Mi dulce Venganza

Sinopsis

sobre una mujer que sufre una terrible traición por parte de su esposo y su mejor amiga. En medio de ese dolor y shock, ella promete vengarse. El destino le da una "segunda oportunidad" cuando su esposo le pide matrimonio nuevamente. Ella acepta, pero no por amor, sino como parte de su plan de venganza. Durante dos años, ella actúa como una mujer débil mientras observa cómo su esposo y su amiga viven una vida feliz juntos. Finalmente, la situación se vuelve insostenible y ella decide divorciarse, pero antes de eso, planea dejarlo en la ruina económica. En un momento de vulnerabilidad, conoce a un hombre llamado César, con quien pasa una noche. Después de esto, decide seguir adelante con su plan de divorcio y logra ganar el juicio, sintiéndose por fin libre y empoderada. Tras un viaje, se entera de que César, un hombre muy rico, la está buscando. Él la encuentra, le pide matrimonio y, a pesar de su desconfianza inicial, ella acepta con una condición: que si alguna vez la hace sufrir, lo destruirá. La historia termina con ella viviendo un "paraíso" junto a César, quien la trata como una princesa. En resumen, es una historia de traición, venganza, empoderamiento femenino y un giro inesperado hacia un nuevo amor.

Genero:
Drama
Autor/a:
Kelly Jhoana
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Mi dulce venganza



Mi Dulce Venganza


Era una noche oscura y tormentosa, y el dolor me invadía como un océano implacable. Sangraba, no solo físicamente, sino también emocionalmente, golpeada por unos matones mientras mi esposo, Edrik, dormía plácidamente en la cama con María, su amiga de la infancia. A mi lado, Carlos se desvanecía lentamente; deseaba gritar su nombre, pero mi garganta estaba sellada por el horror de esa traición.

2. Prometí venganza en ese instante fatal.


El tiempo pasó y desperté en un momento inesperado: Edrik estaba de rodillas ante mí, pidiéndome matrimonio. Su rostro reflejaba una mezcla de amor y culpa que me provocó una chispa ardiente dentro de mí. En ese instante, sentí el impulso de golpearlo, pero me contuve. La vida me había dado una segunda oportunidad y no iba a desperdiciarla. Acepté su propuesta no porque lo amara, sino porque en mi mente ya estaba fraguando un plan para que pagara por todo lo que había hecho.


Pasaron dos años en los que actué como la mujer débil e indefensa que él esperaba ver. Observaba cómo Edrik trataba a María como si fuera su esposa; la llevaba a restaurantes lujosos y hoteles exclusivos. Ella publicaba fotos en Facebook de sus felices momentos juntos, y yo las veía con una mezcla de rabia y tristeza. Cada vez que miraba esas imágenes, el sabor amargo del dolor invadía mi boca, recordándome lo que había perdido.


Un día, María llegó a casa y le dijo a Edrik que su esposo la golpeaba; le pidió quedarse por un tiempo. Sin pensarlo dos veces, Edrik aceptó sin decirme nada. Al llegar a casa, vi cómo María se escondía detrás de Edrik como un conejito asustado. Él, por instinto, la protegió; gritó que ella solo tenía miedo. Ese momento fue la gota que colmó el vaso; el dolor se transformó en furia.


Hablé con mi abogado sobre los trámites de divorcio, pero sabía que no era el momento adecuado. Tenía un plan más elaborado: dejarlo en bancarrota.


Una tarde, después de verlos actuar como la pareja perfecta mientras yo me sentía destrozada, decidí salir a despejar mi mente. Fui a un parque donde solíamos ir juntos y compré un helado para calmarme. El aire fresco me abrazaba mientras saboreaba el helado cuando un extraño se acercó y me ofreció uno; al probarlo noté un sabor salado. Le comenté al hombre sobre el sabor extraño y él sacó un pañuelo para secar mis lágrimas.


Nos presentamos como desconocidos y terminé aceptando su invitación a tomar unos tragos. No sé cómo sucedió, pero esa noche acabé en su casa. Al despertar al día siguiente, el hombre ya no estaba allí; recordé todo lo sucedido con vergüenza mientras recorría las escaleras.


Lo encontré en la cocina con una bata puesta; me sonrojé al verlo y él me preguntó si estaba bien. Me ofreció desayuno y recordé cuánto tiempo hacía que no disfrutaba una comida tranquila sin preocupaciones ni resentimientos. Tras ducharme, él me regaló ropa hermosa antes de despedirnos.


Al llegar a casa esa tarde, vi muchos mensajes de Edrik en mi celular; lo puse en modo silencio para evitar más doloroso enfrentamientos. Cuando llegué a casa, él estaba furioso porque había encontrado a María en mi cuarto con mis cosas amontonadas en el cuarto de huéspedes. Edrik la defendió diciendo que solo necesitaba un lugar para quedarse.


Esa fue la gota que colmó el vaso. Salí furiosa y fui a un hotel donde pasé tiempo sumergida en mi computadora asegurando mi futuro financiero. Transferí todo el dinero a mi cuenta personal y hablé con mi abogado para formalizar el divorcio.


Finalmente gané el juicio; cuando vi la expresión en el rostro de Edrik no pude contener mi felicidad al salir del tribunal como una mujer empoderada. Sentí una libertad indescriptible que no había experimentado en mucho tiempo.


Poco después regresé a Estados Unidos tras unas vacaciones locas solo para enterarme de que María había dejado a Edrik. Él vino hacia mí pidiendo perdón como un perro arrastrándose, pero yo no iba a perdonarlo; ya no quería ser parte de su vida ni sufrir más por sus decisiones egoístas.


Luego vi las noticias sobre César: “El hombre más rico de Estados Unidos busca a su mujer”. El pánico se apoderó de mí cuando supe que era César quien buscaba alguien como yo.


Los guardias llegaron rápidamente a llevarme ante él; César me pidió matrimonio al instante. Le respondí que no confiaba fácilmente en nadie pero él insistió en que estaba enamorado de mí y jamás traicionaría a una mujer tan bella como yo.


Acepté su propuesta con una condición: si alguna vez me hacía sufrir, lo destruiría sin dudarlo.


Y así comenzaron mis meses junto a César; cada día era un paraíso donde me trataba como una princesa, apoyándome incondicionalmente y recordando los pequeños detalles sobre mí: “¿Qué hora es? ¿Qué te gusta comer?”. Era el hombre perfecto...