A New Chapter [BL]

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Sinopsis

Tras su divorcio, Phillip solo quiere una vida tranquila: cuidar a su hijo, trabajar y mantenerse lejos de cualquier drama romántico. Todo parecía ir de acuerdo al plan… hasta que apareció Daniel. Lo que comienza como una amistad casual pronto se convierte en algo que Phillip jamás imaginó volver a sentir tan pronto. Y mucho menos por un hombre.

Genero:
Romance/Lgbtq
Autor/a:
Celeste_Noir
Estado:
En proceso
Capítulos:
60
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo Uno: Volver a empezar

Nota: Estaré corrigiendo capítulos ya publicados ✍️✨ Así que si notan algo raro o tienen alguna dificultad al leer, es por eso 😅 Gracias por la paciencia y por estar aquí💕 💕

El viaje desde Ravencrest había sido extrañamente largo. Se suponía que eran cuatro horas, pero mi cuerpo — y sobre todo mi mente— lo habían sentido como una eternidad.

Bajé la mirada hacia mis rodillas. Liam seguía durmiendo, con su boquita abierta y uno de sus rizos cobrizos cubriéndole su ojo izquierdo plácidamente. Sonreí y acaricié suavemente su cabello cobrizo.

Aparte el rizo con suavidad, deslizando los dedos por su cabello. Ojala esta siesta sea suficiente como para apaciguar su tristeza.

Antes de que nos subiéramos al tren, se había abrazado fuertemente de su abuela, enterrando su carita en su pecho y sollozando.

Solté un suspiro largo que empaño la ventanilla.

No pensé... que volvería a mi ciudad natal. No después de todo. Pero dadas las circunstancias, esta era la mejor opción.

Laúnicaopción, en realidad.

El teléfono vibro en mi bolsillo, interrumpiendo el espiral de pensamientos en el que estaba a punto de caer. Lo saque con cuidado, procurando no mover mucho a Liam.

Jack:Ya llegamos. Estamos afuera de la estación😄

Yo:Ok Nosotros llegaremos en 10 minutos mas o menos

Jack:Recuerda que debes salir por Pine Hill

Yo: Lo sé, me lo repetiste cientos de veces ayer. No creo que la terminal haya cambiado tanto desde que me fui

Jack:Pues te vas a llevar una enorme sorpresa, hermano🤭 Si no encuentras la forma de salir, llámame e iré a buscarlos. Quiero reírme en tu cara por ser un mocoso😂

Rodé los ojos.

Ahora es un adulto responsable, pero cuando éramos niños, era un desastre andante. El tipo de chico que perdía las llaves dentro de su propia casa y le echaba la culpa a los demás.

Mi querido amigo de la infancia. Mi hermano de otra madre. La persona en la que mas confiaba en mi adolescencia... y con quien no me había comunicado en siete años.

Estoy ansioso por volverlo a ver.

Mi teléfono volvió a vibrar.

Jack:Ve preparándote para el abrazo de mis papás

Solté una risa involuntaria.

También estaba ansioso por volver a ver a los señores Richardson. Mis tutores legales desde los quince años. Mis salvadores, prácticamente.

Estoy seguro de que en cuanto me vean, me encarcelarán en sus brazos para luego regañarme por no haberlos visitado ni llamado por tanto tiempo.

Ya podía sentir el tirón de orejas. La señora Richardson tenia una fuerza extraordinaria para alguien de metro y medio. Cada vez que Jack y yo nos metíamos en problemas, ella era quien nos castigaba con mano firme. Mientras tanto, mi madre era quien nos consolaba después, regalándonos caramelos y diciéndonos que todos cometemos errores.

Mi sonrisa de desvaneció.

Volví a fijar mi vista en el paisaje que pasaba tras la ventanilla. Cada detalle me golpeaba como un recordatorio de lo que ya no estaba.

—Regresé a casa, mamá...—murmure, tan bajo que ni siquiera estaba seguro de haberlo dicho en voz alta.

