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Ella estaba sentada con sus amigas. Las cuatro hace rato que no podían juntarse todas por los problemas típicos de la vida (trabajo, estudios, familias, demás). Se estaban poniendo un poco al corriente, discutiendo sobre sus trabajos, sus compañeros de trabajo... sus superiores... Entre eso, hablaban de sus familiares, algunos ya estaban grandes y jubilados, otros con enfermedades complicadas, otros (un poco más jóvenes) desempleados y sin mucho porvenir. Pero dentro de todo, siempre con sonrisas. Siempre era bueno cuando volvían a verse.
Él estaba en la mesa contigua. También con sus cuatro amigos. Discutían como podían hacer en otros países sin fernet. O sea, cerveza hay en todos lados, tal vez en algunos mejor que en otros, pero para esos días donde necesitas algo diferente ¿cómo hacen? Claramente depende del país. En Rusia, por ejemplo, siempre andan con vodka encima o en Inglaterra deben tener gin, que también son hierbas. Probablemente en Jamaica anden con algo diferente que una bebida, si se entiende lo que se está queriendo decir. Sobre todo, discusiones con risas y con algún que otro comentario despectivo hacia la corriente sexual o el familiar directo de alguno. Pero siempre con sonrisas. Siempre era bueno cuando se juntaban.
Ningún grupo notó más de lo normal al otro. En la mesa de él, lo molestaban porque parece que hace mucho que no sale con nadie. Ponían en duda su entereza como hombre y su valor. En la mesa de ella, la conversación se había dividido en dos, una le hablaba a la otra para ir a un lugar particular a comprar ropa, hace mucho que ambas no iban y había que actualizar la muda. Ella hablaba con su amiga sentada al lado sobre un recital de rock alternativo que iba a ser dentro de un par de meses, podían ir comprando las entradas con la tarjeta de crédito.
Él tomó el valor necesario (en realidad tomó el valor de la bebida) y le apostó al grupo que podía irse esa misma noche con un número de teléfono. De más está decir que solo se rieron en su cara. Sonriendo, volvió a decir que tenía una técnica, una que no podía fallar. Y les apostó la cuenta de la noche si lo lograba. Los vitoreos empezaron, a todos les pareció un plan fantástico. Se levantó de la mesa, casi sin pensarlo, y comenzó a caminar hacia la mesa contigua.
Las cuatro amigas habían empezado un nuevo tópico, cuando él se acercó. Sonreía nervioso mientras las miraba. No sabía con quién establecer contacto directo, así que las miraba a cada una por un segundo.
-Buenas, no quiero interrumpirlas, pero tengo un pedido que hacerles - empezó la conversación.
-¿Un pedido? - respondió ella.
-Sí, tengo una apuesta con mis amigos, quería saber si me podían ayudar
-¿Una apuesta de qué?
-Perdón, ¿les molesta si me siento? - continuó la mirada con la única con la que estaba estableciendo comunicación.
Ella se movió, haciendo lugar en el sillón, para que pudiera sentarse. Se sentó, le agradeció y volvió la mirada a cada una, regalando sonrisas. Por dentro respiraba profundo, el primer paso lo había dado y extrañamente había salido bien. Ella no se esperaba esto, no esta noche, así que la intriga la tenía sujeta.
-Les contaba, mis amigos me están molestando porque hace poco rompí con mi pareja y quieren que salga a buscar a alguien más, entonces cuando vi cuatro hermosas mujeres al lado mío, pensé que era una buena oportunidad
-¿Y entonces? - le volvió a responder - ¿Estas buscando que te besemos o algo así enfrente de tus amigos? - le hablaba arqueando la ceja izquierda y con desafío en la mirada.
-No, no, no, no me malinterpreten – le dijo agachando la cabeza y riendo – nada tan invasivo, solo necesito un número - mientras decía esto, sacó el celular de su bolsillo y lo puso sobre la mesa.
-¿Y por qué deberíamos? - terminó diciendo - ¿Qué hay para nosotras?
-¿Satisfacción que ayudaron a un buen hombre? - sonreía tímidamente.
-No sabemos si sos bueno...
-Bueno, bueno, hagamos una cosa, si esto funciona, yo les invito la próxima ronda, ¿les parece?
-¿Y qué? ¿Tengo que escribirte mi número? Puedo poner el de mi abuela si ese fuera el caso
-Si, si, ese o uno inventado, yo no le daría el número de mi abuela a un extraño - respondió rápidamente - menos si no sé si es un buen hombre
-Jaja, está bien, está bien, dame tu celular
Riendo, le entregó su celular, y ella anotó un número cualquiera. Por más que parezca interesante, tampoco era justo regalarse de esa manera, no era suficiente sólo una sonrisa.
