Capítulo único
—¿Qué hace una niña tan linda por estos lugares?
Miedo, eso era lo único que sentía, sólo deseaba desaparecer, cada músculo desgastado en mi cuerpo volvía a funcionar por la adrenalina de salir corriendo de ahí.
Volviendo a huir...
—No debería ser de tu incumbencia, viejo asqueroso.
No había logrado si quiera alejarme tanto cuando aquel hombre cayó inconsciente en piso, quiero creer que sigue vivo, pero por la sangre derramándose por el piso es algo que empiezo a dudar.
—¿Y bien? ¿No ibas a huir? —miré de frente a mi salvador, un chico alto y moreno me miraba fijamente, lo conocía de algún lado, pero no recuerdo exactamente de dónde.
—Muchas gracias —dije, volviendo a caer, no sabía si mi suerte comenzó, o era el fin de mi vida.
—¿Cuál es tu nombre? —caminó sin quitar su mirada de mí.
—M-Miku... —suspiré profundamente, era verdad —solo Miku...
—Miku —sentí un escalofrío al momento que pronunció mi nombre su acompañante —ha pasado tiempo.
No entendía quienes eran, sólo miré a ambos sin saber que era lo que sucedía.
—¿Los conozco?
—Han pasado años, pero nos conocemos, es imposible que nos hayamos olvidado de ti —el peliblanco posó su chaqueta sobre mi hombre a la vez que depositaba un beso en mi mano —mi reina...
No entendía nada, no los recordaba en lo absoluto, el sonido de las patrullas comenzó a hacerse presentes, miré al hombre en el piso, y luego a los dos de pie, era mi fin si la policía me encontraba.
Tomé con fuerza el abrigo, quería correr, pero su mano nunca soltó la mía, su mirada seria lo decía todo.
—Kakucho, encárgate.
—Sí.
Aquel chico se acercó mucho a mí, de un momento a otro fui cargada en modo princesa, el sólo sonreía, temía por mi vida, y ahora me había metido en otro lío.
—Esperaremos a Kakucho, ve a verlo.
—¡Si, señor!
No miré a aquel sujeto, sólo podía centrarme en mi vida, mis recuerdos, la situación actual y en aquellos ojos violeta, dentro mí algo me dejaba tranquila, como si mi vida estuviera segura en sus manos, como si todo lo que viví borrara con su presencia.
El auto estaba vacío, no hubo nada, mis pies al fin tocaron algo suave, estar descalza con un fino vestido, no era lo más adecuado para le época de hoy en día, y la verdad, deseaba con toda mi alma volver a vivir, pero si lo siguiente que tenía era quedar atrapada, prefería morir rápidamente a seguir siendo esclava.
Haría lo que fuera por recuperar mi libertad.
—Dime Miku, ¿Qué has hecho en todos estos años? —y el me seguía tratando con tanta familiaridad que lejos de sentirme incómoda, me daba paz.
—Bueno..., ¿Cuá es tu nombre? Te dije el mío, pero no sé el tuyo —apenas lo mencioné, su rostro se ensombreció.
—Soy Izana Kurokawa, ¿En verdad perdiste la memoria?
No entendía de lo que hablaba, simplemente se acercó más a mí, tomó mi ropa y de un rasguño la rompió, dejando ver parte de mis pechos y estómago.
—Si eres mi reina, nadie tiene esta cicatriz más que tu...
Empecé a alejarme de él, fue involuntario, aun con mis manos traté de taparme inútilmente, al ver mi reacción entendió lo que hizo y me dio mi espacio.
—Lo siento, te compraré ropa para que estés más cómoda.
Yo sólo..., quería largarme a llorar.
La puerta volvió a abrirse, el tal Kakucho ingresó, y al ver la situación simplemente desvió la mirada y puso distancia conmigo.
—El asunto está resuelto.
—Pide ropa, vamos a la mansión.
—¿Qué? —miré como ambos intercambiaron miradas, era como si estar ahí era un problema entero.
No presté atención por el resto del camino, me centré en lo que haría apenas bajase del auto, ¿correr? ¿pedir ayuda?