Liam comenzó a moverse contra mi costado. Levanto su cabecita despacio y soltó un bostezo enorme que le arrugo toda la cara.

—Buenos días, dormilón— le dije—. ¿Dormiste bien?

—Si... — murmuró, frotándose los ojos con el puño.

Es tan tierno en su torpeza matutina.

—¿Ya llegamos?

—Aún no. Dentro de poco llegaremos a la terminal.

Él asintió, pareciendo satisfecho con la información. Luego, giro hacia la ventana, observando cómo las casas y edificios comenzaban a multiplicarse.

—¿Me gustará esta ciudad, papi?

—Estoy seguro de que te encantará— le respondí, volviendo a acariciar su cabello —. Y también estoy seguro de que te va a gustar tu nueva escuela. Es la misma a la que yo iba cuando era niño.

—Oki...—murmuró, sin sonar muy convencido.

Hubo un breve silencio. Solo se escuchaba el ronroneo del motor del tren y el murmullo de otros pasajes.

—Papi.

—¿Si, cariño?

—¿Cuándo podremos visitar a la abuela Candy y al abuelo Ewan?

Mi sonrisa se volvió triste.

Es inevitable que no piense en ellos.

—Ya veremos... — murmuré—. Y cuando volvamos, intentaremos convencer al abuelo Ewan de comprarle un teléfono móvil, ¿ok? Para que puedas hacer videollamadas con ellos las veces que quieras.

Él hizo una mueca y volvió a mirar por la ventana.

—Los voy a extrañar mucho...

Me quedé en silencio, sintiendo como un nudo en el estómago se formaba.

También los iba a extrañar. Después de todo, ellos habían sido increíblemente buenos conmigo. Antes del matrimonio, durante, y especialmente después del divorcio.

Aun no lograba entender como había llegado a ese punto. Por que Rosemary habia hecho lo que hizo. Pero seguir dándole vueltas a eso era como intentar armar un rompecabezas con la mitad de las piezas perdidas.

—Vamos a estar bien, campeón...—le susurre, abrazándolo lo mejor que pude en el asiento estrecho—. Te lo prometo.

Después de unos minutos que se sintieron como una eternidad mas, llegamos a la terminal. Tomé las maletas — que, por alguna razón, sentí que pesaban el doble—y, con Liam de la mano, bajamos del tren.

El viento mañanero golpeó mi rostro de lleno. Cerré los ojos por un momento, dejándome envolver por esa sensación de aire limpio, fresco, con ese toque áspero que solo tiene el otoño.

Abrí los ojos y deje que mi vista recorriera la estación, sintiendo como la mandíbula se me aflojaba de pura sorpresa. El lugar, que recordaba—con sus paredes desconchadas color beige, sus bancos de madera astillada y ese letrero oxidado que decía “Bienvenidos”— había desaparecido por completo.

Ahora todo era acero pulido y vidrio, pantallas digitales por todas partes, cafeterías con nombres pretenciosos, gente moviéndose como hormigas organizadas con sus maletas de rueditas y sus termos de café.

Maldición. Jack tenía razón.

Bueno, mejor buscar un mapa antes de siquiera pensar en llamarle.

Bajé la mirada hacia Liam. Él estaba mirando fijamente hacia un costado, donde una mujer joven cargaba a un niño pequeño en brazos, ambos riéndose de algo.

El pecho se me apretó.

Está pensando en ella...

—Liam—le llamé suavemente, apretando su manita—. Vamos a buscar la salida, ¿si?

Él levanto la vista hacia mi y me dedicó una pequeña sonrisa.

—Si, papi.

Una vez encontramos uno de esos mapas digitales, no pude evitar sentir una irritación creciente. Para mí, aquello no era un mapa, era un laberinto diseñado por un psicópata. Líneas de colores, iconos que no tenían ningún sentido y flechas que apuntaban en todas direcciones.

