Burning Paradise

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Sinopsis

Dos asesinos. Una noche y ningún plan para sobrevivir. Natalie ha vivido entre sombras, persiguiendo la venganza y dejando cadáveres tras su paso. No siente nada. Hasta que conoce a Dante Rojas, un hombre igual de letal… y peligrosamente atractivo. Tienen el mismo objetivo, pero cuando el plan se desmorona y la sangre corre antes de tiempo, no les queda otra opción: huir juntos. Entre moteles polvorientos, clubes de neón y secretos que arden bajo la piel, Natalie y Dante tendrán que decidir si confiarse mutuamente… o matarse primero. Porque en el infierno que habitan, amar también puede ser un crimen. Él es impredecible y seductor. Ella es fría y letal. La combinación es tan explosiva como el pasado que los persigue y une. Bienvenidos a Burning Paradise. Donde cada beso quema y cada bala tiene nombre.

Genero:
Romance
Autor/a:
Lady Esme.g
Estado:
Completado
Capítulos:
25
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Cap.1: Las zorras no van al cielo.

Esta noche, ella es Natalie.

Una despampanante rubia que se pavonea entre los chicos malos del club, la inofensiva zorra que quiere follarse al líder de la banda sólo por un poco de maría.

Labios rojos y un escote pronunciado, es toda una tentación andante. Nadie sabe que en sus pies hay fuegos artificiales, o que lleva la funda de una navaja en su muslo, y entre medio de los pechos, una pequeña pastilla que dormirá al gran traficante del sur: Esteban Rodríguez.

El aire del lugar está viciado por el humo del cigarrillo y el porro, la música es tan fuerte que las paredes retumban, nadie se quejará de todas formas, están en medio de la nada. La carretera más cercana se encuentra a dos horas de distancia. Y si ella tiene suerte, nadie saldrá vivo de ahí.

Atraviesa la pista de baile, esquivando los cuerpos sudados e intentando ignorar los olores. Una vez del otro lado, observa a su objetivo.

Hay dos hombres con él, esnifan a su lado y se ríen a la par. Apenas puede distinguirlos con las luces de colores apagándose una y otra vez. Aun así, se acerca a pasos lentos, relajados, las personas alrededor deben creer que está tan ida como el resto, sabe que las zorras no deberían interrumpir cuándo los líderes parecen estar cerrando negocios, y aunque Natalie es una zorra del club, Becca Hart no.

Así que sigue su camino, una línea directa hacia él, está a unos pasos de entrar a su campo de visión cuando una mano cálida la retiene por la cintura y un cuerpo se pega a su espalda:

—No vayas ahí, cariño.

Rodea los ojos, ni siquiera voltea a verlo porque sabe que, al igual que el resto, trabaja para Esteban y estará muerto antes del amanecer. Así que saca su mano de un tirón y llega hasta su objetivo sonriendo de forma estúpida, se sienta sobre su regazo, montándolo y restregando sus pechos contra él, el corsé que lleva puesto hace que parezcan el doble de grandes de lo que en realidad son:

— Tengo tantas ganas de ser follada... —susurra sobre el oído de Esteban, rozándolo con los labios y asegurándose de que la escuche entre la ensordecedora música, el olor a alcohol en ese rincón en particular es más fuerte.

Al escucharla, él deja de hablar con los demás y se ríe muy fuerte.

—oh, miren esta zorrita sucia…—Les dice a los otros dos que siguen ahí, no a ella. Se mantiene callada porque sabe que eso es lo que las chicas tienen que hacer con él, sin embargo, ve de reojo como mueve la mano indicándole a los tipos que se vayan, obedecen rápido, casi huyendo ante la orden. Una vez solos, Esteban se relaja contra el sillón— continúa, me gusta como hablas.

—Después de que ponga mis labios sobre ti… —no tardó en hacerle caso— ninguna otra boquita te sabrá igual —susurró acariciando su paquete.

Las luces apenas los iluminan, lo besa y detesta como raspa su barba, nunca le gustaron los tipos con demasiado bello facial. Sigue acariciándolo sobre el pantalón mientras, con sutilidad, saca la pastilla entre sus tetas.

Esteban ni siquiera se da cuenta cuando la mete en su vaso, sus ojos siguen cerrados con la cabeza echada hacia atrás, disfrutando del toque. Natalie se relaja, juega con él con despreocupación, segura de que tarde o temprano, tomará otro trago.

