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Caquexia. El Año Cero

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Sinopsis

En el año 20██ un extraño, agresivo y desconocido virus apareció en el planeta. Transformando en cuestión de segundos a las personas infectadas en Zombies bastante hambrientos. Matthew West, un joven de 25 años de edad vivirá en carne propia la dura realidad de el inicio del fin del mundo.

Genero:
Horror
Autor/a:
Rein_Mero
Estado:
En proceso
Capítulos:
23
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Episodio 1. El comienzo del Fin


- ¡Matthew West, no me obligues a subir a tu cuarto para despertarte, jovencito! - gritó mi madre desde la cocina.

El murmullo de la televisión encendida en el living acompañaba su voz. Al parecer había una noticia urgente. Alcancé a oír algo sobre disturbios en la ciudad... y un nuevo brote de una extraña enfermedad llamada "Caquexia" que estaba afectando el comportamiento de las personas.

- ¡Cinco minutos más, mamá! - respondí mientras me acurrucaba en mi cama, ignorando tanto su amenaza como la voz temblorosa del presentador en la TV.

- ¡Que te levantes, niñato de porquería! - gritó más fuerte. Entró a mi habitación y me arrojó la chancla con una puntería que ya la quisieran los francotiradores del ejército. - ¡Vas a llegar tarde a la universidad, levántate!

Me incorporé de golpe y giré la cabeza hacia el reloj de pared. Marcaban las 07:30 a. m.

- ¡Joder!... ¡Sofía! - exclamé al escuchar una risita proveniente de la pieza contigua.

Mi hermana menor tiene una adorable costumbre: apagar mi despertador cada mañana, como si fuera un juego. Gracias a eso, mamá tiene que despertarme al estilo militar.

- Emily ha estado esperando afuera de nuestra casa por casi media hora - dijo Sofía, masticando su tostada como si no hubiera hecho nada.

- ¡Y es gracias a ti que está esperando! ¡Si no hubieras apagado mi despertador! - gruñí mientras me levantaba, metía mis cosas en la mochila a toda velocidad y devoraba dos tostadas en tiempo récord antes de salir disparado a la puerta.

- ¡Y no vuelvas tan tarde a casa, jovencito! - gritó mamá desde la puerta.

- Mamá, tengo 25. Sé cuidarme solo - respondí, ya caminando junto a Emily.

- ¿Al menos podrías darme un beso, no? Después de todo, no es como si estuviera esperando media hora... en pleno otoño - dijo ella con un tono sarcástico, abrazada a mí.

Fingí ignorarla por unos segundos hasta que la vi hacer su clásico puchero de "consiente-me". La tomé de la mano, la acerqué a mi pecho y le di varios besos en la cara y en los labios.

- Basta... Tus besos tienen sabor a tostadas - murmuró entre risas.

Le hacía cosquillas cuando algo en el cielo nos distrajo.

Al centro de la ciudad se alzaba una enorme columna de humo negro. No parecía un simple accidente.

- ¿Qué estará sucediendo...? - susurró Emily mientras se aferraba a mi brazo.

- No lo sé... Tal vez una explosión o un incendio grave - respondí, sin dejar de mirar.

Desde donde vivíamos, se escuchaban sirenas, helicópteros, y un ambiente que se sentía... diferente.

El autobús de la universidad llegó a la parada y tiré levemente de Emily, que seguía embobada mirando el humo.

Subimos y nos acomodamos al fondo. El trayecto hasta la universidad tomaba casi una hora. Me puse los audífonos para escuchar la radio mientras Emily dormía en mi hombro.

- Un grave incidente ha ocurrido en la autopista central. Varias personas, aparentemente afectadas por un nuevo brote infeccioso, han colisionado contra vehículos en movimiento. Según testigos, los sujetos presentan un comportamiento errático, atacando y mordiendo a conductores, paramédicos y policías. Se sospecha una relación directa con la infección recientemente identificada como Caquexia...

- ¿Morder? ¿Qué clase de broma es esta...? - murmuré mientras apagaba la radio. ¿Qué carajos está pasando?

El viaje siguió en silencio. Aunque el accidente estaba lejos, el humo seguía claramente visible desde la autopista.

Al llegar, desperté a Emily -quien, por cierto, había babeado en mi hombro como si fuera una fuente de agua- y corrimos a nuestras respectivas salas.

- Hola, Mat - me saludó Amilac Bonasera, mi ex y.… aún amiga, supongo.

- Hola... - respondí seco, sin mirarla.

Desde que terminamos, no he podido verla a los ojos. El primer amor tiene eso: deja marcas que no se borran tan fácil.

- ¡Muy bien alumnos, vamos a comenzar con la clase! - interrumpió el profesor entrando con energía.

La clase de matemáticas era insoportable. Miraba por la ventana para distraerme.

A través del reflejo, podía ver a Amilac unos puestos más allá, pero mi atención fue interrumpida de golpe.

En la entrada principal de la universidad, un grupo de personas corrían despavoridas. Algunas estaban cubiertas de sangre... y atacaban a otros. Literalmente los mordían.

Me levanté de golpe, arrastrando mi silla con un estruendo.

- ¿Tiene algún problema, señor West? - dijo el profesor con fastidio.

No respondí. Me sentía aturdido, como si el aire pesara. Salí del aula sin pedir permiso. Necesitaba encontrar a Emily.

Ella es la única que podía creerme.

Corrí escaleras abajo, desde el quinto al segundo piso. Saltaba escalones de dos en dos hasta que una escena me detuvo en seco.

Una pareja se besaba en medio del pasillo.

- ¿Emily?... - susurré, incrédulo.

Sí. Era ella. Y estaba besándose con Héctor, el típico galán deportista de la universidad.

La rabia me envolvió como una ola hirviendo. Quería gritar. Golpearlo. Golpearla. ¿Todo este tiempo me había mentido?

- Lo siento, querido - dijo Emily con una sonrisa burlona - Él es más hombre que tú.

Sentí que el mundo se desmoronaba... pero no hice nada. Me di la vuelta y subí corriendo hasta la azotea, que conectaba con el hospital de al lado.

Al llegar, la vista me dejó sin aire.

La ciudad estaba en llamas.

Coches destrozados, incendios por todas partes, personas huyendo y.… otras que las perseguían.

Algunas de esas cosas caminaban de forma torpe, pero había otros -claramente más ágiles, tal vez fueron deportistas o hacían mucho ejercicio- que se lanzaban como bestias a sus víctimas, derribándolas con una velocidad espeluznante.

Vi a un niño desgarrar a mordidas el brazo de su madre.

Vi a una enfermera gritar mientras un grupo de personas desfiguradas la rodeaban.

- ¿Qué diablos está sucediendo...? - susurré, con el alma helada.

Todo se estaba yendo al infierno.

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Buenos personajes

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