¿Quién mierda creyó que seria buena idea darle ese diseño a un mapa?

Busque con la mirada el nombre de Pine Hill, pero no lo encontraba por ningún lado. Cada vez que creía verlo, resultaba ser Pine Grove o Pine Valley o cualquier otra cosa que se sumaba a mi frustración.

Miré alrededor, buscando a alguien que pudiera orientarme. Alguien con pinta de trabajar aquí, o al menos, alguien que no pareciera tener prisa. No pensaba llamar a Jack tan pronto. Eso seria entregarle la victoria en bandeja de plata.

Todos parecían estar en su propio mundo, caminando a toda velocidad con audífonos puestos y mirando sus teléfonos. Nadie parecía remotamente interesado en ayudar a un tipo perdido con un niño y dos maletas.

Y tampoco se veía un puto guardia.

—Papi, ¿estamos perdidos?—pregunto Liam, mirando de un lado a otro.

—No, cariño. Solo dame un minuto.

Saqué mi teléfono con un suspiro derrotado, dispuesto a llamar a Jack y dejar que se riera de mí durante la próxima media hora. Pero justo en ese momento, un aroma a menta fresca invadió mis fosas nasales de forma repentina y potente que mi cuerpo entero se tensó por instinto.

Gire la cabeza bruscamente y me sobresalté al encontrarme a un hombre justo detrás de mí.

¡¿Pero qué mierda?!

¡¿En que momento se acercó?!

Tenía una estatura casi idéntica a la mía— nos separaban tal vez dos o tres centímetros. Su cabello era rubio y sus ojos eran de un color chocolate profundo, cálido, con pestañas ridículamente largas En su camisa— una camisa azul impecable— llevaba un broche con alguna inscripción que no me moleste en leer porque estaba demasiado ocupado evaluando si este tipo era una amenaza o simplemente un idiota sin noción de espacio personal.

Es... bastante lindo, la verdad. Bueno, lindo en el sentido de que tiene un buen parecido, nada mas.

Lastima que eso no va a salvarlo de los insultos que le voy a gritar por acercarse a nosotros como un maldito acosador.

—Oye, idiota, ¿Qué te pa...?

El movimiento de su brazo me interrumpió. Sin decir una palabra, colocó su dedo índice sobre la pantalla, señalando un lugar especifico. Lo observé con desconcierto, para luego mirar el punto donde apuntaba.

Ahí estaba. Pine Hill.

Mierda.

¿Cómo no lo vi? Estaba justo ahí. Definitivamente tendré que programar una cita con el oculista.

—Gracias...— murmuré, mi voz sonando más tensa y cortante de lo que me habría gustado. Probablemente soné grosero.

Pero él no pareció ofenderse. Solo me dedicó sonrisa tranquila, cálida, del tipo que hace que te sientas como un imbécil por estar a la defensiva.

Su mirada bajo hacia Liam y, con un movimiento veloz, sacó una paleta envuelta en un papel azul de su mochila y se la extiendo con un gesto amable.

—¡Muchas gracias, señor! —exclamó Liam, con los ojos brillando de pura felicidad.

El desconocido asintió con esa misma sonrisa, levanto la mano en un gesto de despedida casual y comenzó a caminar hacia el andén de los trenes.

Me quedé ahí parado como un poste durante unos segundos, observando como ese hombre se perdía entre la multitud de viajeros.

Que tipo mas extraño.

¿Ni siquiera una presentación o un “de nada” o “que tengan buen día”?

Solo una sonrisa y ya.

—¿Puedo comerla ahora, papi? —pregunto Liam, levantando la paleta hacia mi.

La miré con recelo. Era de esas paletas industriales que venden en cualquier tienda, nada sospechoso en apariencia, pero aun así...

—No estoy seguro de que debas comerla—le respondí, frunciendo el ceño.

—Pero, papi. Ese señor me la regaló—protestó, apretando la paleta contra su pecho como si fuera a arrebatársela en cualquier momento.