Prácticamente está montándolo, baja los labios hasta el cuello, mordiéndolo, sonríe cuando lo siente estirarse y tomar el vaso:

—Señor... —una voz masculina los interrumpe, justo cuando la mano de Esteban oprime tan fuerte su nalga que tiene que apretar los dientes.

—Vete a la mierda, Dante. Ahora no, estoy ocupado... —Para darle más énfasis a sus palabras, le da una nalgada a Natalie, ella suelta una fingida risa vacía como si le gustara. Esteban parece creerle porquesonríe con aprobación.

Solo entonces, Natalie miró al tal Dante que acababa de interrumpir, y aunque no está segura, tiene la ligera sensación de que es el mismo que la detuvo antes en la pista.

Iba a darle una rápida mirada aburrida, esperando que entendiera que estaba fastidiando el momento y se largara. Pero hubo cosas que llamaron su atención sobre él.

Al igual que muchos de los hombres en aquella fiesta privada, iba sin remera, pero lo curioso era que la tenía envuelta alrededor de su mano izquierda, con manchas oscuras en la tela, era sangre.

Sus ojos subieron, recorrió el largo torso ligeramente marcado, no perdiendo de vista la semiautomática que llevaba en la cintura de los jeans, también tenía el tatuaje de una calavera con alguna mierdas más en el pecho, pronto sus miradas se cruzaron, y a Natalie no le gustó nada lo vivaces y despiertos que lucían sus ojos, se suponía que todos ahí estaban hasta arriba de todo como para mirarla de esa forma… Como si la estudiara.

Evitó su mirada, volviendo la atención a Esteban y continuando su jugueteo, porque si fuera la clase de persona que se distrae de su objetivo, estaría muerta hace mucho tiempo.

—Es importante —Repitió con voz gruesa, demandante. Comenzando a molestarla.

Esteban casi bebió otro trago, pero se detuvo y dijo: —No es nada que no se pueda tratar más tarde —Entonces se levantó haciendo que Natalie se tambaleara sobre sus zapatos de plataforma, de todas formas Esteban la sostuvo fuerte, pegándola a su cuerpo como si fuera una muñeca de trapo—. Vamos, arriba, cariño. Hay una habitación esperándonos —le dio una mirada a Dante— sigue con lo tuyo.

Dante asintió y, al contrario de antes, no le volvió a dirigir la mirada. Tal vez porque Esteban era demasiado posesivo hasta con sus zorras, y él no quería arriesgarse a cabrear más a su jefe, pero… Mientras subían las escaleras alejándose del alboroto, notó que Esteban estaba demasiado apresurado. Intentó mirar atrás, buscando ver el vaso en el que había estado tomando, solo para calcular cuánto podría tardar en hacerle efecto la pastilla. Pero el juego de luces yendo y viniendo no se lo permitieron.

No importa. Si el plan A no funcionaba, Natalie siempre tenía un plan B. Sonrío para sí misma pensando en eso, entró junto a él en aquella habitación que ya conocía, había estado ahí antes, preparando el lugar para cuando eso pasara.

Esteban no dijo ni una palabra, solo la empujó contra la cama y se colocó sobre ella, besándola con demasiada fuerza, casi mordiéndola en ocasiones. Siguió la corriente, mostrándose desesperada y efusiva mientras se movía más cerca del cabezal.

Solo comenzó a dudar cuando las manos de Esteban buscaron colarse entre sus prendas, porque después de todo, no podía permitir que la desnudara por completo, una buena zorra no debería tener navajas entre la ropa.

Dejó que se entretuviera estrujando sus pechos, llevando la mano hacia el borde de la cama, buscando aquel espacio entre la madera, casi tan cerca que llegó a sentir el mango de la daga que tenía guardada ahí...

Click. Sintió el frio metal de las esposas alrededor de su muñeca, congelándola, un segundo después Esteban empujaba su brazo enganchándola en uno de los barrotes del cabezal: — ¿Tan rápido quieres dejar de jugar, pequeña zorrita? —habló entre dientes, su respiración chocando contra la mejilla de Natalie, olía a cerveza y cigarro.

