Sucesión de Inoportunas Desdichas

Sinopsis

Si deseas leer una historia más alegre en donde todo sale bien y que tenga un final feliz, con situaciones complicadas pero que terminan bien para el o los protagonistas, te recomiendo que dejes esta historia en paz y vayas a visitar otro fanfic porque este no sólo está lleno de accidentes desafortunados, mentiras y engaños, sino que, de cierta forma, el hecho de leer esto hace que los protagonistas vuelvan a sufrir los infortunios que vivieron. Si bien la vida de los Baudelaire fue muy desafortunada, no son sino solo algunos de los niños que también sufrieron una serie de eventos desafortunados. Mí trabajo fue seguir la vida de estos jovencitos y si bien perdí su rastro en cierto punto de la historia, les contaré hasta donde sé.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

CAPÍTULO I

Para L:

El fuego se llevó tus secretos

También a ti


Cenizas en el Viento


Si estáis interesados en historias con un final feliz, será mejor que leáis otro libro. En éste, no sólo no hay un final feliz, sino que tampoco hay un principio feliz y muy pocos sucesos felices en medio. Si creen que estoy hablando de la historia de los jovencitos Baudelaire, no podrían estar más equivocados, aunque es cierto que de quienes estoy hablando les ha ido mejor que a los Baudelaire, o eso me gustaría decir si no fuera porque la vida de quienes estoy hablando está hecha sobre una base de mentiras, manipulación y situaciones desafortunadas.

Déjame advertirte que todavía estás a tiempo de dejar de leer este libro y abrir otro que sea de tu agrado, uno que sí tenga un final feliz, con personajes que resuelven sus problemas para no volver a enfrentarlos en un futuro cercano. Si todavía estás leyendo esta parte, déjame darte una última advertencia: estos jóvenes no lo van a pasar nada bien gracias a ti, pues si no fuera porque estás leyendo este libro, ellos no vivirían esta trágica historia. Nuestra historia transcurre en paralelo con la de los Baudelaire, aunque no se cruzaron nunca debido a que sus infortunios transcurren apenas una semana antes que los Baudelaire, pero serviría para "prepararles el terreno" en un futuro. Estoy hablando de los gemelos Fernsby.

Ambos, de 13 años, eran muy educados y les encantaba ayudar, habían nacido con dos días de diferencia. Hasta los 10 años, era dificil diferenciar cuál era cuál. Ryan Fernsby, el mayor de los dos, puede diferenciarse de su hermana porque usa brackets, mientras que ella usa anteojos, lo cual la hacía ver inteligente, aunque posiblemente no lo era. Como todo adolescente, estaban desarrollando sus propios intereses, por ejemplo, a Ryan le gustaba estar en lugares que ya conocía, mientras que a su hermana Lucie le encantaba explorar.

Se llevan bastante bien con sus padres, siendo Ryan un niñito de mamá y Lucie el orgullo de su padre. Estaban constantemente discutiendo entre ellos por ver quién era mejor como lo haría cualquier niño por la atención de sus padres, y ninguno tenía amigos por lo que tenían mucho tiempo libre en el que podrían hacer lo que quisieran. La vida de los gemelos hubiera sido normal si no fuera porque aquel día un devastador incendio quemaria su hogar: la Mansión de los Fernsby.

Era temprano en la mañana y, como era de costumbre, Lucie había ido a despertar a su hermano para tomar un paseo matutino.


—Vamos, Ryan —dijo Lucie estirando la manga de la ropa de su hermano—, se hace tarde y aún hay que despertar a nuestros padres.

—No quiero —mencionó Ryan mientras se volvía a tapar la cabeza con las sábanas.


Si alguna vez tuvieron que madrugar temprano y no habría dormido lo suficiente la noche anterior, sabréis lo complicado que es para Ryan despertarse en la mañana siendo más un chico nocturno que uno diurno. Por más que no quisiera, se tuvo que levantar a duras penas. Mientras él se despertaba, su hermana corrió a la habitación de sus padres, pero vió que la cama estaba arreglada. Supuso que estarían desayunando. Lucie bajó las escaleras hasta el comedor, donde se encontraban sus padres. Ryan no tardó en bajar también, aunque se notaba en su cara que aún seguía medio dormido.