—Ese “señor” es un desconocido—le dije, extiendo la mana para que me lo entregara—. ¿Y qué te he dicho sobre aceptar cosas de desconocidos? No sabes qué intenciones tienen.

—Pero él no se veía malo. Una persona mala no nos hubiera ayudado.

Solté un largo suspiro, pasándome la mano por el cabello. Técnicamente tenia razón. El tipo nos había ayudado sin que se lo pidiéramos, no había dicho nada raro o actuó de forma amenazante. Solo había sido... amable. Descontentamente amable.

Pero también es mi trabajo como padre ser paranoico.

—Cuando lleguemos a la casa de los Richardson, veré si te la puedes comer—le dije finalmente, extendiendo la mano con mas insistencia—. ¿Trato?

Liam lo consideró por un momento, mordiéndose el labio inferior, y luego me entregó la paleta.

—Esta bien... —murmuró, claramente descontento.

—Ahora vamos. Nos están esperando.

Liam asintió, arrastrando un poco los pies mientras caminábamos hacia la salida.

Pero mientras avanzábamos, no pude evitar echarle un ultimo vistazo hacia donde había desaparecido ese hombre.

Realmente... había algo extraño en el. No de un extraño malo. Era otro tipo de rareza. Algo en su presencia, en esa calma que transmitía, se me había quedado adherido a la piel, tranquilizándome.

Fruncí ligeramente el ceño y sacudí la cabeza.

Concéntrate.

Tienes cosas mas importantes en que pensar que en un tonto rubio que no volverás a ver.

—¡Phillip!¡Phillip!

Giré mi cabeza hacia la dirección de la voces que gritaban mi nombre, y el nudo que había estado cargando en el pecho todo el viaje se aflojo de golpe.

Ahí estaba la familia Richardson.

Los señores Richardson seguían prácticamente iguales a como los recordaba. Lo único diferente eran las canas que ahora adornaban sus cabellos.

Jack también seguía igual. Cabello negro despeinado, robusto y con esas gafas redondas que ha usado desde la secundaria. A su lado estaba Aiko, su novia según me había dicho por mensaje. Una mujer menuda de ascendencia japonesa, de cabello corto y sonrisa tímida.

Camine rápidamente hacia ellos, jalando a Liam conmigo, incapaz de ocultar mi sonrisa de alegría.

—¡Phillip!— exclamaron casi al unísono los señores Richardson, envolviendo mi cuerpo en un abrazo doble.

Solté la mano de Liam y correspondí el abrazo, hundiéndome en ese aroma hogareño que los caracterizaban.

Después de unos segundos —o tal vez minutos, no estoy seguro— ambos se separaron de mi.

—Te hemos echado de menos, muchacho—dijo el señor Richardson.

Su esposa asintió vigorosamente, con las lágrimas amenazando con desbordarse en cualquier momento.

—Yo igual los he echado de menos—dije.

Y era verdad. Los había extrañado un montón.

Durante mis años universitarios, me había mantenido en contacto con ellos a través de mensajes, llamadas o cartas escritas a mano cuando tenia tiempo. Nos poníamos al día sobre todo: mis clases, las clases de Jack, el trabajo, los chismes del vecindario que la señora Richardson tanto insistía en contarme...

Pero todo eso cambio cuando conocí a Rosemary. Las llamadas se volvieron mas espaciadas. Los mensajes mas cortos y las cartas, poco a poco, dejaron de existir.

Qué gran error fue eso.

La señora Richardson hizo el ademán de acercarse otra vez a mí. Imaginé que quería darme otro abrazo, así que extendí mis brazos, preparándome para recibir mas de su afecto maternal.

Pero, inexpertamente, ella me tomo de la oreja y empezó a jalarla con fuerza.

—¡¿Por qué dejaste de llamarnos?!—exclamó, y aunque su voz sonaba molesta, se podía notar un dolor debajo—. ¡No sabes lo preocupada que estuve! ¡Pudiste al menos mandarnos una carta diciendo que no querías hablarnos más!