Pedazo de hijo de puta ¿Cómo...? Pero antes de que la pregunta se formara en su cabeza, la respuesta llegó en forma de persona, casi como si estuviera orquestado, Dante entró a la habitación en silencio, parándose cerca de la puerta, podía verlo sobre el hombro de Esteban. Este último, por su parte, sacó la daga debajo de la cama y la arrojó con fuerza, esta se clavó de inmediato en la pared, ella la había afilado muy bien.

— Ahora vamos a tener una conversación ¿Quién te mandó? —Todavía estaba encima— Si no empiezas a hablar,empezaré a jugar… —tiró con fuerza del corsé, la cosa estaba tan bien echa que ese tirón solo hizo que todo su torso se sacudiera, el material no se rompió, pero el forcejeo hizo que toda su piel doliera como la mierda— ¿Tienes idea de las cosas que podría hacerte? —Otra vez, estaba susurrándole al oído— Dante dame tu arma… —Este se la dio sin dudar, Esteban entonces la puso entre sus piernas, ella traía un cortísimo short, como todas las demás chicas que habían sido llevadas esa noche para trabajar.

Y solo en ese momento sintió pánico, no por la muerte, en ese negocio morir era una moneda de cambio a la que no le temía, había cosas peores que un hombre podía hacerte antes de matarte, era tan consiente de eso que su cuerpo tenía memoria y por ende, estaba aterrado.

Otra vez, no.

—Tengo formas mucho mejores de hacerla hablar —fue Dante quien dijo eso, sin ninguna emoción en el rostro, su vozinterrumpió los movimientos de Esteban—. Déjamela a mí... Esto es mi especialidad y además, esta es tu noche, deberías estar con una zorrade verdad.

Una sonrisa siniestra se dibujó en la cara del traficante, los ojos de Esteban brillaron con interés, sin despegarse de ella respondió: —Si, hazle lo mismo que le hiciste al último soplón. Quiero que me termine rogando para que la mate….

Natalie no se alteró, estaba dispuesta a soportar cualquier dolor físico, así que los miró con aburrimiento, procurando ocultar sus emociones, de todas formas Esteban comenzó a parecer un poco ido, sus ojos se desenfocaban como si le costara concentrarse.

—Está bien —masculló levantándose con dificultad, otra vez, el hedor a alcohol moviéndose con él—. Estoy caliente y quiero una puta de verdad, no necesito una que ande lloriqueando mientras la follo —Se alejó de la cama y pasó por al lado de Dante palmeándole el hombro.

Dante asintió manteniendo su mirada clavada en ella, y ahora que la fuerte luz blanca de la habitación los iluminaba, podía ver que tenía ojos verdes, verdes y determinados. Era tan evidente que la estaba evaluando.

Quedaron solos y en silencio, Natalie también iba preparada para eso, no era como si unas esposas pudieran detenerla, sabía cómo quitarlas, solo necesitaba un momento.

— Te dije que no fueras ahí... —se acercó, su voz siendo mucho menos ruda que antes, se agachó al costado de la cama, quedando a su altura. Observó entonces, con perfecta claridad, los rasgos de su rostro. Era curioso como tenía cara de niño bueno, lucía amable, excepto por la cicatriz vertical debajo de su oreja—. Estoy sorprendido —continuó, y una lenta y pequeña sonrisa se dibujó en sus generosos labios— Realmente creí que eras sólo una chica del club —estaba mirando su escote, se había bajado más de lo debido a causa del forcejeo.

Dante pasó la punta del dedo sobre sus pechos, recorrió las curvas con suavidad, ella sintió el tacto calloso y ligero, se estremeció.

Terminó entre sus tetas, parecía entretenido buscando algo, Natalie sabía que era: — ¿Solo una pasti? —Preguntó sin mirarla— ¿Qué pasaba si se te caía?

Ella no iba a decirle que tenía más escondidas en el dobladillo de la ropa, sin embargo, con su mano librelo golpeó con fuerza, apartándolo. Estaba preparada para verlo estallar, pero lejos de eso, él sonrió: —Que dulce... —Se burló antes de levantarse y alejarse.

Lista para escucharlo hacer sus preguntas, o incluso creyendo que empezaría a torturarla para hacerla hablar, esperó a que comenzara con aqueljuego. Sin embargo, Dante no hizo nada.

Por el contrario, lo vio sacar un celular de su bolsillo y llamar a alguien: —Pequeña interrupción. Pero ya está solucionado.