Si, pueden ser buenas opciones.
Aunque las descarté significativamente apenas cruzamos unas rejas y seguimos un camino largo, supongo que correr era la única opción, pero volvía a ser inútil una vez al ver a varios hombres esperando.
—No te alejes Miku —asentí nerviosamente.
¿Con qué clase de personas me había relacionado? ¿Cómo fue posible que yo haya llegado aquí? Ahora todo tenía más sentido, había llamado la atención involuntariamente de un alto mando de Bonten.
Para ser una mansión que valía mucho, parecía tan vacía y triste...
—¿Quién es ella? —nos detuvimos a medio camino de las escaleras cuando otro chico parecía estar muy en su mundo.
—Mi reina.
No dijo nada, sólo asintió, prosiguió a irse del lugar, continuamos con nuestro camino hasta una habitación.
—Te quedarás aquí, pronto llegarán algunas cosas para ti, así que siéntete libre de caminar por la casa, tenemos trabajo pero si sucede algo llama a Kakucho.
No dije nada, sólo me quedé ahí, mirando aquella habitación tan grande que no recuerdo cuando fue la última vez que tuve una cama, un balcón y un baño propio...
Todo era tan bonito.
¿En verdad seré la Miku que ellos conocen?
La cicatriz en mi vientre... me dijeron que fue a causa de lo que ellos me hicieron, pero Izana parecía reconocerla.
No supe cuánto tiempo pasó, pero la puerta volvió a abrirse y Kakucho entró junto a varias personas que acomodaron varias prendas en los armarios.
—Pronto cenaremos, te estaré esperando —me entregó una bolsa y salieron, dejándome nuevamente sola.
Una cena...
Que loco, después de tanto, el haber sido secuestrada prácticamente por una organización criminal era lo que menos me asustaba, tiré la prenda a la basura, era lo único que traje de aquel lugar, y mi cuerpo siendo como es tan horrible, lleno de cicatrices y marcas aun recién hechas.
Decidí apurarme, no era correcto hacerlos esperar, tomé una camisa y un pantalón formal, junto a zapatos bajos, mi cabello era un desastre, pero tomarlo en una coleta baja era suficiente por el momento.
Salí de la habitación, Kakucho estaba esperando de pie, a penas me escuchó me miró para asentir.
—Descuida, no pasará nada malo —asentí más aliviada, aunque luego volvió a mirarme con duda —eso espero.
El comedor, era enorme, tenía una mesa inmensa y ya estaba repartido con algunas personas, dejaban algunos lugares vacíos, vi al mismo chico de antes sentado en la cabeza de aquella mesa, Izana estaba a su lado.
—Miku, te ves linda —caminé hacía Izana bajo la mirada de alguno de ellos, parecían interesados en saber de mí, y a la vez, no parecían tener muchas ganas en preguntar —quiero presentarte a alguien, él es Mikey mi hermano menor.
—Soy Miku —hablé segura, pero algo débil, él solo me miró esperando que reaccione a algo más, pero no sucedió nada, simplemente asintió.
—¿De dónde conoces a Izana?
—Lo conocí hoy en el parque —respondí a su pregunta, miró a Izana algo serio, pero sólo negó con la cabeza.
—¿Cuál es tu apellido?
—No lo se... —respondí sincera, desde que salí de aquellas puertas dejé todo —antes era Junshiro, pero el acuerdo dice que al abandonar la familia, abandonas todo.
El ambiente pareció relajarse con la risa de uno de ellos, tenía el cabello corto, y junto a el estaba alguien similar, podía identificar que eran hermano por lo cercanos que se veían.
—Entonces, ¿Qué hacías ahí? —el peliblanco parecía satisfecho con saber quien era.
—Era sujeto de prueba #18 —respondí.
No era tonta, sabía cómo funcionaba esto, sabía que si hacía un paso en falso ellos me matarían y no quería, no ahora que empiezo a conocer la libertad.
—¿Sujeto de prueba? ¿Qué es eso? —suspiré profundamente, a estas alturas no me importaba si me mostraba débil o no.
