The Monster
Monster–Lucy Daydream
—Las damas no enamoran, deliran.
Hay personas que son como una droga, tratas de dejarla, pero sabes que quieres más y más...
Es una adición incontrolable.
Es mortal, pero no te importaría acabar con tu vida aunque sea por tenerla en tu cuerpo un segundo.
Lo quieres todo, quieres que tu último suspiro sea causado por esa droga.
Es delirante.
Es sofocante.
Es letal.
—Para las personas que piensan que las drogas y personas son diferentes, pero ambas te hacen delirar
Los altos tacones resonaban a cada paso en el mármol del vestíbulo.Un labial tan rojo como la sangre.
Una máscara misteriosa, un encanto resplandeciente, un monstruo apunto de sacar las garras...
Un camarero se posicionó a mi costado y me ofreció una copa de lo que identifique como vino tinto, totalmente perfecto para la ocasión, pero muy simple para la protagonista del cuento de horror.
Mis pasos eran firmes, decisivos y cautivadores. Las miradas no tardaron, los murmullos mucho menos.
No era nadie.
Pero lo era todo.
Nadie sabía con exactitud quién era la mujer de vestido rojo, de cabello largo y bien peinado, de ojos salvajes pero con una chispa de encanto y de ternura.
No podían ver más allá de mi rostro, un antifaz cubría la mitad de el, debían hacerse una idea, quizá pensando que era alguna mujer importante e influyente en la vida del lujo y del dinero. Pero no era más que una farsa, una mentira hermosa y muy buena actriz.
Cuando mis ojos encontraron mi objetivo, mi cuerpo reaccionó, mis pensamientos se volvieron más intensos...
Caminé tranquilamente tratando de no reflejar mis emociones con mis acciones.
Al encontrarme tan cerca de ese hombre enmascarado que vivía en mi mente todo el tiempo, me fue imposible controlarme.
Su aroma cautivaba y cazaba a cualquier mujer que pasara a su lado.
Sus ojos verdes eran las esmeraldas más preciosas y costosas que había visto.
Su traje negro impecable, con detalles en rojo caoba que insinuaban su linaje y gritaba <Soy más costoso que todo este país>
Y no lo dudaba, el corazón de este hombre lo querían todas las mujeres, pero también todo el mundo.
Yo era una de ellas, quería su corazón, quería tomarlo ensangrentado en mis manos mientras mirara su cuerpo sin vida y así la misión de Stella Fornue sería un éxito.
Matar al hombre que había hecho morir mi vida.
"Recuerda tu papel. No eres solo una flor decorativa en esa sala. Eres una espada oculta. Y debes cortar la cabeza del dragón antes de que respire fuego."
Las palabras que me dije a mí misma instantes antes resonaban en mi cabeza como un recordatorio.
la sinfonía de los violines mágicos me golpeó como un perfume.
Tocaban una melodía clásica, perfecta para un vals romántico.
En su mano posaba una copa de champán y miraba a su alrededor en silencio. A su lado, un hombre rubio y apuesto —a quien más tarde identificaría como Dan Rixak— le susurraba algo al oído y reía con descaro.
Pero él no lo hacía.
Su mirada pronto se detuvo en mi presencia.
Me sentí expuesta por un segundo, como si mi máscara no significara nada y él pudiera ver cada uno de mis pensamientos: la orden de asesinato que pesaba en mi alma, las dudas que comenzaban a germinar como malas hierbas en un jardín descuidado.
Me acerqué a ambos, cada paso era medido. El tacón de mis zapatillas golpeaba el mármol con una cadencia sutil, casi musical. La sala parecía respirar a mi alrededor, los murmullos se mezclaban con risas contenidas, las luces bajaban como si la atmósfera supiera que algo empezaba a cambiar.
Dan Rixak fue el primero en reaccionar:
—Dama misteriosa —dijo con una sonrisa encantadora—, espero que esta noche no haya venido solo a observar desde las sombras.
Le sonreí con amabilidad medida.
—¿Y si te dijera que vine a cazar?
Su sonrisa se extendió más por su rostro.
—Entonces me dejaría atrapar por sus redes sin poner resistencia.
Solté una pequeña risa y mi mirada se volvió al hombre de su lado. El también me miraba, quizá tratando de averiguar quién era.
—¿Tú nombre? —pregunté dirigiéndome a él.