—Lo siento, lo siento...— balbuceé, inclinándome hacia un lado por el jalón.

—¡Pensé que moriría sin verte otra vez!

—Ya, Shannon. Suelta al muchacho—intervino su esposo. apartando suavemente su mano de mi oreja maltratada—. Si sigues así, se la arrancaras y termina como Van Gogh.

Ella rodó los ojos.

—Esta bien. Pero espero una buena explicación, ¿quedo claro, Phil?

Asentí rápidamente, acariciando mi oreja. Definitivamente no ha perdido su fuerza.

—¿Me dan permiso para saludar a mi hermano?—pregunto Jack, detrás de sus padres.

Ellos se hicieron a un lado, y en cuanto estuvo frente a mi, me envolvió en otro abrazo de oso que me sacó todo el aire de los pulmones. Me levanto ligeramente del suelo y empezó a mecerme de un lado a otro como si fuera un muñeco de trapo.

—¡Qué bueno es volver a verte, idiota! — exclamó, riéndose con esa risa escandalosa que siempre ha tenido.

—¡Jack, basta ya! ¡Suéltame! — le dije entre risas, intentando zafarme de su agarre.

—¡No! ¡No hasta que digas que me has extrañado también!

—Está bien, está bien...— dije a regañadientes, fingiendo una mueca de molestia—. También te extrañe, ¿feliz?

—Muy feliz—dijo, devolviéndome al suelo.

Me tambalee un poco, intentando recuperar el equilibrio. Este tonto tampoco ha perdido su fuerza.

Jack tomo la mano de su novia y la jalo suavemente hacia adelante.

—Ella es Aiko, mi linda novia— anunció, con un tono orgulloso.

—Es un placer conocerte, Phillip—me dijo, extendiendo su mano.

—Igualmente—dije, correspondiendo el gesto—. Muchas gracias por conseguirme trabajo en tu empresa en tan poco tiempo.

—Oh, no es nada— respondió ella, con un gesto despreocupado de mano—. Cualquier cosa por el amigo hermano de mi osito.

¿Osito?

—Por eso eres la mejor, conejita—dijo Jack, dándole un beso esquimal.

No puede ser.

¿Jack sigue con eso de poner apodos cariñosos?

Antes que pudiera burlarme de él, Jack y Aiko se dieron otro beso, esta vez juntando sus labios. Aparte la mirada, enfocándome en las maletas.

Desde el divorcio, no he podido soportar ver parejas — ya fueran, hetero o de otra orientación— besándose o haciendo cualquier cosa relacionada con el amor. Esas muestras publicas de cariño me revolvían el estomago de una forma que no sabia explicar.

No es envidia ni nada de eso. Es solo que esas cosas eran como un recordatorio de que algo que creí tener.

—Así que este pequeño es Liam, ¿eh?—dijo Jack, luego de separarse de su novia.

Liam se había aferrado a una de mis piernas, observando todo a su alrededor con esa curiosidad cauteloso que tienen los niños cuando conocen gente nueva.

—Sí, él es mi campeón—dije con una sonrisa, poniendo una mano sobre su cabello rizado.

Jack se agachó, poniéndose en cuclillas para quedar a la altura de Liam.

—Hola, amiguito. Me llamo Jack—se presentó con una sonrisa amplia—. Soy el mejor amigo de tu papá. su hermano de otra madre, su compañero de aventuras, su...

—Ya entendió, Jack—lo interrumpí, rodando los ojos.

—Hola...—murmuró Liam, con una sonrisa tímida.

—¡Que lindo es! —exclamo la señora Richardson, agachándose también y tomando a Liam de las mejillas—. ¡Te pareces muchísimo a tu papá! ¿No es así, Clarence?

—Si, es una copia exacta de Phil cuando eras niño—respondió su esposo—. Solo espero que no sea igual de enérgico.

Eso me arranco una carcajada.