Salió de la habitación aun hablando, Nat podía escuchar sus pasos alejándose por el pasillo. Frunció el ceño, aquello era tan extraño, si Esteban esperaba que la hiciera confesar, entonces quedaría muy desilusionado de su pequeño polluelo. Pero no iba a darle muchas vueltas cuando había obtenido lo que quería en primer lugar, así que en cuanto estuvo sola, metió la mano entre su pelo en busca del clip, lo encontró rápido y al cabo de un minuto, abrió las esposas.

Se acercó al balcón, la idea de saltar desde el segundo piso no la aterraba, pero su trabajo era matar a aquél traficante que había tomado demasiado poder estos últimos años, jodiendo a las personas equivocadas.

No iba a irse hasta acabar eso. Incluso si tenía que utilizar el plan c, que en lo personal, era su favorito. Siempre le había gustado ver las cosas arder.

Observó la amplia habitación, todas eran iguales, ese garito había sido preparado exclusivamente para la banda y sus festejos después de un buen traspaso. El lugar era remoto, solo se podía llegar en auto, había tenido que esconderse en uno de los maleteros y esperar hasta que todos estuviesen tan idos por las sustancias que no se dieran cuenta cuando se mezclara entre las demás chicas.

Las bailarinas estaban ahí para entretener a los muchachos, y esos cuartos estaban preparados para cuando ellos quisieran privacidad, pero a la mayoría no le preocupaba montárselo en el piso de abajo, en algún sillón de los reservados.

Pocos muebles y con una ancha cama, antes de ir por Esteban había estado en esa habitación, era de él, después de todo, era la única que contaba con un jacuzzi, el líder de la banda difícilmente cedería ese privilegio a alguien más. Natalie se dirigió hasta el armario empotrado en un extremo. Revisó detrás de las sabanas dobladas, tenía un arma escondida ahí, la cargó y colocó el silenciador, necesitaba poder salir de aquel maldito club sin todos esos niños malos tratando de volarle los sesos.

Luego sacó las sabanas de la cama, las ató con nudos fuertes al borde del barandal y las dejó caer por el balcón casi con aburrimiento. Dante la había subestimado tanto que seguramente se lo creería, ¿Quién diablos dejaba tan fácil a una infiltrada? Casi debería sentirse ofendida por su falta de atención, aun mas si él llegaba a creerse esa mierda, porque después de todo ¿Y quién mierda huiría a pie de aquel lugar que estaba en medio de la nada?

Se escondió dentro del armario, dispuesta a dispararle desde ahí a cualquiera que entrara a la habitación, deseaba que fuera Esteban para hacer eso más fácil, pero no, alrededor de media hora, Dante volvió a entrar, hubiera disparado si no fuera porque, lejos de lucir preocupado por su escena de escape montada, se rio.

No estaba segura si el tipo tenía complejo de caballero y dejarla escapar había sido su objetivo desde un principio, o si solo disfrutaba con pensar en cazarla como un conejo. Cualquiera que fuera, no le disparó porque quería verlo morir cuando ella soltara sus fuegos artificiales.

Ya había pasado más de una hora y seguía oculta en el armario, cuando por fin entró Esteban tambaleándose, lo vio por las rendijas del armario, quitó el seguro al arma y comenzó a empujar poco a poco la puerta para poder dispararle desde ahí, fue molesto escuchar la voz de Dante desde la puerta, casi quiso refunfuñarle al jodido castaño por estar metido en todo: — ¿Dónde está la zorra? —Gruñó.

Esa pregunta atrapó su atención, detuvo sus movimientos porque estaba preguntándose cómo era que Esteban no sabía de su escape. Pero al mismo tiempo que pensaba eso, Dante entró a su campo de visión con un arma apuntando a Esteban en la cabeza.

Entonces lo entendió en un segundo. No se suponía que alguien la viera poner esa pastilla en el trago.

Excepto que Dante lo hizo.

Porque Dante también quería matarlo.

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Ah, pero ese no es el plot twist de la historia, solo una presentación, así que manténganse atentas ;).

¿Qué tal les ha parecido este primer capítulo? Dime… ¿Te quedaras a ver que más pasa con estos dos asesinos? Di que sí, porque dice la leyenda que si no, Dante y Natalie van a por ti…

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