—Probaban diferentes químicos, o si no, éramos enviados para participar en un harem —no quería ver a Izana y tampoco a Kakucho, pero me era inevitable no dejar de ver a Mikey —y a veces, practicaban en nosotros pequeñas torturas que aplicarían a los traidores.
—¿Cómo llegaste a ellos?
—No lo sé, un día desperté y me dijeron que pertenecía a la familia, pude salir al jardín de la casa los días festivos, teníamos prohibido hablar con los demás sujetos de prueba, o si no, no saldríamos un año entero de aquel lugar.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —miré esta vez a uno que fumaba, parecía interesado.
—No lo se con exactitud, pero creo que tenía aproximadamente 15 años en aquel entonces, y hasta hace poco yo...
—¿Cuántos años tienes?
—Tengo 29 años.
Escuché uno que otro insulto, una mano se posó en mi mentón, obligándome a alzar la mirada.
—¿Cuántas veces has salido?
—¿Al jardín? 4 veces, de la casa contando con el día de hoy, 1 vez.
Izana asintió, parecía ido, no dijo nada más y salió del lugar junto a algunos de ellos, Mikey, el pelirosado, el peliblanco de cabello largo y los hermanos se quedaron en el lugar.
—Entonces, Miku, ¿Haces torturas? —asentí —soy Ran, Mikey, me pido a la chica para que sea nuestra compañera.
—Es decisión de Izana si quiere que forme parte de Bonten —Mikey me miraba fijamente, simplemente se puso de pie para revolver mi cabello e irse.
No entendía lo que sucedía, sólo quería irme y conocer lugares, escapar...
—Soy Rindou Haitani, él es Kokonoi y el perro rabioso es Sanzu.
—Tenemos tiempo hasta que Izana vuelva, ven con nosotros.
No tuve tiempo de opinar cuando me llevaron a una especie de celda, tras de mí venía Sanzu y Kokonoi, no entendía lo que pasaba, hasta que vi a un hombre sentado y amordazado.
—Es un traidor, así que es nuestro trabajo acabar con él —me explicó Ran, parecía todo un experto en estas cosas.
¿Estoy tan trastornada por ver que hacían?
Definitivamente lo estaba, aplicaron algunas cosas, pero para mi eso, era como si me hicieran cosquillas, había logrado estar sana por un mes entero, esa fue la razón por la que decidí escapar.
—¿No reconoces a Izana? —negué ante la pregunta de Kokonoi.
—No recuerdo nada, es como si mi vida hubiera comenzado apenas abrí los ojos en aquel lugar, sabía que era nueva, muchas susurraban que salí de un orfanato, pero yo nunca supe que sucedió antes.
—Ya veo, es interesante, a pesar de estar prisionera, tienes un vocablo bastante fluido.
—Era la regla, atendíamos a personas con dinero, estar encerradas no era excusa de ser ignorantes, tuvimos que al menos terminar la preparatoria, y las más afortunadas, tomamos clases en una universidad en línea —dije a lo que parecía interesado en toda esa información —íbamos a ser vendidas apenas cumpliéramos la edad suficiente.
—¿Edad?
—Yo me la salté, pasé los 25 años, así que fui llevada como consuelo de varios hombres.
—¿Eso no te molesta?
—Me doy asco, odio cada parte de mí, pero lo único que quiero, es ver el mundo —mire a Kokonoi, su mirada de lastima era algo que me había acostumbrado —una vez conozca todo, quiero morir tranquila.
—¿Por qué morir ahora que eres libre?
—¿De qué me sirve ser libre si me robaron la mitad de mi vida? —un cigarrillo se puso frente a mí, Sanzu parecía molesto con la situación, pero no sabía que lo necesitaba —dime Kokonoi, ¿Qué harías si entre tantos hombres alguien estuviera enfermo?
—Bueno...
—El SIDA es una enfermedad deliciosa, la contraes complaciendo su cuerpo, te mata lentamente, pero lejos de ello, ya no me queda nada, ¿No crees que en 15 años hubiera la posibilidad de que recuerde algo?
