PRÓLOGO: El Rey del Mall
Las grandes y brillantes paredes de mármol lo recibieron al entrar al Mall of America, un templo del consumo tan excesivo como glorioso. Los focos LED lo bañaban con una luz celestial, y las vitrinas relucían como altares de una religión consagrada al lujo. El mármol bajo sus pies tenía más brillo que la frente de un ejecutivo en quiebra.
En medio de esa sinfonía de opulencia, caminaba él: Kim Taehyung. Y no caminaba, no. Desfilaba. Como si la pasarela de Milán hubiera sido trasladada especialmente para él entre la tienda de Louis Vuitton y la de Cartier.
A su lado iban sus inseparables acompañantes: Maddie, con su acento californiano y su look de influencer de mediana fama; Woo Young, el eterno fashion victim con ego frágil; e Irene, la reina del shade pasivo-agresivo con gafas de sol más oscuras que su sentido del humor.
—¡Este traje te queda espectacular, Tae! —exclamó Irene con una sonrisa de anuncio de perfume caro, mientras Taehyung se admiraba en el espejo de una boutique exclusiva.
—Sí, definitivamente tienes un estilo incomparable —añadió Maddie, quien asentía con tanto entusiasmo que casi se le cae la Dior Saddle Bag de edición limitada que llevaba colgada del brazo.
—Wow, Tae, eres todo un ícono de la moda —comentó Woo Young, sin mucho entusiasmo, mientras se limaba las uñas con una lima dorada de Chanel.
Taehyung sonrió. No solo por los halagos, sino porque sabía que eran ciertos. Él no seguía tendencias. Él era la tendencia.
Una joven empleada se acercó con pasos tímidos. En sus brazos sostenía un vestido Dior que parecía haber sido tejido con rayos de luna y el llanto de unicornios.
—Es de edición limitada, joven Kim —dijo con voz reverente—. Harry Styles se llevó uno la semana pasada.
Taehyung lo miró con indiferencia.
—Mmm… Me gusta… pero no me encanta —dijo, dándole un sorbo a su latte de lavanda sin azúcar.
—Yo digo que te verías deslumbrante en él —opinó Irene, quitándose las gafas para inspeccionar el vestido con ojos de halcón entrenado en el Fashion Week de París.
—No lo sé… No tienes las suficientes curvas para llevarlo —intervino Woo Young, alzando una ceja mientras seguía limándose con desgano.
Taehyung giró lentamente hacia él. Lo miró de arriba abajo, con una sonrisa ladeada más peligrosa que un borde de piscina en tacones.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—Eso no dijo San mientras me cogía con el vestido Chanel de edición ilimitada que tanto querías.
Woo Young lo miró, congelado. Un segundo después, lo empujó.
—¿¡Conseguiste el vestido!? Espera… —su voz se elevó— ¿¡Te cogiste a mi novio!?
Taehyung rió, sin el más mínimo remordimiento.
—Claro. Estábamos calientes y me pidió que me probara uno de mis vestidos. “Oh, Taehyung, te ves tan delicioso… Oh, Taehyung, qué buen trasero”, me decía —relató con burla, mientras imitaba la voz de San de forma exagerada—. Eso te pasa por meterte conmigo.
Woo Young abrió la boca para decir algo, pero nada salió. Taehyung se acercó y lo tomó por la camisa.
—¿Creías que se me iba a olvidar lo del año pasado en mi fiesta? ¿Apareciendo con el mismo traje que yo? ¿Y con Mingi a tu lado? Ja. Eres idiota si pensabas que ibas a salir indemne.
Irene bajó sus lentes de sol con elegancia y sonrió con complicidad. Era testigo de una telenovela, pero con ropa de diseñador.
—Tú trabajo, querido —continuó Taehyung, soltando a Woo Young con desprecio—, es sonreír y decirme lo fabuloso que me veo. Nada más.
Le dio una leve bofetada en la mejilla. No lo suficiente para doler, pero sí para humillar.
—Recuerda quién manda, Woo. Porque tú solo eres una de mis perras. ¿Lo captas?
Woo Young bajó la mirada. Tragó saliva. Su orgullo estaba hecho trizas.
—Sí… lo capto.
—Bien. Porque odio repetir las cosas.
La tensión era tan densa que podría haberse cortado con una tarjeta platinum. La empleada, que había presenciado todo como si viera un episodio de “Gossip Girl”, no sabía si irse o quedarse para ver el próximo capítulo.
—Me llevo la chaqueta y el vestido —ordenó Taehyung, sin mirarla siquiera. Le extendió su Black Card como quien lanza migajas a las palomas.
