Capítulo 1 - Vivian
Desde luego pasarse la tarde del viernes encerrada en una biblioteca no es el plan deseado de nadie, pero el mío sí. Bueno, para ser totalmente sincera preferiría estar en mi habitación viendo una serie y poniéndome morada a chocolate, pero necesito estudiar.
Tengo que sacar muy buena nota en el examen de Inmunología, la asignatura resulta ser un puto grano en el culo y el profesor Casselden no la hace más amena. El último examen me salió nefasto, un 7, la mayoría de gente lo celebraría, pero para mí es una decepción bajar del 9 y no voy a permitir que algo así vuelva a pasar. Necesito ser la mejor de clase para mantener la beca, si la perdiese me sería imposible pagar la matrícula.
Intento concentrarme, pero noto como mi teléfono vibra. Lo cojo para poner el modo “No molestar”, pero veo que es mi amiga Sloane la que me ha escrito. Han sido solo un par de mensajes, pero aun así compruebo qué es lo que quiere ahora. La mayoría de las veces me escribe por tonterías, pero la conozco lo suficientemente bien para saber que si no contesto luego montará un drama.
Sloane
Viv
¿Dónde coño estás?
En mi segunda casa
Tu relación con la biblioteca está empezando a ser algo tóxica
Anda, como todas las relaciones que mantienes tú con hombres
Al menos follo y no es con un libro de farmacología
Te odio
Sabes que ahora mismo no puedo pensar en otra cosa que no sea sacar buena nota en inmunología
De todas maneras, ¿qué quieres?
Como que qué quiero
¿Sabes qué día es hoy?
31 de octubre
ES HALLOWEEN VIV
Y vamos a ir a la fiesta que celebran los chicos del equipo waterpolo
No, tengo que estudiar
Por encima de mi cadáver Fletcher
Vas a venir conmigo
No pienso molestarme en contestar a Sloane, no tiene sentido discutir con ella, casi siempre se sale con la suya, así que lo mejor será ignorarla y centrarme en las subpoblaciones de células T. Con el tiempo se cansará y dejará de bombardearme a mensajes.
Normalmente no me permito tener amigos, honestamente me aterra que la gente que se acerque a mí pueda descubrir todo lo que sucede en mi casa. Pero Sloane es una excepción, hemos compartido habitación desde que entramos en la residencia de la universidad de Westlake. Y a pesar de ser la tía más intensa del mundo la he cogido mucho cariño, tanto que le he contado toda la mierda que he vivido desde niña y no me ha juzgado, se ha limitado a escucharme y a estar allí cada vez que mi padre lía alguna de las suyas.
Después de un rato con la nariz metida en mi libro, comienza a resonar un taconeo. Los pasos cada vez se escuchan más cerca hasta que cesan. Cuando levanto la cabeza veo a Sloane vestida con una falda de látex roja, un corsé de encaje del mismo color que le sube las tetas hasta la garganta, unas medias de rejilla negras y una capa. Lleva su pelo negro recogido en dos trenzas que le caen por encima de los hombros.
—¿Vas de prostituta? —pregunto.
—Soy caperucita roja, ¿no es obvio?
—Lo único evidente es que no te caben las tetas en ese corsé —comento —. ¿Cómo te han dejado entrar así a la biblioteca?
—Me he tirado al bibliotecario.
—¿Por qué no me sorprende?
—Déjate de tonterías y cierra eso. Ven a la habitación, me maquillas, te vistes y nos vamos.
—No tengo disfraz —es la excusa más rápida que se me ha ocurrido.
—Te equivocas, pedí uno para ti. Cuando llegues a la habitación descubrirás que es.
—Una pena que no vaya a salir de este edificio en las próximas... —miro el reloj de mi muñeca —, tres horas y media.
—Cómo no empieces a guardar las cosas me voy a acercar a mi amiguito y le voy a explicar que te dedicas a pasar droga a los alumnos en esta biblioteca para que te veten la entrada. Para siempre.
—No harías eso, lo sé.
—No me tientes Fletcher, además te haría un favor. No es sano pasar tanto tiempo aquí encerrada - la ignoro completamente rezando porque se canse de esperar y se vaya, pero Sloane no es de las que se dan por vencida tan fácilmente —. ¡Max! —grita provocando que el resto de los alumnos tan aburridos como yo levanten la mirada.
— Vale, voy —susurro con la cara colorada —. Te voy a matar que lo sepas.
Meto los libros en el bolso. Sloane parece estar pasándolo en grande mientras yo, con la cara roja como un tomate, lucho por conseguir que mi termo quepa en el pequeño espacio que queda libre dentro del bolso. Finalmente me doy por vencida, así que salgo pitando de la biblioteca. En estos momentos Sloane es la persona que más odio en el mundo, por su culpa voy a tener que pasar la noche rodeada de estudiantes borrachos y salidos.