—Se podría hacer el último intento.
—Kokonoi, no sé quien soy, no sé quién era, ahora, sólo soy Miku, una secuestrada por Izana, alguien que cree conocerme, pero yo... no sé quien es él, nunca tuve indicios de recordar algo, al final terminaré muerta.
—¿Cuánto tiempo llevas con la enfermedad?
—Cuatro años, tiempo suficiente para que terminara conmigo, pero, al ser sujetos de prueba, yo era quien más inyecciones probaba, creo que por eso sigo con vida.
Kokonoi, no parecía ser una mala persona, de hecho, a pesar de estar aquí, con un hombre medio muerto, y siendo torturado por ambos hermanos, era como sentirme en casa.
No me conocían y yo tampoco lo hacía, pero ellos parecían haberse apegado a mí.
—Eres como la hermana de Mikey —miré a Sanzu, no había ni una palabra hasta este momento —está muerta, te pareces a ella.
—Ya veo..., ¿estaría mal morir cuando aparece un fantasma?
—No lo sé, pero tus ojos son mieles como los de ella.
Miré mi aspecto por un vitral, cabello rubio, ojos almendra, parecía un mal chiste, como si en verdad hubiera sido dejada de lado.
—Tenía una hermana, es lo único que sé, era mi gemela, pero nunca la vi, sólo se eso, como si ese detalle estuviera en mi mente —confesé.
Estar aquí, era como si algo hubiera despertado, Izana y Kakucho eran personas que mi alma y piel conocían, pero mi mente y corazón no.
Todo era confuso, tan difícil de digerir.
—¡Miku! ¿Quieres intentarlo? —salí de mi ensoñación para ver a Ran divertido, estaba lleno de sangre al igual que su hermano.
Me acerqué al hombre, y vi varias herramientas de por medio.
—¿Puedo usarlas?
—¡Por supuesto!
Ran parecía ensimismado y me alentaba cuando empezaba a usar cada instrumento de la mesa, miré al hombre, suplicaba con la mirada, pero pedir ayuda a una persona muerta en vida no era buena idea.
Al menos hubiera pedido ayuda a Kokonoi, parecía más cuerdo de todos.
—¿Se divierten? —me giré ante aquella voz, Izana había vuelto —puedes ir a dormir si así lo quieres.
No dije nada y salí de ahí hacía la habitación, mañana todos me tratarían diferente por esta enfermedad, ahora sin tratamiento, ni inyecciones o químicos de por medio, la fase asintomática es lo que me carcome, mi cuerpo se había acostumbrado, pero a veces no sentía nada y otras... recaía como si de una gripe se tratase.
Perdí completamente la noción del tiempo, tener a alguien como yo aquí, era un riesgo que ellos no se podían permitir, la comida, el agua, un estornudo... volvería a estar encerrada.
La puerta fue abierta de golpe, Sanzu entraba algo... alegre.
—Traje comida y algo que te ayudará —miré pastillas —son mis favoritas.
—Gracias.
—No les digas que te las di.
Había escuchado levemente sobre él, el perro rabioso fiel de su rey, parecía ahora un chico tranquilo y risueño.
Comí lo que pude, y miré una pastilla, la tomé sin dudar, pero ahora no sabía a lo que se refería Sanzu con ser su favorita.
No hubo reacción en mí, incluso para esto, era inútil drogarme.
Habían pasado algunos días, Izana venía a verme siempre, comía conmigo cuando no bajaba al comedor, creí que su reacción cambiaría, pero fue todo lo contrario, se acercaban mucho.
—Él es el doctor, te hará algunas revisiones.
Asentí, tuve que ir sola al hospital ya que ellos no podían aparecer en público, el médico no dijo nada, miraba mis cicatrices, y todo lo que recibía eran miradas de lástima.
Estuve ahí un par de días, Izana llamaba siempre, al igual que Kakucho.
Sólo me detuve a ver el resultado de mis exámenes, la enfermedad avanzaba rápidamente.
—Lo siento, no podemos suprimirla.
