Mi corazón es tuyo (libro 1)

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Sinopsis

Mateo y Víctor son dos adolescentes que buscan resolver sus problemas internos como externos, durante el proceso terminar queriéndose mutuamente a la vez de que cada uno aprende del otro.

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
moises
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Primer acercamiento

De todos los días que tenía la semana, el viernes era el día menos favorito que pudiera tener. Pero en sí no era el día, era lo que tenía que hacer hoy.


La clase de historia no eran aburridas pero el tener cuatro horas seguidas de clase era algo tedioso y llegaba un punto en el que no podía más, aún con descansos de la clase de vez en cuando.


-Oscar, es la tercera vez que lo repito y no me logras entender aún.-Noto que su alumno movía sus pupilas de un lado a otro tratando de encontrar una respuesta.


-Perdon, profesor, solo que no logró entender muy bien.-Agacho su cabeza mirando los apuntes que había anotado, pero tampoco lograba entenderlos porque estaban revueltos.-Una vez más, por favor.


-No, Oscar, hace más de media hora que acabó la clase y tengo que irme.-Guardo en su mochila las hojas y dos libros de la clase de hoy.-Voy a esperaré a que tú mamá baje, le quiero comentar unas cuantas cosas.


-Esta bien, lo veo la siguiente semana.-Dijo con un tono muy apagado mientras se levantaba de la mesa.


Camino a un paso lento hasta el patio trasero de su casa para poder relajarse y tratar de que sus lágrimas no empezarán a caer


-Hola, Joaquín.-Una mujer habló llamando la atención del profesor. Bajaba las escaleras mostrando una elegancia digna de alguien como ella. -¿Y Mateo?


-Esta en el patio. Pero quería hablarle en privado.-Don Roberto miró a la mamá de su alumno un tanto confundida.-Tranquila, no es nada malo


-Ah.-Se tocó el pecho suspirando aliviada, ella sabía que Mateo nunca había tenido problemas con las escuelas ni menos con sus tutores.-Claro.


Caminaron hasta la sala de aquella gran casa, la mujer se sentó en el sofá de enmedio mientras él profesor se sentó en la esquina del sofá que estaba a un lado.


-Ahora sí, dígame Joaquín, ¿De qué quería hablarme?-La señora tomo asiento en uno de los sillones de la sal solo después de que don Roberto haya tomado lugar también.


-Señora, su hijo es muy distraído en mi clase, le hace falta apoyo que yo ni usted pueden darle.-Ella sabía a qué se refería el chico, pero ella sabía que su hijo no estaba preparado para eso.-Necesita que chicos de su misma edad puedan ayudarle, no puede siempre estar aquí y menos cuando ya va a cumplir los quince años.


-Yo... no lo sé, el no está preparado para ese tipo de situaciones ¿Que hará si vuelve a tener otro problema como en de hace unos años?-Ella empezó a soltar varias lágrimas empapando su rostro, no quería ver mal a su hijo, ella quería meterlo en una burbuja hasta que el estuviera listo para enfrentar el mundo.


-Yo entiendo su preocupación señora, pero Mateo necesita dar ese paso en su vida, en algún punto nos pasan esas cosas. Unas buenas, otras malas y mejores, así funciona nuestro mundo.-Él con una sonrisa un tanto apagada pero aún así una mirada llena de admiración.-Si mi hijo todavía estuviera conmigo lo protegería tanto como lo hace usted con Mateo.


La señora se limpió sus lágrimas y volteo a ver a su hijo leyendo feliz mientras la señorita de la cocina le daba su comida y Mateo le agradeció por el gesto.


-Mateo es muy diferente a ellos, él no tiene las mismas condiciones que los demás, mi Mati está bien así.-Cuando dijo eso ella sonrió orgullosa de su hijo.-Yo se que mi hijo es diferente a los demás, le gustan otras cosas, quiero protegerlo de aquellas que puedan dañarlo... Pero tiene razón.