-Tus amigos se van a portar bien, ¿no? - le dijo luego de devolverle el celular – No vaya a ser que empiecen a gritar cosas o quieran venir a molestar
-No, no, tranquilas, me hago cargo de que no pase nada de eso, se van a portar bien
-Más les vale – le dio una mirada penetrante, pero no seria.
-Lo prometo, por lo menos eso espero – dijo sonriendo – bueno, no les robo más tiempo, muchísimas gracias por recibirme
Agachó la cabeza en saludo, se paró y volvió a su mesa. Las mujeres rieron y bromearon sobre lo sucedido. Ya no era tan común que las aborden de esa manera. Los hombres en la mesa contigua celebraban la osadía. Muchos no podían creer que lo haya logrado, le preguntaban como había hecho, pero él no dio explicaciones.
Cuando vio pasar al camarero, lo llamó y le pidió que llevara a la mesa de las mujeres una cerveza a cada una. Como buen bebedor, conocía las marcas y no escatimó en los gastos, después de todo, no era él quien debía pagar.
-¿Estás seguro de que querés invitarles una ronda? - le preguntó un tanto extrañado al recibir el pedido.
-Si, a ellas - respondió con seguridad.
-¿A ellas? - dijo señalándolas.
-Si... ¿por?
-Si es lo que querés, no hay problema - dijo levantando las cejas y alejándose.
No entendió a qué se refirió con eso, “¿Qué tiene de malo invitarlas un trago?” pensaba.
Ella se quedó pensando en lo que acababa de pasar. Hace mucho que no se sentía así. Los últimos encuentros que tuvo con hombres no fueron los mejores. Recordaba sus historias de color gris, sin mucha chispa. Sin nada de chispa verdaderamente. Mientras que pensaba esto, el camarero se acercó con las bebidas.
-Una valiente invitación de los hombres de aquella mesa - dijo luego de apoyar la bandeja en la mesa, señalando con la cabeza mientras que exponía uno de los porrones de cerveza.
Los repartió una a cada una. Las mujeres rieron mientras los tomaban, brindaron a su salud y bebieron al mismo tiempo. Sintieron el gusto. No sólo era rica, estaba a la temperatura perfecta. En ese momento, mientras el líquido ingresaba a su cuerpo, ella sintió algo. Este tren no lo quería dejar pasar, parecía muy interesante para desaprovecharlo.
La algarabía en la mesa de él duró poco, hubiera sido más divertido si lo hubieran echado de la mesa. Hubiera sido más divertido si la osadía hubiera salido mal. Pero como no fue el caso, la conversación derivó al partido de futbol que había sucedido el fin de semana pasado. Ella se disculpó con sus amigas, se paró y fue junto a él.
-¡Hey! - le dijo, parada a su lado – Buena cerveza
-Sí, espero que la disfruten – dijo un poco avergonzado, agachando la cabeza.
-Hace mucho que no tomaba una así – ladeaba su cuerpo de un lado al otro, estaba nerviosa y las respuestas de él no eran las esperadas.
-Sí, por eso se las pedí, son las mejores – le sonreía, pero no podía mantener la mirada, no creyó que en ningún universo que esto podría pasar.
-Bueno... quería decirte, si el número que te anoté no funciona, acá tengo otro – mientras que decía esto, sacaba de su billetera una tarjeta y se la daba.
-Por supuesto que sí, gracias - tomó la tarjeta y le sonrió nerviosamente.
Ella levantó el porrón en saludo, le sonrió y volvió a su mesa. Sus amigas acercaron sus cuerpos entorno a ella a preguntarles que pasó. Ella solo rio y dijo que nada, tuvo una corazonada, pero no cree que vaya a pasar más.
Los amigos de él fingieron demencia mientras la circunstancia sucedía, pero en el momento que ella se fue, comenzaron las preguntas también, de la misma manera que le sucedió a ella. Él solo sonrió sin tampoco entender que fue lo que pasó, lo único que hizo fue mostrar la tarjeta de ella, alzándola entre su dedo índice y medio. Los gritos se oyeron, se oyeron hasta en la mesa de ella. Sus amigas se rieron por lo sucedido.
Lo lógico no tardó en llegar, los amigos de él le volvieron a apostar, doble o nada, a que no se animaba a besarla. El rio y negó, ya había ganado, no tenía nada más que demostrar. Los tres se abalanzaron como hienas sobre un animal solitario y malherido, volviendo a poner en duda su entereza como hombre y como persona. Desprestigiando todo lo logrado si no se animaba a más. No pudo contenerse, terminó diciendo que sí.
