¿Y si nos volvemos a ver? ©

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Sinopsis

Mónica desapareció sin dejar rastro. Austin quiere disculparse y contarle todo lo que pasó. Ella lamenta su separación. Él se culpa de todo. Y ambos piden el deseo de poder verse... Aunque sea por última vez. ¿Será su deseo suficiente? Segunda parte de Una historia sin nombre ♥️ Historia totalmente de mi autoría. NO COPIAR

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Hamsmely
Estado:
Completado
Capítulos:
10
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Uno

Mónica Briz

Los días aquí son pacíficos, la brisa es suave y el sol amigable. Cada día siento que avanzo un poco más y mi terapeuta también me lo dice, menos en un aspecto; a pesar de todo el tiempo que ha pasado, no puedo olvidarlo.

No puedo hacer que Austin Ron abandone mi mente ni, aunque me duela, mi corazón.

Hoy, como otra noche más, me encuentro recargada en el marco de la ventana, apreciando cómo la luna baña el solitario diente de león que tengo en mi maceta.

—¿Otra noche sin dormir? —la voz de mi abuela me distrae.

Le devuelvo una mirada llena de amor; ella siempre me ha cuidado, es gracias a su esfuerzo que mis padres empezaron a cambiar, es la primera que me escuchó y sobre todo es la que más me ama.

Sin decir nada, entra a la habitación dando pasos lentos debido a su edad; con una mano sostiene el bastón que no necesita, pero asegura que le da elegancia, y en la otra lleva una tetera.

Tomo las tazas de porcelana rosa de su cajón; su lugar era la alacena hasta que empezaron las noches de té. Las acomodo junto a las servilletas de tela y le acerco la silla a mi abuela, que llegó hasta mí sin esfuerzo.

—Este té me lo trajeron del extranjero —habla mi abuela llenando las tazas—. Tu abuelo fue muy bondadoso al dejarme tantos amigos por el mundo.

Su historia es la más hermosa de todas; solo la he podido comparar con la de mis padres. Mis abuelos también son de Wunix, en un periodo sin las normas que nos impusieron a nosotros, exactamente unos años antes de que las establecieran, y al ver que estas eran demasiado para su familia decidieron abandonar el pueblo en cuanto pudieron. Para su mala suerte, las normas impactaron tanto en mi madre que, apenas cumplió la mayoría de edad, regresó al pueblo y aceptó el matrimonio con mi padre. La dejaron hacerlo creyendo que esa sería su felicidad y ahora regresamos los tres con más problemas que anécdotas, o bueno, son comparables.

—¿Es ese chico quien te mantiene despierta, verdad? —pregunta antes de tomar un sorbo de su té.

—Sí —regreso la mirada a la ventana—. A pesar de todo lo que pasó, quisiera saber qué pasa con él y con su vida. Yo sé que a ustedes no les agrada el tema, pero aún necesito saber si la noticia que escuchamos aquel día está relacionada con él.

»Abuela, he deseado por tanto tiempo que esté bien y que podamos estar juntos, que ahora no sé cómo olvidarlo; lo intento, créeme que he intentado con todas mis fuerzas que deje de importarme y no puedo. Yo derramo muchas lágrimas por él con cada recuerdo, pero ¿él hará lo mismo por mí? ¿Me extrañará al menos la mitad de lo que lo hago yo?

—Mi niña —mi abuela me limpia las lágrimas con suavidad—, solo ustedes tienen esas respuestas.

—No, abuela —tomo su mano, aferrándome al calor que emana—. Antes te hubiera asegurado que lloramos igual, pero ahora no lo sé… No lo conozco.