—Está noche no hay nombres —replicó—, solo máscaras.
—Y mentiras.
Dan nos miraba sin disimulo, la tensión era notable y tal vez el ambiente estaba más sofocante de lo habitual.
De igual manera aquel hombre no debía confesarme nada de él, porque yo ya sabía todo de mí pajarito al cual que tenía en la mira.
Kaled Tasian. El hombre que asesino a mi padre.
La música aún seguía flotando en el elegante salón.
—¿Bailas?
Esa petición me dejó helada, su mirada seguía directa a mi rostro y sus ojos verdes cada vez me dejaban más cautivada. Si fuera alguna otra mujer apostaría a que sus bragas se humedecerían tan rápido como el tiempo en haber formulado intento de palabra alguna. Tenía ganas de vomitar, me sentía mareada, sofocada, delirante...
Ese hombre era tan maldita mente atractivo, incluso con un antifaz puesto, no podrías ignorar su cuerpo, su cabello, sus labios carnosos y sus ojos salvajes del color de las hierbas que te enredaban en un bosque sin salida.
—Por supuesto.
Ambos nos acercamos a la pista donde ya hacían parejas bailando la lenta melodía. Me ofrece una de sus manos y la tomé. Sus dedos están calientes, tanto como los míos. No consigo leer nada en sus ojos, su mirada es indescifrable. Cuando con su otra mano se posa en mi cintura, mi cuerpo se tensa. Noto nuevamente su aroma a bosque y a lirio, una de mis flores favoritas.
—Su aroma me recuerda a los lirios. —sacó a relucir mi pensamiento y lo comparto con él mientas nos movemos al compás del baile
—Entonces esa es la razón por la cual se acerca demasiado a mi pecho. —Al escuchar sus palabras susurrantes cerca de mi rostro, detectó una pequeña sonrisa sarcástica que no pude pasar por alto.
No puedo bromear o tratar de ser sarcástica como él lo hizo. Recuerdo mi papel y el porqué estoy aquí.
El me está estudiando en silencio, toda su presencia emana autoridad, poder y miedo.
Me hace recordar el tipo de monstruo que es y que yo no soy más que una mujer llena de rencor y venganza.
Trato de no pensar más en ello, pero no puedo evitar perder la poca calma que me quedaba al recordar como sus garras se manchaban de la sangre del hombre al cual más amé en toda mi vida.
—Parece incómoda.
Su confesión me vuelven a la realidad, es cierto, hace unos momentos estaba divagando en mi mente que olvidé incluso la cercanía de ambos.
—Para nada —trató de negar a sus sospechas—¿usted lo está?
Preguntó suavemente mientras nuestros pies siguen danzando con ritmo.
—Me parece algo indiferente bailar con alguien más. —sus palabras por mucho que no quiera, me lastiman el ego.
¿Ha estado con tantas mujeres que le es indiferente estar con alguna otra bailando?
¿O le es igual una mujer como yo?
Mis pensamientos derrumbaron otra vez mi mente.
—¿Le es indiferente las mujeres como yo? —preguntó suavemente, pero con ironía notable.
Pero al instante me arrepiento al sentir su mirada más profunda sobre mis ojos.
—¿Cómo son las mujeres como tú?
Su pregunta me deja muda, no se porque hice esa pregunta, no sé ni siquiera porque estoy bailando con él y porque nuestros cuerpos están muy juntos, el contacto de la tela de su traje haciendo fricción con mi vestido me está quemando el cuerpo y los pensamientos también.
Sus manos sujetando la mía y la otra tomando mi cintura me hace temblar, como su cuerpo se mueve al ritmo del baile me hace sentir bien, pero mal en un instante.
Por un momento quiero entrar en sus pensamientos y saber que es lo que mas puede leer de mi lenguaje corporal, si es como me hace sentir tan pequeña o como me pongo nerviosa cuando nuestras miradas se reencuentran.
—Yo diría que todas las mujeres somos muy iguales, pero muy diferentes. —susurró indiferente para que su duda no crezca y no quiera saber cómo soy realmente.
—Eso es confuso.
—Para muchos lo es, solo no lo piense tanto.
—Tengo el presentimiento de que tratas de dejarme en claro que soy un hombre insípido.
