Incomodidad
Incomodidad es la que siento
cada vez que entra ese pensamiento.
Es tan atrevido,
que se queda diariamente
viviendo en mi mente.
Ella fue un tormento
al que no quiero ver.
Por mucho tiempo,
fue un año entero
donde me persiguió
sin dejarme aliento.
Incomodidad es la que siento
cada vez que te recuerdo,
y me quedo dura, eclipsada,
solo porque no entiendo
que sigas habitando en mi mente.
Incomodidad es lo que siento
cuando quiero seguir mi vida
y siempre aparece tu recuerdo.
No me gusta, lo detesto.
Yo solo quiero seguir.
Me enamoré de nuevo
y soy feliz.
Con o sin esa persona
yo puedo seguir,
porque las lecciones ya aprendí:
que estar sola también
es una forma de ser feliz.
Incomodidad es la que siento
cada vez que abro los ojos
y me doy cuenta de cuánto
te idealicé y confié en ti,
sin saber que me ibas a engañar y manipular,
que poco a poco yo me iba a perder
solo porque no te quería soltar.
Incomodidad es la que siento
cada vez que veo cuánto
me perseguiste energéticamente
y todas las cosas que hiciste.
No hacía falta que hicieras todo eso.
Yo pagué con creces cada una de mis cagadas,
y lloré siempre en la madrugada,
mucho tiempo confundida y desconsolada,
en subidas y bajadas
en las cuales te dejé de amar.
Y ahora solo siento un rechazo por ti
y una gratitud enorme,
ya que gracias a ti
yo pude crecer y madurar.
Aprendí muchísimo
de lo que fuimos...
y ya no somos.