Capitulo uno
— ¿Has escrito algo últimamente?
— No, no puedo escribir nada
— ¿Y eso como te hace sentir?
— ¿Cómo que como me siento? ¡Frustrado!, intento escribir algo y solo sale un garabato, he llenado tres páginas de garabatos, me siento como el poema de Gloria Fuertes « pienso mesa digo silla, compro pan y me lo dejo, lo que aprendo se me olvida, lo que pasa es que me confundo »
— La última parte del poema no va de esa manera — en cada momento que se detenía de escribir la pluma la dirigía a su boca dando un leve mordisco — Claro que no va así, lo último lo he cambiado a mi sentir, la cosa es que no puedo escribir nada, cada vez que agarro el lápiz las letras se quedan pausadas y solamente habló conmigo mismo, eso sí, he tenido unas charlas maravillosas, unas charlas increíbles
— ¿No hablas con nadie más que contigo?
— ¿Pará que querría yo hablar con terceros?, si yo hablo me respondo, grito, me confundo y me encuentro, debato, debato mucho conmigo mismo
— Pero no llegas a ningún lado, escucha Edevane han pasado tres meses desde que dijiste que escribir era como la cúspide del desahogo
— ¡Y lo es!..lo que pasa es que ahora no me siento con inspiración para escribir
— ¿Seguro que es eso? Y no tu nula falta para hablar
— ¿Que pretenda que tenga cátedras con mi reflejo? Hablar es para locos, seré un idiota pero no un tarado
— Si hablamos de cátedra para idiotas e ilusos, entonces el único idiota serías tú
— ¡¿Pero que clase de psicólogo eres?!, encerio puedes hablarle así a un paciente
— Por lo visto uno muy bueno, no me han demandado, tampoco me han quitado la célula ni ha terminado en la basura
— Técnicamente está en la basura — apuntaba hacia un bote que contenía dicha cédula de psicología — La cosas no siempre salen como uno quiere
— Pero que pretendas que yo haga, ¿que me pare como idiota y hablé con mi reflejo?
— Si exacto, eso quiero, dime algo Edevane ¿Cuáles son las cuatro frases que se te dificultan escribir?
Soltaba un suspiro — las frases que se me dificultan...te quiero..te odió..te-te perdonó y te necesito
— Edevane tu no estás confundido, tu estás enfermo
— ¿Enfermó?, ¿yo?
— Pues ¿quién más si no?
— ¿Enfermo de qué?
— De tus emociones, Edevane tus emociones te enferman
— ¿Estás de broma verdad?
— No, ¿cuando fue la última vez que te sentiste alegre, que lloraste, qué dijiste en voz alta porque las cosas te dolían?, niño tonto, olvidaste que las emociones son tuyas, que tienes la libertad de sentir y de expresar, Edevane ¿Quien calló tu voz? que no haz querido volver a encontrarla
— Ya basta..
— ¿Te incomoda?
— No, pero si sigues así voy a terminar llorando, ya van tres días que salgo de aquí a moco tendido
— De todos modos lloras todas las noches
— ¿Encerio por qué elegiste trabajar de esto?, ¿Realmente te gusta la psicología?
— Claro que no, amó la psicología pero no la idolatro, supongo que al final opté por este trabajo para mejorar la mierda que están haciendo, no soy tan benevolente para dejar que otro tarado "mejore" está área, eso y la estúpida competencia entre colegas, me enferman
— Hablas del nuevo consultorio que pusieron en la segunda esquina
— si ¿Lo has visto?
— me he pasado por ahí algunas veces, aunque debo de admitir que tiene la fachada mas amigable, es más grande, con mejores instalaciones, tiene cuatro consultorios entonces casi no hay filas y el otro terapeuta es incluso más guapo
— Aún me sigo preguntando porque sigo siendo tu terapeuta
— ¿Por qué soy tu paciente favorito?
— o quizás soy demaciado amable, para que otro terapeuta no tenga que soportar el hecho de que eres un dolor en el culo
— ¿!Encerio que te pasas de expresivo a veces?!
— y tú de boca floja, pero bueno eso no es lo importante, apartir de ahora probaremos otro método, trabajaremos partiendo de la disociación ¿Te parece bien?
— ¡¿Por supuesto que no?!, ¿que no se supone que tú evitas éso?, porque razón me pondrías a disociarme, ¿!estás loco?!
— Porque a ti te mata el exceso de realidad y de fantasía, por esa razón lo haremos al revés, así que apartir de ahora tienes prohibido escribir en tu diario, cada pensamiento lo dirás en voz alta
— ¿Qué?, acaso pretende que me grabé hablando frente al espejo
— Si, y se que lo harás, así que mañana escuchamos la primera cátedra
— ¿Por qué está tan seguro que lo haré?
— Porque de todos los imbéciles con los que te rodeas, yo soy el único tarado que te conoce lo suficientemente bien, por esa razón se que lo harás, así que cuando te vayas por favor cierra la puerta, adiós, adiosito, ya lárgate
— ok, ok, me voy, nos vemos doc — Cerraba la puerta detrás de sí y emprendía su camino hacia la salida de aquel consultorio