Capitulo 2- Encuentro Siniestro
Capítulo #2 – Encuentro Siniestro Eché mano de mi viejo rifle. Sentí su peso familiar mientras lo deslizaba fuera de su funda de cuero, curtida por los años y las batallas. Lo deposité con cuidado en el mostrador, justo al alcance de mi brazo derecho. Respiré hondo y giré el cuerpo con cautela, consciente de que algo no estaba bien, de que el ambiente había cambiado… se había vuelto denso, casi irrespirable.Una voz trémula, rasposa, surgió de pronto desde el interior del cuadro colgado en la pared. No era una voz humana; su tono era más bien el eco de algo antiguo y maligno, como si el propio tiempo hubiera dado a luz a ese sonido maldito. Y entonces ocurrió: una criatura oscura, deforme, surgió con violencia del marco, como si hubiese roto una barrera invisible entre nuestro mundo y el suyo. Su silueta era apenas definida, pero lo que sí pude ver con claridad fueron sus ojos: encendidos como carbones al rojo vivo.—¡Kane, estás maldito! —gritó con una mezcla de furia y regocijo—. Reclamo tu alma.Tomé el rifle sin pensarlo, con un movimiento casi automático, y me arrojé al suelo justo a tiempo. La entidad pasó rugiendo por encima de mí, chocando contra los muebles, destrozando todo a su paso con una furia descontrolada. El lugar se sacudió como si el mismísimo infierno hubiera sido soltado en su interior.Me reincorporé con dificultad y lo miré fijamente. Aquella cosa giró lentamente para enfrentarme de nuevo. Sus ojos ardían con una intensidad sobrenatural. Era como si me observaran desde el fondo de un abismo llameante. Sabía que ese no era un enemigo común. No bastaría con balas ordinarias.Metí la mano en el bolsillo interior de mi chaqueta y saqué un viejo crucifijo de hierro. Su superficie estaba fría como el mármol de una tumba. Lo apreté con fuerza mientras el ente avanzaba lentamente hacia mí, gruñendo con una voz que parecía mezclar mil susurros malditos.Levanté el rifle, apunté directo al pecho de la criatura, y con una voz firme le espeté:—Si quieres mi alma… tendrás que hacer cola. Vuelve a los confines oscuros de donde saliste, servidor del demonio.Dos fogonazos poderosos estallaron desde el cañón del rifle. El estruendo hizo vibrar las paredes. En respuesta, un alarido horrendo y ahogado, como un grito arrancado del mismísimo inframundo, se expandió por toda la sala, helando la sangre en mis venas.Este no era un rifle cualquiera. Para combatir a esa clase de maldad, se necesita un arma con historia… y la mía la tenía. Su anterior dueño fue un hombre sabio, un cazador de lo oculto, que entendía los secretos de las sombras. El arma jamás se queda sin balas. Cada disparo crea una nueva munición desde su interior gracias a un antiguo encantamiento. Un arma forjada para la guerra contra lo que no debería existir.Me quedé quieto unos segundos, escuchando el silencio que volvió a caer como un manto. Todo estaba en ruinas, y aún sentía el hedor azufrado de la presencia maligna. Finalmente, me puse de pie con dificultad, tomé mi sombrero del suelo y me lo encasqueté con una sacudida. Caminé despacio hasta la salida, sintiendo el crujir de los restos bajo mis botas.Afuera, el aire era frío y limpio. Me senté en el borde de las escaleras de entrada, dejando que la brisa me despeinara ligeramente. El cielo estaba teñido de gris, y el sol apenas se insinuaba detrás de las nubes.Con un suspiro, guardé el crucifijo en el bolsillo de la chaqueta. Al hacerlo, sin querer, mis dedos toparon con la pequeña tarjeta y la fotografía que el hombre me había entregado aquella mañana. La imagen de la joven parecía observarme con ojos cargados de misterio. Y fue entonces cuando los recuerdos empezaron a regresar, como un río desbordado.Aquel nombre. Aquel lugar. Años atrás, estuve allí... una estancia breve, pero marcada por extrañas coincidencias. El pasado llamaba de nuevo, y esta vez no pensaba ignorarlo.