Cuando llegamos a la habitación me encargo de maquillar a mi amiga, esta vez le hago unos ojos ahumados en tonos tierra, le delineo los labios de marrón y se los pinto de rojo. Con un tutorial de YouTube consigo hacerle una cicatriz que, en mi opinión, está bastante lograda.
Desde pequeña había jugado con el maquillaje de mi madre, por eso tenía tanta soltura con las brochas. Cuando se fue de casa eso es lo único que me dejó, supongo que esa será toda mi herencia aparte de las deudas que me deje mi padre.
A partir de ese momento, comenzó la pesadilla en la que vivo actualmente. Mi padre cambió de manera radical, se volvió un hombre oscuro y melancólico y la única manera que encontró de lidiar con sus problemas fue a través del alcohol.
Al principio bebía de manera ocasional, tomaba unas cervezas de vez en cuando, pero conforme pasaba el tiempo la cantidad de alcohol que bebía aumentaba exponencialmente y pasó a volver todos los días a casa borracho.
Hoy en día tengo entendido que se levanta con una cerveza en la mano y no para de beber hasta caer dormido. No le veo mucho, solo cuando es estrictamente necesario, lo que se traduce en que lo veo cuando se mete en alguna de sus movidas y me veo obligada a sacarle de ella.
—Tienes mano de santo —dice Sloane obligándome a salir de mis pensamientos.
—Es fácil cuando tienes esta cara tan perfecta —le digo. Y es verdad, Sloane tiene una cara preciosa: ojos oscuros y almendrados, nariz fina y labios carnosos. Y por si fuese poco también es una tía con una personalidad arrolladora. Allí donde va es el centro de atención, sin ni siquiera esforzarse.
Yo, sin embargo, soy la amiga que siempre va a su lado, pero que nunca levanta ningún interés. Y no es que me moleste, nunca me ha gustado eso de ser la protagonista, pero a veces me pregunto cómo se siente ser la estrella principal.
—Es tu turno —comenta mi compañera que abre armario y saca un disfraz.
—¿Policía? Un poco básico.
—Por Dios, no puedes hablar en serio, es un clásico.
—Clásicamente aburrido.
—Igual que tú —Sloane me tira el disfraz mientras pone los ojos en blanco.
No tardo mucho tiempo en arreglarme, me visto y me retoco el maquillaje que ya llevaba puesto, en 15 minutos estamos preparadas para salir. Sloane y yo pedimos un Uber para ir a casa donde se celebraba la fiesta los chicos del equipo.
Nada más entrar una ráfaga caliente golpea mi cuerpo, esta casa apesta a alcohol y lo odio con toda mi alma, inevitablemente me recuerda al hedor que caracteriza mi casa, solo que en este caso se mezcla con sudor y maría.
Sloane me da la mano y me guía entre la multitud hasta la cocina, donde coge dos vasos. En el mío vierte una Coca-Cola Zero y en el suyo se prepara un cubata de vodka limón. Aunque a mí no me haga ningún tipo de gracia que beba, entiendo que es su decisión y no puedo intervenir de esa manera en su vida, simplemente me limito a cuidarla y a controlarla cuando se le va de las manos, que suele ser siempre o la mayoría de las veces.
—Aquí tienes —me sonríe y me tiende el vaso —. Esta noche va a ser brutal, lo presiento.
—Si tú lo dices.
—Venga cambia la actitud, no puedes pretender pasártelo bien si eres tan negativa.
—Igual no quiero pasármelo bien.
—Hazlo por tu mejor amiga. La chica que soporta tu mal humor, tu estrés académico y tu insoportable síndrome premenstrual —no puedo evitar reírme —. ¿Eso es un sí?
—Es un lo voy a intentar —digo. Mi amiga comienza a dar saltos de alegría.
En este momento entra por la puerta de la cocina Connor Sanders, uno de los jugadores del equipo de waterpolo y un lío recurrente de Sloane. A decir verdad, el chico está tremendo, tiene una melena rizada negro azabache, los ojos verdes y todo su cuerpo tonificado cubierto de pecas. Me da muchísima pena que no tenga nada serio con mi amiga porque realmente pienso que es un tío de puta madre, sé de sobra que Connor no es de los tipos que se folla a 5 tías a la semana y no las vuelve a llamar, al contrario que todos sus amigos.
Sloane se merece un chico que la trate bien y sé que Connor lo haría, además está totalmente colado por ella. Pero por alguna extraña razón lo único que quiere caperucita roja es meterse en la cama con él de vez en cuando.
—Hola chicas —se acerca a nosotras y nos da un abrazo—. Estáis increíbles.
—Tampoco estás mal con tu disfraz de Anakin, Sanders —le dice Sloane. Él sonríe con timidez mientras se sirve una copa.