La empleada asintió. Taehyung la ignoró y pasó junto a Woo Young, empujándolo con el hombro.
—Vamos, Irene.
Y así, con un paso firme y una sonrisa de superioridad, Taehyung se adentró entre las vitrinas, como un emperador recorriendo su imperio.
⪩ 🥡 ×
Unos minutos después, en la zona de descanso del centro comercial…
—Tae, deberías relajarte un poco —dijo Maddie, sorbiendo su frappuccino de matcha—. Últimamente estás más diva que de costumbre.
—¿Diva? ¿Yo? No, cariño —dijo Taehyung mientras se retocaba los labios frente a su espejo compacto—. Las divas hacen berrinches. Yo simplemente pongo a la gente en su lugar.
Irene soltó una risita nasal.
—A veces te pasas. Pero, honestamente, fue divertido. Woo se lo merecía.
—Obvio —dijo Taehyung, cruzando las piernas con gracia—. Esto no es crueldad, es justicia poética.
—O venganza… —añadió Maddie.
—O arte —corrigió Taehyung con una sonrisa falsa—. Y el arte no se discute.
⪩ 🥡 ×
Mientras tanto, Woo Young se desahogaba por teléfono.
—¡No lo soporto, Jennie! ¡Ese infeliz va a pagarme esto!
—¿Taehyung otra vez? —respondió Jennie al otro lado de la línea—. Uy, nene… ¿Qué hiciste ahora?
—Nada. Literalmente nada. Solo dije que el vestido no le quedaba bien. Que técnicamente es verdad. ¡Y ahora todo el mundo sabe lo de San!
—Ah… entonces sí hiciste algo —dijo Jennie, masticando chicle—. Mira, si quieres hundir a Taehyung, vas a necesitar algo grande. Un escándalo.
—¿Un escándalo?
—Sí. O mejor aún… quítale lo que más ama.
Woo Young se quedó en silencio. Luego sonrió.
—Perfecto.
⪩ 🥡 ×
Esa noche, en el penthouse de los Kim…
La familia Kim no vivía. Flotaba en la abundancia. El penthouse era un monumento al exceso: pisos de mármol italiano, obras de arte que nadie entendía pero costaban más que un riñón, y un sistema de domótica tan avanzado que se encendía solo con el ego de Taehyung.
Su padre, el Sr. Kim, CEO de una multinacional de cosméticos, estaba sentado con un whisky en mano, viendo las noticias.
—Hijos, ¿puedo hablar con ustedes?
—Si vas a hablar del jet privado, ya te dije que lo necesito para mi retiro espiritual en Mykonos.
—No. Es algo más serio. Muy serio.
SeokJin frunció el ceño. Su padre jamás usaba ese tono… salvo cuando se avecinaba una catástrofe.
—¿Qué pasa?
—Nos vamos a bancarrota.
El silencio fue inmediato. Hasta Alexa dejó de reproducir la playlist de “Bad Bunny Piano Versions”.
—¿¡Qué!?
—Estamos perdiéndolo todo. Malas inversiones. Caída del mercado. Y... bueno, un par de demandas por evasión fiscal. Técnicamente, estoy casi prófugo.
—¿PRÓFUGO?
—Shhh. No tan alto. Resolvere esto mañana. Tengo un plan.
Taehyung se dejó caer sobre el sofá, como si hubiera sido apuñalado con stilettos.
—No… no puede ser. ¡¿Y mis zapatos Louboutin?! ¡¿Mis tratamientos faciales en Beverly Hills?! ¡¿Mis brunches con Paris Hilton?! ¡¿MI VISA!?
—Olvídate de todo eso. Tendremos que ocultarnos, y fingir ser... personas normales.
La palabra le dio náuseas.
Y así comenzaría su viaje… de príncipe a plebeyo.
De privilegio a proletariado.
De Dior… a descuento del 2x1 en el tianguis de Tepito.
ACLARACIONES. ‼️
🐻⃟♡̸ Todos los derechos reservados.
🐰⃟♡̸ Esta completamente prohibido cualquier copia u adaptación.
🫔⃟♡̸ Contenido +18 en Inkitt. User: Jkknow_
🪅⃟♡̸ Con esta historia no busco dañar la imagen de ninguno de los miembros de Bts.
🐒⃟♡̸Esta historia esta hecha únicamente con fines de entretenimiento.
🌮⃟♡̸Mi forma de narrar es diferente a la de otras autoras, así que les pediré que respeten eso.
🐮⃟♡̸ Si no te gusta este tipo de contenido, te pido de la manera más educada que por favor te retires.
Con todo esto aclarado.
Disfruten la lectura, borreguitas. 💗
MJ.
IG: Mjknowx.