Suelto una suave risa cerca de su rostro y asemejo pensarlo y coloco sus manos en su cuello cuando el ritmo se va volviendo más intenso y confidencial. Ahora su otra mano se desliza por mi cintura y ambas permanecen ahí.
—Umm, yo creo que es un hombre muy interesante —digo en voz baja— tanto para una mujer tan curiosa como yo.
Su mano envuelve más mi cintura y me apega más a su cuerpo, siento su cuerpo bajo el mío, tenso. Está nervioso y eso me da la impresión de que mi arrogancia le carcome las dudas y los pensamientos.
El control es mío esta noche.
Mis zapatillas pisarán su corazón y su mente está noche.
Lo estoy anhelando.
Seguimos bailando lentamente, trata de no hablar más. Está callado mientras el salón está repleto de murmuros y la música intenta callarlos a todos.
Me da una vuelta como en las películas cuando el príncipe encuentra a su princesa.
Siento la necesidad de compararnos con "La bella y la bestia"
El típico papel de la princesa que se enamora del monstruo.
El silencio no me ayuda a tratar de conseguir parecer interesante o para llamar su interés, trato de olvidar mi papel de arrogante,
pero él me interrumpe primero.
—Las mujeres indescifrables son las que mas me generan cuestionamientos. —suelta junto a un suspiro abrumador.
No puedo evitar pensar en qué contestar, sus labios carnosos me dejan sin palabra alguna.
Trato de hacer volver mi mente a la realidad y sonrío con seguridad y dulzura.
—¿Y eso que quiere decir? —pregunto cálidamente, con un deje de ternura y confusión —. ¿A qué se refiere?
Sus ojos viajan por mi cuello, van a mis labios y por último suben a mis ojos.
—Justo a ti. —confiesa con su voz varonil.
La música se detiene, pero no soy capaz de retirar mis manos de su cuello, ni su mirada de la mía, estoy confundida.
¿Justo a mí? ¿Me toma como una mujer indescifrable?
Su manos se alejan poco a poco de mi cintura y me deja aún más confundida. El baile terminó, pero de alguna extraña manera quiero seguir sujetando su cuello y que el sujete mi cintura con sus largos dedos.
Tengo la necesidad de que otra melodía empiece a sonar, pero ya pronto será media noche, a este punto empiezan a prepararse para revelar sus rostros.
Y eso me hace reaccionar de mi ensoñación, debo irme antes de que mi rostro quede al descubierto.
Mis manos sujetan su cuerpo y le sonrió cálidamente.
Me apartó de él sin darle oportunidad a nada más y por mi propia cuenta me dirijo hacia un camarero y tomo una copa, tengo la impresión de que esa noche ha terminado, pero quizá me haya equivocado.
—Tu vestido es precioso. —su voz me pone nerviosa y su confesión aún más.
—Gracias. —mi sonrisa es sincera y por un momento siento que mi máscara se ha caído.
Toma una copa de vino blanco y me dedica una mirada que no puedo leer, mientras le da un sorbo a su bebida. Al despegar la copa de cristal de sus labios, me sonríe sutilmente, una sonrisa ilegible.
Las lucen empiezan a oscurecerse aún más, ya en menos de unos minutos el reloj marcará la hora en la que debo irme, debo mantener mi papel solo el día de hoy. Debo poner una excusa para apartarme de él.
Al tomar de mi bebida trato de tirar un poco de ella y parece funcionar, de la comisura de mis labios baja a mi barbilla un poco de líquido.
Él aun me mira y le dedicó una mirada avergonzada.
—Discúlpeme, debo ir al baño. —mencionó sin darle oportunidad de hablar.
Mis tacones resuenan rápidamente directo al baño, trato de no llamar la atención aunque es algo imposible, hay muy pocas mujeres influyentes de cuantiosas fortunas y la mayoría vienen acompañadas de sus esposos o parejas.
Por suerte al entrar al baño está vacío, tomó una toallita y trató de limpiar torpemente mi barbilla, mis manos están desesperadas al igual que mi corazón. Debo salir de esa gran mansión ya mismo.
Los murmullos aún son audibles y eso me pone más caótica.
Acomodó mejor mi antifaz, sin quitarlo en ningún momento por miedo a que alguien más se encuentra ahí o entre de repente.
Al salir casi tropiezo con una figura masculina, a quien reconocí rápidamente, era Dan, el amigo empresario de Kaled.