—Lo entiendo, al menos creí que se podría hacer algo.
—La enfermedad ha avanzado muy rápido, no hay riesgo de que contagie a alguien por estornudar y esas cosas que a veces son ciertas —el doctor me pasó una hoja de medicamentos —lo de siempre, no done sangre, no compartir inyecciones, no embarazos o lactancias, y sobre todo no relaciones sexuales.
Asentí, lo sabía, de ante mano.
Apenas llegué a la mansión, los hermano Haitani me recibieron para que los acompañe a realizar un recorrido.
—¡Ponte hermosa! Hoy robaremos la atención.
Había aprendido que Ran es vanidoso, y Rindou puede llegar a ser un excelente novio.
Ellos iban de trajes rojos con una corbata negra, yo opté igual por un vestido rojo y un maquillaje oscuro.
Kokonoi me había ayudado con mi cabello, decía que suelto llamaría la atención, pero que recogido me daría otro aire de superioridad.
No supe en que momento pasé a ser parte de ellos, me encantaba cuando hacían sus trabajos.
Era como ver a niños, era como si todo lo que hicieran no fuera nada comparado a lo vi todos mis años.
—¿Qué es este lugar?
—Es un bar, sólo venimos a supervisar, ¿te gusta? —asentí, ambos hermanos iban a mi lado.
Era cierto que llamamos la atención, pero lo divertido parecía ser en aquellas habitaciones prohibidas, donde el olor del sexo y drogas estaba en el ambiente.
Algo inusual, que luego eran gritos.
Nos detuvimos en una puerta, apenas ingresamos estaban mujeres desnudas en el piso algo inconscientes, el hombre simplemente miraba papeles como si fuera lo más interesante del mundo.
La reunión se dio entre ellos, yo me dediqué a reportar a Izana lo que hacía.
Adoraba su compañía.
—Veo que trajeron una acompañante —miré al hombre y luego a los hermanos que sonrieron.
—Es nuestra compañera, no le llegamos a los talones —el hombre empezó a sudar frío por las palabras de Ran.
Rindou parecía aburrido.
Ahora que sabían como contraje la enfermedad, parecían más consientes de que no se meterían con cualquier mujer para una noche, parecían más serios en cuanto a su diversión sexual.
Ran y Rindou me enseñaron que mientras pueda, debía mostrar mi belleza, causar furor y hacerme respetar.
Pero, mi vida parecía tener otros planes.
—Tus medicamentos —Sanzu me lanzó una bolsa, parecía serio con respecto al tema.
—Puedes hacer turismo —Kokonoi me dio una tarjeta negra y dorada —son ilimitadas.
—Ve con cuidado —apenas eran audibles las palabras de Mikey a lo que asentí apenas palpó mi cabeza.
Subí al avión, aun despidiéndome de ellos, acompañaría a algunos ejecutivos a sus reuniones en el extranjero.
La primera parada fue Italia, pesar tierra nueva era un lujo completo, y como lo dijo Kokonoi, me dedicaría a hacer turismo mientras los chicos cierran tratos y negocios.
Nunca había comido tanta pasta en mi vida como lo hice en Italia, la pizza tampoco se quedaba atrás, era un sueño eterno probar la comida.
Pero tenía a un guardaespaldas conmigo, Mikey dijo que sería de total confianza, no era conocido por hacer crímenes, pero que me ayudaría.
—Miku, hora de tu medicina.
—Gracias, Chifuyu.
En realidad, era dueño de una tienda de Pett Shop, era un chico bastante adorable, supe que conocía a Mikey desde hace años.
Italia, Francia, Brasil, México...
Poco a poco empecé a perder la cuenta de cuántos países visité.
—Chifuyu, volvamos a Japón —dije sentándome en lo más cercano que tenía —creo que nunca he comido tanto en mi vida como en estos dos años.
—Miku, no sé si recuerdes, pero ya hemos estado en Japón y han pasado cuatro años más...
