PRÓLOGO
Dicen que hay personas que no vienen a quedarse, pero aún así, te sacuden el alma.
Él fue una de esas personas.
No fue el amor de mi vida.
Pero tampoco fue solo un momento.
Lo conocí en una etapa tranquila… o quizá fui yo la ingenua por pensar que esa mirada significaba más de lo que decía.
Nos besamos una sola vez. Solo una.
Pero bastó para que, noche tras noche, me preguntara si pensaba en mí como yo en él.
Me hacía sentir deseada con una sola caricia, pero se alejaba con excusas vacías.
No me rompió.
Solo me dejó incompleta.
Y no sé qué es peor:
que no haya vuelto,
o que me haya gustado tanto sin haber llegado a nada.
Desde entonces, me prometí no volver a quedarme con las ganas.
Ni de palabras.
Ni de caricias.
Ni de respuestas.
Porque a veces, no se trata de querer amor.
A veces, solo quieres que alguien te vea.
De verdad.
Y tenga las manos correctas para tocarte el alma… y algo más.