PRÓLOGO
Killian le chupó los pechos blancos y pesados hasta dejar los pezones rojos, hinchados, enrojecidos y casi despellejados.
Killian respiraba con dificultad, y su aliento cargado de lujuria hacía que el cuerpo de Liona ardiera.
Tras chupar sin descanso, su gran mano se coló dentro de las bragas de Liona y, al tocar su coño virgen, descubrió que ya estaba húmeda.
—Como era de esperar de mi mujercita, sabes muy bien cómo responderle a tu hombre.
La actitud fría y serena que solía tener su oponente había desaparecido. En su lugar, solo quedaba una mirada hambrienta y ansiosa, tan directa y ardiente que parecía querer devorarla. Incluso cuando uno de sus dedos comenzó a frotarle el coño con rapidez, ella se mordió los labios para no gritar y dejó que jugara con ella.
El tacto frío la hizo estremecer, y un gemido escapó de sus labios: —Ah… No toques… aaahhh…
—Uh ah… ah ha, ah ha… no tan rápido…
—Aaah… Por favor… No… No puedes… Aaaah…
Liona nunca había sido tocada así por un hombre.
Al presionar con fuerza, escuchó su grito ahogado. —Ah… no lo toques, me duele…
Pero cuanto más le pedía que no lo hiciera, más ganas tenía él de tocarla. Los gemidos de Liona se volvieron más intensos.
Lentamente, le introdujo el dedo índice. —Me duele, sácalo… sácalo, aaah…
Liona gritó cuando Killian le metió un dedo. Este cuerpo no había conocido el sexo. ¿Cómo iba a soportar algo así?
Liona empujó con ambas manos la mano invasora de Killian, pero él, con la otra, le sujetó las muñecas por encima de la cabeza, haciendo que sus pechos sobresalieran aún más.
—Mmm… me duele, suéltame… —Liona, inmovilizada, sollozaba en voz baja. Sin darse cuenta, las lágrimas le cubrían las mejillas. Sus pechos delicados eran devorados, su parte íntima invadida por sus dedos, y su rostro bañado en lágrimas le daban un aire de belleza maltratada.
¿Cómo podía Killian resistir semejante estímulo? El coño virgen de Liona era demasiado estrecho. Si en lugar de sus dedos fuera su verga hinchada y palpitante, se volvería loco de placer.
La entrepierna de Killian estaba tan tensa que le dolía, así que aceleró los movimientos de sus dedos, intentando abrir el pasaje estrecho de Liona lo antes posible.
—Me duele… No sigas… Aaah… —Justo cuando sus dedos se adentraban más en su coño hinchado y enrojecido, Liona volvió a gritar.
Killian no esperó a que se adaptara, sino que la penetró con fuerza y rapidez en su pequeño orificio.
—Mmm… —La invasión la sacó de su aturdimiento. Solo pudo emitir un gemido ahogado, pero lo sintió todo.
Al notar la dureza de Killian presionando contra su muslo, el miedo la inundó y las lágrimas brotaron sin control. Por más frágil y lastimera que pareciera, Killian no tenía intención de soltarla. Sus dedos seguían moviéndose dentro de ella, y su lengua, que exploraba su boca, imitaba el vaivén de un acto sexual.
La pobre joven estaba atrapada bajo el hombre en la cama, con la boca y su intimidad invadidas al mismo tiempo. Los sonidos de "plas plas" y "plas plas plas" llenaban la habitación. Cada vez que los escuchaba, la joven se retorcía, moviendo su culo blanco y esbelto para escapar, pero solo lograba avivar aún más el deseo animal del hombre.
—Uh-huh… uh-huh…
—Tú… no me hagas daño… ah ha… oh, qué raro…
Cuanto más se resistía, más rápido la atacaba, incluso añadiendo otro dedo. Los dedos delgados abrían su estrecho orificio. Si uno ya era insoportable para Liona, ¡dos eran demasiado! Forcejeó con las manos, intentando liberarse, y pateó con desesperación para alejarlo.
—Uhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Otro gemido diferente, delicado y cargado de lujuria, pero con un dejo de súplica, como si la estuvieran maltratando.
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KILLIAN KING, un mafioso y hombre de negocios que no duda en matar a sus enemigos, especialmente a quienes se cruzan en su camino. La primera vez que vio a Liona, quedó fascinado por esa chica que no sabía cómo seducirlo, a diferencia de otras que no dejaban de acosarlo. ¿Sería su actitud indiferente lo que llamó su atención? Da igual. La quisiera o no, él la deseaba y no pensaba soltarla…
Liona estaba furiosa por haber sido obligada a casarse con un completo desconocido. Pero no entendía por qué no podía resistirse a ese hombre peligroso, vestido como un depredador. Sabía que, desde el momento en que lo conoció, él no era un simple hombre de negocios. Sin embargo, ¿por qué su aura de peligro la atraía tanto?
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ADVERTENCIA:
CONTENIDO SEXUAL
ESCENAS DE EXPLOTACIÓN
LENGUAJE EXPLÍCITO
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TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS POR MÍ…