Me sorprendí por ello, poco a poco había ingresado a mi tercera fase, y me era imposible seguir viajando, Izana había estado al pendiente de mí, pero era como si poco a poco dejara de ser importante para él y no me molesta, siento que descubrí quienes son las personas que más llegué a querer.
—¿Cómo estás?
—Kakucho..., necesito hojas y lápiz —dije, a lo que Chifuyu asintió y salió del lugar, supe que todos sus amigos se enojaron con el por ayudar a Mikey en esto, pero aun así confío una vez más, y tenía a otro pelinegro rondando cerca de Mikey.
—Traje a Sanzu conmigo, antes de que explote allá —asentí, miré a pelirosado, no soportaba la presencia de Takemichi.
—¿Puedo pedirles un último capricho? —Kakucho asintió —¿Podemos ir a ver los fuegos artificiales?
—Por supuesto, ¿Una pastillita? —reí débilmente y acepté la pastillita de Sanzu.
Estaba triste, muy triste, poco a poco mi memoria empezó a afectarme más de lo usual, algunos de mis órganos dejaron de funcionar correctamente, y era un bulto viviente.
—Me dijeron que quieres ver los fuegos artificiales —asentí, mientras tanto Takemichi colocaba guantes en mis manos —bien, en ese caso, lo haremos pronto.
Miré a Takemichi un momento, salió dejándonos solos, los chicos no son nada callados cuando se trata de chisme.
—Mikey, ¿Quién soy?
Hace mucho que he querido saber era respuesta, el simplemente me miró y sonrió, como si me conociera de hace mucho tiempo.
—Mi hermana.
—¿Soy una Sano?
—Eres Miku Sano, hermana menor de Shinichiro Sano, Manjiro Sano, gemela de Emma Sano, eres un Sano, eres mi familia.
—Lo siento, al parecer llegué tarde a tu vida.
—Para nada, has llegado en el momento más preciso, eres luz Miku, eres fuerte.
Todo había sido tan rápido, Manjiro y su familia, mi conexión sanguínea con él, el abandono de mi madre, mi infancia con Izana y Kakucho...
Mis nuevas amistades.
Al final, no fue tan malo haber sido secuestrada ese día.
—¡Llegamos! ¡Tus mejores amigos han venido por ti! —los hermanos Haitani rompieron definitivamente el momento, pero era propio de ellos, molestarme era inútil —también vino Kokonoi, los demás se encuentran cubriéndonos.
—Hola chicos —sonreí para poder sentarme y verlos mejor, Mikey me ayudó con eso —¿Qué es eso?
—Lo elegí especialmente para ti, me disculpo por ver algunos de tus dibujos, pedí a un diseñador que lo hiciera para ti —miré la tela, el tejido, el diseño...
—Es muy bonito.
“Takashi” era la marca de uno de los amigos que Chifuyu tanto me decía.
Quizá mi vida hubiera sido más mierda sin ellos, si no hubiera deseado escapar...
La noche llegó de golpe, todos los ejecutivos de Bonten estaban conmigo, la ropa que me dio Kokonoi me cubría del frío con facilidad, Chifuyu a mi lado estaba pendiente de mí, había estudiado mucho para poder cuidarme, era algo que le agradecía, y al parecer su vida cambió un poco por ello.
El cielo se iluminó de varias lucecitas de colores, las miré fijamente, y luego los miré a todos, parecían reírse de algunas tonterías entre ellos, Izana parecía algo cohibido, Mikey estaba con Takemichi hablando, los hermanos Haitani molestando a Sanzu, Kokonoi y Chifuyu a mi lado, Kakucho dándome de comer poco a poco.
—¡Muchas gracias chicos! —pude alzar mi voz un poco aun por el ruido, llamé la atención de todos.
—Feliz cumpleaños, Miku.
—¿Cuántos años cumplo? —miré a Chifuyu que empezó a llorar y a sonreírme.
—Hoy tienes 35 años.
—Ha pasado mucho tiempo...
Me puse de pie con todas mis fuerzas, caminé al frente de todos para hacer una reverencia, estaba eternamente agradecida.
