Capítulo 1
Un viaje inesperado
(Kathie)
Con el sol asomando tímidamente a través de las cortinas, me desperté con una mezcla de emoción y nervios. Hoy era el día que había estado esperando durante semanas: el esperado viaje de trabajo que la empresa organiza anualmente para el disfrute de todo el personal. Este año, nos hospedaríamos en un hotel todo incluido, y aunque generalmente soy reservada, no podía evitar sentirme emocionada por la oportunidad de cambiar de ambiente.
Me levanté de la cama y comencé a organizar mi maleta. Abrí el armario y seleccioné cuidadosamente la ropa que llevaría: vestidos ligeros para las cenas, trajes de baño coloridos, pantalones cortos y camisetas cómodas para los días calurosos. Coloqué todo ordenadamente en la maleta, asegurándome de no olvidar los accesorios y, por supuesto, mi libro favorito para esos momentos de tranquilidad junto a la piscina.
Mientras guardaba mis cosas, sonreí al pensar en mis compañeros de trabajo. Aunque tiendo a ser tímida, siempre me siento más cómoda con Matthew y Samantha. Matthew, un hombre de 45 años divorciado con gemelas de seis años, tiene una actitud relajada y una risa contagiosa que siempre alivia la tensión en cualquier situación. Samantha, de 37 años y también divorciada, es una madre dedicada a su hijo de cuatro años. Su fortaleza y optimismo me inspiran, y su compañía siempre es reconfortante.
El sonido del timbre de mi teléfono interrumpió mis pensamientos. Era un mensaje de Samantha:
—¡Buenos días, Kathie! ¿Lista para el viaje? Matthew y yo llegaremos al punto de partida en unos minutos. Nos vemos allí.
Respondí rápidamente, confirmando que estaría allí pronto. Cerré mi maleta, revisé por última vez que no hubiera olvidado nada importante y salí de mi apartamento.
Al llegar al punto de partida, vi a mis compañeros de trabajo reunidos alrededor del autobús que nos llevaría al hotel. Sentí un nudo en el estómago, pero lo ignoré y me acerqué, saludando tímidamente a todos.
—Hola, Kathie —dijo Matthew con su característica sonrisa amplia—. ¡Qué bueno verte! Estamos emocionados por el viaje.
—Hola, Matthew. Yo también estoy emocionada —respondí, devolviéndole la sonrisa.
Samantha se acercó y me dio un abrazo cálido.
—¡Kathie! Este viaje nos vendrá bien a todos. Un poco de relajación y diversión nunca está de más.
Asentí, sintiéndome un poco más relajada al estar con mis amigos. Justo en ese momento, Chris se unió al grupo con su energía habitual.
—¡Buenos días, equipo! ¿Listos para una semana inolvidable? —exclamó, haciendo un gesto exagerado de entusiasmo que provocó risas en todos.
Chris siempre ha sido el compañero chistoso del grupo, y su amistad con Matthew es evidente en la forma en que se complementan. Aunque no siempre entiendo su humor, aprecio la manera en que su presencia aligera el ambiente.
El autobús llegó y todos comenzamos a subir, ocupando nuestros asientos. Me senté junto a Samantha, mientras Matthew y Chris se acomodaron unos asientos más adelante.
El autobús arrancó suavemente, dejando atrás el bullicio de la ciudad y encaminándose hacia la costa. Las conversaciones llenaban el vehículo, creando un ambiente animado y expectante. Los empleados de R&S Consultores estaban emocionados por el retiro anual, y la energía era palpable.
En la parte delantera del autobús, Carolina, la eficiente asistente del CEO, se encontraba de pie con un micrófono en la mano. A su lado, Amancio Botiel, el CEO, sonreía mientras saludaba a sus empleados.
—¡Buenos días a todos! —dijo Carolina con voz firme y clara—. Antes de comenzar nuestro viaje, quiero recordarles algunas cosas importantes. Primero, asegúrense de tener sus identificaciones y llaves de habitación listas cuando lleguemos al hotel. Segundo, no olviden participar en las actividades programadas. Este retiro es para relajarse, pero también para fortalecer nuestros lazos como equipo.
Amancio intervino con una sonrisa cálida.
—Espero que todos disfruten este viaje tanto como nosotros hemos disfrutado organizándolo para ustedes. Este es un tiempo para relajarse, conocerse mejor y, por supuesto, para recargar energías. ¡Disfruten!
Hubo un murmullo de aprobación y algunos aplausos antes de que Carolina cediera el micrófono a Lorenzo Castillo, el gerente de recursos humanos. Lorenzo, un hombre siempre atento y organizado, se levantó y comenzó a distribuir pequeños snacks entre los empleados.