—Mamá, papá —dice Lucie—, ¿quieren venir con nosotros al bosque a explorar? Sé que aún es temprano, pero creo que así podremos ver el rocío de la mañana en las planta.

—No podremos acompañarlos hoy —dijo el padre mientras dejaba los cubiertos en la mesa—, pero pueden ir por su cuenta, ya son mayores.

—¿Mayores? —Ryan no sonaba muy convencido al decirlo, se le hacía raro pronunciar esas palabras pues su madre siempre los sobreprotegían— No estoy muy seguro de esto, el bosque es peligroso, el otro dia un mapache estuvo revisando la basura.


Aunque a sus padres les costaba admitirlo, no los querían en la casa ese día y tenían que sacarlos de allí sin que hicieran muchas preguntas. Como la señora Fernsby conocía bien a sus hijos, sabía que Lucie era la más independiente, por ende, era la que más ansiaba dicha libertad, por lo que la llevó para hablar en privado.


—Lucie —dice la madre mientras rebusca algo en unos cajones—, tienes que jurarme algo.

—¿Por qué? ¿Qué sucede?

—No importa lo que esté sucediendo, ni tu ni tu hermano están preparados para saber todo.

—¿De qué estás hablando? ¿Estuviste bebiendo anoche?

—¿Beber? —dándose cuenta de que estaba diciendo más de lo que debería—, ah sí, lo siento... Lo que quería decir es que necesito que me prometas algo.

—¿Qué cosa?

—Que vas a cuidar a tu hermano y nunca se van a separar.

—Mamá, me estás dando miedo.

—No hay de qué preocuparse —saca un catalejo de bolsillo de un cajón y se lo da a Lucie—, esto es para ti, no lo pierdas y no se lo muestres a tu hermano.

—Eh, de acuerdo... —guardando el catalejo— ¿Nos podemos ir ya? Se hace tarde.

—Claro, cuídense.


Ambos hermanos se despiden de sus padres dándose un abrazo. Se pusieron en marcha, sin dudar, por el camino hacia un lago a masomenos un kilómetro de allí.


—¿Ya llegamos Lucie?

—No.

—¿Ya llegamos?

—Todavía falta

-¿Ya llegamos?

—¡Que no, ya cállate!


Ryan era un chico muy ansioso, poco paciente y con atisbos de ser hiperactivo. En contraste, su hermana que era más seria y protectora, alguien que, podría decirse, tenía los pies bien puestos en la tierra, no le gustaba perderse en su imaginación y dudo que tuviera una tan basta como la de su hermano. No tardaron mucho en llegar a su destino, pues habían hecho muchas veces el recorrido y ya sabían de memoria el camino. Era un lago hermoso, limpio, donde se reflejaba el cielo. Se oía a los pájaros que chillaban, a los patos que se posaban en el agua para acicalarse, a los ciervos que se detenían del otro lado para beber agua... Era el lugar perfecto. No me cabe duda de que si ambos supieran que este sería su último día juntos en un lugar tan bello como ese, habrían pasado más tiempo allí para resolver sus diferencias y darse ánimo el uno a otro.


—Bueno, ¿Qué hacemos Ryan?

—No lo sé, ¿Apreciar la naturaleza?

—Sabes... Mamá y papá estaban raros, quiero decir, nunca nos dejarían venir solos.

—¿Raros? Es verdad, sonaban como... Desesperados.

—Como si nos estuvieran ocultando algo que pasó...

—... O que va a pasar.


Ambos se miraron el uno al otro como si estuvieran teniendo un intercambio de palabras sin la necesidad de hablar. Eran jóvenes listos, al menos Ryan, y no tardaron en sentir que algo malo iba a ocurrir.


—Ah, debo ser un exagerado —confesó Ryan—, si algo estuviera pasando nos lo hubieran dicho, somos sus hijos

—Es verdad, pero no sé, aún así es raro. Por ejemplo, la forma en que se despidieron en nosotros, ¿no lo sentiste diferente?