Ella sintió un leve arrepentimiento de haber hecho eso. Se expuso, no hacía falta, pero no pudo contenerse. Continuaron sus conversaciones, ambas mesas. En la de ella, sus amigas hablaban, pero no podía escucharlas, no realmente, su cabeza estaba perdida. En la de él, les pidió que le dieran tiempo, no podía ir encima otra vez, no quedaba bien, por lo que la conversación continuó por una vieja película clase b de tiburones que hace mucho habían visto juntos cuando eran adolescentes.
En la cabeza de él rondaba la forma de llevar a cabo la apuesta, no para probarles algo a sus amigos, sino porque verdaderamente hace mucho que no salía con una mujer y ella... parecía especial. Nunca imaginó que fueran a recibirlo, menos acercarse de esa manera, no podía sacar su mirada de la cabeza. Ella intentaba de prestar atención en la conversación, por momentos agarraba palabras o frases, lo que usaba para acotar o preguntar algo, pero su mente seguía perdida. ¿Por qué había sido tan cerrada cuando se sentó en su mesa? ¿Por qué lo fue a buscar después? Todas malas decisiones.
Luego de un rato, decidió ir al baño a lavarse un poco la cara. Él la vio, disimuladamente estaba prestando atención a la mesa de ella, mientras jugueteaba con su tarjeta entre sus manos por debajo de la mesa. El baño quedaba perpendicular a la barra del bar, así que cuando vio que ella iba hacia allí, decidió pararse e ir hacia la barra.
Cuando llegó dentro del baño, abrió el grifo y solo se paró, con sus manos apoyadas en el lavamanos, a mirar el agua correr. No podía lavarse la cara, se le hubiera corrido el maquillaje, pero ver el agua le calmaba. Puso sus manos bajo el chorro y las recorrió. Mientras tanto se miraba al espejo. La misma imagen de siempre, nada nuevo.
Él estaba en la barra, pensando algún trago que pedir. Como no tenía ni idea, pidió la carta al barman. Este le pasó un QR para escanear. Luego de mirar torpemente, terminó pidiendo un Aperol Spritz. Le gustaba el nombre y nunca lo había pedido.
Para cuando el trago salió, también salió ella. Él lo tomó rápidamente y se dirigió hacia donde estaba. Ella lo vio y disimuló, quitándole importancia, pero algo dentro de ella volvió a moverse. Él, con un nudo en el estómago, volvió a iniciar la conversación:
-Hey, perdón que recién estaba en modo monosilábico - le dijo sonriendo, ella lo miró, sonrió torpemente, pero demostró poco interés – no creí que fuera a salir tan bien honestamente
-Creí ver una chispa – le respondió - pero creo que se perdió
-No, no, con mis amigos al lado es difícil trabajar
-¿Trabajar?
-Jaja, vos me entendés...- le sonrió, ella le volvió a arquear la ceja – uff, ya la estoy embarrando, ¿no?
-Creo que sí - le respondió con una sonrisa, cruzándose de brazos
-Dejame empezar de nuevo, me llamo *¡Piiiip!*, ¿vos? - le dijo estirándole la mano.
Lo miró desafiantemente, pero terminó diciendo – *¡Piiiip!* – y le tomó la mano
-*¡Piiiip!*, hermoso nombre, ¿le molestaría compartir un asiento conmigo? - le dijo señalándole dos banquetas libres en la barra.
-Muy bien - sonrió, de manera natural, sin pensar.
Los seis amigos observaban la circunstancia. Cada cual, en sus mesas, reían y bromeaban de cómo se veían. Ellas notaban lo seguro que él se veía, mucho más seguro que cuando habló en la mesa. Ellos notaban las risas que veían escapar de la boca de ella, esas eran risas verdaderas.
La noche iba pasando y la pareja en la barra quedó un poco olvidada. Los seis amigos ya veían la hora de irse. Él, le tomó la mano izquierda a ella y se la besó. Ella hizo ademanes exagerados, como si fuera una princesa de antaño. Luego de esto, cada uno volvió a su mesa.
Él les dijo a sus amigos que la técnica no funcionó, así que debía pagar lo consumido. Ellos rieron y lo molestaron un poco, pero le dijeron que el esfuerzo había sido bueno, por lo que no era necesario. Él insistió, una apuesta es una apuesta, y cuando el camarero llegó con la cuenta, pagó el total.
Ella también regreso a la mesa. Sus amigas no podían creer lo que estaba pasando. ¿Por qué? ¿Qué pasó con él? Nada respondía, era verdad que venía de una relación fallida y sólo quería que sus amigos no lo molesten más. No podían creer como los hombres podían ser tan tontos. Ella solo reía avergonzada, sin acotar demasiado más.
