Fabio y tu

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Sinopsis

Una historia de amor entre dos mundos completamente distintos. Martina, de 22 años, acaba de terminar la universidad y se siente perdida. No tiene un plan claro para el futuro, y su única certeza es su amor por la fotografía. Sin mucho entusiasmo, acompaña a su hermano al Gran Premio de Mugello, pensando que será solo un fin de semana más entre ruido y motores. Pero todo cambia cuando, sin saber quién es, fotografía a uno de los pilotos más prometedores del campeonato: Fabio Di Giannantonio, 26 años, veloz, carismático y acostumbrado a vivir bajo presión. Lo que comienza como una foto robada se transforma en una conversación inesperada… y en una conexión real. A pesar de pertenecer a mundos completamente distintos —él a la adrenalina de las pistas, ella a la calma detrás del lente—, algo entre ellos empieza a crecer. Mensajes, encuentros furtivos, miradas que dicen más que las palabras. Pero enamorarse de alguien que vive a toda velocidad no es fácil. Entre carreras, viajes y momentos robados, Martina y Fabio deberán descubrir si su historia puede sobrevivir fuera del circuito… o si fue solo una aventura entre curvas cerradas y emociones intensas. Una novela sobre el amor verdadero.

Genero:
Romance
Autor/a:
Luciia23
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

La Primera Vez

Martina no tenía ni idea de qué hacía allí.


El rugido constante de los motores la aturdía. El olor a gasolina, neumáticos quemados y comida rápida se mezclaba en el aire cálido de Mugello, donde miles de personas gritaban, reían, ondeaban banderas y se vestían como si estuvieran en un carnaval de velocidad. A su lado, su hermano Luca brincaba de emoción, con una camiseta de Ducati empapada en sudor y la cámara de su móvil constantemente apuntando a los boxes, esperando capturar un momento mágico.


Ella, en cambio, llevaba colgada su vieja Canon, esa que usaba desde la adolescencia para capturar atardeceres, sombras en callejones o retratos espontáneos de desconocidos en cafés. Las motos no le decían mucho. Pero sí las personas. Y en un sitio tan frenético como aquel, las emociones eran tan visibles que no podía evitar buscar momentos que nadie más veía.


—¿Estás aburrida? —le preguntó su hermano mientras le daba un sorbo a su cerveza.


—No, para nada. Estoy observando —respondió con una media sonrisa, enfocando a un mecánico que discutía con alguien, sus manos manchadas de grasa y ansiedad.


Caminó por una zona menos transitada cerca del paddock, donde el bullicio era más controlado, casi íntimo. El sol de la tarde teñía todo de un tono dorado, y entre sombras largas y motores que aún sonaban de fondo, captó una imagen: un hombre joven, mono de cuero medio abierto, bajando del box con el casco bajo el brazo, sudor en la frente y una expresión relajada, casi feliz. Había algo en su mirada, en cómo caminaba. Como si no tuviera que demostrarle nada a nadie.


Instintivamente levantó la cámara y disparó.


Un solo clic. Natural. Perfecto.


Él se detuvo justo entonces, como si la hubiera sentido. Giró la cabeza y la miró directamente. Ella bajó la cámara con una mezcla de sorpresa y vergüenza.


Él sonrió. No de forma arrogante, sino curiosa. Un destello amable en sus ojos.


—¿Buona la foto? —preguntó, con un acento italiano tan marcado como encantador.


Martina se quedó un segundo paralizada. No lo reconoció de inmediato. Su mundo no giraba alrededor del paddock ni los cascos decorados. Pero algo en su voz, en su presencia, le resultaba extrañamente magnético.


—Eso creo —respondió, algo nerviosa—. Aunque no suelo fotografiar pilotos. No es lo mío.


Él se acercó un poco más, inclinando la cabeza con interés.


—¿Entonces qué es lo tuyo?


—Las personas. Las emociones verdaderas —dijo ella, más segura esta vez.


Él rió, una risa ligera pero genuina, como si no estuviera acostumbrado a respuestas así.


—Entonces has venido al lugar correcto. Aquí todo es extremo. El miedo, la alegría, la presión… —hizo una pausa—. Soy Fabio.


Ella no necesitó más que ese nombre. Lo había escuchado mencionar por su hermano un par de veces, algo sobre un piloto italiano joven, rápido y con mucho talento. Pero nunca imaginó que sería… él. No tan de cerca. No con esa sonrisa.


—Martina —respondió, dándole la mano—. No sabía quién eras, para ser sincera.


—Eso me gusta más —contestó Fabio, guiñándole un ojo.


Ella no supo qué responder. Solo sintió cómo su estómago se llenaba de mariposas que no tenían nada que ver con la emoción de una carrera.


—¿Me mostrarías la foto? —preguntó él, señalando su cámara.


Martina se la enseñó. Fabio observó la imagen en silencio. Era una toma cruda pero hermosa: él caminando bajo la luz dorada, con una expresión tan auténtica que parecía de revista, pero sin pose. Solo él.


—Wow… —murmuró—. Deberías trabajar con nosotros. No estoy bromeando.


Ella se rio, pero él la miraba en serio.


—¿Vienes mañana? —preguntó.


—No lo sé. Depende de si me invitas.


Él sonrió otra vez, más amplio, y asintió.


—Considera esto una invitación oficial. Me encantaría tener otra buena foto. O, mejor aún, otra buena conversación.


Martina se quedó ahí, viéndolo alejarse hacia el box. No entendía muy bien lo que estaba pasando, pero sí sabía que algo acababa de cambiar. Que había conocido a alguien distinto. Y que, por primera vez en mucho tiempo, algo dentro de ella se aceleraba más que cualquier moto en esa pista.