Piloto - Querido Diario
Los días pasan.
Las horas, los minutos, también se deslizan, invisibles, como granos de arena cayendo sin apuro. Y así, la vida misma transcurre, dejando tras de sí ese vacío blando y persistente que solo la rutina puede provocar.
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Un día cualquiera.
Los pasillos de la universidad se llenaban de murmullos, pasos apurados y charlas sin importancia. Era un ruido de fondo constante, casi reconfortante por su familiaridad. Entre la multitud, ella caminaba con sus compañeras, rumbo a la terraza de la Facultad de Filosofía. El destino no era otro que el cigarro final antes de volver a casa.
─── ¿Qué hacen hoy después de clases? ─── preguntó una de las chicas, encendiendo su cigarro con la desgana de quien repite un ritual.
─── Yo voy a casa de mi novio, es su cumpleaños ─── respondió otra, entre la primera calada y una sonrisa de complicidad.
La conversación fluía con la naturalidad de la costumbre. Ella, en cambio, solo las escuchaba. Sonreía, asentía, pero no decía mucho. No le gustaba fumar, nunca le había gustado. Sin embargo, el humo ya no le molestaba; se había acostumbrado a estar ahí, a compartir ese momento simplemente por sentir que, aunque fuera por unos minutos, formaba parte de algo.
─── ¿Y tu, Valen? ¿Qué vas a hacer?
Le tocaba hablar.
No sabía si la pregunta venía del interés genuino o de una educación aprendida. De todos modos, improvisó una respuesta que le permitiera no parecer tan vacía.
─── Voy a terminar de estudiar para el proyecto de Historia de Oriente ─── dijo sin levantar mucho la vista.
Era mentira, o al menos, no del todo cierto. No tenía intención alguna de abrir los apuntes esa noche. Solo quería volver a casa, meterse en la cama y leer algo. No por placer, sino para matar el tedio de otro día igual a los anteriores.
Así era su vida.
Mientras sus amigas iban de visita, salían, celebraban pequeñas cosas, ella sobrevivía entre libros, pensamientos sueltos y una rutina demasiado parecida a la nada. Pero tampoco era tan fácil salir a despejarse; el atardecer ya se había hecho noche.
Volvió a su casa.
No hubo saludos ni abrazos. Su familia seguía en lo suyo, absorta en las pequeñas preocupaciones cotidianas. No podía culparlos, estaban ocupados... o eso se decía.
Su habitación la recibió con la penumbra habitual, interrumpida solo por el chasquido del interruptor. La luz reveló el caos de siempre: un escritorio abarrotado, ropa tirada en una esquina, hojas de repaso pegadas al azar en las paredes y libros desordenados en la estantería.
Suspiró.
"Podría ordenar... bah, qué flojera, lo haré mañana"
. Una frase que se repetía cada noche, como un mantra de su propia pereza. Dejó la mochila sobre la silla, se quitó los zapatos con desgano y se tiró en la cama, aún sin tender.
Antes de ponerse con los trabajos de la universidad -obligación que sentía como un castigo autoimpuesto- se permitió un breve momento de paz: un capítulo o dos de esa novela que la acompañaba últimamente. Leer era lo único que a veces lograba arrancarla, aunque fuese unos minutos, del sinsentido.
Finalmente, como cada noche, escribió en su diario.
Era su único espacio para vaciar pensamientos, ordenar emociones. Siempre empezaba igual:
"Querido diario. Hoy fue igual que siempre..."
¡Hola! ¡Hola!
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Soy Lánhua Rêvelie. Gracias por leer el capítulo piloto y en serio espero que sigan leyendo y apoyandome en esta que es mi primera obra.
Esta novela ligera es un proyecto que tengo planeado desde hace bastante tirmpo y que lo lean y critiquen me anima mucho a seguir escribiendo. Esta es la primera vez que me animo a subir mis ideas para que otras personas las vean.
Seguire subiendo capítulos cada lunes, si les gustó esta pequeña introducción ¡Por favor, sigan leyendo el primer capítulo!
Nuevamente muchas gracias por leer ❤️❤️❤️
─── Lánhua Rêvelie