El ultimo Dragon

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Sinopsis

Cuando los dragones enfrentaron el final del mundo, dejaron solo cenizas... y un huevo. En un mundo arrasado por criaturas indescriptibles, Kami despierta sola entre ruinas y sombras. Criada por un autómata en un búnker olvidado, desconoce lo que hay más allá de las puertas selladas. Pero cuando la oscuridad irrumpe en su refugio, no le queda otra opción que salir... y enfrentarlo. Sin entender quién es ni lo que puede llegar a ser, Kami deberá sobrevivir en un mundo donde la fuerza es la única ley y la esperanza es un lujo extinto. Una historia de fuego, vacío y pérdida, donde el alma de un dragón podría ser la chispa que aún arde entre las cenizas.

Genero:
Fantasy/Scifi
Autor/a:
kami_Veresk
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
4.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Prólogo: El Ocaso de los Dragones

El mundo había prosperado. Ciudades imponentes se alzaban con acero y cristal, cruzadas por caminos de concreto y surcadas por vehículos veloces. La tecnología avanzó hasta límites insospechados, dominando el aire con máquinas de metal y creando armas capaces de destruir ejércitos con un solo disparo. La civilización había alcanzado su cúspide, confiada en su propio poder.

Y entonces, sin advertencia, todo terminó.

Aparecieron de la nada, como si hubieran brotado del propio suelo. No eran sombras ni bestias comunes, sino masas de carne retorcida, cubiertas de ojos que parpadeaban sin sentido. Sus cuerpos se expandían en tentáculos deformes, capaces de endurecerse hasta convertirse en armas más resistentes que cualquier metal conocido. No hablaban, no mostraban intención más allá de la destrucción. Eran un torrente imparable de muerte.

Las armas más avanzadas no fueron suficientes. Explosivos, proyectiles de gran calibre, barreras de energía... todo resultó inútil cuando las criaturas comenzaron a adaptarse. Aprendían rápido, regeneraban sus heridas, se volvían más letales con cada enfrentamiento. Una a una, las grandes ciudades cayeron, devoradas por la marea de monstruos.

Y en medio del caos, los dragones se alzaron en batalla.

Eran la última defensa, los más fuertes, los más antiguos. Sus cuerpos eran más duros que cualquier blindaje, su fuego podía reducir fortalezas a cenizas. Pelearon con la furia de una tormenta, lanzándose al combate sin miedo. Pero sus enemigos eran innumerables, implacables. Aprendieron a perforar sus escamas, a resistir su fuego, a desgarrarlos hasta no dejar rastro.

Uno a uno, los dragones fueron cayendo.

Cuando el último de ellos sucumbió, el mundo terminó de desmoronarse.

Las civilizaciones se derrumbaron. Las ciudades que no fueron destruidas se convirtieron en ruinas infestadas de monstruos. Los pocos sobrevivientes huyeron, refugiándose en bastiones improvisados. Pero la vida en ellos es una condena: sobrepoblación, hambre, desesperación. Sin leyes, sin orden. Solo la supervivencia del más fuerte. El mundo ya no pertenece a nadie.

Pero en algún lugar, enterrado en el olvido, un huevo permanece intacto.

Su cáscara es negra como la noche, con reflejos morados que arden como brasas. Su superficie está cubierta de picos irregulares, como si la propia oscuridad lo protegiera.

Es lo último que queda de los dragones.