Chapter 1
La suave melodía del violín golpeaba los oídos de Sax, transportándolo al pasado; al fin había encontrado los acordes perfectos para su nueva canción. En esa ocasión su nuevo álbum tenía un significado muy especial para él.
—Oye, Sax, es hora de almorzar —le recordó su manager desde la puerta.
La voz del hombre que lo había ayudado a convertirse en la gran estrella que era lo sacó de su trance.
—Ve primero, antes debo guardar todo —dijo mientras acomodaba el violín en su estuche. Llevaba toda la mañana trabajando en la canción, que sería el tema principal de su próximo álbum.
—De acuerdo, solo no te tardes.
Cuando Gonzalo se marchó, Sax cerró los ojos y suspiró. Faltaba poco para que todo su calvario terminara.
«Todo esto es por ti». Con ese pensamiento en mente, salió del estudio y se dirigió al ascensor.
Sax estaba tan distraído pensando en la canción que estaba escribiendo, que al salir del ascensor en la planta baja, no vio a la persona que se acercaba y tropezó. La rabia lo invadió de inmediato; estaba tan cansado que no estaba de humor para soportar ese tipo de juegos. A diario tenía que enfrentarse a las artimañas que sus fans utilizaban para acercarse a él.
Samantha se encontraba eufórica; era su primer día de trabajo y todo estaba saliendo bien. Sus compañeros de trabajo le habían dado una cálida bienvenida, lo que la hacía sentir como en casa. Para agradecer a sus compañeros por haberla aceptado en el equipo, Samantha decidió comprar bebidas para todos. Estaba tan feliz que nada podría arruinarle el día. Se encontraba a medio camino, cuando un chico impactó fuertemente con ella, y la tiró al piso, causando que las bebidas que llevaba se derramaran y la mojaran.
—¡Ay! —exclamó de dolor cuando su trasero golpeó fuertemente sobre el piso.
El impacto fue tan fuerte que una bebida salió disparada, mojando al hombre que había chocado con ella. Samantha estaba tratando de levantarse cuando escuchó al extraño lanzar un improperio.
—¡¿Qué demonios piensas que estás haciendo?! —gritó, lleno de furia. —¿Por qué no te fijas por dónde caminas?
Llena de indignación, Samantha se puso en pie y lo enfrentó; estaba tan molesta que la mirada hostil del hombre le importó poco. ¿Cómo se atrevía el imbécil a culparla a ella de lo sucedido, cuando claramente había sido él el causante de todo ese desastre?
—Disculpe, ¿qué acaba de decir? —Samantha no podía creer que el hombre fuera tan idiota.
Sax la miró de arriba a abajo con desprecio.
—Aparte de ciega, sorda —respondió—, he dicho que te fijes por dónde caminas, para que no causes accidentes.
Los ojos de Sam se abrieron con incredulidad. El hombre, aparte de idiota, también era arrogante; meditó molesta antes de estallar.
—¿Qué te pasa, imbécil? Aquí el que está ciego eres tú, así que, en lugar de insultarme, deberías ofrecerme una disculpa.
Sax la miró como quien mira a un insecto, antes de sonreír con descaro.
—Yo jamás le pediría disculpas a alguien tan insignificante como tú; antes de rebajarme de esa manera preferiría morir —señaló con desprecio.
Las palabras de Sax fueron la gota que colmó el vaso; Samantha estaba harta de escuchar tanta mierda, salir de la boca del hombre. Dejándose llevar por sus emociones, agarró el último refresco que quedaba y lo aventó a la cara de aquel imbécil.
La acción de la mujer hizo explotar a Sax. Una niebla asesina cubrió sus ojos, cegándolo. Con rabia la agarró fuertemente de los hombros y la acercó a él.
Samantha se asustó al ver la mirada desquiciada del hombre; aunque quería suplicarle que la soltara porque le estaba haciendo daño, no lo hizo. Antes prefería morir que demostrarle algún tipo de debilidad a aquel idiota. Por hombres como él era que prefería estar sola.
—¿Quién crees que eres, para aventarme un refresco a la cara? —le preguntó Sax con una calma heladora.