—Sé que todo empeorará, por eso, hice algo para cada uno de ustedes —miré a Kokonoi que se levantó con varios sobres —léanlo, cuando cumpla 80 años.
—¡No es justo! ¡No avanzaré a llegar a esa edad! —miré a Takeomi que parecía indignado, reí fuertemente por ello.
—Entonces, léanlo cuando lo crean conveniente.
Chifuyu sacó un pequeño reproductor, tomé la mano de Mochizuki para bailar, lo que ocasionó una risa en todos.
Poco a poco, todos se sumaban, como si de un pequeño capricho se tratase, hoy no eran asesinos, ladrones, veterinarios, directores de cine..., hoy sólo éramos adultos disfrutando de un buen momento.
Me senté un momento ante el cansancio, miré a todos reírse, e imitar algunos bailes, mientras decidían cual era mejor.
—¿Te sientes bien?
—Izana, ¿Ayudarás a los huérfanos?
—¿Por qué?
—¿No era ese tu sueño?
Apoyé mi cabeza en su hombro, tenía mucho sueño...
Como si de una corriente helada se tratase, me envolvió completamente, lo siguiente que recuerdo fueron gritos y llantos de Takemichi, apenas pude abrir los ojos, estaba de nuevo en mi habitación, el sonido de la máquina me indicaba que todavía seguía con vida, pero todos estaban conmigo.
—Mikey —lo llamé, tomó mi mano enseguida —lo siento, no pude quedarme contigo.
—Miku...
—Fui muy feliz con ustedes, me divertí mucho —empecé a toser levemente, Chifuyu me pasó un poco de agua tibia —haber escapado fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado.
Aunque era un momento serio, Takemichi y Chifuyu eran la prueba ferviente que podían exteriorizar sus sentimientos por medio de ellos.
No sabía cuanto resistiría, por eso, empecé a estar más dormida de lo usual, cada tanto venían a verme y a contarme lo que hicieron.
Era muy divertido estar con ellos.
—Mi reina...
—Izana, gracias por recogerme aquel día.
—Lo haría las veces que sean.
Sonreí con tranquilidad, como si de una paz se extendiese a mi alrededor, caí en un gran sueño, un profundo sueño...
_____________________________________________
Como si el cielo expresara todo lo que sentía, no hubo lluvia, un cielo azul y despejado, un día perfecto, pero en aquella mansión, parecía más lúgubre de lo usual.
Perder a una pequeña luz en sus miserables vidas fue una cachetada que los hizo reaccionar, ¿Qué diablos estaban haciendo?
Era verdad que la caída en picada de Mikey sería notoria, no era el único que se descontroló.
Cada uno guardaba lo más preciado que tenían, una carta de agradecimiento de la mujer que llegó a sus vidas a hacerla más divertida y llevadera.
Los gritos, las lágrimas, las suplicas... Nada de eso la traería de vuelta, volver al pasado no haría que ella vuelva con bien.
Nada era suficiente para poder arreglarlo.
—Takemichi, sólo debes ir al pasado y hacérmelo saber —el pelinegro asintió con determinación.
Cada uno de los ejecutivos colocó una mano en su espalda mientras estrechaba la mano con Mikey.
—Sólo tráela.
Un escalofrío recorrió todo su ser, despertando nuevamente lo que parecía ser el pasado, corrió desesperadamente hacía Mikey, sin importar la fecha, sólo necesitaba verlo y decirle todo.
Pero era una época donde Toman ya no estaba, nadie sabía de Mikey, y hacer uso de su fuerza con ayuda de Chifuyu, pudo darse paso entre las sombras.
—¿A qué has venido Takemichi?
No lo pensó dos veces, simplemente quería que Bonten dejara de hacer tanto daño, y con la mujer presente, parecía que eso hubiera disminuido.
¿Será posible salvar a alguien sin destino? ¿Salvar a alguien que desea morir?
¿Qué deberían hacer para sacarla de aquel infierno? ¿Para revivir las últimas esperanzas de aquella chica?
Tal vez siempre fue tarde para salvarla.
—¿Izana? ¿Eres tú?
—Mi reina...