-Yo se lo que se siente, si hubiera tenido la posibilidad hubiera encerrado a mi hijo en una cajita donde no lo sacaría nunca.-Derramó unas cuantas lágrimas que después se seco con su brazo.-Mire, es normal que sienta miedo, pero Mateo necesita conocer el mundo que lo rodea ¿No creé?


-Tiene razón, voy a hablar con su papá y después tendremos que hablar con Mateo.-La señora se le dio la mano al profesor y el se alejo hasta la puerta.-Por favor Ariana, acompañalo hasta la salida.


-Muy bien señora, es muy valiente al aceptar este tipo de cambios, Oscar sacó eso de usted.-Don Roberto se levantó del sillón y se despidió de su alumno y de la madre de este mismo.


-Sí señorita.-La chica fue hasta donde estaba el profesor para llevarlo a la salida y despedirlo.



-Señorita Natalia, es un gusto tenerla en nuestra institución.


-Muchas gracias directora, me gustaría hablar con usted.-La directora dejo entrar a su oficina a la señorita quien tomo asiento en una de las sillas que había.


-¿En que puedo ayudarle?-La directora tomo asiento mientras despejaba unos cuantos papeles de su escritorio.


-Antes que nada le vengo a dar el cheque mensual que le damos mi esposo y yo a la escuela.-Saco un pequeño cheque de su bolso para firmarlo y entregárselo a la directora.


-Se lo agradezco mucho señorita Natalia, está institución también se lo agradece.-La directora firmó el cheque de recibido y lo dejo a un lado de su escritorio.-Bueno, señorita Natalia, en qué puedo ayudarle.


-Usted sabe que tengo cinco hijos, y de quién quiero hablarle es de mi hijo menor, Mateo.-La directora asintió mientras prestaba atención a lo que le estaban diciendo en ese momento.-Mi hijo Mateo no pisa una escuela en dos años.


-Tengo entendido que su hijo Mateo es quien tuvo muchas complicaciones en su nacimiento y al crecer ¿Cierto?


-Asi es, y como siento que desde que era un niño le he prohibido muchas cosas y entre ellas es conocer chicos de su edad. Me gustaría preguntarle si puedo inscribir a Mateo a esta escuela, yo sé que ya empezaron hace un mes, pero se lo pidió con todas mis fuerzas.


-Claro que sí, es más que obvio. ¿De casualidad tiene sus papeles ahorita?


-Sí, sus papeles y el costó de todas las mensualidades de todos los años si gusta.-Saco de su bolso una carpeta de color negro y se la entrego a la directora.


-Pues, vamos a empezar con el trámite de su hijo y si gusta el miércoles puede venir a la institución.-Ls directora empezó a realizar el trámite de su nuevo alumno.


-Muchas gracias.



Mateo no había pensado ni en lo más mínimo que él volvería a pisar de nuevo una escuela, una escuela donde hay varios chicos de su edad o más grandes, fuertes, y más rudos que él, pues en cierta parte se sentía emocionado por la noticia que le habían dado hace dos semanas.


Por otro lado su nerviosismo y sus ganas de esconderse en su cuarto no se quedaban atrás ni por un momento, tenía miedo a que le pasará lo mismo en secundaria y no era para más, pues hoy entraba a esa escuela.


-Hijo ¿Cómo te sientes?-Su madre trababa de calmar los nervios de su hijo, ella lo conocía mejor que cualquier otra persona.


-Yo...yo no sé, ¿Y sí no hago amigos? ¿Y si me vuelve a pasar lo mismo? ¿Y sí me odian? Tal vez sea alguien de quien puedan burlarse...No me gusta eso.-Mateo estaba derramando una que otra lágrima, aguantando las ganas de llorar.


-Lo sé, yo lo sé más que nadie hijo.-Su madre tomo el rostro de su hijo y le limpio las lágrimas que caían una tras otra.-Pero, es necesario hijo, me costo aceptarlo más que a nadie, pero se que inclusive puedes estudiar en otro país como tus hermanos.


