensable en mi vida, solo fue una parada, él no es mi destino.
No esperó la respuesta de su hermano, guardó su teléfono y se puso en marcha hacía la clíni