Capítulo I
El timbre suena en la escuela de Laichett. Los alumnos entran ordenadamente, con los nervios en el cuerpo. Avice termina de prepararse y de ponerse el uniforme. Escribe una última página de hoy en su diario.
-Mamá, sé que nunca te volveré a ver y que esto quizás sea una decisión complicada. Es una locura ir lejos sin saber lo que te harán. Sin embargo, es la única posibilidad desde que te fuiste.
Las condiciones están establecidas: nadie puede acabar con nadie, solo ellos pueden acabar con nosotros mediante sus torturas y sus mezquindades. Mas, creeme si digo que no tengo miedo y estoy dispuesta a afrontarlo.
Hoy es el primer día de quién sabe cuántos. Prometo hacerlo bien. Prometo darles guerra tal y como te juré.
Avice se dirige a la calle. Entra 15 minutos a tiempo a su clase, la clase 1. Se sienta en el asiento que tiene su nombre asignado y espera a que den las 8.
La profesora, Betty, entra apresurada y da su primera clase. Avice observa a sus compañeros; con las prisas se ha dejado la mochila en casa. Le pide a su compañera de al lado, cuyo nombre ignora, un papel y un bolígrafo, está se lo entrega.
Da el primer descanso y se pone en pie para despedirse de Betty. Baja las escaleras sin saber muy bien que hacer, con algo de dinero para salir a comprar algo, pues con los nervios no ha tenido fuerzas para desayunar.
Una chica se aproxima desde la entrada. Su pelo azul claro reluce con la tenue luz del Sol apagada por las, aún suaves, lluvias de otoño. Lleva dos coletas pequeñas atadas con lazos rojizos -más bien cobrizos- y su cabello es ondulado y abundante. Sus ojos son grisáceos, más cercanos al verde que al azul, y aproxima que mide alrededor de un metro cincuenta. La mira con dulzura y la saluda, tímidamente.
-Buenos días… -la joven hace una pausa para mirar al suelo, algo nerviosa-. ¿Tienes un euro para comprar algo en la tienda? Le he preguntado ya a un chico, y…
-Si, sí, ¡ven conmigo! Te puedo comprar algo. -Avice le sonríe educadamente-. ¿Cómo te llamas?
-Oh… ¡gracias! Mi nombre es Kana. Soy de la clase 2. Encantada, esto…
-Avice. Avice Cliffman. Clase 1. Ahora, vayamos. -le guiña un ojo, en señal de confianza-.
Se dirigen a la tienda de enfrente, mientras hablan sobre sus sensaciones en el primer día. Toman asiento y piden una porción de pastel de chocolate cada una.
-Dime, Avice… ¿Por qué estás aquí? -pregunta, dudosa-. No quiero incomodar, pero me gustaría conocerte algo más.
-Bueno, Kana, estará bien si te cuento mi historia. Me tomará un tiempo, ¿sí? -Avice se da cuenta de lo borde que ha sonado su tono durante la conversación, así que se disculpa-. Perdón, no quería hablarte así.
-Tranquila, lo comprendo, todos estamos nerviosos. Te escucharé.
-Está bien, entonces…
Mi madre solía pertenecer a un escuadrón secreto en la guerra de Malkashey, contra otros reinos como Luceellais, de tal forma que gané mucha táctica con las armas, pues mi futuro era ir a la guerra al cumplir la mayoría de edad. Sin embargo, mi madre perdió la vida en combate cuando yo tenía 14, lo que destrozó mi vida sin ningún pudor. Esto me hizo huérfana y me llevó a sobrevivir en las calles, teniendo que luchar por comida y supervivencia-.
-Oh, eso es… -la mira con incredulidad-.
-A los 15 conocí sobre el ”proyecto Laishett”, donde me apunté para cuando entrase al undécimo año escolar, pues este comenzaba al año siguiente y precisamente la edad requerida era 16 o 17 años. Yo iba a cumplir 16 por entonces, así que lo consideré mi mayor golpe de suerte. Estaba agotada de vagar por las calles y extrañar a mi madre. Ella murió joven. Nunca tuve padre pues nunca supe de él, sin embargo, mi madre lo era todo. Luché con las técnicas que me hizo aprender, entonces comprendí por qué se esforzaba por mantenerme segura. La guerra no tiene normas y no perdona, y como yo era solitaria y estudiaba en casa, estaba dispuesta a formar parte del escuadrón al ser mayor de edad, pero… Renuncié cuando la batalla se la llevó a ella, y juré vengarla algún día.
Kana se queda en silencio, devastada por la historia de su compañera.
-Es válido que no hables, Kanis, es justo. -Kana se ríe ante el apodo que le puso-. Kanis, como Canis, el lobo… -se ríen juntas-. ¿Qué hay de ti?
-Oh, en comparación a ti, no es nada. Mis padres murieron en un accidente de tráfico. Yo… viví una vida normal, pero como mi hermano murió con ellos, me quedé sola y… aquí estoy. -Sonríe, aunque su sonrisa es lúgubre-. Soy algo reservada.
-Es justo.
La alarma suena y finalmente entran de vuelta a clases. Continúan viéndose y hablando de cosas cotidianas en los próximos descansos. Da la hora de descanso final y ya es por la tarde. Avice se levanta, cuando un hombre se acerca a ella.
-Avice, ¿cierto? -sonríe-. Mi nombre es Sora. ¿Te importa que subamos un minuto al techo?