—¿Diferente cómo?

—Como cuando fuimos esa vez sólos a hacer recados.

—Si, nuestros padres estuvieron enfermos esa vez y se preocuparon de que no volviéramos... Oh vaya, ya sé a qué te refieres —preocupado.


Algo preocupados, decidieron quedarse un rato más para disfrutar el tiempo a solas. Cerca del mediodía, el hambre se apoderaba de ambos.


—Tal vez deberíamos volver, estoy hambrienta.

—Yo también, no te imaginas el hambre que tengo.

—Vámonos entonces, pero despacio, que estoy cansada.

—Oh vamos, pareces una vieja con esa actitud, ¿Dónde está tu juventud?

—Ryan, no todos tienen la energía que tienes tú.

—Es lo que me hace especial —orgulloso de su declaración.

—Vaya que eres especial...


Emprendieron el viaje de vuelta a su hogar, charlando de trivialidades que siempre salían a flote. Sin embargo, al estar cerca de casa, Lucie es advertida por un olor a humo que la preocupaba bastante. Ambos se apresuraron a llegar a casa y lo primero que ven es que está todo en llamas... Es una lástima que los bomberos voluntarios no recibieron la alerta a tiempo para apagar el incendio que se extendía por toda la mansión. La cara de los hermanos Fernsby era de desesperación, miedo, preocupación, tristeza, desesperanza, y un sin fin de emociones que eran incapaces de explicar o siquiera comprender a esa edad. Un hombre alto, que siempre llevaba su maletín y siempre estaba o engripado o resfriado, se acercó a los niños.


—Buenas tardes, soy el señor Poe. Era amigo de sus padres y ejecutor de su testamento, lo que significa...

—Que ellos están muertos —dijo Ryan, impaciente como siempre—, ¿Verdad?

—Exacto.


Los hermanos Fernsby estaban confundidos, ¿De dónde había salido este hombre? Dice ser amigo del señor y la señora Fernsby, pero no recuerdan haberlo visto. Esta confusión puede venir del hecho de que sus padres no dejaban que los niños tuvieran participación en las cenas con otros adultos, les encantaba tener todo bajo secreto, lo cual sería un impedimento importante para ambos, ahora, huérfanos.


—¿Qué será de nosotros? —dijo Lucie.

—Los llevaré a un orfanato donde estarán bien cuidados. Dicen que es un buen lugar en una buena ubicación, así que estarán bien.

—¿Esa información siquiera está chequeada?

—No es necesario, goza de buena reputación. Además, sólo se quedarán alli hasta que encontremos entre los archivos el testamento de sus padres.


Puede que en ese momento ni Ryan ni Lucie comprendieran lo que estaba pasando o lo que significaba lo que el señor Poe habia dicho, no porque fueran tontos, sino porque aún estaban en shock y no podían creer lo que les había pasado a sus padres.

El señor Poe hizo que los huérfanos subieran en su pequeño auto. Ah, él no imaginaba que esos dos sólo serían los primeros huérfanos de los que se encargaría.

El viaje era incómodo, lo único que faltaba era que el señor Poe tratara de entablar una conversación que seguramente terminaría en un silencio incómodo que se extendería innecesariamente durante el resto del viaje.


—Qué lindo día, ¿No?

—Si —dice Ryan—, sólo que llueven cenizas.

—Todavia huelo el humo —algo llorosa.

—No se preocupen —dice el señor Poe para intentar tranquilizar a Lucie—, entiendo que ahora es difícil, pero ya va a pasar. Por lo menos ustedes están vivos, tuvieron suerte.


Ahí culminó la conversación. A Lucie, en su opinión, eso le parecía un comentario fuera de lugar.

Cuando llegaron al orfanato, parecía un buen lugar, al menos por fuera.


—Bueno, chicos, ya llegamos, pueden bajarse.


Ambos bajaron del auto y se acercaron al señor Poe para despedirse.


—¿Volverá? —dice Ryan.