-No, ellos está lejos yo estoy mejor aquí, no me porto mal, soy buen niño. No quiero ir mamá, prometo ya no dormirme en clase y que voy a estudiar más, porfavor.-Su madre vió aquel rostro de su hijo, uno dónde las lágrimas trataban de no seguir cayendo mientras veía como su hijo trataba de batallar el solo con todo.-¿Me prometes que nada malo pasara?


-Claro, te lo prometo.-Una sonrisa fue lo que su madre le dió a Mateo, una sonrisa que a cualquiera le daría gusto ver, una sonrisa que alivia las penas del alma y te da un gran suspiro.-Vamos, se hace tarde.


Mateo se limpió las pocas lágrimas que aún le quedaban y mientras el chico terminaba de desayunar lo que su madre había preparado para él, ella iba por su nueva mochila escolar.


-Adentro está tu inhalador, puedes sufrir un ataque, mi niño, también te voy a echar un poco de protector solar.-Su madre abrió el contenedor y le untó protector solar en la cara y en sus brazos.-Tambien te traje un suéter, afuera hace frío y te hace daño.


-Lo sé... no quiero sufrir un ataque.-Mateo se puso el suéter que su madre le trajo, un suéter azul cielo con nubes estampadas y estaba muy abrigado.-Muchad gracias mami.


-¿Llevas el celular que te compre? Si te pasa algo por favor Mateo, llámame, si te sientes mal o inseguro, con miedo, las escuelas a veces hay chicos malos.-Él chico mostró su celular a su madre.-Bien, vámonos tú papá ya a de haber llegado.


-¿Mí papá me va a llevar?-Mateo se emocionó por el comentario de su madre, su papá era como su mejor amigo, él lo quería mucho, lo veía solamente los fines de semana pero para Mateo era suficiente.-¡Vamonos!


-¡No tan rápido Oscar, te puedes caer!-Y con ese llamado de atención que le dio su madre él chico se frenó antes de poder llegar a la puerta principal.-Así está mejor.-Y antes de que le olvidará necesita hacer algo antes.-Don José, le encargó que vaya a mi oficina y me traiga un paquete de color rojo, lo tiene mi secretaria, por favor, es que yo saldré.


-Claro que si señorita Natalia.-Don Jose llevaba años trabajando en esta casa que prácticamente es considerado tío por los niños de la señora.


-Perdon mamá.-Se quedó parado en la entrada hasta que llegó su mamá y le abrió la puerta mientras también cargaba su mochila.-Adiós José.


-Adiós joven Mateo.-El señor se despidió del chico y este solo le dió una última sonrisa antes de ver a su mamá.


-Ahora sí, tu papá ya debe estar afuera.-Caminaron por un gran jardín lleno de flores, con una pequeña fuente y un camino de piedra que llevaba hasta el portón.-Bien...vamos.


Su madre trato de abrir la puerta del portón que tenía enfrente, pero algo la detuvo. Eran aquellas preocupaciones que sentía por la seguridad de su hijo, ella sabía que su hijo era un niño delicado por decirlo de cierta manera.


-¿Estás bien, mamá?-Esa pequeña vos ansiosa y suave fue quién la hizo reaccionar para amor de aquellos pensamientos que la hacían sobre pensar.


-Sí, claro hijo.-Cuando por fin abrí la puerta del portón se dió cuenta de que su ex esposo ya los estaba esperando estacionado enfrente de ellos.


-¡Papá!-Salio corriendo al auto su padre y él abrió la puerta de atrás para que pudiera entrar sin ningún problema.-¡Hola, ya terminaste tu trabajo en Alemania?


-Hola, pequeñín.-Su papá revolvió el pelo a su hijo mientras le sonreía.—Ya pronto, solo unas semanas más y me tienes aquí, ya extraño a tu mamá.—Miro a su esposa de manera picara.


-¡Oscar, no corras así, te pudiste haber caído o pudiste pegarte con el carro.-Su mamá la hablo por fuera de la ventana mientras Mateo se sonrojaba de la vergüenza.


