Prólogo
— Ya te dije que vas a ir al colegio, Akira, no tienes opción. —
La voz de su madre era firme y autoritaria, como siempre.
— ¡Pero mamá! Seguramente he cumplido más misiones correctamente que todos tus trabajadores juntos. —
Akira, la chica de cabello negro azabache, frunció el ceño y puso un puchero, como si eso pudiera cambiar la decisión de su madre.
— Lo sé y eres excelente en lo que haces, pero eso no cambia nada. Tienes que estudiar. Punto.
Akira abrió la boca para refutar, pero su madre levantó una mano.
— Y si intentas contradecirme otra vez, no te dejaré entrar al campo de tiro durante un mes.
Las palabras fueron como un golpe directo. Akira, sorprendida, se quedó en silencio, sabiendo que no tenía más opciones que obedecer.de la autora