Prólogo
Los secretos siempre estuvieron ahí.
Como pequeñas bombas silenciosas, esperando el momento justo para estallar.
A veces, ocultar la verdad parece más noble que decir algo que podría romper a alguien.
O al menos, eso solía decirme a mí misma.
Luego están las mentiras.
Esas que no se dicen por error, sino con precisión quirúrgica.
Las que torcen los hechos, disfrazan los recuerdos, manipulan las emociones.
Yo usé ambas.
Secretos.
Mentiras.
Y lo hice con la sangre aún fresca en mis manos y el corazón lleno de excusas.
Tal vez por eso ahora todos me odian.
Y, siendo honesta, no los culpo.
Pero espera.
No saques conclusiones todavía.
Hay razones detrás de cada palabra que no dije y detrás de cada palabra que inventé.
¿Fueron válidas?
Eso te toca decidirlo a ti.
Solo te pido algo:
Nunca confíes en alguien que solo te cuenta una versión de la historia.
Especialmente si esa persona soy yo.
Así que dime…
¿Qué crees que es más grave?
¿Un secreto?
¿Una mentira?
Te diré lo que descubrí:
Lo peor de todo…
Es la verdad.