-Natalia, Mateo está bien, tranquila.-Él señor salió del auto y fue hasta donde estaba su esposa y le dió un beso en los labios para saludarla mejor.-Me da gusto ver qué tomaste está decisión sabiendo que eres sobreprotectora con Mati.


-Entendí que Mateo necesita otro ambiente, pero te advierto algo, si Mateo no está conforme o algo le pasa, lo vuelvo a tener en casa.-Miró a su esposa y vio que ella parecía firme y muy decidida con su propuesta y estaba en todo su derecho, él también conocía a su hijo mejor que nadie.


-Esta bien, tranquila.-Le abrió la puerta del copiloto para que ella pudiera entrar sin problemas.-Vamonos, que en la noche los llevo a cenar ¿Que dicen?


-¡Sí, vámonos!-Su emoción era tanta y no era porque él estaba apuntó de entrar a una escuela, era por qué sus padres lo llevarían, eso era lo que hacia feliz a Mateo.


Su padre empezaba a conducir para que su hijo pudiera llegar a tiempo a su nueva escuela.—¿Cómo has estado? Dejando a un lado lo del colegio de Mati.


-Yo...-Ella no quería preocupar a su esposo así que prefiero guardar sus penas, después de todo su marido ya tenía mucho estrés con el trabajo.-Un poco cansada, es todo.


-Entiendo, sabes que si necesitas hablar con gusto te escucharé.-Ella necesitaba tener devuelta a su esposo, tenerlo cerca y pasar tiempo con él.


-Muchas gracias amor.-Prefirio guardar silenció y mirar al frente mientras seguían conduciendo hasta la escuela de su hijo, ahora que Mateo iría a la escuela y su esposo lejos del país se empezaba a sentir sola


No paso mucho tiempo para que ellos llegaran al colegio donde estudiaría a partir de este día Mateo. Su madre veía a varios adolescentes entrar corriendo, otros hablando afuera de las puertas del colegio.


-¿Aquí voy a estudiar?-Mateo estaba asombrado por la gran escuela que tenía enfrente, era muy bonita pero habían bastantes alumnos y eso puso nervioso al chico.-Me da miedo.


-Tranquilo, Mati, todo saldrá muy bien-Su padre le acaricio el pelo a Mateo y él sonrió por el gesto tan lindo se su padre.


-Oscar.-Su madre me puso una bufanda que había traído pero se le olvidó ponérsela a Mateo cuando aún estaban en su casa.-Llamame si algo malo te pasa, si te sientes mal o te hicieron algo, también puedes mándame mensaje, cualquier cosa vengo por ti, en tu mochila está todo, no te olvides.


-Sí mami.-Mateo a como puedo, abrazo a su mamá y a su papá, mientras ambos solo disfrutaron del abrazo.-Los quiero mucho.


Mateo bajo del auto y miro a sus padres quienes lo veían con orgullo por ser alguien tan valiente y eso puso los ojos de Mateo llorosos pero se seco aquellas lágrimas, él sabía que esto para él era un logro, era una nueva etapa para si mismo.


-¡Te ves guapo con ese informe!-Su padre le gritó desde la ventana del conductor y Mateo se puso demasiado rojo, jamás pensó que el uniforme le quedaría bien para un algo más que nada porque el lo llevaba puesto.-Venimos por ti en la tarde.


Mateo asintió y se dirigió caminando bastante lento, quería entrar pero sus piernas no lo dejaron avanzar tan rápido, pero suspiro y con unos cuantos pasos entro a su nueva escuela pudo notar que era bastante grande por dentro de lo que se veía afuera.


Se escuchó un timbre por toda la institución anunciando que la hora de entrada del alumnado había concluido, pero como él chico era nuevo y no sabía que hacer, no conocía pasillos, salones, rutas o algo parecido. Estaba perdido.


Camino sin rumbo hasta toparse con una señora de unos cuarenta años o más, muy arreglada y con su pelo suelto teñido de rubio. Como era nuevo necesitabs preguntar dónde estaba su salón pero la señora noto su presencia antes de que Mateo pudiera decir algo.