—En cuanto encuentre los papeles, volveré, lo prometo. Compórtense y todo saldrá bien.


El señor Poe arrancó el auto y se fue... Ojalá pudiera yo volver en el tiempo para advertirles a los gemelos que era esa su última oportunidad para irse de ese horrible lugar porque sería el comienzo de sus infortunios, pero como los viajes en el tiempo son sólo ficción, no me queda más remedio que seguir relatando esta triste historia. Por dentro, el lugar parecía estar en un estado descuidado al borde del abandono. Una señora mayor, déjenme decirles de no muy agradable presencia, es quien atiende el lugar. Era alguien de muy mal carácter que, en el fondo, odiaba a los niños. Se acercó a los gemelos para darles órdenes.


—Otros dos, si ya los huérfanos parecen plagas, se reproducen como conejos.

—Oiga —como de costumbre, Ryan es el primero en saltar a la conversación—, no nos hable así, nadie le dió el derecho de tratarnos así.

—Jovencito, esas no son palabras con las que debas dirigirte a mí, soy la dueña de este lugar y tu única responsabilidad aquí es hacer lo que yo digo que hagan.

—No, no quiero estar aquí, este lugar es horrible, siento que en cualquier momento el techo va caerse sobre mí.

—No seas exagerado, ya cállate. Vayan a la mesa ahora, es hora de la cena. Y no hablen durante la comida, quiero comer en paz.


La cena no fue muy agradable, era muy genérico y sin sabor, incluso dudaban de si era comestible o no. Los niños que estaban ya allí, cerca de unos diez, estaban incómodos y descuidados. Después de cenar, fueron a dormir a una de las habitaciones, afortunadamente había suficientes como para que hubiera dos niños por habitación. En vez de tener una cama calentita, con un colchón y las ventanas bien cerradas como lo tendría cualquier niño en un lugar seguro, los gemelos Fernsby tuvieron que dormir en el suelo usando como colchón una manta que picaba bastante, las ventanas estaban rotas y mal cerradas, por lo que era dificil para ellos decidir entre dormir en el suelo o morirse de frío.

Ryan, siendo más sentimental, parecía que en cualquier momento se iba a poner a llorar. Para intentar calmarlo, Lucie lo arropó y trato de darle ánimos contándole historias de los libros que solían leerles sus padres. Si me preguntan mi opinión personal sobre esto, diría que me hace acordar a mi propia juventud cuando tuve que alejarme de mis padres por motivos que ahora mismo no puedo explicar por falta de tiempo debido a que me encuentro velando por mí propia seguridad y ayudando a la vez a un amigo quien busca averiguar el paradero de los huérfanos Baudelaire. Sin embargo, los tiempos cambian, y para ese entonces el hecho de que traten así a un par de huérfanos ya no me parece lo correcto a pesar de que les ayudó a formar carácter y soportar las dificultades futuras.

El calor y aprecio que le brindaba su hermana ayudó a Ryan a conciliar en sueño, pero Lucie no podía dormir, tenía que cuidar de su hermano, se lo prometió a su madre. La cabeza le daba vueltas entre pensamientos dominados por la incertidumbre de lo que les esperaba, ¿Cuánto tiempo se quedarian asi? ¿Serían huérfanos por siempre? ¿De verdad era esto lo que el futuro les tenía preparado? Entre tantos pensamientos, la mañana llegó rápidamente y con ello habrian superado la primera noche sin el consuelo de sus padres. ¿El desayuno? Pan seco y agua, eso tendría que durarles hasta la hora del almuerzo.


—No me gusta —dice Lucie—, el pan está muy seco, y el agua tiene un color turbio, no es transparente.

—No hables, agradece que tienes un techo bajo el que puedes vivir.

—¿Un techo bajo el que poder vivir? Tiene goteras y hace frío en la noche.

—Si sigues así, ambos tendrán que empezar a trabajar afuera.

—No es justo, no merecemos estas condiciones de vida, ¡Quiero irme de aquí!

—¡Es todo! —ya más molesta por las palabras de Lucie—, ustedes dos van a salir a cortar leña y no volverán hasta que yo los llame.