Enérgico era el eufemismo que el señor Richardson usaba para referirse a la veces que me metía en peleas, o cuando accidentalmente rompía cosas, o bueno, básicamente a cualquier cosa que hicieran que los maestros los mandaran a llamar.

—Nos vamos a divertir mucho, pequeño—le dijo la señora Richardson a Liam—. Vamos a recuperar todo el tiempo que perdimos por culpa de tu tonto papá que se olvido de nosotros.

Liam soltó una risa, claramente encantando con toda la atención que estaba recibiendo. Yo simplemente rodé los ojos, sintiendo como mis mejillas se calentaban.

La señora Richardson nunca perderá la oportunidad de avergonzarme.

—¿Te gustan los parques de diversiones? —

Liam asintió efusivamente

—¡Muy bien! ¡En cuanto dejen sus maletas, iremos a uno! Hay uno que abrieron hace poco con una montaña rusa que...

—Creo que primero Phil y su hijo deben descansar, cariño—interrumpió el señor Richardson, divertido por la emoción de su esposa—. Fue un viaje largo. Cuatro horas en tren no es poca cosa.

—Además, hay que mostrarles su departamento—añadió Jack, ajustándose las gafas.

—Cierto, cierto—dijo la señora Richardson, incorporándose—. Quizás podamos ir el fin de semana, antes de que entres a la escuela, ¿te parece?

—Si—respondió Liam.

—Bien, ¿Qué estamos esperando? —dijo el señor Richardson—. Tengo la camioneta estacionada a unas cuadras. Vamos antes de que me pongan una multa.

Comenzamos a caminar. La señora Richardson inmediatamente se engancho de mi brazo, pegándose a mi costado.

—Espero que te guste el departamento—dijo—. Yo misma lo decore. Así que me merezco todo el reconocimiento. Quiero aplausos, lagrimas y tal vez una estatura.

—Shannon...—llamo su esposo, con un tono de regaño cariñoso.

—¿Que? ¡Es verdad! Jack y tu se la pasaban viendo futbol que ayudándome.

Solté una risa.

Si. Siguen igual de siempre.

Solo espero que la señora Richardson no haya exagerado con la decoración. Ya siento que voy a ver cortinas con diseños de estrellas, macetas por todos lados, algún tapete con un mensaje motivacional bordado y algún marco con alguna foto vergonzosa mía.

Dios, no.

En medio del camino, mi vista se encontró con el mismo hombre de antes. Estaba a unos metros de nosotros, abriéndole la puerta del copiloto a una mujer pelirroja con gafas de sol enormes.

A pesar de la distancia, alcancé a escuchar un fragmento de su conversación.

—... siempre llegas tarde, tonto—dijo la mujer, sonando algo molesta.

Él no pareció afectarle. Solo le sonreía con esa misma expresión tranquila, pero con un toque de diversión ahora.

Supongo que es su novia o esposa, quizás.

Aquello me trajo recuerdos de los primeros años de matrimonio con Rosemary. Esas risas, esos gestos... todo eso había resultado ser falso. Una actuación. Una mentira envuelta en promesas y cariños que nunca hubo.

Negué con la cabeza bruscamente.

No.

Me prometí que no volvería a hablar de eso, que no volvería a pensar en eso. Rosemary ya es cosa del paso. Parte de mi vida que decidí dejar atrás en Ravencrest.

No mas ella.

No más romance tonto y cursi.

No volver a creer en esos finales felices.

Ese capítulo de mi vida se cerro. Cerrado con candado y con varias tablas clavadas en ella.

Ahora comienza uno nuevo. Uno donde solo importa Liam.

Reconstruiré mi vida y me mantendré alejado de esas mierdas.


Hola 😄

Después de mucho tiempo, aquí estoy de nuevo (tuve un bloqueo de escritor terrible). Pronto comenzaré a actualizar mis otras historias, pero por ahora, me voy a centrar en esta.

Gracias por leer❤️