Me tranquilizo un poco el que no fuera Kaled, pero aún la presencia de Dan no era de mucha ayuda si quería salir sin generar sospechas.
—La dama misteriosa está muy sola ¿no gusta un poco de compañía? —su voz transmite encanto natural.
—La dama misteriosa está bien como está.
—Ummm creo que la dama misteriosa estaba mejor con el hombre de hace unos instantes.
Mi risa es irónica, suelto un suplido y niego divertida, la mirada sutil de Dan logra darme un poco de consuelo. Pero recuerdo que es un extraño y no debería ceder mi confianza de un golpe.
No puedo confiar y bajar la guardia como mi padre lo hizo, no quiero admitir esto, pero cada vez que lo recuerdo el cuchillo se entierra más en mi corazón, duele por instantes, siempre me pregunté, ¿por qué él? ¿Por qué un hombre tan bueno y generoso como mi padre?
No sabía la respuesta, lo único que sé es que su corazón lo dejaba mostrar desde el primer instante que lo conocías.
Yo no sería igual que él.
Soy yo misma luchando contra la justicia de su muerte.
Yo no dejaré que aquel hombre tenga mi rencoroso corazón en sus manos.
Al contrario de él, yo seré la que tenga el suyo. Cuando logré notar la sangre escurrir por su propio cuerpo, será demasiado tarde.
Habré asesinado a Kaled Tasian.
—Umm quizá, si me disculpas, la dama misteriosa quiere ir a beber. —suelto con una sonrisa sutil.
Dan se aparta a un lado y me cede el paso.
—Disfrute su noche, dama misteriosa.
Su apodo me hace soltar una pequeña risa.
Me muevo de manera tranquila, como si vagara disimuladamente a la puerta del elegante y refinado salón.
La luz se apaga.
Mi cuerpo se detiene en seco, tengo en cuenta que eso es cuando ya las máscaras deben estar libres del rostro de los invitados. Rápidamente camino hacia la salida.
Cuando las luces se prenden nuevamente, los murmullos se hacen más bulliciosos y por suerte logró distinguir la gran puerta.
Caundo estoy a punto de salir, una mano toma mi brazo. Me doy vuelta y me percato del hombre al que tengo enfrente.
Su rostro atractivo me dedica una mirada de confusión, su ceño está fruncido y sus ojos verdes atraviesan mi alma.
No tiene su antifaz.
Se acerca más a mi cuerpo y solo puedo tragar saliva y sentir mi cuerpo abrumado por su repentina cercanía.
—¿La dama misteriosa huye de la fiesta sin quitarse el antifaz? —una sonrisa burlona se asoma débilmente en sus labios —. ¿Eres cenicienta y debes volver antes de media noche?
Solo puedo mirarlo seriamente sin decir nada.
Su mano aún sujeta mi brazo y si no digo nada o pongo a una excusa para huir estaría dejando que en esta noche la tonta sea yo misma.
Los festejos siempre son de dos días, después de la primera fiesta de antifaces, sigue otra celebración, sin máscaras, a la cual también asistiré como invitada.Pero aquí no debo dejar que vea más de mi rostro.
—Mi rostro podrá verlo después, ahora sí me permite —retiro su mano de mi brazo— debo marcharme.
Suelta un resoplido irónico, por un momento temo que él como alguien tan importante en esa velada no me deje ir.
Pero cuando me doy vuelta y camino tranquilamente a la salida no me detiene.
—Entonces pronto nos vemos cenicienta.
Su voz es apenas audible cuando salgo del gran salón, es una mansión en realidad, es asombrosamente grande.
Kaled siendo tan joven puede ser tan malo y egoísta. Mi padre tuvo que conocer esa faceta suya. Aunque aquel extraño de ojos verdes tenga la fama de "Empresario extremadamente millonario" no solo es eso, es cruel.
Está metido en líos ilegales que no muchos conocen, claro que los logra tapar con su fachada de: soltero de oro.
Él fue la espada que atravesó mi corazón cuando la noticia de que mi padre, un accionista endeudado, murió.
Ahora yo seré la espada oculta que atravesará el suyo.
Su corazón me pertenecerá, seré el mismo monstruo que él fue cuando mi padre rogando le pidió más tiempo.
Yo no le daré el tiempo para que logre notar la sangre de su propio corazón.
La princesa encantadora se cansó de esperar a su príncipe y ahora va por el monstruo.