-Hola cabellero ¿Se le ofrece algo? ¿por qué no ha ido a su salón? -Aquella señora era realmente estricta y muy firme ante todo lo que decía y eso a Mateo lo hacía sentir vulnerable que no pudo hablar o contestar a sus preguntas - Le pregunté algo caballero.


-Es que...soy nuevo y no se dónde queda mi salón.-Sus mejillas se tornaron un poco coloradas de la vergüenza que sentía en ese momento al lado de esa señora.


-Nuevo ingreso ¿Cuál es tu nombre cabellero? -La señorita le pregunto ya en un tono cordial pero sin dejar de ser rígida.


-Me llamo Óscar... Mateo Braun Castillos.-Odiaba decir su nombre completo, pero odiaba más pronunciar el primero de sus dos nombres, ojalá que ese nombre se lo pudiera quitar de alguna forma.


-Cierto, eres el hijo de Natalia, una disculpa, acompañeme por favor.-Mateo camino al lado de ella, hasta que llegaron a un salón que tenía un letrero donde estaba escrito 1°A.


La directora golpeteo un par de veces el salón hasta que una voz de un señor se escuchó por dentro diciendo "adelante" y eso basto para que la directora abriera la puerta del salón he hiciera pasar al chico junto con ella.


-Una disculpa profesor Alvarado pero este chico es de nuevo ingreso. Vamos presentate ante tus compañeros.


Estar ahí para Mateo era como si él fuera un famoso y todos los reporteros estuvieran siguiendo a Mateo a todas partes, pero sin las cámaras ni los flashes de estás pero igual de abrumador.


-Yo, me llamo Oscar Mateo Braun Castillos.-Solto su nombre al fin pero su corazón latía a mil como si hubiera corrido por mucho tiempo, aunque su respiración era lenta, cualquier indicio de un ataque de asma tenía preparado su inhalador en la mochila.


-Muchas gracias Señor Oscar, por favor le pido que antes de irse pase a mi oficina al lado de del comedor. Gracias a todos por su atención -Y la directora se marchó del aula en donde había interrumpido hace un momento.


-Muy bien, por favor Joven siéntese en la última butaca disponible y saqué su libreta de matemáticas -Mateo camino hacía un asiento el cuál era el quinto de la tercera fila la cual estaba al lado de un chico hermoso según él.


Se sentó y dejó su mochila en un espacio especial para ella que era la parte izquierda de la butaca. Mateo noto que había una cerradura debajo de la tabla para escribir, pero mejor no curioseaba así que mejor saco un sus lapiceros con una libreta de matemáticas ya usada de su antigua escuela.


-Oye -El Chico que se sentaba a su lado le hablo en vos baja para no llamar la atención del profesor.


Mateo volteo y vio a aquel chico y sintió un leve cosquilleo en su estómago al verlo, era un chico a la vista atractivo, su piel era un poco clara, semejante al color crema, unos ojos de un café oscuro con unas ojeras decorando sus párpados, ese pelo negro ondulado, aunque un rostro un poco cansado.


-Dime... -Mateo le prestó un poco más de atención al chico que le hablaba, pero se sentía muy desprotegido al hablar con él, se veía rudo y sentía que en cualquier momento le daría un golpe.-¿Puedo ayudarte...con algo...?


-Sí, prestame un lápiz, por favor, no tengo con que escribir.-Pidió el chico. Así que Mateo empezó a sacar el lápiz de su mochila pero en eso una voz interrumpió su acción.


-Víctor, no molestes al chico, por favor.-Él maestro dejo se escribir en el pizarrón hasta que Víctor se sentará correctamente y así lo hizo el chico, así que el maestro siguió con lo suyo.


-Ten.-Mateo saco el lápiz de su mochila y se lo prestó al chico y él lo tomo mientras le daba las gracias, a partir de ahí ya no tuvieron otra conversación.


