Plata Lunar

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Sinopsis

Ocultada al nacer y criada como un varón en un reino de guerreros, fue entrenada para sobrevivir, no para gobernar. Ahora, tras despertar como la Plata Lunar, debe reclamar su corona robada... o ver cómo tres reinos se ahogan en sangre.

Estado:
Completado
Capítulos:
78
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4.9 8 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Las sombras en sus aposentos respiran. No como respiran las cosas reales. Respiran como lo hacen las pesadillas. Lento. Inevitable. Presionan desde los rincones de la habitación como una marea que viene a engullirlo por completo.

Rayner está sentado, hecho un ovillo en el rincón más alejado, con los brazos apretados contra las rodillas y la barbilla baja. Como si, al hacerse lo suficientemente pequeño, la oscuridad no pudiera verlo.

No ha dormido en dos noches. No desde que robó la llave. No desde que abrió el portal.

El objeto yace al otro lado de la habitación, justo donde lo lanzó, y ahora parece inocente. Solo es una astilla plateada y curva grabada con glifos antiguos. Es una de las cinco llaves antiguas del portal, guardada en el relicario del Gran Salón bajo la atenta vigilancia de los Guardianes de los Secretos del palacio. Un lugar en el que un chico de catorce años, curioso y listo, nunca debería haber podido entrar.

Pero lo hizo. Lo hizo. Y funcionó.

El portal se abrió con una luz violeta y un zumbido de poder, y él cruzó sin pensarlo. Lo atrajo la promesa de estar en otro lugar. De obtener conocimientos prohibidos. De demostrar que era más que el heredero. Más que la sombra de su padre.

Solo quería echar un vistazo. Pero encontró algo esperando.

No puede describirlo. No del todo. Es una presencia, no un ser. No habló. No con palabras. Pero lo vio. Y sonrió.

Lo siguió de regreso.

Y ahora… ahora vive en algún lugar bajo su piel. Al principio, era fino como la seda. Solo una pizca de frío. Un pensamiento extraño. un latido extra en el silencio.

Pero está creciendo.

Cada hora, presiona con más fuerza contra los muros de su mente. Como si supiera que algo se acerca.

Como si supiera que mañana, en la víspera de su decimoquinto cumpleaños, se transformará en su forma adulta. La primera transformación real. Su cuerpo se romperá, se reformará, se reconstruirá y crecerá. Y sabe que esa fractura será lo suficientemente grande como para que la cosa se cuele.

Entonces será cuando lo atrape.

No sabe cómo lo sabe. Solo lo sabe. No quiere creerlo. Se dice a sí mismo que es fuerte. Más fuerte que cualquier parásito que se haya enraizado en su alma. Y será más fuerte después de esa transformación adulta. Luego, después de su segunda transformación, cuando obtenga su lobo en la próxima luna llena, será más fuerte que nadie. Entonces podrá manejarlo. Solo necesita tiempo. Tiempo para entenderlo. Tiempo para ocultarlo. Tiempo para vencerlo.

Pero siente que su piel ya le queda muy estrecha.

Sus pensamientos ya se retuercen, como alambre de espino.

A veces no sabe dónde termina su miedo y dónde empieza su hambre.

Debería decírselo a alguien. Confesarlo. Suplicarle ayuda a su padre, el rey Logan. Su madre le acunaría el rostro entre las manos y le diría que no es demasiado tarde. Convocarían a los Guardianes de los Secretos. A los Altos Sanadores. Extraerían a ese ser, lo enviarían de vuelta a donde vino y cerrarían la llave con llave.

Pero entonces lo sabrían. Sabrían lo que hizo. Que desobedeció cada ley sagrada. Que usó una llave del portal sin permiso, sin saber realmente lo que hacía, y abrió un portal a un reino que nunca debió abrirse.

Nunca volverían a confiar en él.

Nunca lo coronarían.

Así que se queda callado.

La puerta está cerrada. Las cortinas echadas. Afuera, la capital empieza a moverse. Los tambores resuenan débilmente a lo lejos; los preparativos para el Festival de las Luchas ya han comenzado. El ritmo de la tradición. De la unidad. De la alegría por ver a su príncipe heredero entrar en la edad adulta.

Del mundo que será suyo para gobernar.

A menos que se rompa.

A menos que lo deje entrar.

Rayner se encoge aún más. Los susurros empiezan de nuevo, débiles y viscosos, como el viento a través de cristales rotos. Pero vienen de dentro de su mente, o quizá de detrás. Se presiona las sienes con las palmas de las manos e intenta no llorar.

Solo una noche más. Solo una noche más y entonces…

Se estremece.

Creyó escuchar una risa.