Mientras Lorenzo pasaba por los asientos, Marisol, conocida por su inclinación a coquetear, no desaprovechó la oportunidad.
—¡Hola, Lorenzo! —dijo con una sonrisa seductora, levantando una ceja—. ¿Podrías darme dos snacks? No he desayunado y estoy famélica.
Lorenzo sonrió amablemente mientras le entregaba los snacks.
—Claro, Marisol. Aquí tienes. Asegúrate de guardar algo para el almuerzo —respondió con un guiño.
Marisol se rió y le lanzó una mirada insinuante antes de volver a su asiento. Observé la interacción desde mi asiento junto a Samantha, mientras Matthew y Chris, sentados delante de nosotras, compartían risas y bromas.
—¿Te imaginas un día sin que Marisol coquetee con alguien? —susurró Samantha con una sonrisa.
—Sería un día muy tranquilo, eso es seguro —respondí, riendo suavemente.
Mientras el autobús continuaba su camino, Chris se giró hacia nosotros y lanzó una broma.
—¿Saben qué se obtiene cuando juntas a todos los empleados de R&S en un autobús? ¡Un montón de diversión esperando a explotar! —dijo, haciendo un gesto como si una bomba estallara.
Matthew rió a carcajadas, y Samantha y yo no pudimos evitar unirnos a las risas.
—Chris, siempre sabes cómo levantar el ánimo —dijo Matthew, palmeando a Chris en el hombro.
—Es mi trabajo no oficial, mantenerlos a todos sonrientes —respondió Chris, guiñándonos un ojo.
El paisaje cambió gradualmente de edificios y tráfico a campos verdes y finalmente a vistas costeras. La anticipación crecía a medida que nos acercábamos a nuestro destino. Lorenzo, habiendo terminado de repartir los snacks, se sentó y se unió a la conversación.
—Entonces, ¿qué esperan hacer primero cuando lleguemos? —preguntó Lorenzo, mirando a nuestro grupo.
—Definitivamente, quiero ir a la playa —dijo Samantha—. Un poco de sol y arena es justo lo que necesito.
—Yo creo que me relajaré junto a la piscina con un buen libro —añadí, sintiendo la anticipación de momentos tranquilos.
—Yo quiero probar esos cócteles que todos dicen que son tan buenos —dijo Matthew, sonriendo ampliamente.
—Y yo solo quiero descansar y disfrutar del ambiente —dijo Chris—. Quizás un poco de todo lo que mencionaron.
Durante el viaje, Samantha y yo conversamos sobre nuestras expectativas y lo que más esperábamos del retiro. Matthew y Chris, por su parte, compartían bromas y anécdotas, manteniendo al grupo animado.
(Narrador Omnisciente)
El sol brillaba con intensidad sobre la costa caribeña mientras el autobús se acercaba al resort todo incluido donde los empleados de R&S Consultores pasarían una semana para su retiro anual. Kathie, con su cabello oscuro recogido en una coleta baja, observaba desde la ventana del autobús. El calor era palpable, y el aire se impregnaba del aroma salado del mar. A su lado, Chris se acomodaba en su asiento con una sonrisa nerviosa, como si estuviera anticipando una aventura que le resultaba a la vez emocionante y desconcertante.
—Kathie, ¿cómo te va? —preguntó Chris, rompiendo el silencio.
Kathie giró lentamente hacia él, ajustando sus gafas. Aunque su rostro mostraba una sonrisa cortés, sus ojos reflejaban una mezcla de cansancio y ansiedad.
—Bien, gracias —respondió Kathie, su voz suave pero clara—. Solo estoy tratando de prepararme para lo que viene. Sabes cómo soy con estos eventos.
Chris rió suavemente, sus ojos azules brillando con un destello amistoso.
—Lo sé, Kathie. No te preocupes. Estoy seguro de que será divertido. Todos están entusiasmados por este viaje.
Kathie asintió, pero no pudo evitar sentir un nudo en el estómago. Aunque llevaba seis años trabajando con Chris, él era extrovertido y siempre se mezclaba fácilmente con los demás. Kathie, en contraste, era más reservada, encontrando consuelo en su propio espacio. A pesar de su timidez, sentía una especie de afinidad con Chris, aunque siempre se había mantenido en un plano profesional.
—¡Hemos llegado! —anunció Carolina, mientras el autobús se detenía—. Bienvenidos al paraíso, equipo. ¡A disfrutar!
Con esa bienvenida, bajamos del autobús y comenzamos a explorar nuestro hogar temporal. Aunque el viaje había sido solo el comienzo, todos sabíamos que nos esperaban días llenos de experiencias nuevas y emocionantes.