Venganza En Tu Nombre

Sinopsis

André Noviec Varack tenía 20 años cuando encontró el cadáver de su hermano menor, en su propia habitación, adornado con rosas por todo el cuerpo. Lo que casi lo condujo a la locura, fue que eran sus flores favoritas. -personajes de Masashi Kishimoto-

Genero:
Mystery
Autor/a:
haru
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo 1


Aquella tarde, mientras la luz del sol se filtraba perezosamente entre las altas ventanas de madera antigua, André Noviec Varack —de apenas treinta años— se encontraba en su oficina, rodeado por el habitual silencio del internado Solec. Un lugar que, aunque en apariencia se disfrazaba de correccional para jóvenes privilegiados que habían cometido crímenes “leves”, no era más que una farsa cuidadosamente montada para mantener las apariencias ante la sociedad.


André hojeaba con lentitud los informes de los nuevos ingresos. El aroma tenue del barniz aún fresco en su escritorio de madera noble lo acompañaba, mezclándose con el suave crujido de las hojas de papel al pasar entre sus dedos.


Dos expedientes, entre todos, lograron destacarse. Los separó con cuidado del resto y los colocó frente a él, como si esperara que sus secretos se revelaran por sí solos.


El primero pertenecía a un muchacho de cabellos negros, rebeldes como espinas, llamado Obito Uchiha. Diecinueve años. De complexión alta —1.82—, y homosexual, según indicaban los datos clínicos de rutina. Nada fuera de lo común… hasta que André continuó leyendo.


—Veamos... —murmuró, acomodándose las gafas con el dedo índice mientras pasaba a la segunda página.


“Motivo de ingreso: agresiones físicas reiteradas hacia compañeros masculinos, tanto de su grado como de grados inferiores.”

Hasta ahí, lo esperable. Sin embargo, una nota escrita a mano captó su atención con mayor fuerza.


Observaciones: El joven Uchiha demuestra una fijación preocupante, casi morbosa, por otro estudiante: Naruto Uzumaki. Se recomienda supervisión constante.

—Atentamente, Dr. Hatake.


Un leve destello brilló en sus ojos celestes, signo inequívoco de que algo había capturado su interés. Sin decir palabra, retiró con suavidad un post-it rojo que se encontraba adherido al reverso del informe. Lo leyó con detenimiento. Su expresión se fue ensombreciendo con cada línea.


—Absurdo… —masculló entre dientes, conteniendo la irritación que trepaba por su garganta como una serpiente venenosa.


Las letras, apenas legibles por la rapidez con la que fueron escritas, relataban una serie de incidentes que bordeaban lo inadmisible. Desde su llegada, Obito Uchiha encerraba cada noche a Naruto Uzumaki en los baños públicos. Los vigilantes, sin atreverse a intervenir, solo se limitaban a escuchar tras la puerta: comentarios obscenos, bromas sexuales, descripciones crudas sobre el cuerpo del otro chico. No había firma. Ni un nombre. Nada.


Engrapó el post-it en silencio al resto del informe.


Sabía perfectamente por qué nadie se había atrevido a asumir la autoría de aquella nota: el apellido Uchiha pesaba más que cualquier norma interna.


Obito era sobrino directo de Madara Uchiha, cabeza visible de una de las familias más poderosas del continente occidental. Junto con los Senju, los Ōtsutsuki y los enigmáticos Uzumaki, los Uchiha monopolizaban casi todas las tierras y recursos disponibles. Y no solo allí: sus influencias ya se extendían como raíces hambrientas hacia el resto del mundo.


André cerró los ojos por un instante, atrapado en el recuerdo amargo de aquel hombre. Gruñón, autoritario... imposible de ignorar. Pensar en él le bastaba para sentir el retorno del viejo dolor de cabeza.

Suspiró, largo y pesado.


Dejó el informe sobre la pila con gesto resignado. Estaba por retomar la lectura del segundo expediente cuando alguien golpeó la puerta.


—Adelante —dijo, con calma. Se quitó las gafas de montura negra y las colocó sobre un libro antiguo que reposaba junto a los informes.

Levantó la mirada y entonces lo vio.


Por un segundo, sus ojos se abrieron con una leve sorpresa. Pero la emoción desapareció casi de inmediato, como una sombra borrada por el amanecer.