Dos horas después de estar en el aula, sonó el timbre que anunciaba el primer receso de los alumnos. Todos los alumnos fueron saliendo del salón poco a poco, cuando Mateo vio aquel chico que le había prestado su lápiz fue llevado por dos chicos fuera del salón.


Después de un rato de andar deambulando decidió ir al patio donde había más personas pero camino hasta la sombra de un árbol, en donde se sentó en posición fetal a espera de que el receso terminará.


Mateo estaba tranquilo hasta que un chico y una chica se acercaron a él asustandolo un poco y viéndolos nerviosamente, penso que le iban a hacer algo malo, siempre había pasado por ésto, grata fue su sorpresa que no pasó y los chicos lo saludaron amablemente.


-Amigo, ven, no estés aquí solito -El chico le extendió la mano para levantarlo, era bastante lindo a decir verdad -Vamos a dar la vuelta.


-Soy muy descortés perdoname, me llamo Alejandra -Sonrio la chica y se presentó como si Mateo fuera de la realeza o algo parecido ya que hizo una reverencia.


-Yo soy Evan, un gusto. -El lo saludo más cordialmente como un hombre muy importante ya que le extendió la mano y Mateo acepto el saludo


-Yo...-Mateo se puso nervioso por la presencia de esos dos chicos que se habían acercado a hablarle, nunca había tenido suerte al tener amigos, pero tal vez eso cambiará.-Yo...soy... Ma...mateo.-De un momento a otro estaba tosiendo y sentía su pecho comprimido, como su alguien lo aplastara, y notó que al aire le faltaba.


-¿Amigo estás bien?-Él chico negó con la cabeza y saco un pequeño bote azul de su suéter, inclinó su cabeza hacia atrás y apretó aquel bote y aguanto la respiración unos cuantos segundos.


-Ah, ah, ah, ah.-Y sintió como poco a poco el aire volvía a sus pulmones y pero se sentía demasiado cansado y quería llorar, no pensó que en su primer día sería tan malo.


-Wow, ¿Estás bien?-Evan se sentó a un lado de Mateo para calmarlo un poco, cosa que funcionó muy poco ya que el chico no le respondió y la verdad no podía hacerlo.


-S...sí, es que soy asmático y no puedo respirar bien cuando me da un ataque.-Mateo no tenía fuerzas para verlos de frente, se sentía apenado que esos chicos vieran algo tan penoso.


-Oh, entiendo ¿Necesitas algo?-El chico siguió intentando acercarse a él y aunque con miedo Mateo fue quien se arrimo un poco a su lado


-N...no, estoy bi..bien.-Guardó de nuevo su inhalador en su suéter y suspiró para poder recuperarse de su ataque de asma. Cuando ya estuvo bien vió a los dos chicos que se le habían acercado.-Lis...listo.


-Bueno, ya que estás b¿Que esperamos? Vamos a darte a conocer la institución ya que te nos puedes perder en tu primer día y nos quedamos sin un estudiante.-Mateo rio por el comentario de la chica y le gustó sentirse así de bien en un lugar fuera de su casa.


-Esta bien.-Mateo, se levantó del piso para poder recorrer la escuela, pero antes necesitaba algo.-¿Dónde puedo lavarme las manos?


Alejandra llevó a Mateo a los baños de los chicos para que se pudiera lavar las manos y empezar el recorrido mientras Evan lo esperaba afuera de la puerta. Después de que Mateo saliera del baño Alejandra y Evan lo llevaron a recorrer el colegio donde ahira estudiaba.


Lo llevaron a las canchas de fútbol, básquetbol y las duchas escolares, también a los salones donde se llevaban talleres y actividades extracurriculares, y su último destino fue la cafetería escolar.


El recreo termino bastante bien con ellos dos, platicaron de ellos, sus gustos musicales, Mateo les contó sobre como era la educación en casa mientras caminaban de regreso al salón


-Ya se, hay que crear un grupo entre nosotros 3 ¿Que les parece? -Suguirio Alejandra, y Evan acepto en seguida la propuesta, pero Mateo se detuvo.