Sax tuvo que contar hasta cien en su mente para controlar el deseo que tenía de estrangular a la mujer. Aquella era la primera vez en su vida que se topaba con una fémina tan desagradable.
El corazón de Samantha se detuvo cuando se percató de la belleza de aquel extraño. El rostro del hombre era hermoso y blanco como la nieve; sus labios rojos y sus ojos negros como la noche le daban un aspecto casi irreal. Si no fuera por su mal carácter, Samantha hubiera pensado que era un ángel en la tierra.
«¡Santo Dios!» El hombre era la mismísima encarnación del pecado, reflexionó espantada.
Era la primera vez que lo contemplaba detenidamente; su cuerpo reaccionó de inmediato a su tacto, era como si una llama se hubiera encendido y recorriera todo su cuerpo. Sin analizar lo que le estaba sucediendo, se soltó de su agarre y se apartó de él.
—Solo soy un ser insignificante —se giró para marcharse, pero él se lo impidió agarrándola del brazo.
—¿A dónde crees que vas? Nadie me deja con la palabra en la boca —Sax no podía creer que la mujer hubiera tenido la osadía de querer marcharse.
Samantha estaba harta de la enorme arrogancia del tipo. Zafándose de su agarre, lo miró directo a los ojos.
—Lo siento, pero no soy de las que pierden el tiempo con tipos tan desagradables como tú. Además, debo confesarte que para nada me interesa seguir escuchando tus insultos, no soy tan masoquista, ¿sabes?, así que hasta nunca, chico arrogante. —Lo miró por última vez para acto seguido marcharse sin mirar en ningún momento atrás.
Sax estaba estupefacto, nunca antes lo habían tratado de esa manera; los hombres lo respetaban y las mujeres se morían por él. Con solo chasquear un dedo, tenía a las mujeres arrastrándose a sus pies; no obstante, esa chica tonta era todo un fenómeno.
Saliendo de su estupor, sacó un pañuelo de su chaqueta y se secó el rostro. Esperaba que sus caminos no volvieran a cruzarse, porque si se volvían a ver, la despellejaría viva.
Cuando entró a la cafetería de la compañía, varios pares de ojos lo observaron con curiosidad, lo que causó que su estado de humor empeorara aún más.
—¡¿Qué demonios te sucedió?! —exclamó su manager desconcertado. Era la primera vez desde que lo conocía que lo veía tan desarreglado.
—Tuve un encuentro desafortunado con una loca cuando salía del ascensor —respondió con los dientes apretados.
—No me digas que esa loca es la causante de ese aspecto tan espantoso que tienes —señaló Alejandro.
—Pues lamento informarte que así es; la irritante y desquiciada mujer me arrojó un refresco a la cara.
—¿Qué has dicho? —preguntaron al unísono Alejandro y Gonzalo.
Sax los miró exasperado; no estaba de humor para soportar las burlas de esos dos.
—Al parecer todos hoy están sordos —dijo con fastidio, lo que hizo sonreír a Alejandro.
—Vamos, hermano, cuéntanos todo desde el principio —le pidió Alejandro.
Con reticencia, Sax les relató todo lo sucedido durante su encuentro con aquella desconocida.
—Hubiera pagado por ver eso, esa chica al parecer tiene pelotas para tratarte de esa manera —expresó su primo divertido.
Sax le mostró sus dientes a su primo; sabía que Alejandro no dejaría que olvidara lo sucedido tan fácilmente. Su primo se divertía haciéndolo enojar; Alejandro era el único al que su temperamento no lo intimidaba. Cada vez que Sax estallaba, su manager se ponía en contacto con Alejandro para pedirle ayuda. A pesar de tener la misma edad, Alejandro se comportaba como si fuera su hermano mayor. El hecho de tener casi toda la responsabilidad de la herencia de la familia lo había hecho madurar a temprana edad.
Gracias a que Alejandro había ocupado el puesto de CEO de la compañía familiar, Sax pudo cumplir su sueño de convertirse en toda una estrella de la música. Aunque formaba parte de la junta directiva, tenía más libertad para moverse a su antojo.
—No hablemos más de esa mujer porque estoy a un paso de estallar.
Alejandro ocultó una sonrisa; por lo visto, esa mujer había afectado a su primo más de lo que él mismo imaginaba.