—¿Aprovechando el último día de pretemporada para beber? —le pregunto. Connor nos había invitado a algún partido, por eso sabía que la temporada de waterpolo empezaba en noviembre.
—Efectivamente, el entrenador Norwood se pone muy exigente con las fiestas y el alcohol durante la temporada —explica —. Aunque nos pasamos sus normas por el forro la mayoría de las veces. Así que hoy pienso emborracharme hasta perder la conciencia.
No me hace ni puta gracia su comentario, es algo que desgraciadamente he tenido que presenciar varias veces en mi casa. Y cuando tienes que llamar a los servicios sanitarios con 15 años porque tu padre ha entrado en coma etílico, entiendes que beber hasta perder la consciencia no es nada de lo que enorgullecerse, pero aun así le sonrio, al fin y al cabo, le he prometido a Sloane que tendría una buena actitud. Sin embargo, algo que nunca entenderé es la necesidad que tiene todo el mundo de beber para poder pasárselo bien, es totalmente ridículo, al menos así lo pienso yo.
Necesito un momento para mi sola urgentemente, buscar un lugar tranquilo donde mentalizarme y asumir que tengo que pasar por lo menos las tres próximas horas en esta fiesta de mierda.
—Oye Connor, ¿puedo usar tu baño? —le pregunto.
—El retrete de mi habitación está jodido, mañana viene el fontanero —me dice —. Pero utiliza el baño de la habitación de enfrente, no creo que haya problema. La contraseña es 6-9-6-9.
Subo las escaleras y meto el código de 4 dígitos, la habitación está hecha un puto desastre, ropa por el suelo, apuntes desperdigados sobre la mesa y la cama deshecha.
Me acerco a la mesa de estudio intentando recopilar pistas sobre a quién pertenece la habitación, hay unos libros de fisioterapia sobre el escritorio.
Me desplazo hasta la estantería donde hay varios marcos de fotos, una de ellas eran los chicos del equipo levantando la copa del año pasado, para ser sincera todos están buenísimos, Dios bendiga la natación. En la foto que se encuentra al lado se ve un niño rubio abrazado a un perro, parece ser un labrador. Y en la última foto del estante puedo ver la foto de una familia feliz, nada que ver con la mía. La cojo y me fijo mejor, en ella aparece el niño de la foto anterior, una chica rubia, el perro y Nick Lawson mostrando su sonrisa estúpidamente perfecta.
Evidentemente la única persona del equipo cuya contraseña podía ser 6-9-6-9 era el gilipollas de Lawson. Nunca había hablado con él, pero tampoco me hacía falta para saber el tipo de persona que es, un imbécil de manual, sobre todo con las mujeres.
Dejo la foto donde estaba y voy a cuarto de baño. Una vez estoy sentada en el váter, oigo la puerta de la habitación abriéndose.
—Mierda —susurro.
Al otro lado de la puerta se escucha una risa femenina y una voz masculina, no alcanzo a escuchar la conversación así que me limpio, me levanto y pego la oreja a la puerta.
—¿Cuántas chicas han pasado por aquí Nick?
—La importante es la que está ahora, ¿no crees? —dice el jugador de waterpolo, mientras yo pongo los ojos en blanco.
Lo único que escucho durante los próximos 5 minutos son ruidos bastante desagradables, besos y gemidos, y lo único que deseo es arrancarme los oídos. Yo sola me he metido en esta movida y ahora no tengo forma de salir de ella. Escribo a Sloane, pero esta no contesta, debe estar muy ocupada liándose con Connor. Lo último que quería escuchar hoy era a Nick Lawson follarse a una chica. ¿En qué maldito momento decidí salir de la biblioteca?
—Nick, ¿va todo bien? —preguntó la joven.
—Sí, solo necesito un segundo. Mierda.
En el tiempo que pasa no consigo escuchar absolutamente nada, pero como si me hubiese leído la mente la chica decide interrumpir el silencio.
—Creo que es mejor que me vaya —se escuchan los pasos de la chica hacia la puerta del dormitorio.
Pasan los minutos y parece que Nick no tiene pensado irse de la habitación, y estoy empezando a pensar que me tocará pasar la noche aquí. Justo entonces se escuchan sobre la moqueta unos pasos pesados dirigiéndose hacia el baño y lo único que se me ocurre es esconderme tras la cortina de la ducha. Nick entra al baño y se le escucha mear. El corazón me va a mil por hora. ¿Por qué no he salido cuando he tenido la oportunidad?
Mi móvil suena revelando mi escondite, Sloane, la persona más oportuna del mundo me está llamando. La cortina se abre y puedo ver a Nick, sus ojos azules me miran con arrogancia.
—¿Una agente de policía cometiendo allanamiento de morada?