-¿De verdad?-Sus nuevos amigos asintieron casi al mismo tiempo.-Bueno, me gustaría... tener un grupo con us...tedes.-Mateo saco el teléfono que le habían comprado hace unos cuantos días y Alejandra fue quién le anoto sus números y lo metió al grupo.-Muchas gracias.


-No es de nada, amigo.-Él chico se puso colorado por como lo había llamado "amigo" hace tiempo nadie lo llamaba así.


Disfrutaron de las clases y del segundo receso comiendo algo en la cafetería, aunque Mateo paso de comer ahí pero disfruto conviviendo con sus nuevos amigos


Cuando llegó la hora de la salida llegó, todos tomaron su mochila y se fueron al portón menos Mateo quien tenía que ir a ver a la directora a su oficina.


Pero en eso Víctor trato de llamar la atención de Mateo para devolverle su lápiz pero sin éxito alguno así que optó por ser un poco más brusco. Corrió hasta el pasillo donde caminaba Mateo y lo sometió contra la pared con un brazo recargado a la derecha y si, la diferencia de alturas era notoria.


-Llevo rato tratando de regresar el lápiz que me prestaste, pero no me haces caso -Su tono de voz era frío, cuando habló con el la primera vez su voz no era así, y eso le estaba dando miedo.


-L...lo siento mucho, no escu...escuché.-Mateo se puso rojo por la vergüenza y por tener a Víctor tan cerca de su cuerpo pensando que en cualquier momento le pegaría.


-Como sea, ten -Le devolvió el lápiz mientras seguía acorralando al chico contra la pared, lo veía de arriba a abajo con una mirada neutral y sin juzgarlo.-Me tengo que ir, gracias.


Él se fue dejando a Mateo colorado de la cara, con las piernas temblando y con su lápiz en una mano mientras con la otra se agarraba su suéter. Dejo de pensar demasiado en lo que había pasado ya que la directora pasó a su lado y lo llevo hasta su oficina.


-Dígame directora -Mateo se quedó parado enfrente del escritorio de la directora mientras ella buscaba algo pero no sabía con precisión.


La directora sacó una hoja de algún cajón del escritorio y le la dio a Mateo, al verlo bien era su horario de clases con su nombre y grupo en la esquina superior derecha.


-Esperó que la escuela fuera de su agrado, y le pido por favor que respete el horario de clases por favor.-La directora le sonrió a su nuevo alumno y ella le entrego unas llaves.-Espero sean de su butaca , si no mañana venga a decirme, ah y más le vale que cuídese esas llaves o las tendrá que pagar.


-De acuerdo, directora -Mateo tomo las cosas que le había dado la directora y se marchó directamente a la salida donde sus padres lo estaban esperando.


-Mateo ¿Por qué te tardaste? -Su madre se veía muy preocupada por él y comenzó a abrazarlo, pues tantas horas de no saber de él la preocupaban, pero noto que su hijo tenía una gran sonrisa.


-Me fue bien ¡Pude hacer amigos! -Mateo se metió al carro de su padre con mucha emoción.


-Me da mucho gusto Mati, bien ponte el cinturón porque ya nos vamos por una pizza para festejar.-Su padre le revolvió el pelo a Mateo y este solamente sonreía.


-¡Sí, vamos!-Ambos notaron que su madre estaba un poco molesta, pues ambos sabían que a ella le molestaba ese tipo de comida rápida.


-¡No, eso tiene muchas grasas!-Mateo y su padre se notaron nerviosos, pues ambos comían pizza cuando Mateo iba con el los fines de semana y obviamente a escondidas de su madre.


-Una vez a la semana no le hace daño a la panza, Natalia, solo está vez, un regalo para Mati que fue valiente.-Y a regañadientes ella aceptó, pero su ex esposa seguía molesta pero el y Mateo estaban mas que contentos por salirse con la suya.


Mateo no podía estar más emocionado que nunca, pues su nueva escuela le empezaba a gustar más de lo que pensaba juntó con que empezó el día haciendo dos amigos. Para Mateo era uno de sus mejores días de vida.