Tomó a los dos del brazo y los llevó afuera, dándoles un hacha cada uno. A Ryan le costaba pues no era muy fuerte, solía pasar su tiempo dentro de casa. Con cada tronco que cortaba, el odio de Lucie empezaba a salir a flote, y se ponía en evidencia que sus pensamientos no eran tan inocentes como se esperaría de alguien de su edad.


—Esa vieja bruja...

—Lucie, cálmate.

—Siento que voy a usar este hacha para cortarl...

—¡Lucie! No, para.

—Pero...

—Eso está mal, mamá estaría decepcionada de ti si te escucha decir eso.

—Tienes razón, lo siento.

—Tal vez te vendría bien un descanso.

—Quizás... Ryan, ¿Puedo darte algo?

—¿Qué cosa? —curioso.


Lucie saca de su bolsillo el catalejo que le regaló su madre y le da a Ryan una de las dos partes en las que se podía separar.


—Me lo regaló mamá, cuida tu parte.

—¿De mamá? —algo nostálgico— Te agradezco, eres la mejor hermana.

—Es para que te asegures de no olvidarla.


Lucie parece haberse calmado por el solo hecho de consolar a su hermano, dejando de tener esos pensamientos que guardaba para si.

Al terminar de cortar la madera la llevaron al interior de la casa y la guardaron en su lugar.


—Bien hecho Ryan, eres un buen ayudante.

—Gracias, pero tú has hecho más que yo.

—El esfuerzo es lo que cuenta. Ven, vamos a ver qué podemos hacer en nuestro tiempo libre.


Explorar el lugar sólo los puso más tristes. Las paredes estaban mal pintadas y se notaba que eran invadidas por la humedad del ambiente. Los niños allí parecían estar desnutridos, con la ropa rota y rasgada. Los tablones del suelo y las escaleras chirriaban tanto que resultaba incómodo. Para ellos, todo en general contrastaba bastante con su antigua vida, donde no tenían qué preocuparse por la comida, la ropa, la atención de sus padres, el cariño, la compañía, la soledad, el aburrimiento... ¡Libros! Los libros les encantaban a ambos por lo que les dolió ver que los libros que había allí estaban maltratados, escritos por encima, con páginas faltantes, manchados de quien sabe que, parcialmente quemados o destruidos, sin portada alguno, los pocos que había no se podían leer.

Los días de sufrimiento se extendía lentamente. Un día, el señor Poe vuelve al orfanato con noticias para los gemelos.


—Buenas tardes —tose en su pañuelo.

—Está peor que antes... —dice Ryan.

—Hemos encontrado una parte del testamento de sus padres y me alegra decirte, Lucie, que tienes un tutor.

—¿Yo? ¿No querrá decir "tienen" en vez de "tienes"?

—No, estoy en lo correcto, sólo te menciona a ti y no a tu hermano.

—Yo no me pienso ir sin él.

—Lo siento pero es mi trabajo hacer cumplir la voluntad de sus padres, así que vámonos —toma a Lucie del brazo.

—¡No, no quiero! —forcejeando.


Por más que ella intentara, no lograba soltarse pues no tenía mucho rango de movilidad por la forma en la que la estaba agarrando.


—¡Lucie, no!

—¡Ryan!


Ryan quiso ir tras su hermana, pero fue detenido por la señora del orfanato. Quedó destrozado cuando vió al auto alejarse junto con su querida hermanita.

Así fue el cómo se separaron los huérfanos Fernsby. Lucie estaba devastada, había perdido a sus padres y ahora fue separada de su hermano que era el único soporte emocional que tenía para ahora estarse dirigiendo hacia un lugar desconocido, para estar bajo la tutela de un desconocido que quién sabe qué hace. Sola, sin pertenencias, con el señor Poe en ese auto, yendo hacia un lugar nuevo.

Sepan por mí y no por otras personas habladoras, que Ryan y Lucie, tal vez, no iban a encontrarse más, como dos imanes que tienen el mismo polo magnético.