El grupo de ellos se paró primero. Mientras se acercaban a la puerta, lo tomaban a él por los hombros y lo zarandeaban. Realmente un esfuerzo noble, ¿cómo puede ser que no haya funcionado? Él solo decía que tampoco lo entendía, hay quienes tienen el toque y hay quienes no. Cuando llegaron afuera, se despidieron y cada uno tomó su propio camino.
Ellas salieron cuando llegaron los autos. Solo dos podían compartir el viaje, ella y otra de las amigas se iban por su camino. Sin embargo, el auto de ella no llegó. La amiga ofreció quedarse a esperarlo, pero el auto ya estaba en la puerta, no tenía sentido. Se iba a quedar en la entrada esperando, ya estaba por llegar.
El bar estaba a un local de la esquina. Cuando ella quedó sola, comenzó a caminar lentamente hacia allí. Al llegar, dobló hacia la izquierda y una voz le dijo:
-Es peligroso que una mujer esté caminando sola de noche - era él, apoyado sobre la pared, con sus brazos cruzados.
-Sé defenderme sola - le respondía, mientras giraba y sonreía.
Ella se abalanzó sobre él, él la tomó, la hizo girar y la apoyó sobre la pared de forma suave. Los brazos de ella se entrecruzaron sobre sus hombros, las manos de él la tomaron por la cadera. Las caras, con sonrisas dibujas, se acercaron tanto que sólo un alfiler separaba una nariz de otra. Luego de mover las cabezas, con alguna risita de por medio, se encontraron los labios. Después de apreciar la textura y la dimensión de cada uno, profundizaron encontrando también sus lenguas. Mientras tanto, el recorría su cadera con las manos, ella aflojaba y apretaba sus brazos entre su cuello. El calor subía en el cuerpo de cada uno. La chispa de la noche inició un fuego, un fuego ya olvidado por los dos. Ninguno sabía si sería un incendio o solo fogón para pasar el frío de la noche, pero no pensaban en eso. El calor que emanaban era suficiente, por lo menos por ahora.
Luego de un tiempo, separaron sus bocas, compartieron un momento de miradas y se dispusieron a caminar, tomados de las manos. No había rumbo alguno, solo caminaron. Compartían miradas y risitas. En medio de eso, cruzaron con dos hombres que pasaban en dirección contraria. Él vio como la observaban a ella, cuando pasaron junto, ella apretó el brazo de él.
-Demasiado pedazo de carne para una parrilla tan chica - le dijo uno, luego de rebasarlo, dándose vuelta, mientras que miraba específicamente a una parte del cuerpo de ella.
-Hey, ¿por qué no te calmas un poco? - le dijo girando su cuerpo hacia la derecha y mirándolo.
-Dejalo, no le des bola - le decía ella.
-Eso, cagón, dejalo - le continuó diciendo.
-Pedile perdón - insistió, avanzando hacia ellos.
Ella quiso detenerlo, pero avanzó igual. No llegó a hacer nada, que el hombre frente le propició un golpe que no llegó a ver. Antes que pudiera darse cuenta de qué había pasado, estaba tirado en el suelo, ambos hombres estaban por empezar a patearlo. Ella, impulsando su cuerpo con la pierna izquierda, se abalanzó sobre el segundo hombre, golpeándolo con su rodilla derecha en sus costillas. Cuando se encorvó, hizo una patada canguro que terminó dejándolo en el suelo. Cuando el primer hombre vio la escena, se puso en posición de combate para arremeter contra ella. Ya preparada, cuando lo vio, también se puso en posición, pero si perder el tiempo, hizo una patada lateral a su pecho que su contrincante pudo frenar, pero esa era la idea. Levantó más su pierna y golpeó el mentón de su adversario. Este giró y cayó al suelo. Fue un doble knock out.
Él no podía creer la escena. Cuando ella se acercó para ayudarlo a pararse, le sonrió avergonzadamente y le agradeció.
-Creo que no me va muy bien el título de macho - le dijo mientras se limpiaba el polvo de los pantalones.
-No quiero a un macho- le respondió sonriendo.
-Perdón, no podía dejarlo pasar - volvió a disculparse luego de un breve silencio, mientras se alejaban abrazados.
-Está bien, es lindo que quieran defenderte - por más que fue tonto y bastante inútil, no se sintió mal.
-Ahora veo porque el mesero me preguntó dos veces si quería regalarte esas cervezas- recordó la escena sucedida hace poco.
-Jajaja, sí, él vio algunas escenas así, sí - rio agachando la cabeza, recordando viejos tiempos.
El fuego que se había iniciado estaba más fuerte que nunca. Lo único que quedaba ahora era subir la apuesta otra vez.