Capítulo 1: La Carta que No Debía Llegar
Nunca he sido de las que creen en coincidencias. Pero tampoco creía en internados secretos hasta que recibí la carta.
La encontré en el buzón, sin sello, sin remitente, solo mi nombre escrito a mano con tinta azul. Nadie más la vio llegar. Ni mi madre, ni el cartero. Y lo más raro: el papel olía a lluvia, aunque hacía semanas que no llovía.
"Estimada Solana Reyes,
Nos complace informarle que ha sido seleccionada para formar parte del Instituto Blackthorn, un lugar para jóvenes especiales como usted. Su presencia es requerida el 3 de septiembre. No se aceptan rechazos.
Con respeto,
La Dirección."
Tal vez una parte de mí debió asustarse por esa última línea. Pero no lo hizo.
Porque había una palabra que me dejó sin aliento: especial.
Desde pequeña he escuchado cosas que otros no oyen. Susurros en la noche, pasos detrás de mí cuando estoy sola, voces que surgen del viento y se desvanecen como si nunca hubieran existido. Pensé que estaba loca. Que algo en mí no funcionaba bien. Pero si había un lugar para personas como yo… tal vez no era un error. Tal vez era una pista.
Lo más extraño vino después. Cuando le pregunté a mi madre por la carta, me miró como si estuviera hablando otro idioma.
—¿Qué carta?
La tenía en la mano. Literalmente. Pero cuando volví a mirarla, el papel se había desvanecido. Solo quedaba el sobre vacío.
Y aun así, dos días después, un auto negro con vidrios polarizados se detuvo frente a mi casa. Un conductor sin rostro —porque juro que no puedo recordar su cara— me abrió la puerta y dijo con voz neutra:
—El Instituto Blackthorn la espera.
Y como si algo más fuerte que mi voluntad me empujara, subí.
No sabía que estaba entrando en un mundo donde los secretos eran moneda corriente. Donde nadie era lo que parecía. Y donde escuchar voces era solo el principio.